La traducción como comunicación

 

Teófilo Redondo Pastor

 

Una revisión del papel y las funciones del lenguaje en la comunicación nos introduce en la natu­raleza de la traducción, sus fases, sus interrogantes, las herramientas, dificultades y criterios del traductor.

 

LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

 

a comunicación es esa rela­ción que se establece entre dos entidades cuando se po­nen en contacto, es decir, cuando comparten el mismo plano de la realidad. Esta co­municación/relación surge en­tre entidades muy diversas: entre planetas go­bernados por las estrellas a las que se unen gravitatoriamente, entre las plantas y el suelo en el que arraigan, en el cauce de los ríos, en­tre unas células y otras, entre las innumerables combinaciones de las cadenas que forman los elementos químicos, entre unos seres humanos y otros, entre los grupos que estos seres huma­nos forman. Aquí nos vamos a ocupar de esto último, del contacto entre grupos culturales de­sarrollados para formar elementos lo suficiente­mente diferenciados.

De entre los muchos aspectos en los que se presenta la comunicación, quizá sea, histórica­mente, el lenguaje el más corriente y el prime­ro en el que se cae en la cuenta. El lenguaje es un fenómeno exclusivo a los seres humanos, en este caso, entendido como manifestación verbal del pensamiento. Aquí prescindiremos de otros sucedáneos, que han recibido el apelati­vo de lenguaje como sinónimo de modo o me­dio de comunicarse. Así, por ejemplo, se habla del lenguaje de las flores, el de los gestos, el lenguaje visual, etc. Es decir, todos se refieren a la captación sensorial de aquello, el pensamiento, que carente de una naturaleza sensorial debe dotarse de algún medio para corporeizar­se y de este modo ser transmitido o comunica­do.

El lenguaje, también, es un fenómeno social. Cada comunidad desarrolla, por así decirlo, un sistema interno de comunicación. A estos dife­rentes sistemas, que a lo largo de la historia han aparecido y han muerto, o han evolucionado y aún permanecen, se les denomina lenguas. Cada lengua es el vehículo primordial de co­municación entre los individuos de una comuni­dad. Así pues, se trata de uno de los rasgos ca­racterizadores que separan y distinguen unos pueblos de los otros. Hasta qué punto esto es importante lo podemos ver en los extraños ma­labarismos que tienen que realizar los organis­mos oficiales de algunos países (por ejemplo Bélgica, Noruega, el Quebec canadiense, Suiza y hasta las Autonomías lingüísticas en España) donde dos o más lenguas disfrutan del "status" de lengua oficial de la nación o de la región en igualdad de condiciones entre ellas. En otras ocasiones, allí donde coexistían multitud de len­guas, la llegada de una nueva, de colonizadores (como en el caso de la India el inglés), sirvió de elemento unificador y fue lo que dio verdadero carácter de unión a elementos tan dispares.

Resulta lógico pensar que en los países don­de dos lenguas son oficiales, toda la documen­tación y papeleo de la administración pública debe aparecer en ambas lenguas, por lo cual la existencia de un cuerpo de traductores espe­cializados es asunto obligado. En estos países la realidad de la variedad lingüística obliga a to­mar en cuenta esta diversidad a la hora de pla­nificar y fomentar el aprendizaje y uso de las dos lenguas.

Como es obvio, la solución a esta diversidad lingüística no está en que todo ser humano se aprenda todos los idiomas que existen, cuya ci­fra asciende a más de cuatro mil, según recuen­tos de la UNESCO. Si aprender una segunda lengua ya representa un indudable esfuerzo, cuánto más no representará aprender ¡cuatro mil! La solución entonces pasa por disponer de un cuerpo de personas dedicadas a la tarea de verter lo expresado en una lengua a otra.

Cada lengua es un sistema en sí mismo. Todo sistema dispone, básicamente, de unos elemen­tos y de un conjunto de reglas que permiten or­denar adecuadamente esos elementos. Un sis­tema lingüístico lo que pretende es servir de medio para transmitir algo, y este algo debe te­ner coherencia con lo que se expresa. El len­guaje es (aquí seguimos a García Yebra):

 

‑ el instrumento expresivo por excelencia,

‑ la facultad humana de expresarse,

‑ cualquier sistema que sirva para ejercer dicha facultad

‑ en cuanto equivalente a lengua:

sistema de signos usados por una comu­nidad humana para comunicarse y ex­presarse;

vínculo entre los miembros de una co­munidad y, al tiempo, una barrera (la barrera lingüística) que la separa de las otras comunidades lingüísticas.

 

De los diversos tipos de lenguajes que pode­mos enumerar aquí nos interesa el que se pre­senta en una doble vertiente: sonora, con base fónica (la lengua hablada); visual, con base grá­fica (la lengua escrita). Todo el que se relaciona comunicativamente con sus semejantes lo hace a través de una lengua determinada. De la di­cotomía señalada entre lengua oral y lengua es­crita la traducción se ocupa propiamente de esta última, aunque también es corriente oír el término traductor simultáneo para referirse a los intérpretes simultáneos, si bien éste no pasa de ser un caso aislado. Una lengua expresa sig­nificados que pueden ser de varios tipos, según el estrato lingüístico en el que se sitúen:

 

‑ de objetos o acciones (léxico),

‑ de diferentes añadidos relacionados con estos objetos y acciones (sintagmático),

‑ del conjunto expresado por la unidad don­de se relacionan objetos y acciones (pro­posicional),

 

y para ello dispone de un repertorio de estruc­turas, ordenadas según las reglas mencionadas anteriormente, que constituye lo que se deno­mina Gramática de una lengua.

 

LINGÜÍSTICA Y TRADUCCIÓN

 

Para hablar de cualquier aspecto en que in­tervenga el lenguaje, y la traducción es sin duda uno de ellos, es preciso establecer un me­dio que describa adecuadamente dicho aspec­to. Dada la primera condición, que tal descrip­ción sea verbal, con palabras, mejor o peor dis­puestas sobre papel, el medio necesario será un metalenguaje. Este "lenguaje acerca del len­guaje", idealmente, debería ser lo más formal (o formalizado) posible. Sin embargo, y a pesar de los pesares, la teoría sobre traducción ha care­cido casi por completo de tal formalización, cuando no ha huido en sentido contrario. Que esta ausencia se deba a unas causas u otras es irrelevante para nuestro propósito.

 

FORMACIóN DE UNA LENGUA

 

La lengua nace de la necesidad social de los individuos de un determinado entorno para co­municarse entre sí. La capacidad humana innata para valerse de un medio lingüístico no evolu­ciona de modo independiente al uso mismo del lenguaje. El uso crea la necesidad y la necesi­dad crea el uso. De aquí que los significados tengan un contenido social. Por esta razón son precisamente las palabras más comúnmente usadas las que se prestan a tener mayor canti­dad de valores distintos.

La lengua, como todos sabemos (o debería­mos saber), es una capacidad exclusivamente humana, que diferencia al ser humano del resto de los seres vivos y no vivos. Y aunque el uso de la lengua es generalmente inconsciente, el mero hecho de preguntarse por su existencia indica un cierto grado de conciencia de su em­pleo, que se deriva del carácter autorreflexivo de los seres humanos. La distinción entre cono­cer una lengua y saber cómo usarla es mera­mente de terminología.

La lengua, o en términos más generales todas las lenguas (las naturales, esto es, las que sirven de vínculo comunicativo en y entre grupos hu­manos), presentan dos características que las definen:

 

a) la lengua es en primer lugar un fenómeno de aparición social, como ya se ha dicho;

b) en segundo lugar, la lengua caracteriza a un conjunto de personas (una comunidad) en tanto que les da la cohesión suficiente como para distinguirlos de otros grupos humanos. De este modo podemos estable­cer el criterio de separar dos grupos por razón de expresarse en distinta lengua, to­mando esto en el sentido del quehacer cotidiano.

 

Lo más básico que hay que conocer sobre la lengua es su índole como vehículo de comuni­cación, basada en el contenido, interpretable por quienes lo utilizan. Este medio de comuni­cación tiene como misión transmitir un mensaje, el cual ha de contener una referencia específi­ca de las personas, objetos, abstracciones, cua­lidades, estados, procesos y relaciones dentro del mundo, al que pertenecen. Este rasgo bási­co no excluye otros, pero éstos no son sino una derivación de aquél, en el que están ya repre­sentados.

La misma esencia de la lengua nos dice, pues, que tiene significado y que lo que hace es trasladar ese significado. Pero esto no debe tomarse en un sentido restringido ni restrictivo. La lengua no consiste solamente en ese inter­cambio de contenidos. La lengua se da en un entorno y con unos fines. La sociedad impone una serie de demandas lingüísticas que facultan al individuo para ser miembro de ella porque el lenguaje es una actividad eminentemente so­cial. Éste requiere la presencia de al menos dos elementos (emisor y receptor) para existir. Sin estos elementos no habría transmisión que hacer y, por lo tanto, la existencia de la lengua sería superflua. Lo que está claro es que el len­guaje cumple un conjunto de necesidades hu­manas, y la riqueza y variedad que muestra se refleja en su esencia, en su organización como sistema con significado y que se da en un en­torno.

Una vez que tenemos establecido este entor­no social pasemos ahora a la perspectiva de ad­quirir (o aprender, si se prefiere este otro tér­mino) una lengua dentro del mismo. Si se trata de la primera lengua la llamaremos lengua ma­terna, que será la que compartan todos los que pertenecen a un mismo grupo (la comunidad de hablantes). La adquisición de una lengua, o, en otras palabras, el desarrollo de la faceta lin­güística por parte del individuo, ha de contem­plarse como el proceso por el que se llegan a dominar las funciones de la lengua (que se ve­rán unos párrafos más abajo).

Aprender la lengua materna es aprender los usos a que se destina la lengua, así como los significados, o, mejor dicho, el potencial signifi­cado que se les asocia. Las estructuras, las pa­labras y los sonidos son los que ponen cuerpo a este potencial significativo. En suma, aprender una lengua es aprender a manejar su significa­do. Como veremos, el fundamento de la traduc­ción es el mismo.

Este aprendizaje, ya hemos dicho, se lleva a cabo en un entorno social; al tiempo que el len­guaje contribuye a la parte cultural de tal entor­no, es también el principal medio de transmitir esa cultura, que nace en y caracteriza a un gru­po social, la relación del individuo con unos se­mejantes con los que comparte cualidades co­munes. Un hecho significativo acerca del com­portamiento de los seres humanos en lo tocante al entorno social es que una gran parte de este comportamiento es lingüístico. El estudio de una sociedad, entendida ésta como el grupo de seres humanos que participan de unos rasgos culturales idénticos, presupone el estudio del vínculo lingüístico que cimenta esa identidad de grupo, en definitiva, de su lengua o idioma. Por esta razón las dos asignaturas básicas en la formación de todo individuo deben ser las ma­temáticas y la lengua, puesto que ambas consti­tuyen la base de la comunicación dentro de la cultura social del individuo.

El idioma es un sistema de representación, básicamente lingüístico y por lo tanto simbólico, pero en el que intervienen factores de muy di­versa índole, y es el medio, si no el único sí el principal, por el que los individuos que confor­man un grupo social (una cultura) se expresan y se comunican entre sí. Este sistema puede in­terpretarse como un conjunto de opciones (po­sibilidades) de las que hay que seleccionar una. Para efectuar esta selección hay que considerar previamente las condiciones que existen. Con­diciones distintas darán como resultado una op­ción distinta. El idioma, que es entonces algo parecido a redes de opciones, mezcladas todas con todas, sirve de puente entre el marco so­ciológico y el puramente conceptual lingüístico. Las palabras y oraciones, los elementos que se originan en un idioma, son símbolos cuya inter­pretación si no igual sí es semejante entre quienes hablan un mismo idioma. Estos símbolos constituyen un código. En resumen, estos ele­mentos son actos simbólicos que son la expre­sión lingüística de la fibra social.

 

LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE

 

Como ya se ha dicho en otra parte, la lengua es un fenómeno social que tiene lugar dentro de un contexto y que cumple una serie de fun­ciones en un entorno social. Estas funciones pueden ser diversas, pero básicamente se re­ducen a las siguientes:

 

1) La función "experimental" (también llamada referencia]) es la de comunicar ideas. Me­diante esta función se expresa el conteni­do de una proposición dada. Con esta fun­ción se hace referencia a personas, obje­tos, lugares, acciones, acontecimientos, es­tados, cualidades y circunstancias.

2) La función lógica relaciona las ideas unas con otras en función de su afinidad. Esta­blece dos tipos de relaciones: una, de igualdad (las ideas tienen una misma "ca­tegoría", ninguna destaca por encima de las otras); otra, de dependencia o subordi­nación (la presencia de una idea depende de la presencia de otra).

3) La función interpersonal (la motivación para comunicarse) se ocupa, en primer lu­gar, de establecer y mantener la relación social con otros miembros del grupo o de fuera de éste; en segundo lugar, de influir en el comportamiento de los demás y así conseguir que "se hagan las cosas", y, en tercer lugar, de expresar los sentimientos, actitudes y opiniones de quien los mani­fiesta.

El primero de estos puntos, la función so­cial, es el que se encuentra en saludos y despedidas: comunicación fática. El se­gundo, la función instrumental, es la que se manifiesta en prohibiciones, adverten­cias, consejos, amenazas, consultas, solici­tudes o en orientaciones y recomendacio­nes. Estas dos funciones, social e instru­mental, constituyen en conjunto la llamada función de interacción. El último de estos puntos, la función personal, expresa la ac­titud y el valor que se da al contenido de ideas o conceptos.

4) La función textual (o del discurso) es la de crear textos. Ésta es la que da coherencia

 

y cohesión al conjunto y a las partes de éste. Un texto emplea varios tipos de re­cursos lingüísticos para enlazar las ideas que se expresan y constituirlas en un todo más o menos armónico.

La unión de las funciones experiencia] y lógica forma lo que se llama función idea­cional. Las diferentes funciones de la len­gua tienen su correspondencia en las dife­rentes estructuras gramaticales posibles en la misma. De este modo la gramática tiene un "input" funcional y un "output" es­tructural. Aunque cada uno de los compo­nentes es discreto, todos contribuyen de modo simultáneo, si bien en forma diferen­te, al significado global y a la estructura del texto. No existe, por esta misma razón, prioridad secuencial a la hora de entrar en juego estos componentes.

 

Estas funciones es lo que la traducción debe respetar y a lo que debe ser fiel.

 

TRADUCCIÓN

 

Muchas son las definiciones que se han dado sobre traducción. Aquí nos limitaremos a refun­dirlas, eliminando para ello lo superfluo.

 

‑ En términos generales traducción es ha­cer comprensible lo que "todavía" no lo es.

‑ Traducción es la lectura más plausible se­gún el conocimiento general acerca del mundo o según el conocimiento específico acerca del universo del discurso (o texto).

‑ Traducción consiste en reproducir en la lengua meta (terminal u objeto) el mensa­je de la lengua fuente (u origen) por me­dio del equivalente más próximo y natu­ral, primero en cuanto al sentido, y luego en lo que atañe al estilo.

 

texto original o fuente ==D texto final u objeto o término

 

‑ Traducir es enunciar en otra lengua (o lengua meta) lo que ha sido enunciado en una lengua fuente (lengua original), con­servando las equivalencias semánticas y estilísticas. El texto en una lengua se con­vierte a otra lengua, conservando para ello cuanta información había en el origi­nal.

‑ Hace falta señalar una definición más:

• en sentido dinámico, traducción es "tra­ducir", el proceso de cambiar lo expre­sado en una lengua por su equivalente en otra lengua,

en sentido estático, traducción es el pro­ducto resultante del proceso señalado.

 

NECESIDAD DE LA TRADUCCIÓN

 

Son numerosísimos los organismos y personas que precisan de la traducción en algún momen­to. Lo que sigue es una breve lista de éstos, que no pretende ser exhaustiva: comercio, en­señanza, organismos nacionales e internaciona­les, centros de investigación, industrias diver­sas, sector financiero, centros de documenta­ción e información (bibliotecas), oficinas de pa­tentes, agencias de prensa.

 

BREVE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN

 

La traducción tiene una larga historia y no es éste el lugar para explayarse sobre ella. La tra­ducción como manifestación cultural ha acom­pañado a ésta desde los tiempos de la era clási­ca en que los cultos romanos traducían para su provecho las obras de autores griegos. Durante largo tiempo la formación literaria (en el sentido que daban las universidades medievales) tenía un componente fundamental en el aprendizaje de otras lenguas para luego traducir obras cu­yos originales estaban escritos en estas lenguas. Esto era patente en lugares, como España, en los que la mezcla de culturas facilitaba el inter­cambio cultural. Sin este intercambio no habría nacido la Escuela de Traductores de Toledo y, como consecuencia, no habría dejado la huella que dejó. El largo camino hasta el presente se ha enriquecido hasta presentar la traducción cerca del 30 por ciento de las publicaciones que el cabo del año aparecen en el mundo.

 

FASES DEL PROCESO DE LA TRADUCCIÓN

 

El consabido diagrama de la comunicación nos sirve también para expresar el concepto gráfico de lo que es traducción, si bien será preciso modificarlo un poco, ya que aun contan­do con un emisor y un receptor, aunque sean hipotéticos, hay que considerar que el centro del proceso esta en la transformación a que se ve sometido el mensaje (transformación en el código), como veremos en los siguientes gráfi­cos.

La comprensión del texto, entendido éste como secuencias de lenguaje representadas de cualquier modo que resulte inteligible para el receptor, y articuladas cada una dentro de sí misma y en relación con la situación en la que aparece. La interpretación del significado del texto se hace de acuerdo con:

 

    la derivación (el orden lineal‑temporal de las palabras),

    proximidad (compañía de unas palabras con otras),

    las inferencias y referencias,

    el carácter del texto: narración, descrip­ción, explicación, enumeración...

 

Ya hemos visto que partimos de una lengua origen (LO) y llegamos a una lengua meta (LM). Previo al paso de una a otra (o transferencia) se debe producir la comprensión (o interpretación) del texto. Sólo a partir de esta comprensión se podrá realizar el trasvase. Se trataría de un punto "neutro", por así decirlo. El problema fun­damental en traducción es cómo codificar un significado concreto para que ese "punto neu­tro" (el significado, independiente de las len­guas tratadas) se convierta en el texto resultan­té.

 

El gráfico que se presenta a continuación, que vendría a reorganizar el precedente, sería el de elementos y relaciones en todo asunto en el que intervengan signos.

 

1) el lector lee signos, los interpreta y les hace corresponder unos significados,

2) el autor parte del significado y lo transpo­ne a una clave legible, es decir, los signos.

 

En este caso concreto, autor y lector serían copartícipes en el sistema, lo cual no es sino otra manera de decir que se valen del mismo sistema o código, o sea, que emplean la misma lengua, y cada una de las relaciones (expresa­das con flechas) las realiza una persona distinta. Este mismo gráfico servirá para representar el proceso de la traducción, pero en este caso no serían dos sino solamente una la persona en­vuelta en el mismo, la cual llevaría a cabo el doble camino, primero para interpretar el texto y luego para expresarlo en la lengua a la que se traduce. Podemos hablar entonces del doble papel, lector y autor, que asume el traductor y, en cada uno de los sentidos que marcan las fle­chas, la lengua sería una distinta de la otra.

El traductor, desconocedor de la motivación última del autor, debe, no obstante, acercarse a la comprensión total del texto. Ésto en las obras de creación literaria es empresa poco menos que imposible, porque con harta frecuencia se da la circunstancia de que el autor ya no se en­cuentra entre los vivos y no se le puede ir a preguntar qué era exactamente lo que quería decir. De aquí que de la obra de un autor dado surjan las más diversas interpretaciones, no ya por una comprensión deficiente de su texto, sino por el diferente punto de vista que adopta cada lector, sea o no a su vez traductor, y que luego éstas interpretaciones aparecen en las traduc­ciones de la obra, porque dos traducciones so­bre una misma obra nunca son iguales, salvo que sean copias y, en tal situación, ya dejan de ser dos.

En resumen, las fases del proceso de traducir son dos:

 

1) la comprensión del texto original (en la lengua fuente),

2) la expresión del mensaje contenido en el texto (en la lengua meta).

 

En la primera se busca el contenido, el senti­do del texto original. En la segunda el traductor busca acomodar el mensaje en las palabras propias de la lengua meta para reproducirlo. Como cabe pensar, sin una comprensión adecua­da es inimaginable siquiera abordar la traduc­ción.

 

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE TRADUCCIÓN

 

La estructura externa de una lengua no se co­rresponde necesariamente con la que muestre otra lengua. Así, hay lenguas que prefieren una mayor abundancia de formas nominales, mien­tras que otras se expresan mejor con formas verbales, con toda clase de modificadores. La traducción se enfrenta con problemas de tipo "familiar". Las lenguas se agrupan en familias, en función de su tipología, además de que la distancia entre unas y otras y entre los miem­bros dentro de cada una marca diferentes gra­dos de dificultad, porque, por ejemplo, dos len­guas muy próximas lo serán por compartir un gran número de rasgos.

¿Es, en el fondo, posible la traducción? Tan probable es sostener una postura como la con­traria. Si al traducir se tuviera que respetar con todo detalle la apariencia formal de un texto, esto es, las "formas" léxico‑sintácticas con todos sus rasgos morfológicos, la traducción sería in­viable porque de fijo se traicionaría el conteni­do. Y traducir, recordémoslo, es primordial­mente trasladar un mensaje. Si nos olvidamos de la existencia de quienes afirman que los dis­tintos idiomas no son en absoluto equivalentes sino solamente aproximados y que, por lo tanto, la equivalencia, que sería al fin y al cabo el fun­damento de la traducción, no existe, sí que po­dríamos afirmar que la traducción es posible, aunque por supuesto en el trasvase de una len­gua a otra siempre hay algo que se queda por el camino y que lo ideal sería no necesitar de la traducción por ser el original lo suficientemente comprensible.

¿Cuánto se pierde en el trasvase de una len­gua a otra? Cuanto se pierde en el trasvase de lengua a lengua depende en primer lugar de la separación que exista entre ambas, es decir, en el parecido "físico" entre ellas por razón de an­tepasados o evolución homologada (lo que de­cíamos de la "familia" de la lengua). Cuanto más próximas se encuentren, mayor parecido bien léxico, bien sintáctico, o bien de ambos, existi­rá; y, por lo tanto, menor cantidad de cambios será preciso hacer. Estos cambios abarcan des­de meras realizaciones fonéticas distintas hasta alteraciones profundas en el orden y las rela­ciones internas de los elementos intervinientes, no sólo en el nivel oracional sino en el discurso también.

Lo que es evidente que se pierde son las pe­cualiaridades propias que son características, rasgos diferenciadores. Así, por ejemplo, tene­mos la tendencia del inglés por encadenar pa­res de palabras que comparten un rasgo fonéti­co (rima aliterativa); la del alemán por encade­nar nombres para crear conceptos compuestos; el empleo de auxiliares para marcar un deter­minado tiempo verbal, característica de las len­guas germánicas; etc.

¿Qué importancia pueden llegar a tener los referidos culturales (y, en este mismo orden, los históricos y demas variedad)? En la traducción de obras literarias, históricas, biográficas o simi­lares, la importancia de los referidos culturales y de un conocimiento del mundo es capital. Es­tos referidos enmarcan, acompañan, califican, señalan el tema, los motivos, los hechos y cual­quier otro aspecto.

Dentro de estos referidos cabría incluir como ejemplo aquellos que apuntan a costumbres y usos, al sistema político, al nombre de cargos administrativos (Prime Minister, Secretary Ge­neral), nombres de profesiones (woman doctor, policeman), u otros distintos que no tienen co­rrespondiente en el país (mejor dicho, en la lengua de este país) al que se vierte el texto o que cuando lo tienen se expresa de un modo enteramente distinto.

¿Es posible traducir cualquier texto? Aunque teóricamente la respuesta sería afirmativa, la práctica nos dice que no todo texto es suscepti­ble de ser traducido. Hay textos para los que no "hay" traducción. Esto no es enteramente así, puesto que casi siempre podría facilitarse un sucedáneo de la misma. Algunos textos religio­sos caerían dentro de esta categoría. (Pero re­cuérdese la pugna por tener la Biblia en lengua vernácula, y también las ediciones trilingües (y de más lenguas) como la Políglota de Alcalá de Henares, casi coetánea de las primeras versio­nes de la Biblia en alemán).

 

FORMACIóN DEL TRADUCTOR Y HERRAMIENTAS A SU DISPOSICIÓN

 

La preparación del traductor es, naturalmen­te, fundamental. Donde esto más se nota es en aquellos textos que se alejan, por razones temá­ticas, del ámbito en el que se desenvuelve con mayor frecuencia. A resultas de esto sobresalen dos aspectos:

 

a) no es suficiente saber los "nombres de las cosas", también hay que saber cuáles son las interrelaciones entre estas cosas (que quedan descritas mediante recursos gra­maticales). Saber el nombre de las cosas se reduciría a un aspecto meramente ter­minológico. Por lo tanto, sería también preciso conocer en qué modo los objetos, los conceptos, las opiniones, etc., actúan o sobre que cosas, con qué grado de inten­sidad, con cuánta duración, etc.

 

b) no es suficiente saber la "gramática" de una lengua, también es preciso saber qué elementos obligan la presencia de otros (los nombres de las cosas). Por ejemplo, si tenemos "sembrar", lo más lógico es que tenga como compañía términos relativos a seres vivos vegetales, tales como "sem­brar patatas", "sembrar trigo"..., o en el sentido metafórico de los proverbios ("sembrar vientos y recoger tempesta­des"). No será lógico tener oraciones como "sembrar trenes", donde sólo por medio de una amplia extensión metafórica se puede llegar al contenido, y sin embar­go la regla gramatical que nos dice que a un verbo transitivo, como es el caso de "sembrar", le puede seguir un nombre o elemento nominalizado, en función de ob­jeto directo (caso de "trenes", en este ejemplo) se cumple en este caso. El ejem­plo clásico es el chomskyano colorless green ideas sleep furiously una oración gramaticalmente sin tacha, pero carente de lógica desde un punto de vista específicamente semántico.

 

Así pues, para concluir este apartado sobre la formación del traductor, este camino señalado es forzosamente doble, o dicho con otras pala­bras, es un camino con dos carriles que corren paralelos, la ausencia de uno de los carriles im­plica la ausencia del tal camino.

Sirva un ejemplo para ilustrar lo dicho ante­riormente. Imagínese el efecto que produce abordar un texto sobre un tema que le resulta desconocido, bien completamente, bien sólo en parte. Tratándose de un idioma que conoce my bien, no tendrá problemas para identificar las relaciones gramaticales existentes: los auxilia­res verbales serán los típicos, las expresiones adverbiales también; los modificadores, deter­minantes, partículas subordinantes, etc. estarán ahí presentes de igual modo. Pero necesitará una explicación sobre los elementos de los que se habla, .esto es, de la terminología, de la parte propiamente léxica (o léxico‑semántica, si así se prefiere decirlo) que juntamente con las relaciones gramaticales, antes mencionadas, da­rán forma y contenido a la oración entera, al pá­rrafo, etc. Dicho de otro modo, necesitará una información, o una "traducción" para, una vez más, hacer comprensible lo que hasta ese mo­mento no lo era. Para lograrlo el traductor tiene a su disposición una serie de herramientas que le han de permitir llevar a cabo su tarea, dentro de las cuales cabe destacar por un lado los lu­gares donde está almacenada la información (diccionarios, enciclopedias y bases de datos), y por otro lado los medios para dar forma a esa información (ya traducida) de cara a los posi­bles futuros usuarios o lectores (tratamientos de texto y editores).

 

1. Diccionarios. Son inventarios de palabras, cualquiera que sea el modo y la cantidad de in­formación que contengan. No se suele hacer dis­tinción entre tipos de palabras [léxicas (nom­bres, verbos, adjetivos y algunos adverbios) y gramaticales (preposiciones, conjunciones, ad­verbios, demostrativos, artículos,...)].

Tienden a la especialización (a veces, supe­respecialización, ya que los ámbitos cubiertos son cada vez más pequeños por haberse exten­dido el contenido interno de cada campo). Den­tro de los diccionarios hay que hacer una divi­sión según el tipo de soporte en que se presen­tan, es decir, los tradicionales, en los que la in­formación esta impresa sobre papel, y los dic­cionarios en máquina.

 

2. Enciclopedias. Son colecciones en las que se abarca el conjunto del saber humano, si bien, por necesidades obvias de espacio (no se pueden extender hasta el infinito), no se agota exhaustivamente ningún tema. En cierto modo son resúmenes de contenido general, trazados con intención orientativa, para situar al lector en la materia sobre la que versa el artículo concre­to. Dada la diversidad de ámbitos surgidos en los últimos años, la configuración de las enciclo­pedias ha cambiado notablemente. Sin perder su carácter de obras de consulta general, ahora tienden a adoptar un aire algo más especializa­do, al incluir mayor número de referencias en los artículos generales sobre aspectos concre­tos mencionados en tales artículos. Igualmente, en algún caso (Encyclopaedia Britannica), la obra se desglosa en dos partes principales. Una es de consulta inmediata, y además de una bre­ve descripción contiene referencias a los artícu­los, que se encuentran en la otra parte, en los que se podrá encontrar mayor y más completa información.

 

3. Bases de Datos. Similares básicamente a las enciclopedias, se diferencian de éstas en el distinto soporte sobre el que se recoge la infor­mación. Mientras las enciclopedias tienen su soporte en el papel y su formato es el mismo que para cualquier otro libro, las bases de da­tos tienen un soporte magnético, para su lectura mediante ordenador. Estas bases de datos pue­den llegar a tener un tamaño colosal, por lo cual su acceso se realiza por medios "remotos" (el usuario dispone de un terminal que está co­nectado mediante la red telefónica a la base de datos).

 

4. Editores y tratamientos de texto. Son me­dios que facilitan la composición del texto, que engloba la redacción, corrección, alteración y acabado final del mismo. Las ventajas que ofre­cen estos medios son evidentes sobre todo en la no necesidad de rehacer la totalidad del tra­bajo cada vez que se quiera modificar algún as­pecto o alguna parte de éste.

 

TIPOLOGIA DE LA TRADUCCIÓN

 

Se pueden establecer varios tipos de traduc­ción atendiendo a los siguientes criterios:

 

A) Por la manera: ‑ "palabra‑por‑palabra".

El paralelo que se busca es de orden léxi­co. Resulta del todo inapropiado adoptar una traducción "palabra‑por‑palabra" por dos razones principales:

a) la combinación de ciertos verbos con determinados nombres, que da como re­sultado una estructura superficial de "ver­bo + complemento", y donde el verbo está lo suficientemente vacío como para que sea el nombre el que contenga la carga semántica. Ejemplo:

have a break have a bath make easy get control take into account mientras que el verbo asume el papel de la modulación. Evidentemente estos ver­bos no coinciden entre sí en las diferentes lenguas (en francés tendríamos 'faire', 'prendre'; en alemán, 'machen ; en caste­llano, 'dar', 'tomar'; en japonés, 'serü ). La presunción de que existe una correspon­dencia léxica entre estos verbos "vacíos" entre las lenguas es errónea y sólo condu­ce a aumentar la confusión.

b) las preposiciones, y los grupos prepo­sicionales son enteramente distintos según las lenguas. Ejemplos:

the man in white

Ich komme aus Spanien outside the city

la machine á écrire

Para el tratamiento que en inglés y caste­llano se da a preposiciones de lugar (at, in, on, over ‑‑‑D en, a, sobre) es recomen­dable consultar la tesis de la doctora Co­rrea‑Beningfield.

Rechazada ya la traducción "palabra‑por­palabra", veamos qué dos posibles estra­tegias se presentan al traductor:

1) La "literal": mantener el carácter foráneo del texto, respetando estructuras y orde­nación, para que produzca la necesaria distancia entre el texto y el lector; el para­lelo que se busca es de orden gramatical.

2) La "recreadora": presentar el texto recrea­do hasta tal punto que casi parezca estar escrito en la lengua a la que se le ha verti­do. El concepto de "equivalencia funcio­nal" es aquí relevante. El propósito es que el texto cause en los lectores el efecto más aproximado al que se debe suponer que la versión en la lengua original causó a los lectores de esta lengua.

Por lo general, el método más frecuente viene a ser un camino intermedio con una oscilación gravitatoria en un sentido u otro.

 

B)  Por el sentido u orientación:

‑ directa, cuando la lengua meta es la ma­terna del traductor;

‑ inversa, el traductor vierte el texto a una lengua que no es su lengua materna, la cual es la lengua origen.

 

C)  Por la disposición externa:

    ‑ por líneas:

‑ interlineal, a una linea en la lengua origen le sigue una en la lengua meta ‑ yuxtalineal, columnas correlativas, una junto a la otra.

‑ por bloques (párrafos o páginas).

 

ALGUNOS PROBLEMAS EN TRADUCCIÓN

 

a) Neologismos, aparecen para cubrir una la­guna en la lengua meta:

 

-         préstamos, la palabra que se toma de otra lengua no se traduce (a lo sumo se transcribe) ej. Fútbol

-         calco, se toma prestado el sintagma y se traducen literalmente sus elementos. ej, balompié

 

Los hay de dos tipos: calco de expre­sión (respeta las estructuras sintácticas de la lengua meta) y calco estructural (in­troduce una estructura nueva en la len­gua meta, ej. science fiction ‑‑D ciencia ficción).

 

b) Expresión final. Lo primordial es obtener como resultado un texto que suene bien en el idioma al que se vierte (lengua obje­to o leng. término), es decir, que tanto el léxico como las construcciones gramatica­les sean las propias de esa lengua y no las que surgen de una mera modificación morfológica (falsos amigos ‑‑D "actually" no es "actualmente", sino "en realidad"); la pasiva en inglés y en castellano, aparte de la distinta frecuencia en ambas lenguas; la subordinación en alemán y en castellano o francés, etc. Debería, por lo tanto, poner más atención a la expresión (el resultado) del texto final, por muy importante que sea la fase de análisis del original. Una buena expresión como resultado final mostraría sobre todo que la comprensión del texto original ha sido la acertada.

 

c) Ambigüedad. Hay tres tipos principales de ambigüedad:

‑ el relativo a los diferentes sentidos de una misma palabra (polisemia y homoni­mia);

‑ el que la palabra pueda pertenecer a clases gramaticales distintas (nombre y adjetivo, verbo y nombre);

‑ el que depende de la intención del emi­sor en cuanto a relaciones estructurales dentro de la proposición.

 

d) El tratamiento de los signos de puntuación sigue reglas distintas según la lengua de turno. No se puede copiar el uso de pun­tuación porque el resultado probablemen­te restaría sentido al texto.

 

CRITERIOS PARA EVALUAR UNA TRADUCCIÓN

 

Como último punto, veamos ahora cuáles pueden ser los criterios válidos, a título orientativo, para juzgar cuán buena o menos buena es una traducción:

 

·         inteligibilidad: grado de claridad de cada proposición en el texto;

·         fidelidad: hasta qué punto la información contenida en el original se reproduce sin distorsión en el resultado;

·         exactitud gramatical (estilo);

·         tiempo de lectura: tiempo destinado a leer y comprender el texto;

·         tiempo de corrección: tiempo dedicado a revisar el resultado, a búsqueda terminoló­gica y a corrección de la traducción;

·         grado de necesidad de corrección: razón entre el resultado final y la cantidad de co­rrecciones que fue necesario hacer.

 

Hemos visto que la traducción es una de las principales técnicas utilizadas para superar la barrera lingüística entre los grupos sociocultu­rales y cómo permite que la comunicación se establezca entre individuos de estos grupos y entre organizaciones que se valen de lenguas distintas. La traducción es una manifestación de la cultura y un vehículo para la misma. La vida social, en la que se engarzan los individuos y todas sus actividades, es una expresión de esta cultura. Sin la traducción, ¿cuántas cosas nos se­rían desconocidas?

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

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Comisión de las Comunidades Europeas (1983), Better Translation for Better Communication. Oxford, Pergamon.

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