UN ACERCAMIENTO A LOS FRASEOGRAMAS EN ESPAÑOL.

 

Alfonso Gallegos Shibya*

 

La escritura ha sido históricamente concebida como un código sustitutivo del habla debido a que la prioridad de la lengua hablada sobre la lengua escrita, tanto de orden filogenético como ontogenético. Sin embargo, desde un punto de vista funcional y semiótico, la práctica de la escritura no es pura y simple transcripción del habla2. Existe una interdependencia entre las lenguas oral y escrita, ya que ambas están regidas por un mismo sistema englobador (norma abstracta) bajo un conjunto de variantes enunciativas que los hablantes competentes ajustan y distribuyen a las necesidades y contextos discursivos específicos.

Los sonidos (sustancia de la lengua hablada) y las grafías (sustancia de la lengua escrita) difieren en sus condiciones de producción y de percepción, lo cual origina que ambos sistemas tengan una distribución complementaria (situación espacio-temporal, facilidad de producción, etc.). Las diferentes condiciones de comunicación de lo oral y lo escrito conllevan ciertas estrategias discursivas para cada una, por ejemplo, grados de planificación, de elaboración sintáctica, diversos tipos de progresión semántica, organización de las frases, etc., e implican determinadas regulaciones pragmáticas del discurso. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, se puede considerar lo escrito y lo oral como dos sub-dominios caracterizados discursivamente de una misma lengua.

La diferencia entre lo escrito y lo oral descansa en los repartos funcionales de los usos del lenguaje. Desde esta perspectiva, no constituyen géneros discursivos (tipos definidos por sus características enunciativas formales), sino registros discursivos (tipos definidos semánticamente): es el reparto funcional lo que guía esta especificidad, y sus correlatos enunciativos serían una consecuencia de dicho reparto. Lo oral-escrito como registro discursivo constituye una conminación a usos sociales eminentemente variables y no reductibles a restricciones de orden material.

Por otra parte, en el estudio de la lengua oral y la lengua escrita es necesario distinguir dos perspectivas fundamentales: a) medio, y b) concepción. En la primera perspectiva son importantes todos los problemas que se refieren al medio de comunicación (hablado vs. escrito, o fónico vs. gráfico), es decir, a la diferencia entre la realización fónica de un enunciado y su manifestación gráfica. La segunda se refiere a la concepción subyacente a un enunciado y al modo de su verbalización (oralidad vs. escrituralidad). La distinción medial entre lo hablado y lo escrito constituye una dicotomía (i.e., el enunciado es fónico o gráfico), mientras que en el caso de la concepción se trata de una graduación, una escala, un continuo limitado por dos extremos que se podrían llamar inmediatez comunicativa y distancia comunicativa. La articulación de estas dos perspectivas hace que estemos en presencia de cuatro sistemas de discurso, y ya no de dos: 1) lenguaje hablado (por ejemplo el diálogo informal); 2) lenguaje escrito (leyes y códigos, textos científicos, etc.); 3) lenguaje oralizado (v. gr. la lectura de una ponencia o un informe), y 4) lenguaje transcripto (por ejemplo, una carta personal espontánea) 3.

 

Algunas consideraciones acerca de los sistemas de escritura

La necesidad de encontrar un medio de expresar ideas y sentimientos en una forma no limitada por el tiempo o el espacio llevó al ser humano a desarrollar medios de comunicación por medio de 1) objetos y 2) señales en los objetos o cualquier material sólido. Los medios de comunicación por medio de objetos son innumerables (piénsese, por ejemplo, en las flores, los wampums de los indios norteamericanos o los quipus incas), y muchos de ellos tienen una función mnemónica. Sin embargo, la escritura en sentido estricto se expresa no por los objetos en sí, sino por signos en los objetos o en cualquier material.

El problema de definir y/o limitar el objeto de la ciencia de la escritura (llamada por algunos lingüistas gramatología) no es sencillo. Si la escritura se entiende como "el recurso para expresar elementos lingüísticos por medio de señales visibles convencionales" (4), entonces la escritura no cuenta con más de cinco mil años (5). Sin embargo, la escritura también puede ser concebida a partir de un enfoque semiótico y funcional como "un sistema de intercomunicación humana por medio de signos convencionales visibles" (6) (o más bien, por medio de signos gráficos convencionales); desde esta perspectiva, la escritura inició cuando el ser humano aprendió a comunicar sus pensamientos y sentimientos mediante signos gráficos, comprensibles también para las demás personas que compartían ese mismo sistema. Ignace J. Gelb (7) comenta que los sistemas de escritura han evolucionado desde las etapas más primitivas de la semasiografía, en la que los dibujos comunicaban el pretendido significado de maneras vagamente relacionadas con el habla sin que intervinieran formas lingüísticas, a la etapa posterior de la fonografía, en la que los sistemas de escritura adscriben a signos de diferentes niveles un valor fonético convencional.

Al comienzo de la escritura, las pinturas o, más estrictamente los pictogramas, sirvieron para la expresión visual de las ideas en forma muy distinta a la lengua oral. La relación entre escritura y lengua en los primeros estadios de aquélla era muy vaga, ya que los mensajes escritos carecían de una clara correspondencia con una forma lingüística y eran comprensibles per se: se podría conseguir que un texto pictográfico poseyera solamente un sentido mediante convenciones externas, es decir, no inherentes al sistema, pero sólo los lectores conocedores de esas convenciones, que implican una memorización de un texto, podrían interpretarlo siempre de la misma manera; en la medida en que esto no ocurre podía ser oralizado (i. e., materializado fónicamente) en formas diferentes e incluso en distintos idiomas. A este periodo de transición se le puede denominar la etapa semasiográfica de la escritura, ya que se alcanza la intercomunicación por medio de signos visibles que expresan un sentido, pero no necesariamente elementos lingüísticos8.

En periodos posteriores, la aplicación más sistemática de la "fonetización" permitió al hombre expresar gráficamente sus ideas de manera que se podía establecer una correspondencia con determinadas categorías de la lengua oral. A partir de entonces, la escritura perdió gradualmente su carácter como forma independiente de expresar ideas y se convirtió en un instrumento de la lengua, un vehículo por el cual formas lingüísticas exactas (palabras, morfemas, sílabas, fonemas, sonidos) podían ser fijadas de manera permanente por medio de signos gráficos. A este desarrollo corresponde la etapa fonográfica o glotográfica de la escritura.

Por otra parte, no debe cometerse el error de asociar invariablemente los sistemas de escritura semasiográficos a estadios primitivos de civilización. La "lengua" escrita de las matemáticas o la de la física, por ejemplo, son casos altamente sofisticados de semasiografía. El modo en que un enunciado matemático se formula en símbolos escritos no depende del modo en que el enunciado equivalente se formularía en una lengua oral determinada, como ocurriría si se tratara de una simbolización fonográfica (o glotográfica). Así, la fórmula <109 = 1,000,000,000> se traduce al inglés como ten to the ninth equals one thousand million, al español como diez a la novena es igual a mil millones o al alemán como Zehn hoch neun gleicht eine Milliarde. No existe una correspondencia entre los grafemas matemáticos y las materializaciones orales en cada una de las lenguas9.

La semasiografía y la fonografía constituyen los dos principios reguladores del desarrollo filogenético de la escritura. De acuerdo con ellos, la transcripción gráfica de elementos lingüísticos puede indicar tanto unidades de la primera articulación (palabras o morfemas) como de la segunda articulación (fonemas o secuencias de fonemas). El esquema I representa un progresivo alejamiento de los sistemas de escritura de la dimensión del contenido (significado) y el consecuente acercamiento a la expresión de cada lengua (significante) (10).

 

Esquema I. ESCALA DE LOS SISTEMAS DE ESCRITURA

 

Técnica: Pictografía – Logografía – Morfografía – Silábica – Consonántica – Alfabética – Fonológica – Fonética 

Los sistemas logográficos y morfográficos se basan en unidades significativas. Las escrituras logográficas (sumerio, proto-elamita, proto-índico, chino antiguo, egipcio, cretense e hitita) empleaban signos que representan una o más palabras del idioma (aunque también utilizaban signos silábicos como indicadores fonéticos, es decir, eran escrituras logo-silábicas). Sin embargo, una escritura como la china actual representa no sólo palabras sino también partes de palabras (morfemas), por lo que estamos ante una sistema morfográfico.

Las escrituras silábicas (derivadas de las logo-silábicas) establecen el convencionalismo de escribir las sílabas idénticas de palabras distintas con signos idénticos (11). Si el español tuviera una escritura de este tipo se elegiría un signo único entre varias posibilidades para representar, por ejemplo, la sílaba per, sin atender a que se encuentre en las palabras "permuta, perdón, perdido, perfidia", etc. En los sistemas de escritura consonánticos (por ejemplo, árabe y hebreo) las vocales, aunque pueden señalarse por medio de signos diacríticos, suelen omitirse, ya que el significado se deduce a partir del esqueleto consonántico de la palabra y por el contexto. Sin embargo, este sistema no representa ninguna evolución en el desarrollo estructural interno de la escritura.

Por otra parte, los sistemas alfabéticos son escrituras en las que un grafema representa normalmente uno o más fonemas individuales del idioma, aunque no existe una correspondencia exacta entre alfagramas y fonemas. Así, en español, el signo alfabético <b> corresponde al fonema /b/, mientras que el signo <c> representa los fonemas /k/ o /s/, por ej. en <cosa> /kosa/ y <cena> /sena/. Como es posible apreciar, el paralelismo entre lengua hablada y lengua escrita es gradual: sólo sería perfecto si la escritura fuera fonológica (correspondencia biunívoca entre grafemas y fonemas) o fonética (equivalencia entre grafemas y alófonos). No obstante, estos dos últimos sistemas de escritura (ubicados en el esquema I hacia el extremo de la fonografía) sólo son utilizados en descripciones lingüísticas. De esto podría deducirse una diferencia entre escrituras prácticas y técnicas: las primeras establecen una correspondencia tal entre las lenguas oral y escrita que facilitan el aprendizaje y uso de dicho sistema escrito; las segundas proponen un sistema de escritura que requiere un conocimiento lingüístico de carácter científico.

 

Los fraseogramas como sistemas de signos

La escritura suele ser considerada (y no tiene por qué serlo) como un equivalente exacto de la lengua hablada. Este estado ideal de equivalencia absoluta sólo se alcanzaría si las lenguas oral y escrita fueran códigos perfectamente paralelos (21), en los que existiera una equivalencia biunívoca entre fonemas y grafemas (escritura fonológica o fonemática). Por lo general, el paralelismo entre las lenguas oral y escrita es variable, dependiendo de las características de cada sistema de escritura y de las reglas variables que constituyen la aplicación de un sistema particular. En las escrituras logográficas y morfográficas existe un paralelismo entre dos códigos de los cuales sólo uno (la lengua hablada) es de doble articulación, siendo el otro predominantemente de primera articulación. En la escritura silábica el paralelismo es imperfecto, ya que a cada figura del código gráfico (silabograma) corresponde en la lengua hablada no una figura, sino una combinación de figuras (combinación de fonemas): la escritura silábica, en cuanto a la segunda articulación, está "subarticulada".

La cuestión es que en el desarrollo estructural interno de la escritura, la fraseografía (o escritura frástica) nunca se ha constituido en atractor. Gelb define la fraseografía como "tipo de escritura en la que un signo [gráfico] representa una frase o una oración" (13); un fraseograma es, por consiguiente, un signo gráfico que representa un constituyente complejo de frase en el que interviene el componente sintáctico de la lengua.

Muchas lenguas han recurrido a este sistema frástico. Incluso, algunas formas pictográficas de comunicación logradas con recursos mnemónico-identificadores pueden catalogarse como fraseografías. Por ejemplo, los habitantes de la tribu Ewe de Togo son capaces de anotar proverbios mediante signos mnemónicos: el dibujo de una aguja con hebra representa el proverbio "el hilo sigue a la aguja (no al contrario)" (14). Otros grupos, como los indios americanos, han alcanzado un alto grado de sistematización y normalización en este tipo de escritura. Sin embargo, las opiniones al respecto de este sistema mnemónico-identificador son encontradas: para algunos es escritura de oración o de frase; para otros, es sólo un recurso mnemotécnico que no emplea partes del idioma.

Creemos necesario, para evitar esta tipo de controversias, aplicar los dos principios ya mencionados anteriormente y distinguir entre fraseogramas semasiográficos o ideográficos y fraseogramas fonográficos o glotográficos. Los primeros remiten a un sólo significado que puede ser oralizado en diversas formas de frase en la misma lengua (e incluso en lenguas diferentes): los dibujos de la tribu Ewe o de los indios norteamericanos son, desde esta perspectiva, fraseogramas semasiográficos; pero también lo son las fórmulas matemáticas (por ejemplo a2 = b2+c2) y físicas (E=mc2), así como algunas formas computacionales (por ejemplo "A>DIR/P" se puede oralizar, entre otras opciones, como "Visualiza en la pantalla el directorio de archivos del disco de la unidad A con la opción de pausa", y "COPY*.EXE A:" como "Copia en la unidad A todos los archivos que tengan la extensión .EXE"). Los segundos remiten a determinados constituyentes complejos de frase en la lengua, i.e., se oralizan de una forma específica, y podemos clasificarlos en tres grandes tipos: a) fraseogramas logográficos, b) holofrases y c) fraseogramas nominales.

Esquema II. CLASIFICACIÓN DE LOS FRASEOGRAMAS

Tipos de fraseogramas fonográficos

Tipo I: los fraseogramas logográficos

La principal característica semiológica de los fraseogramas logográficos es que presentan una subarticulación de segundo grado, es decir, están formados por "elementos logográficos de frase" que remiten a una palabra determinada (tanto al significante como al significado) del constituyente complejo de frase. Consideremos, por ejemplo, los fraseogramas q.b.s.m. (‘que besa su mano’), q.e.p.d. (‘que en paz descanse’), a.C. (‘antes de Cristo’) o n.r.d.a. (‘nos reservamos el derecho de admisión’): cada uno de los elementos constituyentes son logogramas en los cuales el grafema (letra) remite a los sonidos iniciales de los respectivos significantes.

Sin embargo, existe una gran diferencia entre estos "elementos logográficos de frase" y otros logogramas de la lengua tales como No. (número), & (y), m (metro, minuto, murió), ° (grado), etc. (15). Estos últimos tienen un significado ya determinado en el sistema de escritura y algunos, formalmente idénticos (homógrafos), adquieren su valor de acuerdo al registro discursivo en el cual son insertados (16): m puede significar ‘metro’, pero también ‘minuto’, ‘murió, muerto’ o ‘masculino’(17). Los "elementos logográficos de frase", en cambio, no tienen un significado per se: tienen valor sólo al interior del fraseograma y lo adquieren debido a 1) la correspondencia con su referente frástico: no tiene el mismo valor el signo gráfico t en t.q.m. (‘te quiero mucho’) que en ú.t.c. (‘úsase también como’), y 2) por el principio de posición al interior del fraseograma: por ejempli en c.c.p. (‘con copia para’) o m.s.n.m. (‘metros sobre el nivel del mar’) encontramos dos elementos logográficos de frase homógrafos (c1 y c2, m1 y m2) que tienen significados distintos debido a la posición que guarda cada uno con respecto al otro y no por el contexto discursivo en el que se encuentran.

Por otra parte, es posible encontrar en estos fraseogramas logográficos ciertos elementos constituyentes cuya representación puede variar facultativamente: por ej. la frase ‘kilómetros por hora’ puede transcribirse k.p.h., km.p.h. o km/h, i.e. algunos logogramas de frase tienen una variación formal libre (k-km, p-/ ).

 Tipo II: las holofrases

Comparemos los fraseogramas c.c.p. (‘con copia para’) y At’n (‘con atención para’). En el primero, cada letra es un elemento logográfico que tiene valor sólo al interior del fraseograma y que remite tanto al significado como al significante de una palabra determinada. En el segundo no se producen estas equivalencias: At’n no es un logograma de ‘atención’, ya que dicho grafismo corresponde al significante de toda la frase, y no sólo de una palabra. De esta manera, c.c.p. es un fraseograma logográfico; At’n, una holofrase.

Las holofrases se pueden caracterizar como fraseogramas que designan globalmente el significado frástico sin que se distingan en ellos correspondencias logográficas, es decir, rasgos gráficos equivalentes a los elementos constituyentes de la frase (17), por ejemplo ap. (‘apoyado por’), etc. (‘y así sucesivamente’, ‘y otros’), RIP (‘Descanse en paz’), v.gr. (‘por ejemplo’), ib. (‘en el mismo lugar’), etcétera.

En muy pocos casos, las holofrases hacen una clara referencia al significante de algún elemento del constituyente complejo de frase (como ocurre en At’n ‘Con atención para’). Esto se debe a que, en su gran mayoría, las holofrases resultan de una transcodificación entre sistemas lingüísticos (del latín al español en el caso de apud, et caetera, Requiescat in pace, verbi gratia, ibid). Estas holofrases serían, en el sistema de escritura de la lengua original, fraseogramas logográficos (tipo I) o simplemente logogramas (abreviaturas).

 

 Tipo III: los fraseogramas nominales

El análisis sintáctico de la frase nominal en español nos demuestra que ésta puede formarse a partir de a) nombre propio (18); b) pronombre, y c) nombres con determinantes (Nominal). Debido a esto, serán fraseogramas nominales todas aquellas construcciones gráficas que remitan a un constituyente complejo de frase de alguna de estas subcategorías de la frase nominal.

Los fraseogramas nominales, comúnmente llamados ‘siglas’, son signos de la escritura que representan nombres propios complejos (por ejemplo Pemex, ‘Petróleos Mexicanos’) o la categoría sintáctica Nominal (v.gr., C.V., ‘capital variable’). No existen fraseogramas que correspondan a la subcategoría nominal "pronombre" ya que, si bien éstos son frases nominales en un nivel sintáctico, no forman constituyentes complejos de frase, por lo que en el sistema escrito no les corresponden fraseogramas sino logogramas (abreviaturas): Ud. y Nos. se materializan fónicamente como ‘usted’ y ‘nosotros’, respectivamente.

Los fraseogramas nominales presentan normas escriturales propias, y comparten en gran medida los principios de los fraseogramas logográficos (tipo I): pueden escribirse con o sin puntos intermedios (S.A. = Sociedad Anónima, BID = Banco Interamericano de Desarrollo); con mayúsculas obligatorias o con altas y bajas (UNAM = Universidad Nacional Autónoma de México, Iteso = Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente), o bien, de acuerdo a los sonidos iniciales de cada significante o siguiendo un principio silábico (PGR = Procuraduría General de la República, Sedena = Secretaría de la Defensa Nacional) 20.

La principal diferencia entre los fraseogramas logográficos y los fraseogramas nominales estriba en que la casi totalidad de estos últimos están lexicalizados tanto en la lengua oral como en la lengua escrita, por lo que se proyectan al habla (lo cual no ocurre con los fraseogramas logográficos). Las siglas están formadas por letras del alfabeto y, como pueden ser oralizadas, no siempre se comportan alfabéticamente sino también metalingüísticamente (21). Algunos fraseogramas como IFE (‘Instituto Federal Electoral’), por ejemplo, se oralizan de acuerdo a las correspondencias fonológico-alfabéticas del español: /ife/. Pero existen otros que se deletrean, i.e., al oralizarlos se remite al fraseograma como unidad gráfica: CTM (‘Confederación de Trabajadores de México’) no se realiza oralmente como */ktm/ o */stm/, sino /seteeme/, utilizando un recurso metalingüístico. Ciertos fraseogramas, además, articulan ambos tipos de reglas al ser oralizados: PSOE (‘Partido Socialista Obrero Español’) equivale oralmente a /pesoe/ y no a */psoe/ o */peeseoe/.

La posibilidad de lexicalización de los fraseogramas fonográficos difiere de acuerdo a su tipo. Los fraseogramas logográficos (tipo I) no se proyectan en el habla, por lo que no están lexicalizados ni pueden ser transcodificados a la lengua oral como los fraseogramas nominales (tipo III). En cambio, ciertas holofrases (tipo II) admiten una posibilidad marginal de lexicalización (por ejemplo, la holofrase etc. puede ser oralizada /etese/). En los fraseogramas nominales (tipo III) la posibilidad de lexicalización es norma, aunque tampoco absoluta. Un fraseograma (de categoría ‘nombre propio’) como SAR se puede oralizar, en principio, /saR/ o /eseaere/, o bien haciendo referencia oral al contenido: ‘Sistema de Ahorro para el Retiro’; las mismas opciones aparecen en otros fraseogramas (de categoría Nominal) como AC /ase/ o ‘Asociación Civil’. No obstante, existen fraseogramas nominales que no pueden ser lexicalizados: en AC ‘América Central’ (categoría nombre propio) o S.A.R. ‘Su Alteza Real’ (categoría Nominal) la referencia oral al significado es obligada, quizá debido a razones pragmáticas22. Por tal motivo, se puede hablar de grados de lexicalización en los fraseogramas.

Esquema III.

 ESCALA DE LEXICALIZACIÓN DE LOS FRASEOGRAMAS FONOGRÁFICOS

Finalmente, la mayoría de los fraseogramas nominales (siglas) recurren sólo a las palabras lexicales de la frase para su registro grafológico: IPC (‘Indice de Precios y Cotizaciones’), IMSS (‘Instituto Mexicano del Seguro Social’), Coplaur (‘Comisión de planeación urbana’), etc. Sin embargo, en algunos casos también se auxilian de las palabras gramaticales buscando dos fines principales: a) facilitar la oralización del fraseograma nominal (por ej. UDI ‘Unidades de Inversión’), y b) evitar la homografía frástica: por ejemplo ‘Alianza para el Crecimiento’ podría haberse transcrito grafológicamente como *AC de no confundirse con aC (‘antes de Cristo’), A.C. (‘Asociación Civil’) o AC (‘América Central’); es por ello que en la escritura de este fraseograma nominal se utilizan las palabras gramaticales con el fin de evitar la homografía: Apec.

Hemos dejado de lado intencionalmente aquellos fraseogramas nominales (en particular de categoría nombre propio) que han sido codificados en otros sistemas lingüísticos, pero cuyas reglas formativas son, esencialmente, las mismas que se han señalado para el español (por ejemplo, UNICEF, IBM, NBA, SS, KGB, SNCF, etc.). El alto grado de lexicalización de estas siglas es prueba de que siguen operando en español como fraseogramas.

 

 Los ideogramas

 Al hablar de los fraseogramas los definimos como un "signo gráfico que representa un constituyente complejo de frase". No obstante, existen registros gráficos que se encuentran en el límite de los logogramas y los fraseogramas, por ej. ‘vs’. Si consideramos que su significante es ‘contra’ estaríamos hablando de un logograma; pero también puede significar ‘en oposición a’. ¿Sería un fraseograma en este caso? Se puede por tanto ver en ‘vs.’ un ideograma, es decir, un signo gráfico semasiológico que remite sólo a la primera articulación (significado) y que puede ser oralizado en diversas formas en la lengua.

Con el nombre de "ideogramas" los antiguos filólogos hacían referencia a un signo gráfico que podía representar una idea determinada con todas sus ramificaciones afines; de esta manera, un grafismo determinado podía significar ‘sol’ pero también ‘día, luz, calor, brillo’ etc. Sin embargo, Frege llama ideografía a aquella escritura que emplea signos que se pueden leer en cada lengua y dentro de una misma lengua de diversas maneras (por ejemplo, en los cálculos lógicos: p® q), de modo que remiten a conceptos independientes de cada sistema lingüístico. En la ideografía la dimensión semasiográfica alcanza un grado máximo, en detrimento del aspecto fonográfico, lo cual puede codificarse en la lengua escrita a nivel de la palabra (logogramas ideográficos, por ejemplo &), o bien en fraseogramas ideográficos o semasiográficos23, v.gr. (" x)(Ex® Fx).

 

Conclusiones

 La escritura no tiene por qué ser considerada como un exacto equivalente del lenguaje hablado, ya que dicho estado ideal de equivalencia absoluta sólo se alcanzaría si las lenguas oral y escrita fueran códigos perfectamente paralelos. Los sistemas de escritura, por otra parte, no son homogéneos: se estructuran de acuerdo a una técnica predominante y crean vínculos con otros sub-sistemas alternos de escritura de acuerdo a las reglas variables que constituyen su aplicación24. El esquema IV muestra los principios (semasiografía/fonografía) que subyacen a cada técnica de la escritura y, además, la ubicación de los fraseogramas en dicho continuo.

 

Esquema IV. ESCALA DE RASGOS DE LOS SISTEMAS DE ESCRITURA

 Técnica: Pictografía–Fraseografía–Logografía–Morfografía–Silábica–

Consonántica–Alfabética–Fonológica–Fonética

SEMAS. + + + – – – – – –

 FONOG. – + + + + + + + +

Es un lugar común de la lingüística moderna decir que el número de oraciones potenciales bien formadas en una lengua es infinitamente amplio, lo cual también vale para los constituyentes complejos de frase. Obviamente, es incuestionable la inexistencia de una escritura que represente frases mediante grafos únicos. Por tal motivo, la fraseografía constituye un sub-sistema gráfico cuyas realizaciones concretas establecen vinculaciones con otros sub-sistemas de escritura (alfabético, silábico, logográfico) de la misma lengua.

Las reflexiones anteriores acerca de la escritura deben articularse con teorías pedagógicas sobre el sujeto del aprendizaje (sujeto cognoscente) para la enseñanza de la escritura. Al momento de enfrentarse a la lengua escrita, el sujeto activo (niño o adulto) posee diversas habilidades lingüísticas que generalmente no son tomadas en cuenta por los sistemas tradicionales de enseñanza. Para que una persona pueda manejar la escritura del español adecuadamente debe

 

[...] reconocer que la lengua escrita tiene características propias, diferentes a la de la lengua oral; comprender la naturaleza alfabética del sistema de correspondencias grafofonética y coordinar la convencionalidad ortográfica del sistema con las reglas para dominar los aspectos semánticos y sintácticos25.

 

Asimismo, los sistemas tradicionales de enseñanza no consideran que, en el desarrollo ontogenético de la escritura, el sujeto cognoscente pasa de una etapa semasiográfica a una fonográfica. En la primera, el niño es capaz de distinguir lo que organiza en términos de dibujo y de escritura. Sólo en la segunda etapa el niño empieza a elaborar hipótesis fonográficas del sistema escrito que lo llevarán, finalmente, a comprender la naturaleza alfabética de la escritura del español (con sus respectivos problemas ortográficos). Esta evolución de la comprensión del sistema de escritura

[...] exige su propia reconstrucción interna, una reconstrucción en la cual los problemas de naturaleza lógica están constantemente presentes (correspondencia término a término, relación entre el todo y las partes, etc.), tanto como la reflexión metalingüística26.

 

Si bien la aprehensión del sistema alfabético español implica un largo proceso psicogenético, el dominio de los fraseogramas conlleva una dificultad metalingüística extra ya que, sobre una base alfabética, las realizaciones frásticas establecen vinculaciones con otros sub-sistemas de escritura de la misma lengua (fundamentalmente el silábico y el logográfico). Por otra parte, el sub-sistema frástico exige una competencia comunicativa desarrollada a fin de realizar ciertos repartos discursivos de los fraseogramas. Todo esto demuestra que los sistemas puros de escritura son tipos ideales, y que el acoplamiento estructural opera en todos los niveles de la lengua.

Notas

 

1 Agradezco al Dr. José Luis Iturrioz Leza por sus comentarios y sugerencias para la elaboración de este artículo.

2 Cf. L. J. Prieto, L.J., "¿La escritura, código sustitutivo?", 1975, pp. 131-142.

3 Cf. Achard, 1988; Coyaud, 1988; Lentin, 1988; Osterreicher, 1996; Rey-Debove, 1988.

4 Ignace J. Gelb, Historia de la Escritura, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 47.

5 La más antigua forma de escritura conocida corresponde a una tablilla escrita en sumerio arcaico de hace cinco mil años, que se lee gadubgemenam-igi-gál (literalmente "colección de tabletas de la Señorita Sabiduría"). Algunos investigadores (I.J. Gelb, M.A. Powell, etc.) sostienen que todos los sistemas de escritura en el mundo pueden relacionarse entre sí, y que la primera versión del sistema pictográfico sumerio es el ancestro de todos los demás sistemas de escritura utilizados. Otros investigadores rechazan la hipótesis monogenética de la escritura, argumentando que se han exagerado las similitudes entre diferentes escrituras primitivas y que los datos del sistema gráfico chino no confirman que haya compartido un origen común con alguna escritura del oeste asiático (cf. Gelb, 1952; Sampson, 1985).

6 Gelb, op.cit., p. 32.

7 Op. cit.

8 El origen semasiográfico de la escritura se aprecia también en el desarrollo psicogenético de la misma. Cf. Ferreiro 1950, 1978, 1979 y 1988.

9 Vid. "ideografía" (infra, 4).

10 El uso de las escalas para el estudio de los fenómenos lingüísticos proviene de unityp (Proyecto de Universales y Tipología), organizado a mediados de los setenta bajo la dirección del lingüista Hansjakob Seiler. Las investigaciones de unityp, si bien tenían como propósito impulsar la lingüística en la tipología y los universales, desembocaron en una nueva teoría lingüística global y un programa descriptivo integrado que concibe y describe las lenguas como sistemas de operaciones destinadas a resolver problemas que se plantean a todas por igual. En dichas escalas (intuidas por algunos lingüistas como Benveniste, Gelb, Chafe, etc.) se aprecia la covariación que rige a ciertos fenómenos lingüísticos englobados bajo un mismo común denominador funcional (véase Iturrioz 1986).

11Algunas escrituras silábicas podían representar mediante un grafema una secuencia de fonemas mayor a la sílaba. En sumerio, por ejemplo, un signo tenía el valor oral bala.

12 Cf. Prieto, op.cit.

13 Gelb, op.cit., p. 318.

14 Op.cit., p. 76.

15 Algunos de estos signos gráficos son llamados "abreviaturas". Las abreviaturas son logogramas fonográficos que remiten directamente a una unidad determinada de la lengua (significado y significante) que no forma per se un constituyente complejo de frase, por ejemplo C. ‘ciudadano’, Sra. ‘señora’, p. ‘página’, etc. Las abreviaturas no están lexicalizadas en la lengua oral a la manera de los fraseogramas nominales (P. no se oraliza /pe punto/, sino ‘padre’; vid. infra) y, como son pluralizables, desarrollan reglas diferentes a las de los fraseogramas. No todos los logogramas del español son fonográficos ya que en algunos de ellos (&, °, $, £, etc.) la referencia es exclusivamente semasiográfica y su formulación oral depende de cada sistema lingüístico, i.e., son logogramas semasiográficos o ideogramas.

16 Principio llamado por Gelb "de contexto de situación", op. cit., p. 41.

17 Otros logogramas también presentan este reparto discursivo del significado: n ‘neutro, nació/nacido’; fr ‘frase, francés’; s ‘sustantivo, siglo’.

18 Esta propiedad holística ha sido considerada también para otros niveles del análisis lingüístico. Yetta Goodman (1982) reconoce en los balbuceos y el habla holofrástica los comienzos del lenguaje oral del niño.

19 El nombre propio se considera una subcategoría de la frase nominal. Cf. Abad, Francisco y Rosa Espinosa: "La sintaxis", en Yllera (1983), pp. 168-169.

20 En algunos fraseogramas nominales notamos la coexistencia tanto del principio de iniciales como del silábico: por ejemplo Marco (‘Museo de Arte Contemporáneo’). Este fenómeno se produce para facilitar la oralización de los fraseogramas.

21 Tanto la palabra fonética (escrita) como la palabra deletreada (oral) son códigos metalingüísticos.

22 Existen reglas pragmáticas que pueden regir la no-lexicalización de los fraseogramas nominales. Una de ellas podría ser el evitar la homofonía frástica: SAR [+lex] ‘Sistema de Ahorro para el Retiro’ vs. S.A.R. [–lex] ‘Su Alteza Real’, o AC [+lex] ‘Asociación Civil’ vs. AC [–lex] ‘América Central’. Otro principio pragmático es el de autoridad: nadie lexicalizaría el fraseograma S.S. ‘Su Santidad’ en un diálogo o lectura con el pontífice.

23 Vid. supra, 2.

24 Cf. Gelb (1952) y Sampson (1985) para una detallada explicación acerca del uso de algunos sistemas de escritura como el sistema silábico lineal B minoico, el sistema rasgal coreano (han’gul), la escritura morfográfica china, la escritura mixta japonesa, el sistema alfabético inglés, etc.

25 Margarita Gómez, "Consideraciones teóricas generales acerca de la escritura", 1986, p. 87.

26 Ferreiro, "Psicogénesis de la escritura", 1950, p. 45.

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* Alfonso Gallegos Shibya: Profesor investigador de la Maestría en Lingüística Aplicada, CUCSH, Universidad de Guadalajara.


 

Artículo publicado en la revista Educar

Número 8 Lectura y Escritura

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