Editorial

 

La escuela es un lugar donde se aprende y olvida cosas, donde se aprueban y suspender exámenes, donde se difunden saberes y donde se adquieren destrezas, hábitos y normas. Pero es también un lugar donde suceden cosas divertidas y donde uno sea pobre, donde las personas hablan entre sí y escribe para otras cosas, donde habitan las ilusiones y el desencanto, donde se vive el dolor del fracaso y el placer del éxito, donde las personas se sientan, escuchar, esperan, juegan, alzando la mano, hacen cola y fácil la los lápices. Es ese escenario de la vida cotidiana en el que sea hacen amigos y enemigos, donde se postiza y donde unos y otras se divierten, donde no sólo se enseñan los conocimientos legítimos sino que nadie se aprende el comportamiento esperado, donde se estudia y donde se escriben mensajes a punto de navaja sobre los pupitres. Ese lugar, en fin, donde los niños y las niñas permanece durante gran parte de su infancia y adolescencia y al que existen del lunes a viernes, les guste o no.

Cuando se habla o sé escribe sobre el currículo escolar  se alude habitualmente a lo que las administraciones educativas y los enseñantes planifican por anticipado con el fin de que los alumnos y las alumnas aprendan algunas cosas. Sin embargo, un currículo elaborado tan sólo de es de las intenciones de los enseñantes, haciendo caso omiso de lo que ocurre en la vida de las algunas (y fuera de los muros escolares),  tiene quizá poco sentido. El currículo no sólo una retahíla de finalidades y de contenidos debidamente seleccionados: es también hablará, escribir, leer libros, cooperar, en la darse unos con otros, aprender que decir, que a hacer y como interpretar lo que los demás dicen y hacen. Ese cúmulo de cosas que sucede en la vida de las algunas a todas horas y que quizá por demasiado obvias permanecen con frecuencia demasiado ocultas. Ese lado la es la escritura y son las formas de cooperación mediante las cuales quieres enseña y quienes aprender intercambian sus significados y se ponen de acuerdo en la construcción de nuevos aprendizajes. El currículo ese entonces, ante todo, una forma de comunicación.

De allí la importancia de indagar que piensa el alumno, de conocer que el horizonte de expectativas y de conocimientos trae consigo a la escuela y de saber qué cosas hace para aprender (Salvo que creamos que aprender consiste tan sólo en sentarse, a ser posible en silencio, esperando a ser enseñado).

Porque los alumnos y las alumnas también tienen objetivos (no sólo los enseñantes), también sabe cosas y también tienen algo que decir.