PROBLEMAS Y RETOS
EDUCATIVOS ANTE LAS TECNOLOGÍAS DIGITALES EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN [1]
MANUEL AREA MOREIRA
Universidad de La Laguna
Leer el artículo en formato Microsoft Reader
En este ensayo abordaré el análisis de algunos de los
problemas y retos educativos más destacables con relación al nuevo contexto
social, económico y cultural representado por la sociedad de la información[2].
Para ello comenzaremos identificando distintos
discursos, que a modo de concepciones o perspectivas ideológicas, definen a la
sociedad informacional. Seguiremos con el análisis de los efectos
socioculturales más destacables de las tecnologías digitales prestando atención
tanto a sus beneficios como a sus efectos perniciosos. Posteriormente haremos
inventario de algunos de los principales problemas educativos provocados por la
omnipresencia de estas tecnologías en nuestra sociedad. Finaliza este tema con
la propuesta de una serie de retos para la educación en la sociedad
informacional.
En nuestro país, en estos últimos meses, han sido
publicados distintos libros colectivos en cuyo título se enuncia la reflexión
sobre los nuevos problemas educativos vinculados con el alto desarrollo de las
nuevas tecnologías de la información y comunicación y con la sociedad de la
información (véase Pérez Tornero, 2000; Area, 2001a; Bláquez, 2001, por citar
algunos de los textos de más reciente aparición). Este interés y preocupación
no es una especifidad exclusiva del contexto español, sino que también, desde
hace algunos años, distintos informes prospectivos internacionales han abordado
esta cuestión[3].
La tesis central, que se enuncia reiteradamente en estos
ensayos, es que los acelerados cambios tecnológicos, la aparición de nuevas
formas culturales, el surgimiento de puestos laborales vinculados con la
digitalización de la información, el constante crecimiento del conocimiento
científico,… están provocando la necesidad de repensar y reestructurar los
modelos formativas hasta ahora utilizados convirtiendo a la educación no sólo
en una necesidad de la infancia y juventud, sino también de la edad adulta, y
por extensión, de todos los ciudadanos, ya que la misma es y será un factor
clave para el desarrollo político, social, cultural y económico de esta nueva
etapa de la civilización en la que nos encontramos.
Los discursos sobre la
sociedad informacional
Es ya un tópico afirmar que el
entorno social, económico y cultural que nos rodea ha cambiado sustantiva y
radicalmente en los últimos veinte años. En el último cuarto del siglo XX la
aparición de los ordenadores, la expansión de la demanda de servicios de
consumo terciario, la toma de conciencia del agotamiento de los recursos
naturales y de los efectos negativos de la industrialización, las nuevas formas
de organización y distribución de la información, junto a otros factores, propició
que en los países altamente desarrollados tuviera lugar la denominada
"tercera revolución industrial" que está produciendo una importante y
profunda transformación de las estructuras y procesos de producción económica,
de las formas y patrones de vida y cultura de los ciudadanos, así como de las
relaciones sociales.
Cada tiempo histórico, cada civilización tiene una (o
varias) tecnologías idiosincrásicas, hegemónicas para su funcionamiento. Con
ello no queremos afirmar que la tecnología determina el modelo de sociedad,
sino que el desarrollo organizativo y social en un tiempo histórico concreto y
en un espacio dado, se apoya en unos tipos de tecnologías más que sobre otras.
Los estudios sobre la historia de las tecnologías así lo acredita[4].
Existe una relación simbiótica entre sociedad y tecnología, no una interacción
determinista. Los estudios interdisciplinares desde el movimiento CTS (Ciencia,
Tecnología y Sociedad) han puesto en evidencia que los intereses y significados
de los distintos grupos y agentes sociales se proyectan y moldean el desarrollo
tecnológico. Pero también las tecnologías existentes, en un determinado momento
histórico, son un factor relevante que estructura, redefine y configura las
relaciones sociales, económicas y culturales, y, en consecuencia, la dirección
del cambio social. Si no se dan las condiciones sociales propicias ciertos
inventos tecnológicos no se generalizarán, y viceversa, ciertas tecnologías
tienen tanto impacto sociocultural que condicionan el futuro desarrollo de esa
sociedad.
Un ejemplo claro de lo que estamos apuntando son las
llamadas tecnologías digitales de información y comunicación que representan la
tecnología más genuina e idiosincrásica de la sociedad informacional. La
digitalización de la información basada en la utilización de tecnología
informática es la gran revolución técnico-cultural del presente. El uso
generalizado de las llamadas nuevas tecnologías de la comunicación e
información (computadoras, equipos multimedia de CD-ROM, redes locales, Internet,
televisión digital, telefonía móvil, ...) en las transacciones económicas y
comerciales, en el ocio y el tiempo libre, en la gestión interna de empresas e
instituciones, en las actividades profesionales, ..., es un hecho evidente e
imparable apoyado desde múltiples instancias y al que pocos le ponen reparos.
Ciertamente la transformación desde un modelo de sociedad
industrial hacia la sociedad de la información es un proceso en el que se
cruzan factores y fenómenos más complejos que los meramente representados por
la aparición y omnipresencia de las tecnologías digitales. El período histórico
en el que nos encontramos se apoya en el cruce de diversos y variados procesos
sociológicos, económicos, políticos y culturales como son la globalización o mundialización;
la mercantilización de la información; la hegemonía de la ideología neoliberal;
el incremento de las desigualdades entre los países avanzados y el resto del
planeta; la superpoblación y los flujos migratorios del sur empobrecido hacia
el norte rico, ... M. Castells (2000) en su conocida obra La era de la información formula uno de los análisis más completos
de las nuevas caracterísiticas sociales, económicas y culturales del tiempo
presente[5],
y a la misma remitimos al lector para una mayor profundización en estas ideas.
En este sentido, la globalización aparece
como el fenómeno histórico más destacable y representativo del presente. La
globalización es un término, en estos momentos, polémico por su fuerte carga
ideológica y política ya que este concepto está vinculado con una determinada
perspectiva o visión: la regulada por los poderes económicos y gubernamentales
de los países ricos apoyada en la liberalización del mercado en el ámbito
mundial. La globalización o mundialización, es decir, la superación de los
límites espaciales de las fronteras locales o nacionales para actuar a nivel
planetario es un proceso iniciado en siglos anteriores. El comercio de materias primas procedentes
de Asia, América del Sur o África transportadas vía marítima hacia Europa lo
desarrollaron con gran eficacia las potencias coloniales europeas (Francia,
Gran Bretaña, Holanda) durante los siglos XVIII y XIX. Asimismo, el proceso de mundialización
política comenzó en los primeros años del siglo XX con la creación de la
Sociedad de Naciones, y posteriormente se consolidó con otros organismos
internacionales como la ONU, UNESCO, FMI, OTAN, etc. Lo que queremos poner en
evidencia es que la globalización es un proceso que ha venido gestándose mucho
antes de la aparición de las tecnologías de la información y comunicación. A
diferencia de lo que muchos creen ingenuamente, las tecnologías no son la causa
del fenómeno de globalización, sino que actúan como motores aceleradores de
este proceso. Al hacer posible que la información y transmisión de datos
circule casi instantáneamente a lo largo de todo el planeta, provocan que
cualquier organismo o institución (sea financiera, administrativa, no
gubernamental) funcione como una unidad en tiempo real a nivel mundial.
Las tecnologías digitales no son las causantes directas de
las profundas transformaciones del mundo en que nos encontramos, pero sin las
mismas nuestro presente no sería como es. Como decíamos al inicio de este
trabajo, existe una interacción dialéctica, simbiótica entre las tecnologías y
el contexto social en que se emplean. Sin una economía capitalista defensora
del mercado libre a nivel planetario, sin una sociedad de consumo en masa de
bienes y productos culturales, sin la hegemonía política y económica de la cultura
occidental, difícilmente las tecnologías digitales hubieran tenido el avance y
desarrollo fulgurante producido en estos últimos años. Y viceversa, sin la
presencia de las redes telemáticas, ni de los medios de comunicación sociales,
o de los ordenadores personales, probablemente el fenómeno de la globalización
política, cultural y económica no sería una realidad tal como la conocemos en
el presente.
Por otra parte, las tecnologías de la
información y comunicación también inciden notoriamente en el proceso de
cosificación de la información y cultura (fenómeno, que como veremos más
adelante, tiene su propia traducción en la actividad pedagógica). La información se ha convertido en un
producto o materia valiosa sometida a procesos de generación y difusión industriales
similares a los que se utilizan con cualquier otro producto. El sector
industrial que comercia o apoya sus actividades económicas en la información
(medios de comunicación de masas como la televisión o el cine, las empresas de
software, el sistema financiero, las industrias del ocio y entretenimiento, las
telecomunicaciones, etc.) representa un sector en constante crecimiento y cuyo
volumen económico está desplazando, o al menos compitiendo, con los sectores
pertenecientes a la economía representativa de la segunda revolución industrial
(automóvil, petróleo, industrias eléctricas).
La pregunta clave, en consecuencia, es ¿qué modelo de
sociedad de la información queremos construir y qué papel juegan las nuevas
tecnologías en ese proceso?. Ciertamente responder a esa cuestión es plantearse
un problema político más que técnico. Las respuestas, indudablemente, son
variadas. Distintos sectores o grupos ven en las tecnologías digitales la
panacea del progreso de nuestra civilización prometiéndonos un mundo feliz
basado en el bienestar material generado por este tipo de máquinas
inteligentes. Por el contrario, existen otros análisis que describen a las
tecnologías de la información y comunicación como el triunfo de un modelo de
sociedad tecnocrática, deshumanizada y basada en criterios meramente
mercantiles. J. Echevarría (1999) identifica distintas perspectivas y
posiciones sobre el papel de las nuevas tecnologías en la configuración de lo
que este autor denomina el tercer entorno. Inspirándonos en este análisis, pero
renombrando y redefiniendo sus categorías me atreveré, a continuación, a
identificar cuatro grandes discursos sobre las mismas:
Un discurso mercantilista sobre la sociedad de la información y las nuevas
tecnologías divulgado por el conjunto de sectores industriales vinculados con
el sector de la nueva economía. Las empresas de software, de
telecomunicaciones, la banca, la industria del ocio y entretenimiento, ..., así
como las políticas científico-tecnológicas de muchos gobiernos occidentales
serían los representantes de esta visión[6].
Para este discurso, la sociedad de la información es como un gigantesco zoco
comercial en el que se participa a través de las redes de comunicación
digitales. Evidentemente esta perspectiva apoya sus tesis en los principios
económicos neoliberales de modo que las reglas del mercado son las que
principalmente deben guiar y regular el crecimiento y desarrollo de la sociedad
de la información. Desde esta visión el desarrollo de la sociedad de la
información supondrá mayor bienestar material, y en consecuencia, más
"felicidad" para los individuos.
Por otra parte, y como
contestación a la posición anterior, existe un discurso crítico-político que defiende que las tecnologías
digitales deben estar al servicio del desarrollo social y humano, y no
controlado por los intereses de las grandes corporaciones industriales del
mundo capitalista. Los trabajos y reflexiones generados desde el movimiento
denominado antiglobalización o globalización alternativa y que se materializan
en los encuentros del Foro Social Mundial “Otro mundo es posible” celebrados en
los años 2001 y 2002 en Porto Alegre (Brasil) son el intento más sistematizado
de construir un discurso alternativo a la perspectiva mercantilista, y que
pretende reorientar el desarrollo tecnológico bajo parámetros y criterios
sociales y políticos. Vinculada con esta posición existe un discurso político
sobre las nuevas tecnologías, desarrollado sobre todo en el contexto
norteamericano, cuyas tesis consisten en la defensa de los derechos cívicos y
democráticos para la libertad de expresión en el uso de la Internet frente a
los intentos de control que están desarrollando distintos gobiernos
occidentales. La asociación Electronic Frontier Foundation sería el mejor
ejemplo de esta posición.
Existe un tercer discurso, que
podríamos denominar tecnocentrista que
mantiene que las tecnologías digitales en general, e Internet, en particular
son el eje de un proceso de revolución no sólo tecnológica, sino también de la
civilización humana. De este modo, las nuevas tecnologías se convierten en el
centro del cambio social y cultural. Es un planteamiento que roza la
mitificación de la tecnología digital en cuanto que, en su discurso, late la
creencia de que la misma nos llevará hacia una sociedad más avanzada y perfecta
que la actual. El ciberespacio, en consecuencia, es un mundo artificial desde
el que construir nuevos modelos experienciales de comunicación e interacción
humanas. Este discurso sería la versión actual del determinismo tecnológico.
Finalmente, se podría identificar un discurso apocalíptico (siguiendo la
denominación utilizada por J. Echeverría) en el que las tecnologías de la
información y comunicación representan el fin de los ideales y valores de la
modernidad y del modelo ilustrado de sociedad. Esta posición cuestiona el
presente denunciando la invasión de tecnologías digitales sobre nuestra
civilización occidental ya que está provocado la elevación de la tecnología a
la categoría de ideología hegemónica y en consecuencia, supeditando la cultura
a los intereses tecnocráticos.
Luces y sombras de
los efectos sociales y culturales de
las tecnologías de la información y comunicación
La cara amable de
las tecnologías digitales
Creo que no habrá disenso si afirmo que uno de
los efectos más notables de las tecnologías digitales es que permiten y
facilitan una mayor comunicación entre las personas independientemente de su
situación geográfica o temporal. Las nuevas tecnologías de la comunicación
rompen barreras espacio-temporales facilitando la interacción entre personas
mediante formas orales (la telefonía), escrita (el correo electrónico) o
audiovisual (la videoconferencia). Asimismo esta comunicación puede ser
sincrónica - es decir, simultánea en el tiempo- o asincrónica - el mensaje se
emite y recibe en un período de tiempo posterior al emitido. En segundo lugar, podemos señalar que las
tecnologías permiten el acceso de forma permanente a gran cantidad de
información. Vivimos en un entorno saturado de información. Los medios de
comunicación escritos, la radio, la televisión, el teletexto, Internet, …, se
han convertido en objetos cotidianos y casi imprescindibles de nuestra vida que
nos mantienen permanente informados. Los ciudadanos, a través del conjunto de
estos medios y tecnologías, saben lo que sucede más allá de su ámbito o nicho
vital (sea el barrio, la ciudad o país al que pertenecen). Por otra parte,
desde el hogar y a través de las redes telemáticas se pueden acceder a
bibliotecas, centros, instituciones y asociaciones de cualquier tipo.
Otro hecho destacable es que las nuevas
tecnologías mejoran la eficacia y calidad de los servicios. La creación de
bases de datos accesibles desde cualquier punto geográfico y en cualquier
momento junto con la gestión informatizada de enormes volúmenes de información
permiten incrementar notablemente la rapidez y eficacia de aquellas tareas y
servicios que tradicionalmente eran realizadas de una forma rutinaria y
mecánica por personas. En estos momentos es posible realizar consultas o
transferencias comerciales en una institución bancaria, de la administración
pública, o de un organismo privado, a través de un ordenador con acceso a
Internet. Podemos pagar o sacar dinero con una tarjeta electrónica, el sistema
sanitario guarda y transfiere los datos de cualquier paciente de una entidad a
otra, reservar un pasaje, enviar un documento, o conseguir un certificado
administrativo,... En definitiva con la presencia de las tecnologías digitales
muchos de los trámites y gestiones cotidianas se agilizan aumentando en
consecuencia la eficacia de las organizaciones en las que se utilizan. Por otra parte, Las tecnologías digitales posibilitan nuevas formas de actividad
productiva. La innovación tecnológica está afectando también al ámbito laboral
transformando los patrones tradicionales de trabajo. Algunos de los cambios más
destacables de las actividades productivas son: la emergencia de nuevos
yacimientos o puestos de empleo relacionados con el desarrollo y aplicación de
la tecnología informática y de telecomunicaciones; la aparición del teletrabajo
que consiste en la posibilidad del desarrollo de las tareas laborales a
distancia utilizando las redes de ordenadores, el surgimiento de puestos de
trabajo más flexibles sin la rigided temporal o espacial de los puestos
laborales clásicos.
Asimismo, las nuevas tecnologías de la
información y comunicación están propiciando la superación de una visión
estrecha y localista de la realidad. En la sociedad globalizada está aumentando
el conocimiento y contacto cultural de las distintas culturas y grupos sociales
del planeta. A lo largo de la última mitad del siglo XX han ido extendiéndose y
generalizándose por todos los continentes formas y tendencias culturales que
anteriormente pertenecían o estaban restringidas a grupos culturales locales o
regionales. Ciertamente este proceso no es ajeno a los intereses comerciales de
las empresas multinacionales o a los intereses ideológicos de los gobiernos
occidentales, y como veremos posteriormente, están provocando una uniformismo
cultural en detrimento de la diversidad cultural del conjunto de pueblos y
naciones del planeta. En este sentido, los medios de comunicación y por
supuesto las redes telemáticas, están jugando un papel clave en este proceso de
creación de una conciencia y perspectiva mundial o planetaria.
En definitiva, las redes telemáticas propician
nuevas formas de participación social más allá de los límites territoriales
locales. La actuación del individuo generalmente limitada al ámbito de la
comunidad o territorio específico en el que vive, se abre ahora, a través de
las tecnologías digitales de comunicación. a la intervención en espacios más
globales. No sólo se está más informado de todo lo que pasa en el mundo, sino
que además permiten experimentar nuevos modos de organización y participación
ciudadana más allá del ámbito de los estados tradicionales en todos los niveles
y ámbitos: asociaciones, colectivos, fundaciones, institutos, organizaciones no
gubernamentales... La acción política y organización de los denominados
movimientos alternativos o de antiglobalización no sería explicable sin la
utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación.
Las tecnologías
también tienen sus sombras
A pesar de los notorios beneficios de las
mismas paradójicamente también obstaculizan el progreso hacia un modelo social
más democrático y de equilibrio en la distribución de la riqueza material, así
como hacia un modelo de sociedad menos agresivo con la diversidad cultural y
mediambiental. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX "ha ido
creciendo la conciencia del peligro de la tecnología, en cuanto ésta construye
tecnológicamente la realidad" (Tezanos y López, 1997, pg. 244). Frente a la concepción positivista del
progreso científico y tecnológico como un proceso acumulativo de conocimiento
destinado a la mejora de las condiciones materiales de la sociedad, en las
últimas décadas hemos descubierto que el progreso tecnológico per se no
significa automáticamente una mejora del bienestar el conjunto de los ciudadanos.
Al contrario, el evidente destrozo
medioambiental del planeta como consecuencia del crecimiento industrial, los
riesgos de la energía nueclear tanto en su versión civil de centrales
destinadas a la producción de energía como en su versión militar de armas de
destrucción masiva, el crecimiento sin control de los automóviles en el seno de
los núcleos urbanos que está alcanzando límites próximos al colapso
circulatorio, los riesgos implícitos de las modificaciones genéticas en
alimentos y seres vivos, ..., entre otros muchos fenómenos, han provocado que
tomemos conciencia de que el avance científico-tecnológico es una amenaza no
sólo para el modus vivendi
occidental, sino para el conjunto de la especie humana y de la vida en el
planeta. Vivimos en un tiempo de crisis de fe en el progreso tecnológico, o si
se prefiere, de crisis de la ideología cientifista (González, López y Luján,
1996). Sabemos que la ciencia y tecnología per se, sin un proyecto político y
social detrás, no nos conducirán inexorablemente hacia un mundo de mayor
bienestar para el conjunto de la ciudadanía. Por el contrario, la expansión
desmedida de los artefactos tecnológicos
puede provocar, y así ocurre en muchas ocasiones, la pérdida del sentido
y significado de la existencia , de las señas de identidad culturales, de
muchos individuos y colectivos sociales.
En este sentido algunos de sus efectos
perniciosos se deben a que aún no hemos tenido tiempo para adaptarnos a los
nuevos tiempos debido a la evolución acelerada de las mismas, otros se deben al
mal uso de las mismas que responden a meros criterios de interés mercantil sin
prever las consecuencias negativas sobre el desarrollo humano y otras a la
sobredosis de información sin saber tratarla adecuadamente. Lo que sigue a
continuación es simplemente un esbozo o inventario de algunos de esos efectos
perniciosos del tiempo digital en el que vivimos si lo analizamos desde una
perspectiva ideológica que entiende la educación como una estrategia necesaria
para el progreso no sólo material, sino moral y humano de nuestra civilización.
Si no somos conscientes de dichos efectos nuestros proyectos y propuestas
pedagógicas de utilización de las nuevas tecnologías serán ingenuas y
posiblemente estériles.
Lo primero a destacar es que nuestra sociedad
es una civilización dependiente de la tecnología en niveles progresivamente
crecientes. Sin máquinas digitales, no funciona. En este sentido se extiende el
miedo a los posibles fallos o déficits de los ordenadores provocados bien por
los virus informáticos, por los ataques de ciberterroristas, o por los fallos
de los servidores… El “mítico” efecto 2000 (2YK) con relación al posible fallo
informático en el cambio de la fecha del 31 de diciembre del 1999 al 1 de enero
del 2000, o los repetidos ataques a servidores de Microsoft y otras grandes
compañías multinacionales, han servido como una llamada de alerta sobre la
fuerte dependencia de nuestra civilización hacia las máquinas digitales.
En segundo lugar, el proceso de globalización
apoyado en el control de los medios de comunicación está imponiendo la
hegemonía cultural de la civilización occidental, fundamentalmente
norteamericana, sobre el resto de las culturas del planeta. La juventud de la
mayor parte de países consume la misma ropa, música, comida, juegos,
películas…, es decir, tienen las mismas experiencias culturales con medios. Nos
dirigimos hacia el uniformismo cultural en detrimento de las culturas propias y
locales, y hacia el aumento de los enfrentamientos culturales que en muchos
casos desembocan en violencia. Simultáneamente, están aumentando las
desigualdades culturales y económicas entre unos países y otros. El desarrollo
tecnológico y científico afecta a todos los miembros de la sociedad pero no de
la misma forma. El acceso a las nuevas tecnologías y al conocimiento e
información está al alcance de aquellas personas que tengan las posibilidades
materiales y las habilidades adecuadas para comprarlas y usarlas, provocando un
aumento de las distancias culturales y sociales. Esta desigualdad se desarrolla
tanto en el interior de los países occidentales como entre los países del
primer mundo respecto al denominado tercer mundo (UNESCO, 2001; García-Vera,
2001). Por otra parte, el avance de la economía de mercado en el ámbito mundial
supone la transformación del concepto de individuo como ciudadano, pasando a
ser un cliente o usuario. Con ello lo relevante no son las personas, sino los
consumidores lo que provoca que el bienestar se dirija hacia los grupos
sociales con capacidad económica, quedando excluidos de la evolución del
mercado aquellos colectivos sociales sin potencial de consumo (parados,
jóvenes, emigrantes, ancianos, etc.).
Finalmente, hemos de indicar que el uso de las
tecnologías de la información y comunicación digitales, conlleva
inevitablemente la pérdida de la privacidad y el incremento del control sobre
los individuos y grupos sociales. La utilización de las nuevas tecnologías de
la comunicación, implica el registro de las referencias personales y las
actividades de los usuarios. El acceso y utilización de esos datos por parte de
organismos e instituciones sociales así como por empresas privadas minan, en
cierta medida, la libertad de los ciudadanos. Cuando compramos con una tarjeta
electrónica, visitamos una página web, realizamos una operación bancaria,
enviamos un correo electrónico… estamos registrando estas acciones en alguna
máquina, nuestra privacidad, en consecuencia, desaparece en el mundo virtual.
El problema consiste en el uso malicioso que ciertos individuos (piratas
electrónicos) u organizaciones, sean de carácter comercial o gubernamental,
puedan realizar con esos datos de nuestra vida privada.
Los
problemas educativos generados por la omnipresencia tecnológica
Hasta aquí hemos presentado unos breves apuntes del
entorno social de la nueva etapa histórica donde nos encontramos y del papel de
las tecnologías digitales para la información y comunicación. Nuestro presente
es un escenario complejo en el que es difícil considerar qué fenómenos son
positivos o cuáles negativos, pues depende en la mayoría de los casos del
criterio empleado en su valoración y de la visión o perspectiva ideológica en
la definición de progreso. Como ya ocurrió
anteriormente en otros momentos históricos el proceso de generalización social
y difusión de las innovaciones tecnológicas exige, a su vez, un proceso de
readaptación y reajuste de los individuos y grupos humanos a las mismas de modo
que puedan interaccionar con las nuevas formas culturales y de comunicación
social que impulsan dichas tecnologías.
En el pasado este proceso de interacción y
adaptación humana a la innovación tecnológica nunca fue tan radical y dramático
como en el presente. La diferencia sustancial estriba en que el proceso de
cambio generado por la aparición de las tecnologías digitales se está
produciendo en un plazo temporal muy corto y a una velocidad acelerada.
Cualquier innovación ocurrida anteriormente (por ejemplo, los inventos de la
imprenta, el reloj, la electricidad, el teléfono) fue generalizándose e implantándose
en el entramado colectivo y cotidiano de nuestra sociedad de modo pausado a
través de un proceso lento que duraba
años, décadas y que afectaba a varias generaciones. Sin embargo, la informática
ha irrumpido en nuestras vidas como un vendaval que ha arrasado con los modos y
formas culturales, laborales y comunicativas hasta ahora tradicionales. Frente
a un proceso parsimonioso de adaptación a las innovación tecnológica, en la
actualidad asistimos a una revolución que ocurre en el seno de nuestra vida
cotidiana.
En consecuencia, el reciclaje, la readaptación
y ajuste a los requerimientos y demandas impuestas por las nuevas tecnologías
obliga, sobre todo a los adultos, a realizar un enorme esfuerzo formativo
destinado a adquirir las competencias instrumentales, cognitivas y
actitudinales derivadas del uso de las tecnologías digitales. No hacerlo,
significará correr el riesgo de entrar en la nómina de los nuevos analfabetos
(Area, 2001 a,b). El desconocimiento del uso de las tecnologías y las modificaciones
que entrañan en los espacios de vida cotidianos, son equiparables a lo que,
hasta hace pocos años, representaba no saber leer y escribir y que conllevaba
la exclusión en muchos campos de actuación de amplios sectores de la sociedad
adulta. La alfabetización tecnológica es una condición necesaria, en la
actualidad, para que se pueda acceder y conducirse inteligentemente a través de
la cultura y tecnología digital (saber de buscar la información, seleccionarla,
elaborarla y difundirla desde cualquier medio). Por otra parte, comienza a
fraguarse una notoria brecha generacional ante las formas culturales y
comunicativas que imponen las nuevas tecnologías. La generación de adolescentes
y jóvenes actuales, nacidos ya en el contexto de la sociedad de la información,
se han acostumbrado a entender los nuevos códigos de comunicación y a usar las tecnologías de la información
de forma asidua para actividades propias de entretenimiento y formación ... Por
el contrario, existe un gran porcentaje de la población adulta que no posee
esas habilidades y estrategias de comunicación de manera que quedan al margen
de las nuevas opciones de ocio, información, formación y empleo o tienen que
iniciar procesos formativos en los nuevos códigos, formas y herramientas
digitales.
La segunda cuestión problemática tiene que ver
con la cantidad y naturaleza de la información que recibimos. La ingente
cantidad de información, habitual en la vida diaria a través de los múltiples y
variados medios de comunicación, no supone necesariamente un tratamiento
competente de la misma. Recibimos muchos datos e informaciones, pero no siempre
la sabemos transformar en conocimiento (Bartolomé, 2001). Los niños, jóvenes y
adultos estamos expuestos a un flujo permanente de información. A. Pérez (2001)
insiste en este problema destacando el paradógico fenómeno de que a más
información también existe más desinformación ya que un exceso de cantidad de
datos provoca pérdida del significado de los mismos. En consecuencia, el nuevo
reto educativo consiste en formar, en cualificar a los sujetos como usuarios
inteligentes de la información que les permita distinguir lo relevante de lo
superfluo. "... el desarrollo de marcos de interpretación, de herramientas
de pensamiento que permitan al alumno contrastar y situar la información y el
conocimiento acumulado, reconocer los códigos y lenguajes de los distintos
saberes y aprender a utilizarlos para expresar sus comprensiones y argumentos,
realizar juicios éticos y seguir a prendiendo a lo largo de toda su vida, se presenta
como uno de los desafíos fundamentales de una educación formal que no se evada
de las problemáticas de su tiempo" (Sancho, 1998, p.42).
Por otra parte, la
presentación de la información a través de las nuevas tecnologías se
caracteriza por su ruptura con el modelo de organización lineal de la cultura
impresa; la imagen, el sonido, el hipertexto revelan una forma distinta de
publicarla. Frente a
las formas tradicionales de acceso a la información que son secuenciales (p.e.
la visualización de una película, o la lectura de un libro) las llamadas tecnologías digitales almacenan la
información de modo tal que no existe una única secuencia de acceso a la misma,
sino que las distintas unidades o segmentos de información están interlazados a
través de nodos similares a una red. Como afirma De Pablos (1998): "los
esquemas narrativos, los recursos y claves interactivas que manejan los
lectores de textos, los aficionados al cine o los espectadores de televisión no
sirven para dotar de sentido a la información obtenida a través de Internet...
La discontinuidad argumental es la característica básica de la comunicación
desarrollada en la interacción con las redes informáticas" (pg. 56). La condensación de la información, desde esta lógica
comunicativa, se fundamenta en exponer lo básico y establecer relaciones con
otras informaciones (explícitas e implícitas) que en última instancia
puntualicen o clarifiquen las temáticas según los intereses del público. Esta
manera de comunicarse constituye una nueva forma de entenderse, de participar y
por lo tanto de aprender.
Otro problema relevante tiene que ver con las
nuevas exigencias de la formación ocupacional. Los cambios económicos y
tecnológicos han dado lugar a nuevas formas de estructuras laborales. Al igual
que la aparición de la industria supuso una trasformación en la organización
del trabajo, las nuevas tecnologías de la información han introducido
herramientas e instrumentos que están modificando las condiciones de muchas
actividades profesionales (administración, banca, periodismo, política,...),
facilitando el manejo e intercambio de información, integrando formas nuevas de
ejercer la profesión como el teletrabajo (trabajar a distancia del lugar donde
se ubica la empresa utilizando las redes de ordenadores), o bien generando
nuevos puestos de trabajo (diseñadores gráficos, gestores de recursos,
programadores, ...).
Finalmente, hemos de indicar, que todo lo
anterior, está provocando un desfase o desajuste de los sistemas educativos
hasta ahora existentes. Las instituciones educativas se caracterizan por la
lenta introducción de los cambios dentro de sus estructuras. En el contexto de
las sociedades de la información esta peculiaridad constituye una auténtica
inadaptación a las necesidades formativas y a las exigencias organizacionales,
debido a un entorno en continuo movimiento y transformación. La red escolar, en
grandes líneas, todavía no disponen de la tecnología necesaria y se sigue
desarrollando, en muchas aulas y centros un modelo de transmisión cultural tradicional,
propia de la escuela decimonónica[7].
Las estructuras de la formación deben evolucionar a su vez desde la concepción
destinada a instruir para una sociedad industrial a la de enseñar en y para una
sociedad de la información. Recuérdese que el sistema escolar de los países occidentales nació con una
concepción de la enseñanza pensada para dar respuestas de las sociedades
industriales del siglo XIX y XX. La sociedad del siglo XXI, en la que nos
encontramos, representa un escenario intelectual, cultural y social
radicalmente distinto.
Los
retos de la educación ante las nuevas tecnologías digitales
A
diferencia de lo ocurrido en el pasado, el progreso de un país no sólo depende
de sus recursos materiales o de la inversión del capital realizada, sino
también, de modo cada vez más manifiesto, de la cantidad y calidad de los
recursos humanos disponibles. De aquí se deriva la urgente necesidad de
planificar y poner en práctica programas y acciones formativas destinadas a
facilitar el acceso al conocimiento y a las nuevas tecnologías a amplios
sectores de nuestra sociedad: a los niños y jóvenes, a los profesionales, a los
trabajadores, a los cuadros directivos, a los funcionarios, a las personas
mayores, etc. Sin recursos humanos cualificados –también podríamos decir que
alfabetizados- en el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación
(TIC) no podrá existir y avanzar la sociedad de la información.
Hasta
aquí muchos estamos de acuerdo: sin una adecuada formación y preparación tanto
intelectual como moral de la mayor parte de la población difícilmente podemos
progresar como comunidad social. El problema surge cuando nos planteamos ¿hacia
dónde queremos ir? ¿al servicio de qué metas y proyecto político diseñamos e
implementamos los programas educativos?. Las respuestas a estas cuestiones no
sólo se apoyarán en nuestros conocimientos y teorías pedagógicas, sino que
indudablemente estarán condicionadas por los supuestos ideológicos y políticos
de quien las responde.
Las ideas, que a modo de apuntes, planteamos a
continuación sobre los retos y ámbitos de acción educativa en la sociedad de la
información parten del supuesto de que el sistema educativo debe estar al
servicio de políticas sociales públicas destinadas a construir y consolidar un
modelo de desarrollo social apoyado en los principios políticos de la
democracia y de la redistribución de la riqueza. Asumir este esta idea desde un
discurso pedagógico, significará tener en cuenta muchos de los principios
educativos que han sido formulados por la rica tradición de la pedagogía
progresista e ilustrada del siglo XX (la Escuela Nueva, Dewey, Freinet, Freire,
entre otros). En consecuencia con estos presupuestos
de partida ¿qué hacer? ¿cuáles podrían ser algunos de los ámbitos de actuación
educativa en el tiempo presente que tendrían que ser planificados y
desarrollados cara a posibilitar el logro de las metas y principios
anteriormente enunciados?. Grosso modo, podríamos identificar los siguientes
retos y acciones para un proyecto educativo al servicio del desarrollo humano y
democrático de la sociedad de la información.
Integrar las nuevas tecnologías
en el sistema y cultura escolar
Parece evidente, y muchas voces lo reclaman con variados argumentos,
que el sistema escolar debe adaptarse a las nuevas exigencias derivadas de la
omnipresencia tecnológica sobre la sociedad y la cultura. Integrar las
tecnologías digitales en las aulas y centros educativos así como replantear y
redefinir los contenidos culturales del curriculum parecen medidas urgentes.
Llevarlo a cabo, entre otras medidas, implicará necesariamente realizar
importantes inversiones económicas en dotación de recursos tecnológicos
suficientes para los centros educativos y en la creación de redes telemáticas
educativas; desarrollar estrategias de formación del profesorado y de
asesoramiento a los centros escolares en relación a la utilización de Las
tecnologías de la información y comunicación con fines educativos; concebir los
centros educativos como instancias culturales integradas en la zona o comunidad
a la que pertenecen poniendo a disposición de dicha comunidad los recursos
tecnológicos disponibles en los centro; planificar y desarrollar proyectos y
experiencias de educación virtual apoyadas en el uso de Las redes telemáticas
así como propiciar la creación de “comunidades virtuales de aprendizaje”;
creación de webs y materiales on line de modo que puedan ser utilizados y
compartidos por diferentes centros y aulas. En definitiva, estimular la
innovación de las prácticas docentes cara a facilitar que los procesos de
enseñanza se dirijan a propiciar la reconstrucción de Las experiencias e
informaciones que los niños y jóvenes obtienen extraescolarmente a través de
los medios de masas y tecnologías de
información y comunicación persiguiendo una formación cultural que
integre los conocimientos propios, locales con las exigencias de un mundo
global e interconectado. El reto de futuro está, en consecuencia, en que los
centros educativos innoven no sólo su tecnología, sino también sus concepciones
y prácticas pedagógicas lo que significará modificar el modelo de enseñanza en
su globalidad: cambios en el papel del docente, cambios del proceso y
actividades de aprendizaje del alumnado, cambios en las formas organizativas de
la clase, cambios en las modalidades de tutorización.
Restructurar
los fines y métodos de enseñanza. Nuevos roles para docentes y alumnos
Adecuar los fines y
métodos de enseñanza al nuevo contexto de la sociedad de la información
requiere replantear los modos de actuación docente, los procesos de aprendizaje
así como las metas, formas de enseñanza. Esto significará que en los procesos
formativos ya no sirve, como en décadas anteriores, que las personas memoricen
y almacenen muchos datos e información (sobre geografía, historia, ciencias
naturales, matemáticas, lingüística, etc.). Las actuales tecnologías disponen
de ingentes cantidades de información muy superiores a cualquier cerebro
humano.
El educando debe convertirse en el
protagonista de las acciones formativas. Los alumnos deben disponer de una gran
autonomía y control sobre su propio proceso de aprendizaje. El alumno debe
aprender por sí mismo, esto implica que debe desarrollar una inteligencia
distribuida. La inteligencia distribuida es un concepto que indica que lo relevante
no es que el individuo retenga en su memoria toda la información sino que debe
aprender a saber buscar, seleccionar y analizar aquella información en las
distintas fuentes de consulta. De este modo lo relevante del aprendizaje no es
el desarrollo de la capacidad memorística sino de los procesos de análisis y
reflexión. Esto representa el uso inteligente de los múltiples recursos (de
tipo impreso, audiovisual, informático). En definitiva el educando no debe
desarrollar un aprendizaje mecánico en el que adquiera los conocimientos de
forma receptiva, sino que debe ser un sujeto activo y protagonista de su propio
proceso de aprendizaje.
Lo relevante será el
desarrollo de procesos formativos dirigidos a que cualquier sujeto aprenda a aprender (es decir, adquiera
las habilidades para el autoaprendizaje de modo permanente a lo largo de su
vida); sepa enfrentarse a la información
(buscar, seleccionar, elaborar y difundir aquella información necesaria y
útil); se cualifique laboralmente
para el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación; y tome conciencia de las implicaciones
económicas, ideológicas, políticas y culturales de la tecnología en nuestra
sociedad.
Por esta razón, una meta educativa importante
para las escuelas debiera ser la formación de los niños y niñas como usuarios
conscientes y críticos de las nuevas tecnologías y de la cultura que en torno a
ellas se produce y difunde. Esta formación, desde nuestro punto de vista, debe
plantearse con la meta de que los/las alumnos/as:
-
dominen el manejo técnico de cada tecnología (conocimiento
práctico del harware y del software que emplea cada medio),
-
posean
un conjunto de conocimientos y habilidades específicos que les permitan buscar,
seleccionar, analizar, comprender y recrear la enorme cantidad de información a
la que se accede a través de las nuevas tecnologías
-
desarrollen
un cúmulo de valores y actitudes hacia la tecnología de modo que no se caiga ni
en un posicionamiento tecnofóbico (es decir, que se las rechace
sistemáticamente por considerarlas maléficas) ni en una actitud de aceptación
acrítica y sumisa de las mismas
-
utilicen
los medios y tecnologías en su vida cotidiana no sólo como recursos de ocio y
consumo, sino también como entornos para expresión y comunicación con otros
seres humanos.
Por otra parte más que un transmisor de
conocimientos el docente debe caracterizarse por tutorizar y guiar el proceso
de aprendizaje del alumno, debe ser un mediador del saber. Se ocuparía de
planificar un proceso educativo abierto, flexible, con fuentes actuales,
variadas, claras, motivadoras … utilizando una metodología interactiva y
cooperativa de trabajo. Al mismo tiempo debe saber analizar y perfeccionar su
práctica educativa ayudándose de los distintos agentes de la comunidad
educativa (participación de los alumnos,
vinculaciones con las empresas del entorno…) y colaborando con otros
profesionales en proyectos comunes. Estas actividades y funciones tienen que
tener el soporte de la formación permanente y de la reflexión de la práctica
educativa[8], serán requisitos fundamentales para el
desarrollo de procesos de enseñanza –aprendizaje adecuados a los nuevos
contextos y entornos sociales y tecnológicos.
Extender
la formación a través de redes de ordenadores: la teleformación.
Teniendo en cuenta los intereses y necesidades
de una sociedad global, la demanda de formación está creciendo desde múltiples
ámbitos y para variados sujetos. Las empresas reclaman trabajadores
cualificados en las nuevas tecnologías, surgen demandas formativas desde colectivos
de personas mayores, los profesionales deben estar permanentemente actualizando
sus conocimientos, los titulados universitarios, cada poco tiempo, vuelven a
las aulas a través de cursos formativos de postgrado, ... En definitiva, el
incremento cuantitativo de las necesidades formativas está reclamando la
creación de nuevas redes y formas de acceso a la enseñanza. En este sentido,
las nuevas tecnologías digitales se están convirtiendo en una de las
estrategias empleadas para ello. La educación a distancia apoyándose en las
redes de ordenadores permiten que muchos ciudadanos, trabajadores,
profesionales que por motivos de tiempo o de lejanía no puedan cursar estudios
en las formas tradicionales de asistencia a un centro, se impliquen en
activades formativas desde su hogar o lugar de trabajo. La formación en la
empresa, la educación de personas adultas, las universidades,..., son
instancias desde las que en estos últimos años se han empezado a desarrollar
planes y programas de teleformación. El reto, en consecuencia, no sólo es la
articulación de proyectos educativos de esta naturaleza, sino que los mismos
posean la calidad pedagógica necesaria de modo que esta formación no sea de
segundo orden respecto a las modalidades de educación presencial. Ello implicará
explorar las posibilidades pedagógicas de las herramientas de comunicación
telemáticas. Con ello apuntamos a la importancia de la creación de espacios de
enseñanza sin limitaciones espaciales ni temporales, con las posibilidades de
establecer relaciones colaborativas a través de comunidades virtuales de
aprendizaje y contribuyendo así al desarrollo de la cooperación e investigación
educativas.
Revisar y replantear la formación
ocupacional a la luz de las nuevas exigencias sociolaborales impulsadas por las
nuevas tecnologías
Para
hacer frente de un modo serio a los retos laborales que implican estas
innovaciones tecnológicas es necesario que los planes de formación de cualquier
profesional o trabajador asuman nuevos planteamientos y desarrollen importantes
cambios en las concepciones, objetivos, contenidos, estrategias y medios de
dicha formación. Consiguientemente la formación ocupacional debe incorporar e
integrar esta realidad tecnológica en sus planes y procesos formativos a través
de medidas como:
·
Introducir y preparar
a los trabajadores en el conocimiento y uso laboral de las nuevas tecnologías
de la comunicación como un aprendizaje básico y común a todos los ámbitos
ocupacionales.
·
Mejorar la calidad de
los procesos formativos y de aprendizaje del alumnado apoyando la actividad
docente en el uso de estas tecnologías (mediante videoconferencias, CD-ROM,
vídeos didácticos, foros de discusión mediante correo electrónico, redes
telemáticas locales para la formación...).
·
Establecer y
desarrollar cursos específicos de formación para puestos laborales de nueva
creación previsibles con el "teletrabajo"
·
Crear redes
telemáticas dirigidas a la formación de distintos ámbitos ocupacionales
abiertas al acceso a los distintos sectores sociales del mundo del trabajo.
Desarrollar acciones de educación no
formal: la alfabetización tecnológica para el desarrollo social y comunitario
La
educación no formal es un contexto pedagógico de primer orden para atender las
necesidades formativas de los sectores
sociales que se encuentran fuera del sistema escolar: ancianos, jóvenes de edad
extraescolar, mujeres, minorías, etc. En este sentido, la meta básica de la
educación no formal sería potenciar el acceso y participación democráticos en
las nuevas redes de comunicación de aquellos grupos y comunidades, que de una
forma u otra, están al margen de la evolución tecnológica. En este sentido, algunas medidas que se
podrían sugerir, son las siguientes:
·
Potenciar y apoyar
proyectos y experiencias de asociaciones culturales, juveniles, ONGs,
sindicatos, ... en el uso pedagógico y cultural de las NNTT, mediante:
. subenciones económicas para la creación de
centros de NNTT en barrios y pueblos
. formación inicial a los usuarios
. apoyo a la creación y difusión de información a
través de los recursos tecnológicos (emisoras locales, páginas Web)
·
Transformar las
bibliotecas y centros culturales no sólo en depósito de la cultura impresa,
sino también en espacios de acceso a la cultura audiovisual e informática.
A modo de conclusión
Cada vez hay más educación fuera
de la escuela con relación a la que se proporciona dentro de la institución
escolar: a través de soportes multimedia, de software didáctico, de televisión
digital, de programas de formación a distancia, de las redes telemáticas, ...
Los usos pedagógicos de estas tecnologías son múltiples y variados estando
todavía muchas de ellas en una fase de experimentación y desarrollo en
distintos contextos educativos (la escuela, la formación ocupacional, la
educación a distancia, el ocio. El uso de las tecnologías digitales con fines
educativos prometen abrir nuevas dimensiones y posibilidades en los procesos de
enseñanza-aprendizaje ya que ofertan una gran cantidad de información
interconectada para que el usuario la manipule; permiten una mayor
individualización y flexibilización del proceso instructivo adecuándolo a las
necesidades particulares de cada usuario; representan y transmiten la
información a través de múliples formas expresivas provocando la motivación del
usuario; y ayudan a superar las limitaciones temporales y/o distancias
geográficas entre docentes y educandos y de este modo, facilitan extender la
formación más allá de las formas tradicionales de la enseñanza presencial.
Es indudable que la educación sigue siendo un
motor de cambio, progreso y cohesión social. El problema surge, como ya
indicamos anteriormente, al servicio de qué modelo de sociedad de la
información se desarrollan políticas formativas. El discurso mercantilista de
la economía neoliberal domina el actual panorama del avance tecnológico, y por
extensión, de los planes y proyectos gubernamentales que definen el desarrollo
de la sociedad de la información a medio plazo. Los agentes educativos y de la
cultura obviamente no podemos sustraernos y obviar estos fenómenos, pero
tampoco podemos asumirlos y aplicarlos sumisamente sobre nuestra actividad
pedagógica integrando las tecnologías digitales en la enseñanza con un
planteamiento tecnocrático y eficientista. La educación es y seguirá siendo
fundamentalmente una actividad de interacción humana intencional, y en
consecuencia, es política, regulada por valores, ideas y sentimientos, aunque
ahora podamos mediar dicha interacción con un sinfín de artefactos
tecnológicos.
BIBLIOGRAFÍA
AREA, M. (Coord.) (2001a): Educar
en la sociedad de la información. Bilbao: Descleé de Brouwer.
AREA, M. (2001b): "La igualdad de oportunidades en el acceso a las nuevas tecnologías.
Políticas educativas para la alfabetización tecnológica". En F. Blázquez (Coord).
BAUTISTA, A (1998):
“Tecnología, mercado y gobernabilidad: un trinomio interactivo en la enseñanza
a finales del segundo milenio”. Revista
Complutense de Educación, 9 (1), pp. 29-46.
BAUTISTA, A. (2001): "Desigualdades sociales, nuevas tecnologías
y política educativa". En Area (Coord):
Educar en la sociedad de la información. Bilbao: Descleé de Brouwer.
BERICAT, E, (1996): “La sociedad de la información. Tecnología,
cultura y sociedad”. Revista Española de
Investigaciones Sociológicas, 76,
pp. 99-122.
BLÁZQUEZ, F. (Coord) (2001): Sociedad
de la información y educación. Badajoz, Consejería de Educación, Ciencia y
Tecnología de la Junta de Extremadura.
BUSTAMANTE, E. (1998): “La sociedad de la información: Un largo camino
de pensamiento utópico y crítico”. En J. de Pablos y J. Jimenez (Coord): Nuevas tecnologías. Comunicación
Audiovisual y Educación. Barcelona, Cedecs.
CASTELLS, M. (2000): La era de
la información. Vol. 1 La sociedad red. Madrid, Alianza Editorial. 2ª edición.
CEREZO, M.I.; GONZÁLEZ Y LUJÁN (1996): "El estudio social de la
ciencia y tecnología: Controversia, fusión fría y postmodernismo". En
Alonso y otros (Coords): Para comprender
Ciencia, Tecnología y Sociedad. Estella, Verbo Divino.
COMISIÓN EUROPEA (1995): Libro
blanco sobre la educación y la formación. Enseñar y aprender. Hacia la sociedad
del conocimiento. Luxenburgo. Oficina de Publicaciones de Las Comunidades
europeas.
DE PABLOS, J. (1998): "Nuevas tecnologías aplicadas a la
educación: una vía para la innovación". En De Pablos y Jimenez (Coord): Nuevas tecnologías. Comunicación
audiovisual y educación. Barcelona, Cedecs.
DELORS, J. y otros (1996): La
educación encierra un tesoro. Santillana: Madrid.
VARIOS: La sociedad de la información. Amenazas y
oportunidades. Madrid, Editorial Complutense.
ECHEVERRÍA, J. (1999): Los señores del aire: Tecnópolis y el tercer entorno. Barcelona,
Destino.
ECHEVARRÍA, J. (2000): “Escuelas, tecnologías y tercer
entorno”. Revista Kikirikí, 58
(XIV), 47.
ESCUDERO, J.M. (2001): "La educación y la sociedad de
la información. Cuestiones de contexto y bases para un diálogo necesario".
En F. Blázquez (Coord).
FREIRE, P. (2001): Pedagogía
de la indignación. Mardrid: Morata.
GARCÍA, F. (2000):
“La narrativa hipermedia aplicada a la educación: La creación compartida entre
el autor y el lector, entre el profesor y el alumno”. En R. Pérez (Coord): Redes multimedia y diseños virtuales.
Oviedo: Dpto. de CC. Educación. Universidad de Oviedo.
GIDDENS, A. (2000) : Un mundo
desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas. Madrid,
Taurus.
GIMENO,
J. (2001 a): Educar y convivir en una
sociedad global. Madrid: Morata.
GIMENO,
J. (2001 b): "La enseñanza y educación públicas: Los retos de responder a
la obligación de igualdad, respetar la diversidad y ofecer calidad". En J.
Gimeno (Coord): Los retos de la
enseñanza pública. Madrid, Universidad Internacional de Andalucía/Akal,
LILLEY,
S. (1973): Hombres, máquinas e historia.
Madrid, Artiach.
LUCAS MARÍN (2000): La sociedad de la
información. Una perspectiva desde Sillycon Valley. Madrid: Trotta.
MUMFORD, L. (1971): Técnica y civilización. Madrid, Alianza Editorial.
PÉREZ GOMEZ, A. (2001): "La función educativa de la
escuela pública actual". En J. Gimeno (Coord): Los retos de la enseñanza pública. Madrid, Universidad
Internacional de Andalucía/Akal.
PEREZ TORNERO, J.M.. (Comp) (2000): Comunicación y educación en la sociedad de la información. Madrid, Paidós.
POSTMAN, N. (1994): Tecnópolis.
La rendición de la cultura a la tecnología. Barcelona, Círculo de Lectores.
POSTMAN, N. (1999): El fin de la educación. Una nueva definición
del valor de la escuela. Barcelona, Eumo-Octaedro.
RIFTKIN, J. (2000): La era del acceso. La revolución de la nueva economía. Barcelona:
Paidós.
SANCHO, J. M. (2001): "Repensando la
educación en la sociedad de la información. El efecto fractal". En
Area (2001)
SANCHO, J. Mª. (1998): “Medios de comunicación, sociedad de la
información, aprendizaje y comprensión: piezas para un rompecabezas”. En
J.Ballesta, J.M. Sancho y M. Area: Los medios de comunicación en el
curriculum. Murcia, Editorial KR.
TREJO DELARBRE, R. (2001): "Vivir en la Sociedad de
la Información. Orden global y dimensiones locales en el universo digital". Revista Iberoamericana de Ciencia,
Tecnología, Sociedad e Innovación, nº1, diciembre.
UNESCO (2001): Informe sobre
desarrollo humano 2001. Poner el adelanto tecnológico al servicio del
desarrollo humnao. Publicación electrónica en http://www.undp.org/hdr2001/spanish/
VARIOS: La sociedad de la información.
Amenazas y oportunidades. Madrid, Editorial Complutense.
WALTON, D. (2000): Internet ¿y
después?. Madrid, Gedisa.
ZUBERO, I.: “Participación y democracia ante Las
nuevas tecnologías. Retos políticos de la sociedad de la información”. Telos. Cuadernos de Comunicación,
Tecnología y Sociedad. Versión
electrónica
http//.www.fundesco.es/publica/telos.html
[1] Este artículo es una versión adaptada del ensayo titulado "Sociedad de la información, tecnologías digitales y educación. Luces y sombras de una relación problemática" que será publicado por la Universidad Internacional de Andalucía-Editorial AKAL en un libro coordinado por A. Bautista Gacría-Vera
[2] Ciertamente la enumeración o catálogo de los mismos ha sido realizado por otros autores y, en ocasiones, con diferentes análisis y conclusiones (véase al respecto trabajos como los de Postman, 1999; Gimeno, 2001a,b; Escudero, 2001; Sancho, 2001).
[3] Los informes más conocidos y divulgados en nuestro contexto son el de la Comisión Europea (1995) y el conocido como "informe Delors" elaborado por una comisión de expertos para la UNESCO (Delors y otros, 1996) en los que se aboga encarecidamente por convertir a la formación en uno de los elementos estratégicos para el desarrollo de la sociedad de la información a lo largo del siglo XXI.
[6] En nuestro
país un ejemplo claro de este enfoque es el informe que sobre la sociedad de la
información recientemente ha difundido la empresa Telefónica que la define como
"un estadio de desarrollo social
caracterizado por la capacidad de sus miembros (ciudadanos,empresas y
Administración Pública)para obtener y compartir cualquier información,
instantáneamente,desde cualquier lugar y en la forma que se prefiera". http://www.telefonica.es/sociedaddelainformacion/
[7] Esta escuela es la que responde a una organización del conocimiento y del proceso de enseñanza propio de los sistemas educativos que se generaron a finales del siglo XIX con el desarrollo de las sociedades industriales.
[8] Ésta hace referencia la autoevaluación que realiza el educador de su actividad docente cotidiana, con el propósito de la mejora y transformación educativas, académicamente recogida en procesos de investigación -acción propios de una perspectiva crítica de la educación.