La digitalización de imágenes monocromas en prensa

 

Jesús Canga Larequi / Alberto Díaz Mancisidor

 

La redacción electrónica supone una seria transformación del tratamiento de las imágenes. El proceso de producción del periódico sufre aquí también cambios trascendentales.

 

El desarrollo espectacular que en los últimos años ha sufrido la microelectrónica en aplica­ciones como la Informática y las Telecomunicaciones ha im­pulsado y motivado cambios profundos en la forma en la que la información sonora, gráfica, textual o nu­mérica es recogida, almacenada, procesada y diseminada o transmitida al usuario final.

Lógicamente, esta dinámica de cambio ha afectado a los medios de comunicación de ma­sas, principalmente en sus métodos de produc­ción. En el caso concreto de la Prensa, quizá el mayor exponente del avance tecnológico sea la denominada “Redacción Electrónica”, con cuya implantación el papel, como soporte interme­dio de la información, ha sido sustituido por el soporte electrónico, dando lugar a la práctica desaparición de la tradicional máquina de es­cribir, que ha sido suplantada por los vídeo‑ter­minales de redacción.

Pero esta sustitución del soporte/papel no se ha dado únicamente en el campo del tratamien­to de textos, sino también en el del tratamiento de las ilustraciones.

La Redacción Electrónica aporta importantes novedades en este último campo, como es la entrada del soporte electrónico para las ilustraciones o, lo que es lo mismo, la posibilidad de tratar digitalmente esas ilustraciones.

La idea de tratar y generar imágenes me­diante ordenador va unida simultáneamente al nacimiento de éstos. Ya en sus orígenes se in­tentaba conseguir la reproducción de diferen­tes tonos de grises mediante la superposición de caracteres y con la utilización de impresoras se creaban ilustraciones en blanco y negro. Se­gún Gómez‑Cornejo, el punto de partida real para conseguir imágenes por ordenador hay que situarlo en el año 1951, cuando se realiza por primera vez, en Cambridge (Massachu­setts), la conexión de un ordenador a una panta­lla de tubo de rayos catódicos (1).

 

LA CONVERSIÓN DIGITAL DE LAS ILUSTRACIONES

 

Resulta evidente que las imágenes con las que se trabaja en un periódico (fotografías, grá­ficos, etc.) no pueden ser manipuladas de forma directa mediante un proceso de computación a través del método tradicional por el que se pro­ducen (revelado y reproducción fotográfica so­bre soporte convencional mediante procesos fí­sico‑químicos). Así pues, estas imágenes deben adecuarse al procedimiento de trabajo seguido en el mundo de la informatización de datos.

Puesto que los ordenadores realizan su fun­ción con datos numéricos más que con datos gráficos, lógicamente las imágenes se han de convertir a formas numéricas antes de que pue­dan ser tratadas por el sistema de computación. A este proceso de conversión se le denomina “digitalización” y se obtiene partiendo de una imagen real.

La digitalización de la imagen consiste en di­vidir la misma en pequeños fragmentos denomi­nados “elementos gráficos” o “pixels” (abreviatu­ra surgida del inglés “picture elements” y que ha sido aceptada internacionalmente). El esque­ma más frecuente de subdivisión es el constitui­do por una serie de rectángulos adyacentes. La imagen se divide en líneas horizontales consti­tuidas por elementos gráficos adyacentes. Esto se realiza mediante una fuente de luz explora­dora, generalmente una procedente de un tubo de rayos catódicos o un rayo láser, a través de un scanner. Esta fuente de luz incide en cada punto concreto de la imagen a explorar produ­ciendo una luminosidad determinada de cada uno de ellos. Dicha luminosidad es recogida a través de un sensor de luz y convertida en una señal eléctrica, la cual pude ser cuantificada.

Esta fase de exploración genera una cifra co­rrespondiente a cada pixel, la cual representa la luminosidad u oscuridad emanada de la ima­gen al recibir la luz en ese punto concreto (este sistema de exploración de la imagen recuerda al proceso seguido por el “tubo electrónico” de la cámara de televisión cuando explora la ima­gen y la convierte en impulsos eléctricos). Cuando este proceso ya se ha realizado para todos los pixels, la imagen completa puede cuantificarse y se representa mediante una dis­tribución rectangular de números enteros. Cada pixel posee una situación o dirección (número de línea o de fila y número de muestra o colum­na) y también un valor en forma de número en­tero, al cual se le llama “nivel de gris” (que co­rresponde a las diferentes tonalidades que se aprecian en una fotografía en blanco y negro) (2). Así, esta distribución de datos digitales que­da preparada para ser entonces memorizada o manipulada en forma electrónica.

Cuando se habla de la digitalización de una fotografía en blanco y negro, el número de “ni­veles de gris” que se empleen en el proceso es un aspecto muy importante, ya que su aumento generalmente incrementa la calidad de la ilus­tración. Ha sido establecido experimentalmente que la resolución máxima del ojo humano es de unos 40 ciclos por grado. Aplicando esta rela­ción al tamaño promedio estándar de las foto­grafías utilizadas en los periódicos, unos 18 cm. por 24 cm. o formato similar, vistas a una distan­cia de 30 cm., encontramos que el contenido de información que puede ser resuelto por el ojo es equivalente a unos 2,7 millones de pixels. Teniendo en cuanta la ratio 5:4, esto sugiere que se requiere una densidad de muestreo de 1.800 x 1.500 pixels para conseguir una imagen digitalizada de buena calidad.

Si se parte de la base de que los formatos de las señales analógicas existentes proporcionan una densidad de exploración de hasta 1.000 lí­neas en sentido vertical, la resolución horizontal equivalente debería ser superior a los 2.000 pi­xeIs por línea. De esta forma, se ha acordado internacionalmente un nivel de digitalización de las fotos de 2.048 pixels por línea con 8 bits por pixel, lo cual representa en la práctica la repro­ducción de 256 niveles distintos de gris que pueden aparecer en cada fotografía. Con estos parámetros, la necesidad de memoria por ima­gen asciende a 2 megabytes.

Sin embargo, estas cifras se ven considerablemente reducidas cuando se trata no de im­primirlas, sino de visualizarlas sobre la pantalla de un vídeo terminal. Dado que en un video­terminal se produce una relación de contraste más baja que en una impresión fotográfica, se ha comprobado que para la visualización en pantalla de una imagen es suficiente una escala de 64 niveles de gris y para la legibilidad de posibles textos que lleve incorporados (encabe­zamientos, pies de foto, etc.) es adecuada una resolución de 512 x 512 pixels.

En resumen, los requisitos fundamentales que debe cumplir un sistema de edición de imagen electrónica vendrían delimitados por los si­guientes parámetros: capacidad de almacenar imágenes a una ejecución de 2.048 pixels/línea con 8 bits/pixel, y visualización en la pantalla de un vídeo‑terminal sin parpadeo a una ejecución mínima de 512x512 pixels/línea a 6 bits/pixel (3).

 

EL PROCESO DE EDICIÓN DE UNA IMAGEN ELECTRÓNICA

 

Una vez que la fotografía ha sido digitalizada, es necesario disponer de un sistema que nos permita recibir rápidamente las señales elec­trónicas generadas e identificarlas para darles la salida oportuna (incluir la fotografía dentro de una página mediante un sistema de compagina­ción electrónica, posibilidad de sacar una copia sobre papel, etc.). Ésta es la tarea encomenda­da a las denominadas Mesas de Edición de Imágenes Electrónicas.

Por regla general, un sistema de este tipo, con Mesa de Edición Electrónica, consta de dos vídeo‑terminales: uno grande (monitor de ima­gen) para visualizar las imágenes almacenadas en el banco de datos (database) de ilustracio­nes y que, además, sirve para retocar y trans­formar en la forma deseada una imagen concre­ta; y otro más pequeño (monitor de control) en el que se visualiza la información sobre los con­tenidos del banco de datos de ilustraciones (fe­cha de entrada, tamaño, tema, etc.). Ambos ví­deo‑terminales son manejados mediante un te­clado y un ratón.

La entrada al sistema es totalmente automáti­ca. Cuando se mete una imagen al sistema, bien sea desde una línea de agencia o directa­mente desde un analizador, los datos y el tiem­po de entrada son visualizados y registrados en el formato adecuado. La fuente de la imagen se visualiza también automáticamente. El sistema asigna a cada imagen un número de serie que también se genera automáticamente. Este nú­mero de serie se utiliza para recuperar cual­quier imagen de la memoria para operaciones de edición posteriores. La memoria actúa sobre el principio de “primero en entrar, primero en salir”, y cuando la memoria se llena se reescribe automáticamente sobre la imagen más antigua la imagen que ha llegado más recientemente. No obstante, cualquier imagen de la memoria puede ser protegida de esta reescritura por si fuese necesario mantenerla en memoria duran­te un determinado tiempo (días, semanas, etc.). Los números de serie de las imágenes protegi­das contra la reescritura se muestran en el lista­do de la base de datos que aparece en el moni­tor de control.

Veamos entonces ahora cómo funciona cada uno de los dos monitores, de control y de ima­gen, durante el proceso de edición.

 

El monitor de control

 

El editor controla el sistema utilizando el tecla­do y el ratón. Las órdenes (comandos) se teclean y se visualizan en un campo situado, normalmen­te, en la parte baja del monitor de control. Si se teclea un comando correcto, sobre el monitor aparecerá la respuesta “procédase” (proceed) en este campo. Por el contrario, un comando erróneo provocará que el sistema emita un piti­do y visualice la respuesta “error”. En la línea de encima, un campo del sistema contiene la información para ayudar al operador a lo largo de la edición de la imagen. La parte principal de la pantalla del monitor de control visualiza la información sobre los contenidos de la base de datos de la imagen. Avanzando y retrocediendo sobre esta lista de contenidos, el operador pue­de obtener información sobre cada imagen al­macenada en el sistema. El número de imáge­nes almacenadas depende de la capacidad de memoria del sistema (un sistema de agencias de noticias puede tener capacidad de hasta 500 imágenes, mientras que un sistema operativo de un periódico no necesita tanto volumen de almacenamiento). El tiempo de recuperación de cada una de las imágenes una vez solicitada sobre el monitor de imagen viene a ser de alre­dedor de tres segundos. En la parte derecha de la pantalla de este monitor de control el edi­tor puede introducir cualquier descripción de la imagen, o almacenar información relacionada con la imagen, como, por ejemplo, su posición final en una edición.

Cuando un operador quiere mandar una ima­gen desde el sistema (en el caso de que éste esté conectado con otros periféricos), simple­mente teclea el número de la imagen y el dis­positivo de salida por el que debe enviarse. La información del estado de las imágenes dice exactamente qué le está pasando a una imagen en cada instante mediante la utilización de ca­racteres codificados. Así, por ejemplo, la letra “S” significa que la imagen está almacenada en la base de datos, la “O” indica que se halla en proceso de ser enviada a un dispositivo de sali­da; y la “T” que esa imagen ha sido ya transmi­tida a un determinado periférico. Evidentemen­te, existen otros muchos códigos que sirven para mostrar imágenes en el curso de su intro­ducción al sistema, indicar las imágenes con sa­lida prohibida, etc. La adición de un segundo carácter muestra la resolución de memoria de una imagen en el sistema.

 

El monitor de imagen

 

Para recuperar la imagen sobre la que quie­re trabajar, el editor utilizará la información del listado de la base de datos aparecido en el mo­nitor de control, cuyos datos serán transmitidos posteriormente al monitor de imagen en una re­solución de 512 pixelsx512 líneas.

Las operaciones de edición son controladas después por el operador mediante el uso del ratón y, en menor medida, el teclado. Las ope­raciones básicas que se pueden realizar sobre la imagen ya visualizada son las de modificar sus dimensiones, en conjunto o por detalles, e intensificar los tonos.

Una vez conocido el tamaño final a que se quiere publicar la imagen y antes de comenzar la edición de la misma, el editor tomará una “caja” de la pantalla de figuras que se ajuste al tamaño deseado para la reproducción de la imagen (estas “cajas” son rectángulos de dife­rentes tamaños que se posicionan sobre la ima­gen en cuestión, bien sobre su superficie total o bien sobre una parte determinada, y sirven para delimitar el contorno deseado de la ima­gen). Para mover esta caja de un sitio a otro de la imagen y captar el contenido deseado de la misma se utiliza el ratón. Para ampliar o reducir la imagen, se deberá ampliar o reducir la caja que la encuadra. Una vez elegido el contenido de la imagen que se quiere utilizar, el sistema procesa ésta desde el fichero de imágenes y la reproduce en la pantalla al tamaño especifica­do.

Alternativamente, puede hacerse un diseño de forma libre, sin caja, seguido de una opera­ción de dimensionalización. Esto se hace cuan­do no se conoce el tamaño final de la imagen y, por tanto, el editor recorta la imagen basándose solamente en su contenido y no en las dimen­siones finales. En este caso, se utilizan primera­mente un par de líneas que representan la par­te superior y la parte izquierda de la imagen fi­nal. Una vez posicionadas éstas mediante el ra­tón, se repite la misma operación, esta vez con dos líneas que representan la parte inferior y la parte derecha y se posicionan también con el ratón. De esta forma, el sistema procesa sola­mente aquella sección de la imagen que las cuatro líneas han delimitado. Posteriormente, se puede ampliar o reducir esa imagen especifi­cando las dimensiones necesarias tanto para la base como para la altura. Luego el sistema pro­cesa la imagen y la visualiza a tamaño de publi­cación final sobre la pantalla.

La otra operación que generalmente es nece­saria antes de sacar la imagen del sistema es la intensificación de los tonos. Para ello, el opera­dor puede seleccionar entre una variedad de “curvas de aumento tonal” predeterminadas para corregir el tono del contenido de la ima­gen antes de la salida. Estas curvas están pre­programadas en tablas de consulta y pueden tener en cuenta el efecto de los procesos de impresión sobre la imagen. A su vez las tablas de consulta están programadas de tal forma que lo que se ve en pantalla es lo que se obtiene en el dispositivo de salida. Así pues, el operador no necesita conocimientos especiales para po­der trabajar con el sistema (4).

Un paso más adelantado a este proceso que acabamos de describir es el referente a la su­presión del soporte físico de la imagen, es de­cir, a la desaparición del bromuro original so­porte/papel. Ya hoy en día, son varios los servi­cios fotográficos de agencias de noticias que transmiten el original no en soporte/papel sino sobre soporte electrónico, es decir, mediante el envío de las señales resultantes de una digita­lización anterior del original (agencias como Reuter y United Press International‑UPI inicia­ron las primeras pruebas con este nuevo servi­cio a finales del año 1986). Este material (datos digitalizados) es enviado directamente al orde­nador del periódico para su ulterior tratamiento. Como las agencias de noticias proporcionan imágenes sobre una base de emisión continua­da, cualquier sistema de tratamiento electrónico de las imágenes que sea utilizado en un perió­dico debe ser capaz de recibir y almacenar au­tomáticamente estas imágenes, sin intervención del operador, durante las 24 horas del día. También debe ser capaz de manejar más de una entrada simultáneamente, para aquellos pe­riódicos que cuentan con más de un servicio de agencia para fotografías.

En el caso de los originales generados direc­tamente por los fotógrafos del periódico, y dado que estas imágenes llegan normalmente a la sede del periódico como negativos de 35 mm., lo ideal sería que el sistema de proceso elec­trónico de imágenes del diario pudiera aceptar esos negativos como fuente de entrada (me­diante el uso de un analizador de negativos co­nectado al ordenador), sin requerir la produc­ción de un bromuro de etapa intermedia. No obstante, los actuales procesos tecnológicos han avanzado aún más y, aunque el sistema todavía se encuentra en una fase imperfecta, ya hay empresas que han lanzado al mercado cámaras fotográficas que en vez de utilizar el tradicional carrete de película utilizan discos floppy reutili­zables para la grabación electrónica de la ima­gen, tanto en color como en blanco y negro, el que se ha dado en denominar “Sistema de Vídeo Estático”, y que permite visualizar inmediata­mente los resultados de la fotografía en un mo­nitor de televisión y transmitirla a cualquier lu­gar a través de la línea telefónica.

Con este sistema, las imágenes se graban electrónicamente sobre el disco mediante un mecanismo de alta sensibilidad, que proporcio­na una resolución de 780 elementos horizontales de la fotografía. Los fabricantes internacionales de equipos fotográficos y electrónicos han acor­dado utilizar un disco floppy estándar que tiene una capacidad de grabación de hasta 50 imáge­nes estáticas. Este disco es reutilizable, pudién­dose regrabar aquellas imágenes que no se quieren conservar (este nuevo sistema fue co­mercializado, entre otras empresas, por Canon y Minolta en el año 1986).

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

(1) Gómez‑Cornejo Díaz, Luis: “La generación de imágenes por ordenador”, Telos, 4, octubre‑diciembre 1985, págs. 53 a 57.

(2) Instituto PIRA: Estudio sobre la Evolución Tecnológica de las Artes Gráficas durante los próximos diez años. Informe realizado por PIRA para el Printing, Publishing & Industry Trainng Board (PPITB) de Gran Bretaña, 1983, págs. 5‑44.

(3) Gould, Mike “Editorial picture handling and industry stan­dards”, Newspaper Techniques, de IFRA, noviembre 1985, págs, 40-­46.

(4) Gibson, Alan: “Developments in wirephoto storage and retrie­val”, Newspaper Techniques, de IFRA, noviembre 1985, págs 46‑49.