Subculturas e ideologías informáticas

Barreras para una educación innovadora sobre T. I.

 

Fernando Sáez Vacas

 

La necesidad de analizar las condiciones del entorno de la informática choca contra los pre­juicios de los propios especialistas. Diversas experiencias personales muestran cómo estas «ideologías» retrasan el conocimiento.

 

1. INTRODUCCIÓN

 

En el primer número de la re­vista TELOS se publicaba un artículo [1] de este autor, que exponía una teoría propia acerca de la existencia y de las características de cinco subculturas informáticas. Pos­teriormente, un libro [2] sobre computadores personales, editado también por Fundesco, la recogía en distinta forma, contextualizándola dentro de unos capítulos sobre Microsocioe­conomía Informática.

Parece que su potencia explicativa es con­siderable, y así es como ha podido ser utili­zada en diferentes ensayos para interpretar o predecir consecuencias en las áreas cien­tífica, industrial, económica, psicológica y educativa. Muy recientemente, el autor ha vuelto a emplearla en esta misma revista co­mo pieza de razonamiento en un artículo [3] sobre los mecanismos macroscópicos de per­cepción social de la informática. En el des­menuzamiento descriptivo de los actores so­ciales, se llegaba en el artículo hasta el nivel de considerar, por un lado, a los representan­tes del pensamiento sociológico y humanista y, por otro, a los representantes del ámbito técnico y tecnológico.

Ahora, en relación con los contenidos de aquel primer artículo (cuyos avatares hasta verlo publicado de paso vamos a contar) y con otros trabajos, nos centraremos en ejem­plos personalmente vividos, que guardan es­tricta relación con los «representantes del ám­bito técnico y tecnológico» antes citados. Re­sulta que éstos, para ciertos fines sociales, co­mo puede ser, por ejemplo, la implantación de una educación innovadora sobre tecnolo­gías de la información, tienden a actuar in­conscientemente en forma negativa, por un condicionamiento de su alta especialización. En tales circunstancias, su subcultura, inclu­so aunque sea científica y, por consiguiente, oficialmente objetiva, se transmuta en ideo­logía selectiva y a veces terrorista.

El autor está seguro de que estas experien­cias personales tienen un valor actualizado perfectamente generalizable a otros campos de actividad y por ello se ha animado a res­catar de sus archivos algunos datos relativos a sucesos ocurridos años atrás, actualizando una versión no publicada de una comunica­ción a un simposio celebrado en San Miguel de Tucumán (Argentina) hace algún tiempo.

Sobre todo, los lectores curtidos en el ám­bito universitario e investigador no dejarán de extrapolar inmediatamente los hechos aquí expuestos a los perversos mecanismos de po­der, que con demasiada probabilidad en­cuentran acomodo en consejos asesores de revistas, comités científicos de congresos, co­misiones de concursos‑oposición, comisiones de evaluación, jurados de ayudas, becas y premios diversos, etc., y que terminan por re­percutir hasta en el salario de las gentes.

En la argumentación partiremos de una ex­periencia relacionada con un seminario de debate sobre enseñanza de la informática.

 

2. DESCRIPCIÓN DEL CASO

 

Hacia la primavera de 1983, este autor re­cibió el encargo del Centro Regional para la Enseñanza de la Informática (C.R.E.I.) de es­cribir la ponencia [4] de base para un Semi­nario sobre Objetivos, Metodología y Peda­gogía de la Enseñanza de la Informática, a ce­lebrar en noviembre del mismo año. Sinteti­zando mucho, en aquella ponencia se expre­só que:

 

El problema global de la educación en in­formática es un asunto multidisciplinar, que exige tomar en cuenta simultáneamente por lo menos ocho factores: 1) el retraso del aprendizaje; 2) la complejidad general de las sociedades tecnificadas; 3) la evolución y complejidad de la informática; 4) las insufi­ciencias intrínsecas multidimensionales de la informática; 5) la presión de la industria infor­mática; 6) el sistema cultural informático pre­dominante; 7) el sistema educativo; y 8) la pre­sión de los especialistas y diletantes.

 

Los cinco primeros factores son universa­les, es decir, operan indistintamente en cual­quier lugar, y los tres últimos son locales.

Precisamente, el documento de la ponen­cia se proponía trazar un marco general del problema, para situarlo en términos lo más alejados posibles del simplismo mecánico ha­bitual, que no percibe más que una realidad reducida. A posteriori, se vio que el alcance y la densidad del documento habrían reque­rido más debate y más desarrollo escrito, lo que podría haberse presumido consideran­do la fuerza de los factores 3, 5, 6 y 8.

Quien lo desee puede consultar este docu­mento, ya que ha sido publicado íntegramen­te en un libro [5] y en otras ediciones y ver­siones que se comentarán posteriormente.

Un objetivo importante del presente artículo es subrayar de manera específica el factor especial de riesgo que para una buena solu­ción del problema de la educación en infor­mática supone la presión de los especialistas ‑el factor número 8‑ y trazar algunos de los rasgos de este problema.

Parece evidente ‑aunque no se pormeno­rizó en el texto de la ponencia‑ que los fac­tores son interdependientes. La importancia del factor número 8 radica en que es el úni­co directamente humano y, por consiguiente, el único que puede elaborar soluciones o in­fluir en ellas. Los especialistas, inmersos en un sistema cultural informático concreto (fac­tor 6), en el que, como norma, la presión de la industria informática (5) es grande, y some­tidos a la propia naturaleza del especialismo, no serán propensos a captar la auténtica rea­lidad de los factores 2, 3 y 4 (especialismo es sinónimo de anticomplejidad y unidimensio­nalidad), y por ello tampoco propiciarán me­didas para disminuir el retraso del aprendi­zaje.

Es así como se cae en el simplismo mecá­nico arriba señalado. Este autor cree en la ne­cesidad imperiosa de coordinar, ampliar y encuadrar el trabajo de los especialistas, y el documento de la ponencia se escribió ba­jo ese fundamento y bajo ese riesgo, contan­do de antemano con que podría ser recibida con incompresiones, falsas interpretaciones y tergiversaciones ya conocidas, e incluso con descalificaciones implícitas o explícitas. Tal es el nudo de la cuestión.

 

3. TERRORISMO INTELECTUAL (POR LO GENERAL BIENINTENCIONADO) DE       LOS ESPECIALISTAS

 

La ciencia y la técnica actuales han conse­guido un grado elevado de desarrollo, atribui­ble con toda justicia al principio de división en trabajos especializados, pero también ha crecido, y de una manera muy preocupante, su fragmentación e incomunicación. Si bien este último aspecto ha sido resaltado en no pocas ocasiones, lo cierto es que todos los há­bitos académicos, investigadores e industria­les se han ido configurando hacia un reforza­miento de la incomunicación y la especiali­zación.

Los especialistas, aunque hayan sido des­critos por muchos pensadores como bárba­ros modernos, hoy día disfrutan de enorme crédito social. Con harta frecuencia operan en campos muy estrechos, pero forman la in­mensa mayoría de la comunidad científica y técnica. Entre otras cosas, pueden permitir­se el mostrarse duros y críticos con genera­listas que recorren sus campos de actividad o con otros especialistas que se aventuran en terrenos interfronterizos. Aun cuando su ac­titud pueda basarse a menudo en la ignoran­cia, se reviste fácilmente de superioridad y hasta llega a traducirse en rechazo de lo no especializado bajo argumentos y maneras di­versos, desde lo más ingenuo hasta lo más maquiavélico, según casos y personas. En la práctica, es un asunto sutil y muy poco cien­tífico. Simplemente constituye una manifesta­ción de uso (a veces, abuso) de poder. Lógi­camente, estamos hablando en términos ge­nerales y estadísticos.

En la informática no tiene por qué produ­cirse una excepción a lo anterior; todo lo con­trario, por razones analizadas en la mencio­nada ponencia. Este autor ha distinguido cin­co subculturas informáticas, y dentro de ca­da una funcionan distintos especialismos, que actúan como auténticas ideologías dentro de las ideologías. Se demuestra que en algunos países, como en España, domina una subcul­tura de informática‑negocio. Según un autor francés, una ideología, desde el punto de vis­ta informativo, es un sistema de ideas hecho para controlar, acoger, refutar la información.

Hay grados de especialización, el especia­lista acérrimo es tanto más víctima de su ideo­logía cuanto más acérrima y estrecha es és­ta, si además ignora que ve el mundo por in­termedio de sus ideas y cuando cree ver el mundo en sus ideas. Aquí, en el caso de la informática, los individuos tienden a encontrar su seguridad ideológica en su especiali­dad, que está inmersa en una determinada subcultura y condicionada por la (o las) sub­cultura dominante en su sociedad. ¡Cuántas veces no actuará además el especialista in­formático como correa de transmisión de la industria informática! Se hace preciso desmontar estos mecanismos, desvelándolos al público, para poner de manifiesto el peligro de que los problemas complejos y de tras­cendencia, como el que nos ocupa, sean con­trolados por personas cuyos procesos men­tales se nutren sólo de una porción reducida de la realidad.

Y como estamos propiamente en un terre­no ideológico, plenamente subjetivo, nada se opone a que aportemos testimonios de expe­riencia personal para ilustrar las formas me­nos peligrosas que pueden adoptar dichos procesos, que llegan en ocasiones casi al te­rrorismo intelectual (generalmente no cons­ciente y mucho menos malintencionado).

 

4. PONENCIA Y CRÍTICAS A LA PONENCIA

 

La ponencia suscitó elogios y algunas críti­cas. Entre éstas es de destacar una crítica a la totalidad debida a la pluma del doctor in­geniero Galván Ruiz. El espacio disponible impide recoger y rebatir aquí todas sus opi­niones, que también están publicadas en el texto del seminario [5]. Bastará con el siguien­te párrafo:

 

«En resumen, la ponencia adolece de falta de concreción, exceso de generalizaciones y un cierto tinte tecnocrático que desconoce deliberadamente los verdaderos problemas educativos que surgen en sociedades de di­ferentes niveles de desarrollo, amén de des­conocer también los aspectos prácticos del proceso de enseñanza, es decir, la metodo­logía a seguir para cumplir el fin propuesto, que tampoco aparece muy claro en el escri­to comentado».

 

El doctor Galván es un reconocido especia­lista español de Bioingeniería, con el que el autor comparte unos mismos estudios de ori­gen, pero con el que le separan en este te­ma muy distintas experiencias profesionales. Este autor, por su parte, ha trabajado de lle­no en variados campos de la informática, con especial énfasis en la enseñanza durante veinte años, y tiende a pensar ‑tal vez por la falta de tiempo para explicarse mutuamen­te sus puntos de vista‑ que el sentido de la concreción del doctor Galván, su autosegu­ridad en los planteamientos y su repudio de la duda se asientan probablemente en una tí­pica mentalidad de especialista.

A quien quiera que lea la ponencia le so­nará a paradoja la calificación de «tecnócra­ta» que el doctor Galván propina a este autor. Todo el mundo (excepto quizá el doctor Gal­ván) sabe lo que es un tecnócrata. Así lo de­fine, por ejemplo, la Nueva Enciclopedia La­rousse (1982): «a) Partidario de que el poder estatal se halle en manos de los técnicos o es­pecialistas; b) Experto o técnico que ejerce su cargo tras haber realizado estudios técni­cos, económicos o administrativos y que en su gestión sitúa el principio de eficacia por encima de los factores sociales, políticos o ideológicos».

Por suerte, además, la ponencia no sólo fue también apreciada por muchos de los pre­sentes, sino que ha sido publicada, pese a su extensión, íntegramente en otros medios, co­mo en la revista Novática, vol. X, núm. 55, 1984, y citada en diversos artículos y ponen­cias.

Aunque nunca podrá saberse, cabe es­pecular que si este trabajo se hubiera presen­tado para su publicación en una revista de prestigio y el doctor Galván hubiera sido el árbitro (referee), probablemente jamás hu­biera visto allí la luz. Tal supuesto nos lleva a otra experiencia semejante.

 

5. COMUNICACIÓN Y CONGRESO ESPECIALIZADO

 

Este autor ha observado la siguiente regu­laridad: cuando quiere publicar un trabajo técnico en un campo concreto y común de es­pecialización, no encuentra dificultad alguna. Si el trabajo desborda los cauces habituales, intentando con esfuerzos redoblados reflexio­nar, iluminar, un campo más extenso o situar­se en la multidisciplinariedad o la compleji­dad, tiene grandes probabilidades de ser re­chazado. La regularidad excluye la casuali­dad y se explica por la causalidad. Hipotéti­camente, la causalidad puede encontrarse en el poder ciego de aquellos especialistas que controlan revistas y congresos internaciona­les.

En éste y en el próximo apartado veremos dos ejemplos propios de este mecanismo.

El primer ejemplo puede desglosarse en tres pasos:

Primer paso: el autor somete al Comité de Programa de la Séptima Conferencia de In­geniería del Software una comunicación titu­lada «Some framework ideas for Software En­gineering Education». Julio 1983.

Segundo paso: la comunicación es recha­zada y el autor recibe copia de las opiniones de los árbitros, de las que a continuación se darán unos extractos. Noviembre 1983.

Por no traicionar el pensamiento de otras personas, se reproducirán literalmente sus palabras (en inglés en el original (1).)

 

Árbitro A: Este informe presenta opiniones respaldadas por pocas evidencias y pre­tende proponer una estructura para la edu­cación de la ingeniería del software. La es­tructura es confusa, pero no parece ser muy distinta de un juicio convencional y las diferencias no son señaladas ni defendidas. El informe tampoco dice nada sobre edu­cación.

Árbitro B: El informe puede ser resumido como «incluir a la gente en el ciclo de vida del software», poco novedoso aquí.

Árbitro C: (...) Por último, el autor no hace ninguna recomendación concreta de su propia cosecha. (...).

Árbitro D: Este informe debe ser rechaza­do porque su tema es nulo. O, sea cual sea éste, no es desde luego el de la educación de la ingeniería del software. El título indi­ca que la discusión va a ser dirigida hacia un nivel por encima de lo concreto, pero frases como «una función de la circunstan­cia específica de un circuito ontogenético» son excesivas ( ....). (...) Este informe está me­jor caracterizado a través de sus diagramas. En un principio parecen sencillos, pe­ro si los observamos detenidamente encon­tramos que la mayoría de ellos son incom­prensibles o que no están relacionados con el texto del que se acompañan. Ahora bien, eso puede ser característico de la educa­ción de la ingeniería del software...

 

Tercer paso: en el intermedio del primero al segundo paso este autor escribe (agosto 1983) su ponencia por encargo del CREI. De ella se reproducirán a continuación unas fra­ses, por las que el lector comprenderá muy bien que el rechazo de los revisadores cita­dos (incógnitos, para mayor objetividad/im­punidad) no le supuso a este autor gran sor­presa. Son éstas: «Entre otras cosas, he pro­puesto un modelo conceptual de complejidad para el proceso de desarrollo de software de gran formato, en una comunicación que está ahora en manos del Comité de Programa de la Séptima Conferencia Internacional de In­geniería del Software (Florida, USA, 1984). Desconozco la suerte que pueda correr esa comunicación, titulada «Some Framework Ideas for Software Engineering Education». Si menciono este detalle, es porque, si me ca­be alguna duda acerca de su eventual acep­tación, la baso en que la informática del país más informático del mundo es muy «mecano­céntrica» y, por lo que sé, totalmente insensi­ble, técnicamente hablando, a este problema de la complejidad. Me interesa ir aireando matices semejantes, porque veremos más adelante, cuando analicemos condiciones de entorno, que las actividades informáticas de países o culturas diferentes son (o pueden ser) diferentes».

Recibido el esperado rechazo, el autor de­cide pulsar otras opiniones y escribe, adjun­tando copia de la comunicación y de las crí­ticas de los árbitros, al doctor Gerald Wein­berg, Lincoln (Nebraska), a quien no tiene el gusto de conocer personalmente. También le adjunta copia de otro artículo (véase próximo apartado), anteriormente descartado de una revista americana. Estamos a últimos de no­viembre, 1983.

El doctor Weinberg contesta con una am­plísima carta, fechada el 7 de diciembre, 1983, de la que se entresacan ahora algunos párrafos.

 

(...) «El informe es difícil de comprender (pa­ra mí) y posiblemente mucho más para el crítico tipo (norteamericano)».

(...) «Creo que su informe, en español, po­dría ser perfectamente admisible y com­prensible para la comunidad intelectual es­pañola, pero es enteramente ininteligible para la mayor parte de la comunidad inte­lectual norteamericana. Esto podría ser cierto sobre todo para la subcultura de la ingeniería dentro de la comunidad nortea­mericana, que no reconoce el concepto de cultura, ni quizás incluso el de intelecto».

«Uno de los aspectos de esta subcultura norteamericana de la ingeniería es el de que no posee el concepto de una filosofía de la educación. La educación es una co­lección de hechos y técnicas, las últimas y las mejores. Entre una minoría muy redu­cida, teoría es un vocablo aceptado co­mo parte de la educación, pero esto sólo se refiere a las matemáticas, no al intelecto en general, y ciertamente a nada relacionado con la psicología, la sociología, la política, o la filosofía (...)».

(...) «Supongo que no es accidental que us­te me haya elegido para que opine al res­pecto. Aunque mi trabajo es respetado en los Estados Unidos, siempre ha sido más popular (en proporción) en Europa y Asia. Aunque aquí tengo seguidores fieles, mu­chas de las cosas que he escrito han sido descubiertas con diez años de retraso por el grueso de los ingenieros de software en USA (...)» (2).

 

El doctor Weinberg, conferenciante, consul­tor y articulista reputado, es autor de ocho li­bros sobre informática y teoría de sistemas, entre los que pueden citarse los famosísimos Psychology of Computer Programming (un clásico, ya) y An Introduction to General Systems Thinking, y otros, más técnicos y es­pecializados, como High Level COBOL, Handbook of Walkthroughs, Inspections and Technical Reviews, etc. Personalmente, sus juicios tienen mucho valor para este autor. Observe el lector cómo es sensible Weinberg a las diferencias culturales y educativas, vir­tud en la que no suele estar sobrante el es­pecialista medio.

Como apostilla a esta experiencia ha de de­cirse que la citada comunicación resultó aceptada al intento siguiente [6], para ser pre­sentada en otro congreso de temática más amplia.

 

6. ARTÍCULO Y REVISTA NORTEAMERICANA INTERNACIONAL

 

Como ya saben los lectores, este autor tie­ne una teoría propia sobre la existencia de cinco subculturas informáticas, pero lo que sin duda desconocen es que el artículo ori­ginal fue escrito en inglés para una revista americana, que lo rechazó. Mostraremos al instante las circunstancias de esta experien­cia. En cuatro pasos.

Primer paso: Se envía el artículo «Are the­re five informatics subcultures?» para su pu­blicación en la revista de la Society on Social Implications of Technology del I.E.E.E. Eso su­cede en julio de 1982. Previamente (abril, 1981) se había enviado al I.B.I. (International Bureau for Informatics), sin recibir jamás la menor respuesta ni positiva ni negativa, en lo tocante a su publicación.

Segundo paso: Contesta el editor de la re­vista, profesor Balabanian, de la siguiente (muy argumentada) guisa (febrero 1983).

«Estimado profesor Sáez Vacas:

Siento mucho el retraso en la lectura de su informe ¿Existen cinco subculturas  informáticas? Los críticos ya han terminado su lectura y siento comunicarle que no reco­mendaron su publicación. Un crítico sugi­rió que se remitiera a la siguiente referen­cia:

R. Kling, Social Analysis of Computing (Análisis Social de Computación), Compu­ting Surveys, marzo, 1980.

Y a otros trabajos de King y Genson.

Sinceramente (3)» .

 

Tercer paso: Contestación (muy educada) del autor (febrero 1983).

 

«Estimado profesor Balabanian:

He recibido su carta del 7 de febrero de 1983 con referencia a mi artículo, ¿Existen cinco subculturas informáticas?.

Claramente, el retraso en la revisión de di­cho artículo ha debido causar sólidas argu­mentaciones por parte de los críticos. Una institución como la IEEE no puede recha­zar un artículo sin justificación alguna. Así pues, me gustaría que me enviaran una co­pia del informe de los críticos para cono­cer las razones que les obligaron a no re­comendar su publicación.

Mientras tanto, buscaré el artículo de Kling, Social Analysis of Computing ya que no lo conocía e ignoro la relación que pudie­ra tener con mi artículo.

Sinceramente (4)» .

 

Cuarto paso: No se produce. Después de la carta que se acaba de transcribir nunca ob­tuvo el autor respuesta alguna y mucho me­nos se le remitió copia de los informes de los árbitros. Cabe imaginar qué embarazosa si­tuación para ellos ha de ser pedirle explica­ciones a gentes que tal vez en el fondo no comprendieron el artículo. ¡Pero pueden pro­hibir su publicación es su poder!

Observaciones complementarias. En el mes de julio de 1981 el autor había tenido oca­sión de exponer la teoría de las cinco subcul­turas en la Escuela de Verano de Informáti­ca, organizada por la Asociación Española de Informática y Automática, ante unas sesenta personas, profesores o investigadores de uni­versidad. El impacto fue grande. Ahora, el doctor Weinberg, que ha leído el artículo re­chazado, escribe lo siguiente (5):

 

«Los mismos comentarios podrían aplicar­se a su informe sobre las cinco subculturas, informe que encontré provocativo y sobre el que me gustaría discutir con usted algún día».

 

Hubo que esperar a la aparición de una re­vista multidisciplinar y en español como es TELOS para que ese artículo encontrara su lugar. ¿Quién tiene razón?

 

7. TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS, SÍ; TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS, NO

 

En febrero de 1983 se aprobó para la Fa­cultad de Informática de Madrid un nuevo plan de estudios que, entre muy numerosos cambios con respecto al anterior, ha elimina­do la asignatura de Teoría General de Siste­mas. Este autor, como cualquier ciudadano, está en su derecho de juzgar positiva o ne­gativamente el plan en su conjunto, pero la desaparición de la Teoría de Sistemas le pa­rece un signo victorioso de las opiniones re­duccionistas del mundo especializado, una manifestación clara del espíritu que, como una señal de alarma, están revelando aquí determinadas experiencias.

Años atrás, cuando se creó dicha Facultad de Informática, el autor estaba en la Comisión Gestora que diseñó su plan de estudios y fue artífice personal convencido de la incorpora­ción de la Teoría General de Sistemas, ocupándose luego de seleccionar el profesora­do y dirigirlo durante los dos primeros cur­sos académicos.

Ahora está más convencido que entonces.

Precisamente, también en la citada ponen­cia, recomienda centrar la educación infor­mática alrededor del concepto y metodolo­gía de la complejidad, aconsejando «profun­dizarla dentro de la enseñanza de los futuros profesionales informáticos» (lo contrario de lo que se está haciendo en ésta y en todas las demás facultades) sobre la idea de que «la metodología de la complejidad es interdisci­plinar y abstracta» (...) y «se base en parte en el enfoque sistémico, etc.» (...).

 

8. CONCLUSIONES

 

Tan importante como elaborar planes de estudio o diseñar experiencias educativas en informática, es analizar sus condiciones de contorno. No es válido reflexionar sobre el ob­jeto informático en el ámbito de la educación sin integrarlo, e integrarlo adecuadamente, con distintas dimensiones de su entorno.

En sentido amplio, la informática es un fe­nómeno a la vez científico, técnico, económi­co, antropológico y social. Por esas y otras ra­zones, el autor ha dicho que «la informática debería ser construida y usada dentro de una metodología amplia de la complejidad». Aquí hay un desafío y también un riesgo en no ha­cerlo así.

Sin embargo, lo que está claro es que mu­chas veces son los propios especialistas quie­nes erigen diversos tipos de barreras y a tra­vés de distintos mecanismos, como estos que acaban de mostrarse y otros parecidos ‑que también ha vivido el autor‑ impiden o por lo menos obstaculizan la difusión de ciertas ideas sensatas, que, finalmente, aunque con mucho retraso y en ocasiones con daño, ter­minan por imponerse.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

         [I] «Cinco Subculturas Informáticas», Telos, 1, 1985.

[2] «Computadores personales: Hacia un mundo de máquinas informáticas», Fundesco, 1987.

[3] «Apuntes sobre la percepción social de la informática», Te­los, 16. 1988‑89.

[4] «Propuesta de algunas pautas para guiar la elaboración, a mediados de los ochenta, de los objetivos, metodología y pedagogía de la enseñanza de la informática en cualquier nivel edu­cativo», noviembre 1983.

[5] «Papeles de Buitrago», C.R.E.I., Madrid, 1984.

[6] «Some framework ideas for software engineering educa­tion», Proceedings oí International Computer Symposium 1984, vol, I, pp. 150‑156, Taipei (Taiwan), 12‑14 diciembre, 1984.

 

 

Notas

 

(1) Árbitro A: This paper presents opinions backed by little evi­dence and claims to propose a structure for SE education. The structure is fuzzy, but it doesnt appear to be much different from conventional wisdom, and the differences are not identified and defended. Also, the paper doesnt say anything about education.

Árbitro B: Paper can be summarized as «include people in the software life cycle». Little new here.

Árbitro C: (...) Finally, the author makes no concrete recommen‑

dations of his own. (...)

Árbitro D: This paper should be rejected because it isn t about anything. Or, its about anything whatsoever, and thus not about software engineering education. The title indicates that the dis­cussion will be conducted at a level above the concrete, but phra­ses like .a function of the specific circumstance of the ontogeni­tic circuit» are a bit much. (...) (...) This paper is best characteri­zed by its diagrams. At first they appear simple‑minded, but on further study most are either incomprehensible, or unconnected with the words around them. Now that may be characteristic of software engineering education...

 

«(2) (...) The paper is hard (for me) to understand and probably is even harder for the typical (American) reviewer».

(...) HI believe your paper, in Spanish, would probably be per­fectly acceptable and understandable in the Spanish intellectual community, but is utterly incomprehensible to the greater part of the American intellectual community. This would be especially true of the Engineering subculture within the American com­munity, which fundamentally does not recognize the concept of culture, or perhaps even intellech.

»One aspect of this American Engineering subculture is that it does not possess the concept of a philosophy of education. Edu­cation is a collection of facts and techniques ‑the latest and best. Among a smal minority, theory is accepted as part of education‑ but that means only mathematics, not the intellect generally, and certainly not anything about psychology sociology, politics, or philosophy» (...).

(...) pI suppose it’s no accident that you’ve chosen me for an opi­nion. Although my work is certainly respected in the United Sta­tes, it has always been much more popular (proportionately) in Europe and Asia. Although I have a loyal following here, most of the things I write have a way of being discovered 10 years later by the bulk of the software engineers in the USA» (...).

 

(3) «Dear Professor Sáez Vacas:

I apologize for the long delay in the review of your paper: Are There Five Informatics Subcultures. The reviewers have finally completed their review. 1 regret to inform you that they recom­mend against publication. One reviewer suggested that you con­sult the following reference:

R. Kling, Social Analysis of Computing, Computing Surveys, March 1980.

Also other works of Kling and Genson.

Sincerely

 

(4) «Dear Professor Balabanian:

I have received your letter dated february 7th., 1983, concer­ning my article: Are there Five Informatics Subcultures?.

Obviously, such a long delay to review said article should Na­ve caused very solid argumentations from the reviewers. An ins­titution as the IEEE cannot turn down a paper without justifying it. So then, kindly forward a copy of the reviewers report to me in order to know about their reasons to recommend against pu­blication.

Meanwhile, I am looking for Klings article Social Analysis of Computing since being unaware of it, I ignore what relationship might hold with my own article.

Sincerely

(5) JPhe same comments, by the way, would apply to your five cultures paper, which I found provocative, and which I would lo­ve to discuss with you someday».

«(1) Árbitro A: This paper presents opinions backed by little evi­dence and claims to propose a structure for SE education. The structure is fuzzy, but it doesnt appear to be much different from conventional wisdom, and the differences are not identified and defended. Also, the paper doesnt say anything about education.

Árbitro B: Paper can be summarized as «include people in the software life cycle». Little new here.

Árbitro C: (...) Finally, the author makes no concrete recommen‑

dations of his own. (...)

Árbitro D: This paper should be rejected because it isn t about anything. Or, its about anything whatsoever, and thus not about software engineering education. The title indicates that the dis­cussion will be conducted at a level above the concrete, but phra­ses like .a function of the specific circumstance of the ontogeni­tic circuit» are a bit much. (...) (...) This paper is best characteri­zed by its diagrams. At first they appear simple‑minded, but on further study most are either incomprehensible, or unconnected with the words around them. Now that may be characteristic of software engineering education...

(2) (...) dThe paper is hard (for me) to understand and probably is even harder for the typical (American) reviewer».

(...) HI believe your paper, in Spanish, would probably be per­fectly acceptable and understandable in the Spanish intellectual community, but is utterly incomprehensible to the greater part of the American intellectual community. This would be especially true of the Engineering subculture within the American com­munity, which fundamentally does not recognize the concept of culture, or perhaps even intellech.

»One aspect of this American Engineering subculture is that it does not possess the concept of a philosophy of education. Edu­cation is a collection of facts and techniques ‑the latest and best. Among a smal minority, theory is accepted as part of education‑ but that means only mathematics, not the intellect generally, and certainly not anything about psychology sociology, politics, or philosophy» (...).

(...)«I suppose it’s no accident that you’ve chosen me for an opi­nion. Although my work is certainly respected in the United Sta­tes, it has always been much more popular (proportionately) in Europe and Asia. Although I have a loyal following here, most of the things I write have a way of being discovered 10 years later by the bulk of the software engineers in the USA» (...).

(3) «Dear Professor Sáez Vacas:

I apologize for the long delay in the review of your paper: Are There Five Informatics Subcultures. The reviewers have finally completed their review. 1 regret to inform you that they recom­mend against publication. One reviewer suggested that you con­sult the following reference:

R. Kling, Social Analysis of Computing, Computing Surveys, March 1980.

Also other works of Kling and Genson.

Sincerely

 

(4) «Dear Professor Balabanian:

I have received your letter dated february 7th., 1983, concer­ning my article: Are there Five Informatics Subcultures?.

Obviously, such a long delay to review said article should Na­ve caused very solid argumentations from the reviewers. An ins­titution as the IEEE cannot turn down a paper without justifying it. So then, kindly forward a copy of the reviewers report to me in order to know about their reasons to recommend against pu­blication.

Meanwhile, I am looking for Kling’s article Social Analysis of Computing since being unaware of it, I ignore what relationship might hold with my own article.

«Sincerely,»

(5) JPhe same comments, by the way, would apply to your five cultures paper, which I found provocative, and which I would lo­ve to discuss with you someday».