EDITORIAL

 

Pese a su innegable importancia, es una realidad que la educación artística ocupa un lugar periférico en los planes y programas de la educación pública. Este hecho quizá se deba a que existe una idea muy difundida acerca de que educar a los niños y niñas en las áreas estéticas y artísticas exige, tanto de parte de los profesores como de los alumnos, una condición especial, una especie de "toque de genialidad" para acceder a esos conocimientos y habilidades. Esta índole casi sobrenatural se considera como una condición inherente a la naturaleza de los propios individuos y no una meta a alcanzar por parte de la escuela, es decir, un conjunto de propósitos educativos que se pueden someter a la acción orientadora y formadora de la institución escolar.

Esta percepción generalizada, por supuesto, es falsa y desafortunada. Numerosos autores y teóricos de la educación reconocen que los lenguajes y códigos artísticos constituyen un referente indispensable para que los niños y niñas puedan alcanzar con plenitud e integridad funciones tales como la autonomía individual, la creatividad, la búsqueda de nuevas alternativas frente a la resolución de problemas y la toma de decisiones y, en fin, nuevas y diferentes maneras de representarse y abordar la realidad.

Las experiencias educativas artísticas sin duda contribuyen al desarrollo de los educandos y proveen de determinadas capacidades que se reconocen como parte de su formación integral y armónica en las distintas áreas de su personalidad, tales como las cognitivas, psicomotrices, afectivas, interpersonales y de relación con el ambiente natural y social donde se desenvuelven.

Frente a una imagen simplificadora de la educación que la considera como un simple mecanismo de transmisión de conocimientos más o menos objetivos, hay que proponer la idea de que la creatividad y la experiencia artística constituyen también una forma de inteligencia y que, como tal, también debe ser desarrollada y promovida al igual que las otras formas del pensamiento.

Por otra parte, habrá que recordar que la sensibilidad y la creatividad no sólo son atributos de los individuos en particular, sino que constituyen elementos que pueden aportar a la consolidación y el fortalecimiento de las sociedades democráticas, que también requieren de la flexibilidad, la comprensión y la tolerancia hacia las manifestaciones diversas.

Artículo publicado en la revista Educar

Número 15 Educación Artística

http://www.jalisco.gob.mx/srias/educacion/consulta/educar/dirrseed.html