Aprender tendiendo puentes mentales...


Alfons Cornella

 cornella@esade.es


En alguna ocasión hemos tratado el tema de la auditoría de la información: el proceso por el cual podemos determinar cual es la información que necesitamos para cumplir nuestros objetivos. La auditoría de la información es una de las fases claves de todo sistema de inteligencia económica (business intelligence), la función empresarial de captura, análisis, estructuración, difusión y protección de la información crítica para la organización.

Uno de los métodos que pueden recomendarse a la hora de lleva a cabo una auditoría de la información consiste en evitar preguntar a los usuarios que información necesitan (porque pueden responder con: uno, información que CREEN que necesitan pero que realmente no está relacionada con sus objetivos en la organización; y, dos, porque DESCONOCEN mucha de la información que existe en el mercado, y eso puede impedirles pedir algo que podría ser de su interés). Más bien, se debe preguntarles cuáles son sus OBJETIVOS, hacerles pensar en los FACTORES CRITICOS DE EXITO (lo que necesariamente debe ir bien para que esos objetivos se cumplan), y finalmente, se les debe ayudar a identificar la INFORMACION CRITICA (la que conocen y la que el especialista en información puede revelarle) que permitirá satisfacer esos factores críticos de éxito.

Este es un método muy racional y útil, aunque aquí no lo he explicado con todo detalle. Pero conforme voy profundizando en la realidad del comportamiento informacional de las organizaciones, voy dándome cuenta de que demasiada "racionalidad" a la hora de identificar las necesidades informacionales puede ser algo perjudicial. Así, por ejemplo, los sistemas de protección y filtro de la auditoría deben determinar qué información entra en el sistema (sólo la que sea UTIL), pero al hacerlo pueden al mismo tiempo estar impidiendo que entre aquella información cuya utilidad sólo se demuestra por su valor metafórico, por la capacidad que tiene de generar en nosotros en asombro, la admiración, la perplejidad a veces, que puede llevarnos a construir "puentes mentales" que nos permitan entender cambios sociales profundos, tendencias escondidas en nuestros comportamientos de las que aun no somos conscientes.

En otras palabras, las borriqueras son inconvenientes en una época en que todo está relacionado con todo.

Pues bien, estos días estoy muy enganchado a un libro fascinante, tanto por su erudición como por la belleza de su escritura. Se trata de "The Wealth and Poverty of Nations: why some are so rich and some so poor" de David S. Landes (http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0393040178/o/qid=916871315
/sr=2-1/002-0349721-2668063
). El texto trata de encontrar las razones de las diferencias (en algunos casos extremas) entre las naciones del mundo, en términos de riqueza. Para mí, lo confieso, no ha sido una sorpresa, aunque aquí peco de vanidad, ver que Landes pone un acento especial en la cultura y las instituciones sociales como motor invisible de la diferenciación de las naciones.

Resulta muy interesante seguir su explicación de cómo China pasó de ser una potencia tecnológica y marítima, mucho antes que Europa, a perderse después totalmente la revolución industrial. De hecho, parece ser que el cambio profundo ocurrió a principios del siglo XVI, cuando la ley china estableció que cualquiera que botara un barco de más de dos mástiles era reo de muerte. Lo mismo ocurrió en Japón, como nos recordaba en su brillante trilogía Manuel Castells ("The information Age: Economy, Society, Culture"), aunque éste supo cambiar, promoviendo la búsqueda del conocimiento a partir de la Restauración Meiji en el siglo XIX, verdadero inicio de la aventura de innovación de esa nación.

Castells recuerda que estos ejemplos, como los más recientes del fracaso de la Unión Soviética para entender las implicaciones de la revolución de la información (como podían subirse al carro de algo que implica necesariamente una TRANSPARENCIA INFORMACIONAL, una cultura de información accesible al ciudadano, para y dentro de la organizaciones, etc?), nos muestran el papel fundamental como motor de cambio que tiene el Estado, en sus relaciones con la sociedad para transformala.

Estudiar, tratar de entender ese pasado puede estar lejos de las necesidades de información de los gobiernos y las empresas actuales, pero no tenerlo en consideración puede llevarnos a errores profundos. Así, por ejemplo, que la inversión pública en educación haya bajado en la media de los países europeos (España, por ejemplo, invirtió en 1995 sólo el 4.9% del PIB en educación, algo más que Alemania (4.8%) aunque parezca difícil de creer), justo en una "era informacional" y del conocimiento, o que, como indica un informe de la Fundación Cotec, sólo el 11% de las empresas españolas innovan en una época en que "el cambio es la única constante", nos debería poner los pelos de punta (http://www.cotec.es/cas/publicaciones/pre_est_14.html).

O que los escolares de los países asiáticos salgan frecuentemente en los primeros puestos en los rankings de habilidades en ciencia, matemáticas y tecnología, puede que sea más que una coincidencia. Aprender de lo que ocurrió en el siglo XVI con China, nos podría ser de mucha ayuda. No es extraño, pues, que el libro de Castells se haya convertido en un best-seller en Silicon Valley...

Pero donde mejor se ve la necesidad de establecer puentes mentales, metáforas conceptuales, es a menudo en cosas muy simples, detrás de las que se esconde más de lo que parece. Y me gustaría poner aquí un ejemplo que usa Landes especialmente ilustrativo. Cuando se propone demostrar que la Edad Media no fue tan "oscura" como normalmente se dice, recuerda que en ese momento se empezaron a desarrollar tecnologías cruciales, como por ejemplo las GAFAS, inventadas a finales del s XIII.

Bien, se dirá, gran invento, muy útil, y punto. Pero Landes va más allá en sus puentes mentales, y comenta que ese simple invento alargó tremendamente la vida útil de muchos artesanos, que hasta entonces debían abandonar el trabajo cuando aparecían problemas de vista cansada, o simplemente, cuando ver con claridad a corta distancia se convertía en un problema. La idea es que, al poder trabajar unos cuantos años más, mejoraban sus técnicas artesanas, y podían transmitir a sus aprendices más y mejores técnicas, durante muchos más años.

O sea, las gafas, clave de la mejora de la artesanía. Y esta, recordemóslo, embrión de la revolución industrial posterior. Que Europa tuviera el monopolio en la construcción de gafas resultó siendo vital para asegurar su éxito posterior...

Y ahora, nos atrevemos a hacer un "puente mental"? Podemos decir, por ejemplo, que Internet, este invento que nos tiene fascinados, nos está sirviendo para disfrutar mejor del conocimiento acumulado por nuestros mayores (nuestros "artesanos")? Cuanta gente, analfabeta informática pero docta en métodos y experiencia, se está quedando por el camino del desempleo, simplemente porque nadie ha pensado en que en su cerebro hay una mina en forma de neuronas?

Utilizando aquí otra métafora, esta vez de Paul Romer (el impulsor de la "Nueva Teoría del Crecimiento", del que ya hablamos en otros mensajes), lo importante en las organizaciones no es "la olla", sino "la receta". Cambiar la olla es fácil (mera cuestión de dinero), pero conservar la receta es cosa de personas...

En fin, este ha sido un simple intento de escribir un mensaje bello, que fuera a la vez un canto a la necesidad de aprender de la historia, y de las personas. Una propuesta para saltarse la racionalidad limitativa de los "sistemas" y permitirse un lento paseo por los "puentes de la mente".

Y es que sin metáforas nada valdría la pena... y hablar siempre de modelos de negocio en Internet puede, a la larga, resultar estéril...

 Dedicado a tí, si te ha gustado.

Alfons Cornella, ESADE Barcelona
cornella@esade.es