Países Bajos: Revisión de la política de adaptación

 

George Muskens

 

1. ¿IDIOSINCRASIA O PANORAMA RECONOCIBLE?

 

Una comunidad de pólderes cerrados expuesta a la encrucijada del Centro Mundial del Comercio

 

Sigue siendo un rasgo común en las descripciones de las ins­tituciones de medios de comu­nicación holandesas el hecho de resaltar la importancia de su imposible comprensión para los observadores no ho­landeses, o en otro caso, el hecho de hacer hincapié en su originalidad, por lo que no es tarea fácil compararlas con las mismas instituciones de otras sociedades. En cierta medida, la sociedad holandesa es (o era) única dentro de una perspectiva global. La gente es (o mejor era) leal a diferentes blo­ques de partidos e instituciones cristianos o socialdemócratas en el campo de la educa­ción, las comunicaciones de masas, las acti­vidades de ocio, las organizaciones de vo­luntarios, etc. Aunque esta lealtad ha dismi­nuido sensiblemente desde la década de los 60 y los 70, los bloques siguen estando en posesión del poder en la política, la edu­cación y los medios de comunicación (1). La terminología sobre las complicadas rela­ciones entre la lealtad y la vida institucional, así como sobre su disminución, resulta muy difícil de traducir del holandés. Los térmi­nos empleados son verzuiling, traducido en algunas contribuciones acerca de los Países Bajos para lectores internacionales como pi­larización; y ontzuiling, o despilarización, para referirse a su disminución.

En muchas otras sociedades modernas y en vías de modernización, pueden encon­trarse procesos análogos de diferenciación social y segregación, pero, no obstante, es necesario explicar por qué en este caso se emplea una terminología especial. Puede indicar por una parte que las instituciones holandesas no son comparables con las ins­tituciones de otras sociedades, o bien que a los holandeses no les gusta verse compara­dos y que, por lo tanto, la terminología cum­ple para ellos una función icónica. Cumple dicha función estableciendo límites y tra­zando diques como los que se hacían alre­dedor de los pólderes para proteger la vida de la comunidad contra las olas de globali­zación que llegan del exterior. En mi opi­nión, hay varios argumentos de peso que sustentan el último razonamiento, y el de la función icónica de la terminología intraduci­ble. En principio, tal y como se verá en este artículo, las instituciones holandesas resul­tan ciertamente comparables con las institu­ciones de otras sociedades que cumplen las mismas funciones.

El segundo argumento está relacionado con las estrategias internacionales de los agentes relevantes del panorama de los medios de comunicación de Holanda. Algu­nos son verdaderamente nacionalistas, como los que tienen que defender sus mer­cados nacionales. Esto sucede sobre todo con las organizaciones y el sistema de difu­sión nacional público y con los agentes re­levantes relacionados con esta legislación (2). Pero, al mismo tiempo, existen otros bastante proclives a actuar en los mercados internacionales. Los editores holandeses son inversores tan activos en el mercado estadounidense como otros inversores ho­landeses (3). Los editores se comportan como miembros activos de un Centro Mun­dial de Comercio, para quienes todo lo re­lacionado con la pilarización, etc., es más una exposición folclórica en el pólder que un aspecto real e importante de la produc­ción y la distribución de los medios de co­municación de masas.

El tercer argumento es de tipo más cultu­ral. La sociedad holandesa es una sociedad abierta, y por lo tanto, su cultura es una cul­tura de encrucijada. El hecho de que no se haya considerado siempre así puede expli­car el porqué los holandeses recurren a su idiosincrasia en los informes sobre su socie­dad y su cultura, escondiendo más o menos su carácter compuesto y sus relaciones con el exterior. La idiosincrasia de la pilarización forma parte de una política defensiva nacio­nal para que la práctica de esconder resulta funcional.

Por estos motivos he colocado un enca­bezamiento bastante provocativo a este apartado. En lo restante, trataré los medios de comunicación como si no ocurriera nada especial, demostrando que el comporta­miento del usuario es bastante normal, y que los negocios de los medios de comuni­cación marchan como de costumbre, según la frase manida. No tengo que utilizar el concepto ni las teorías de la pilarización para describir y escribir los datos.

 

Del comportamiento normal: los holandeses leen y ven la televisión como todo el mundo, ¿verdad?

 

En el primer trimestre de 1990, el resi­dente medio en Holanda se había pasado dos horas diarias viendo la televisión. La mayoría podía seleccionar entre numerosas emisoras. Sus aparatos de televisión tenían como mínimo opción a seis canales prede­terminados, pero la mayoría contaba con doce o más. En más del 80 por ciento de los hogares puede verse la CATV que ofrece ocho o más canales que son los siguientes:

 

‑Holanda 1, 2, 3

El primer canal lo utilizan las emisoras más conocidas, es decir, las cuatro emisoras con antecedentes de pilari­zación cristiana y socialdemócrata. La segunda es utilizada por tres emisoras semicomerciales, es decir, emisoras que ofrecen un programa a mitad de camino dentro de la estructura legal de la legislación sobre televisión (ver el segundo párrafo). El Canal 3 es el canal de la información, las iglesias, la televisión educativa, y las grandes ma­nifestaciones nacionales y deportivas. Todos los canales ofrecen servicio de videotexto.

En varias comunidades en las que habita el 41 por ciento de la población:

televisión municipal.

Aproximadamente en el mismo núme­ro de comunidades: un periódico por cable producido por el periódico lo­cal. En muy pocas: servicios especia­les de videotexto.

‑ RTL‑Véronique.

Este canal inició su programación a mediados de 1989. Se trata de un ca­nal privado emitido por la organiza­ción RTL de Luxemburgo. Es comple­tamente holandés, aunque también atrae a una importante cantidad de te­lespectadores belgas.

‑ Los canales belgas en holandés/fla­menco y en francés, que son dos den­tro de la organización de la radiodifu­sión pública belga y una emisora co­mercial legalizada.

‑ La mayoría de las emisoras alemanas, esto es, ARD, ZDF y las emisoras de Alemania 3 en la frontera (WDR y NDR). Además: SAT 1, SAT 3 (los me­jores programas de Alemania, Austria y Suiza) y RTL‑Plus.

‑ Canales franceses y británicos que se recogen en el aire mediante grandes antenas centrales y se distribuyen por todo el país.

‑ Unos cincuenta o setenta canales que se emiten por 16 satélites, y que o bien son recibidos por DBS o transferi­dos a través de la organización nacio­nal CATV.

 

Muchos telespectadores han dispuesto siempre de una oferta relativamente amplia. Si vivían en zonas fronterizas, podían recibir canales alemanes, belgas y algunas veces franceses y británicos. Pero una gran mayo­ría de más del 85 por ciento siempre ha preferido las emisoras nacionales, salvo para programas deportivos y musicales, en los que el idioma desempeña una función menos importante. Actualmente, el 88 por ciento del tiempo de audiencia se emplea en los programas de Nl, 2, 3, RTL‑Véroni­que y belgas en los que se habla exclusivamente holandés. En 1988 esta cifra era del 85 por ciento (4). Los canales típicamente holandeses (N1, 2, 3, RTL‑Véronique) se lle­van el 83 por ciento del tiempo de audien­cia.

Las tendencias comerciales de la televi­sión holandesa han sido muy notables, por lo menos desde finales de los 70. Por el es­tudio mundial comparativo publicado por la UNESCO en 1976 podría deducirse que la televisión holandesa en su totalidad ofrecía una cantidad de programas dramáticos y de entretenimiento que se encontraba más o menos a medio camino entre la cantidad ofrecida por las verdaderas televisiones pú­blicas (BBC, ARD, etc.) y las verdaderas te­levisiones comerciales, como en los Esta­dos Unidos.

Existen algunos indicios de que la lectura de periódicos, o por lo menos el consumo de periódicos ha perdido parte de su im­portancia durante el último decenio. En 1980 los editores vendieron 325 periódicos por cada 1.000 habitantes de los Países Ba­jos, mientras que en 1989 la cifra descendió a 308. La tasa por vivienda también se vio reducida: el número total de ejemplares vendidos volvía al mismo nivel de 1980 después de un notable descenso a princi­pios de los 80, mientras que el número de hogares sufría un fuerte aumento (18 por ciento) a lo largo de diez años, principal­mente por el marcado incremento de las fa­milias compuestas por una persona o por uno solo de los padres. Este último factor hacía bastante improbable el aumento de los lectores dobles.

En los últimos tiempos se ha producido un cambio de los periódicos locales a los nacionales. Los últimos elevaron sus ventas en un 6 por ciento, mientras que las de los primeros descendían en un 4 por ciento.

En el aspecto de la producción, los datos presentados a continuación resultan rele­vantes para el debate nacional sobre los medios de comunicación:

 

-       Hay en marcha un proceso de concen­tración en el mercado de periódicos.

Desde principios de los 50, el merca­do de periódicos se ha ido concen­trando por dos o más factores: el nú­mero de editores de periódicos inde­pendientes disminuyó, pasando de 57 a 21, y se observó un proceso de con­centración análogo, aunque en cierto modo menos acentuado en las planti­llas editoriales. La mayoría de los con­sorcios fruto de fusiones reforzaron su posición en los mercados internacio­nales, nacionales y locales mediante la diversificación de sus servicios, sobre todo en el campo de los soportes de publicidad. Por ejemplo, los periódi­cos locales empezaron a crear un mo­nopolio local con una amplia cobertu­ra. Además, iniciaron la explotación de semanarios de publicidad local que son distribuidos en todas las vi­viendas de un área determinada.

 

Normalidad en los negocios

 

En su contribución a New Media Politics, Karen Siunen, Claude Sorbets y Asle Ro­lland mencionan diferentes tipos de agentes y la lógica que se oculta tras sus políticas y estrategias. Su tipología, con algunos co­mentarios adicionales, puede aplicarse a la situación holandesa, hecho este que viene a reforzar mi tesis de que el caso holandés no tiene nada de especial.

Los autores citados diferencian a sus agentes principalmente por el nivel de acti­vidad, ya sean transnacionales, nacionales o locales. Esta diferenciación no es válida so­lamente para la industria de los medios de comunicación en sí misma. En cada uno de los niveles está presente la producción y venta de soporte físico y soporte lógico en los mercados internacionales, nacionales y locales. Su lógica es de carácter económi­co; esto es, se relaciona con los beneficios, la supervivencia y la creación de tecnología vendible.

 

Intereses comerciales

 

En los Países Bajos las industrias del so­porte lógico y del soporte físico están acti­vas a todos los niveles. Philips es una empresa transnacional que produce soporte físico individual y soporte lógico musical para el mercado internacional, así como para el holandés. Los editores de libros y los editores científicos permanecen activos en el mercado internacional, sobre todo en Estados Unidos. Los principales son Else­vier, Kluwer‑Wolters y VNU. Los editores producen el resto de los libros, periódicos y revistas en holandés (5) para los merca­dos nacionales y locales, con alguna incur­sión en el mercado flamenco (y viceversa). La tasa de concentración está aumentando con las economías de escala y de alcance, aunque sea con las barreras idiomáticas de las publicaciones en holandés.

En cuanto a los mercados de periódicos nacionales y locales, los editores siempre han estado a favor del aprovechamiento co­mercial de la radiodifusión nacional y local, o al menos de la explotación conjunta de la publicidad por radio y televisión. Otras par­tes aceptan estas reivindicaciones, pero te­men el poder que lleguen a alcanzar si se llega a la propiedad mutua de emisoras de televisión comerciales. Los editores han pe­dido que se les compense por las pérdidas debidas a la publicidad por radio y televi­sión, y lo han conseguido. Pero hasta el mo­mento, su verdadera participación en la ra­diodifusión nacional o local siguió siendo marginal, al estar limitada a la explotación de una serie de periódicos por cable. La te­levisión comercial la explota la organiza­ción independiente RTL.

En el caso holandés hay que mencionar una forma típica de gestión de los medios de comunicación. Se trata de los piratas. És­tos están o estaban activos en el campo de la televisión y la radio. En la radio, varias emisoras permanecieron en activo durante un tiempo más prolongado, emitiendo des­de barcos anclados en el mar del Norte, fuera de las aguas territoriales. Durante un corto período de tiempo una emisora co­mercial de televisión estuvo emitiendo des­de una plataforma amarrada en la costa de Scheveningen. Ambas fueron paralizadas por la legislación holandesa, que reclamó su jurisdicción sobre los programas que se producían claramente para el mercado ho­landés.

Existen otros piratas activos en los merca­dos locales. En todas las comunidades hay alguna emisora pirata en las ondas de radio de frecuencia modulada y frecuencia me­dia. En el informe Intomart el número calcu­lado era de 3.000 durante la semana que duró su investigación. Se dedican a produ­cir principalmente programas de música holandesa que piden los oyentes con anun­cios locales, y noticias y saludos del vecin­dario. Oficialmente, deberían ser persegui­das por las autoridades de la radio, pero no se hace porque las emisoras piratas no in­terfieren con los programas nacionales de FM ni con las bandas de frecuencia de la policía o las emergencias. Durante algún tiempo este género de piratas locales estu­vo funcionando también en la televisión. Se dedicaban a emitir películas a altas horas de la noche (normalmente pornográficas y de violencia dura), conectándose con las antenas de las autoridades locales del ca­ble, para lo que utilizaban anchuras de ban­da de otras emisoras, después de que éstas hubieran finalizado su programación, alre­dedor de la medianoche (6).

Resulta difícil tomar medidas contra los piratas porque cuentan con el apoyo de al menos la mitad de la población (7). Algunos intentos de llevar a cabo medidas se han visto entorpecidos por el apoyo de la au­diencia, que se ha movilizado a tal efecto.

El último interés comercial que debe mencionarse resulta quizás un poco parti­cular para los Países Bajos. Se trata de sus tres organizaciones de difusión semicomer­ciales, que funcionan dentro del marco le­gal del sistema de difusión público. Desde el punto de vista legal, no son organizacio­nes comerciales, sino organizaciones no lu­crativas que tienen acceso al sistema de di­fusión nacional público basado en la de­manda ciudadana y en la identidad. Pero, más que en el caso de las organizaciones que tienen antecedentes en las sociedades cristianas y socialdemócratas, su identidad es débil, mientras que su demanda está en función de la comercialización de semana­rios de televisión.

Desde sus orígenes son canales de televi­sión comerciales, cuya posición en la radio­difusión pública ha sido legalizada en los años 60 y 70. Uno de ellos estaba directa­mente involucrado en la empresa pirata que transmitía sus programas de televisión a los Países Bajos desde la plataforma mari­na (ver más arriba). Otro se compone del grupo pirata que realizaba programas de radio comerciales desde el mar. Ambos fueron legalizados, porque contaban con demasiado apoyo del público como para prohibir sus actividades basándose en la ju­risdicción especial sobre unas actividades que se llevaban a cabo en alta mar.

El tercero ya estaba establecido en los al­bores de la radio. Sus padres fundadores no tenían nada en contra de la radio comer­cial, a diferencia de los cristianos y los so­cialdemócratas. Pero aceptaron un sistema no comercial. En los años 60 solamente pu­dieron sobrevivir gracias a contar con un número de socios suficiente y mediante su fusión con un semanario televisivo muy lu­crativo que funcionaba independientemente de las organizaciones de difusión en ese momento.

 

2. LA POLÍTICA DE ADAPTACIÓN

 

Al margen de la industria comercial de los medios de comunicación, existe una se­rie de agentes transnacionales, nacionales y locales/regionales que desempeñan una función en la política de los medios de co­municación (8). Proceden del sistema políti­co, de la radiodifusión pública, de organiza­ciones no comerciales o de instituciones culturales, por citar algunos ejemplos. To­dos ellos cuentan con fines e intereses (in­vertidos) propios, diferentes de los fines de lucro económico y de supervivencia de las industrias de medios de comunicación.

 

 

La adaptación del sistema de radiodifusión

 

En los Países Bajos las medidas naciona­les para defender el sistema de la radiodifu­sión pública es el área más notable de la política de medios de comunicación. El sis­tema había sido establecido, institucionali­zado y firmemente organizado, en los años 30 y en los años de reconstrucción posterio­res a la Segunda Guerra Mundial, como un sistema que reflejaba los valores de las or­ganizaciones, partidos e instituciones cultu­rales cristianas y socialdemócratas.

En los años 60 la presión comercial, tal y como se la menciona más arriba (radio privada y emisoras de televisión), reforzada por la necesidad de los anunciantes de ac­ceder a la radio y a la televisión, obligó al Sistema, al Estado y a los partidos a la adap­tación: había que redefinir el Sistema como un sistema abierto al que los nuevos emiso­res (anteriores piratas) pudieran acceder y que pudiera utilizarse con fines publicitarios. Mediante la legislación y la extensión de su jurisdicción sobre mar abierto, el nuevo Sis­tema vino a definirse en 1968. Se garantizó el acceso por número de miembros de or­ganizaciones no lucrativas, cuyo principal objetivo era producir programas radiodifun­didos. Se aceptó la publicidad como parte del sistema con explotación independiente de bloques de anuncios fijados. No se acep­tó a la prensa como socio directo, ni en el te­rreno de la programación ni en el de la ex­plotación del tiempo consagrado a la publi­cidad. Sus pérdidas se compensarían en el mercado de la publicidad (9).

De este modo, y con la función de sus­criptores de semanarios de televisión de los socios, los antiguos piratas podían acceder, pero el Sistema se mantenía vivo sin aban­donar su imagen e ideología de servicio pú­blico con varios socios semicomerciales. Este modelo holandés adaptado podría so­brevivir hasta que aparecieran nuevas tec­nologías que constituyeran desafíos para la toma de iniciativas distintas. Las nuevas tec­nologías consistieron en la aplicación masi­va de la CATV, en parte combinada con la distribución por satélite de canales interna­cionales.

En los años 70 se admitieron varios expe­rimentos bajo severas condiciones, que es­tablecían que el método no fuera profesio­nal y que no hubiera publicidad, pero hubo que esperar hasta mediados de los 80 para que estos experimentos pudieran institucio­nalizarse en la nueva legislación de radiodi­fusión (10). Entre 1989 y 1990 se propuso que la difusión local y regional se financiara con anuncios, aparte de un reducido dere­cho de licencia de radiodifusión. La pro­puesta recibió el apoyo suficiente del Parla­mento.

 

Los valores culturales y la identidad ho­landesa fueron los principales argumentos esgrimidos en contra de las emisoras co­merciales que podrían funcionar desde paí­ses extranjeros y llegar hasta Holanda por satélite o por cable. El método contrastaba (y todavía contrasta) con el de la Comisión Europea en su Libro Verde de la Televisión sin Fronteras. Logró más respaldo interna­cional en el tratamiento de la cultura euro­pea, la identidad nacional y la política de medios de comunicación del Consejo de Europa. Las autoridades holandesas no au­torizaban a CATV a emitir programas co­merciales desde el extranjero con progra­mas y anuncios que fueran claramente diri­gidos a las audiencias y consumidores holandeses. Por la misma época, los socios conservadores y cristianos del Gobierno acordaron legalizar la radiodifusión comer­cial de la manera que fuese. En 1987 se aceptó una nueva ley sobre medios de co­municación, y en 1989‑90 se firmó un com­promiso nuevo de largo alcance entre los nuevos socios políticos (cristianos y social­demócratas). Una o más cadenas semico­merciales podían convertirse en cadenas comerciales de verdad, que en coopera­ción con otros socios de la prensa explotarí­an un canal comercial. Se limitaría la pro­piedad mutua de magnates de la prensa en los mercados locales y nacionales (11). Pero, mientras tanto, la televisión comercial ya ha empezado de verdad en Luxemburgo con RTL‑Véronique llevándose verdaderas participaciones del mercado nacional (12).

A mediados de los 90 existe todavía un sistema de radiodifusión pública en los Paí­ses Bajos con objetivos y estrategias de empresa, para defender su espacio en el mer­cado nacional, que debería alcanzar como mínimo el 75 por ciento de la audiencia na­cional (13). Sobrevive entre fuertes compe­tidores, tanto nacionales como del exterior. Los cambios van siempre acompañados por adaptaciones legales del Sistema.

 

3. OTRAS POLITICAS

 

No todas las creaciones y las políticas en las estructuras de los medios de comunica­ción forman parte de la política de adapta­ción anteriormente mencionada. Algunas están relacionadas con el refuerzo y la am­pliación del pluralismo y la calidad de los medios periodísticos: otros con I+D, y otros con las políticas de bienestar. Las revisare­mos brevemente.

 

Pluralismo y calidad en el periodismo

 

La concentración de la prensa fue reco­nocida por los consumidores de masas como una seria amenaza para la calidad y la pluralidad de formas de la prensa a me­diados de los 60. La interferencia directa del Estado en el proceso mismo de la con­centración de la prensa no se aplicó hasta la reciente propuesta de establecer ciertos lí­mites a la propiedad mutua de los magnates de la prensa y de la televisión comercial y de establecer límites a la proporción del mercado total que pueden controlar los pe­riódicos. Las únicas formas eran las normas generales que había que aplicar para la fu­sión en la industria.

El carácter de la mayor parte de las me­didas que fueron aplicadas era que se asig­naban subsidios a fondos. Estos fondos po­dían a su vez destinar esos subsidios, ate­niéndose a ciertas condiciones, a quienes los necesitaran y los solicitaran. De esta ma­nera, el Estado no interfiere directamente con la prensa, condición que forma parte de la filosofía de la prensa. Al mismo tiempo, los elementos positivos del sistema de la prensa se ven reforzados (14). Con esta filosofía se establecieron los siguientes fondos:

 

1. Hert rijtsfonds voor de Pers (Fondo para empresas dedicadas a la pren­sa). Este fondo se estableció en 1973 como una reacción al debate sobre la concentración de la prensa. El fondo se alimenta de dinero procedente de la publicidad de la televisión y tiene un presupuesto de 15 millones de florines p.a. (1989). Con estos fondos pueden concederse ayudas y préstamos bara­tos a empresas dedicadas a la prensa que se consideren importantes para el mantenimiento de la pluralidad de prensa, en el caso de que necesiten de nuevas inversiones para subsistir.

Durante muchos años éste fue el úni­co fondo especial para la prensa.

2. The Fonds voor Culturele Omroeppr­dukties (Fondo para las producciones radiodifundidas de carácter cultural).

Posteriormente, las organizaciones de radiodifusión afirmaron que no podían ser competitivas y emitir produccio­nes culturales con los presupuestos de que disponían. Durante la preparación de las últimas enmiendas a la ley de medios de comunicación (1986) solici­taron un fondo especial para que estas producciones se alimentaran de subsi­dios culturales del Estado. Lo consi­guieron: se estableció el Fondo y par­te de los costes (extraordinarios) de las producciones culturales (como, por ejemplo, representaciones de ba­llet y de ópera) son pagados indirecta­mente por el Estado. El presupuesto establecido para 1990 será de 28 mi­llones de florines.

3. Fonds voor Bijzondere journalistieke Projecten (Fondo para proyectos pe­riodísticos especiales).

El ministro y el Parlamento han reac­cionado positivamente a una propues­ta realizada por algunos periodistas de destinar dinero a un fondo con el cual puedan cubrirse los proyectos caros y de alto riesgo de los periodis­tas. Al parecer, los periódicos son rea­cios a cubrir ellos mismos estos cos­tes. El Ministerio ha puesto a su dispo­sición un millón de florines para 1990.

4. Todos los años la organización de tele­visión local concede premios a las me­jores producciones. Esta práctica se desarrolla desde hace mucho tiempo, tanto con producciones nacionales como internacionales.

 

Innovaciones subvencionadas

 

En cierto sentido, existe, creo yo, una contradicción entre las comunicaciones de masas y la innovación tecnológica. Los me­dios de comunicación son un campo impor­tante para la aplicación de nuevas tecnolo­gías de la información. Por otra parte, el uso de los medios de comunicación por la ma­yoría implica que la innovación ha sido to­talmente aceptada como una parte más de las prácticas habituales de la vida cotidiana.

Para este proceso de habituación son ne­cesarios muchos recursos, para los cuales los comunicadores de masas necesitan ca­pital, pero capital de riesgo, porque nunca se sabe si los resultados de la innovación tecnológica encontrarán la demanda públi­ca suficiente con el tiempo.

En Holanda los recursos públicos a dis­posición de las recientes innovaciones en los medios de comunicación son o fueron los siguientes:

 

-       Muchas redes de la CATV se han cons­tituido como servicios públicos munici­pales, del mismo modo que las instala­ciones del gas y de la electricidad.

-       Para todas las inversiones llevadas a cabo en los Países Bajos ha habido subsidios de inversión de entre el 15 y el 30 por ciento durante los años com­prendidos entre 1978 y 1989.

-       Se asignó un subsidio de 50.000.000 de florines a los experimentos realiza­dos con nuevos servicios de informa­ción mediante redes de CATV amplia­da de dos vías en el sur de Limburg. Otros proyectos recibieron subven­ciones de menor cuantía.

-       Podían utilizarse ayudas y préstamos, en nombre del Fondo para las Empre­sas dedicadas a la Prensa, para la ra­cionalización interna de la producción y para la diversificación de la direc­ción de los nuevos medios de comuni­cación.

-       Se han creado y amortizado infraes­tructura y equipamiento, así como ins­talaciones para emisión bajo monopo­lio público/estatal.

-       El Ministerio de Asuntos Económicos gestiona un fondo para los nuevos ser­vicios e información que sean desa­rrollados por la industria. La industria de los medios de comunicación no está excluida.

-       En los primeros años de vida de la te­levisión, las autoridades holandesas no fueron reacias a respaldar proyectos piloto de Philips en el medio directo de Eindhoven, por poner un ejemplo, para la primera generación de televi­sores y para la siguiente fase de tele­visores a color.

 

 

 

NOTAS

 

 (1) Ver Lijphardt, A., 1968. Este libro es probablemente la mejor introducción a la idiosincrasia de la sociedad y de la política en los Países Bajos, sobre todo entre la Primera Guerra Mundial y principios de la década de los 70. La sociedad y la política se basaban (y hasta cierto punto todavía se basan) en la lealtad de la gente a los partidos, instituciones educativas, comunicación de masas, actividades de ocio, asociaciones de voluntarios, etc., cristianos y socialdemócratas. Los partidos y las instituciones formaban y forman bloques o pilares, lo que en holandés se llama zuilen, que estaban profundamente divididos entre sí.

(2) El sistema de difusión nacional público es un sistema sometido a presiones. Como sistema público, se defiende de estas presiones mediante ordenaciones legales. Pero las presiones conducen a un proceso de adaptación de estas ordenaciones legales, como se documentará en los párrafos siguientes. Precisamente el título de este articulo se refiere a ese proceso de adaptación.

(3) El balance de las transacciones extranjeras invisibles fue a mediados de los 80, aproximadamente, de entre 4.000 a 5.000 florines Bjn. En 1989 fue de 1.500 florines B7n. Central Bureau of Statistics, Statistics Bufetin, 5 de abril de 1990, pág. 2.

(4) Datos del NOS del primer cuatrimestre de 1990. La utilización transnacional de canales holandeses y flamencos es bastante notable: el 10 por ciento de los espectadores de BRT son holandeses, y el 7 por ciento de los espectadores de Nl‑3 son flamencos.

El tiempo restante no solamente se emplea para ver canales no holandeses. En principio, una parte se dedica a Eurosport con comentarios en holandés y al Sportchannel holandés, y otra parte se dedica a los programas seguidos por video grabados de la televisión o a las películas alquiladas en los videoclubs.

(5) Los medios de comunicación ara inmigrantes (todavía) no se producen de manera comercia Ni siquiera Hurryet cuenta con una edición especial para la población turca que vive en los Países Bajos. Los turcos reciben la edición de Fráncfort (ver la sección 3 más adelante).

(6) Esta práctica se ha erradicado al hacer a la Autoridad del Cable responsable directa del pago de los derechos de propiedad intelectual de los programas que distribuye de hecho. Según la ley, el CATV se define como un distribuidor especial de obras e arte, cuyos derechos de propiedad intelectual deben pagarse independientemente de los pagos y contratos de las organizaciones de producción.

(7) Intomart, págs. 14‑15.

(8) Siunen, Sorbets y Rolland, op. cit.

(9) Es de destacar e en los Países Bajos la proporción de publicidad radiodifunda no supera la décima parte de todos los gastos de publicidad, mientras que la misma proporción en otros países de la Europa occidental es de una cuarta parte. Habría que plantearse cuáles son y han sido las verdaderas pérdidas de la prensa.

(10) A principios de los 80 se proyectaron ciertos experimentos con nuevos servicios de información en una comunidad de tamaño medio y en otras áreas más extensas. Ambas siguieron un método de información de dos vías y solicitaron el respaldo oficial para I+D, la investigación y las inversiones iniciales en proveedores de soporte físico y en proveedores de información. Se asignaron subvenciones, pero los riesgos tecnológIcos de organización y comerciales eran todavía demasiado altos para los nuevos servicios de información (ver J. Stappers, N. Jankowsld y F. Olderaan, Het kabelkommunikatieprolect Zaltbommel, en Communicatie­ wetenscha el iJke bildragen 1988‑1989, Nijmegen (KUN), 1989, págs. 67‑j). En 1986 se anunciaron otras iniciativas para la región de Amsterdam, con tecnologÍa híbrida, es decir, una vía por cable otra por  Teléfono (Harry Bowman y George Muskens, «Iñformahon Needs, Information‑seeking Behaviour and Ditzieb>, en Lars Qvortrup a. o., eds., Social Experiments wlih Information technolog,y and the Challenges of innovation, Dordrecht, etc., 1981, págs. 173‑190). El proyecto fue abandonado porque los riesgos comerciales eran muy elevados. Actualmente se están levando a cabo dos iniciativas de aplicación de servicios similares al minitel en dos regiones más amplias.

 

(11) Dejournahst, 21 de mayo de 1990. De hecho, queda poco del pastel para una nueva cadena comercial. Necesitará unos ingresos de publicidad de unos 500 millones de florines, pero casi todos los presupuestos de publicidad han sido ya concedidos a N1 3y TRL‑Véronique. En 1989 estos cuatro canales recibieron 590 millones de florines de ingresos de publicidad. Por lo que se refiere a la propiedad mutua, el método holandés es diferente al de la Comisión Europea. La Comisión propuso recientemente limitar la propiedad mutua de los medios de comunicación basada en acumulación internacional de capital, y no en participaciones nacionales en los mercados (de periódicos).

(12) De Volkskrant, 15 de junio de 1990. Se acusa a la orgarnzación semicomercial, que funciona dentro del marco de la radiodifusión pública y antihgua emisora pirata legalizada, de ayudar a los iniciadores de RTL‑Véronique prestándoles apoyo administrativo, profesional y técnico. Puede ser penada con la pérdida de su licencia y de su monopolio como editora de un semanario televisivo.

(13) De Nederlandse omrep in een marktsituatie, Hilversun (NOS), 1987. (El sistema de radiodifusión holandés en un medio de mercado.) La terminología y las estrategias de la mercadotecnia son elementos nuevos en la administración propia de la radiodifusión.

(14) El Método de fondos se aplica en la política cultural holandesa en general desde principios de los 60. Desde principios de los 80 el Ministerio de Cultura lo aplica cada vez en mayor número de casos. Muchos fondos cuentan con recursos bastante limitados para parcelas limitadas de las actividades culturales. Por tanto, el poder de cada fondo es limitado.