Políticas de comunicación en Europa

Tres experiencias peculiares

 

Controles diferentes, regulaciones peculiares, historias específicas determinan modelos de comunicación originales en tres experiencias europeas. Su análisis complementa el dossier ofrecido por Telos en su número 25.

 

Suecia: Evolución del sistema de comunicación

 

Tom Olssen

 

En Suecia, el poder del Estado está más involucrado en los medios de comunicación que en la mayoría de los países de la Europa occidental. El estado establece las líneas maestras para la explotación de medios de radiodifusión, y cuenta con mayoría en el consejo de las sociedades de radiodifusión. Asimismo, subvenciona periódicos creando desventajas competitivas en su mercado. Quizás en respuesta a la prontitud del Estado sueco para intervenir, los medios de comunicación tienen un alto nivel de autorregulación. Esto no significa que el Estado sueco controle los medios de comunicación, puesto que las fuerzas del mercado son muy fuertes hoy en día, y la principal tendencia es la comercialización de los medios de comunicación.

 

Históricamente, las fuerzas de la libertad han ido unidas al aparato del Estado. Suecia era el único Estado que contaba con la representación del estamento campesino en el Parlamento en tiempos de la monarquía absoluta. La libertad de los campesinos y la creación de reformas liberales dependían tanto de la cooperación como de la sumisión al Estado de algunas de las fuerzas de la modernización. Para muchos suecos, sobre todo entre los políticos, el Estado cuenta actualmente con un nimbo de una garantía de libertad más que aparecer como un órgano para las autoridades y el poder estatal. Ésta es una de las muchas razones que justifican la posición relativamente débil de la sociedad civil en Suecia.

 

La función de los medios de comunicación de masas de Suecia se ha constituido en un campo de tensiones entre el Estado, el mercado y el sector privado. Las organizaciones son decisivas en el equilibrio de estas fuerzas.

 

Las organizaciones tienen diferentes grados de importancia para los diversos tipos de medios de comunicación. El sistema colectivo como tal ejerce una importante influencia en los medios de radiodifusión; los partidos políticos tienen una importancia esencial en la prensa. Dos organizaciones dignas de mención son la Confederación de Empresarios y el Sindicato Sueco de Periodistas, del que son miembros casi todos los periodistas y otras personas que no son de la profesión. A lo largo de los años, han sabido desempeñar con destreza y buenos resultados su papel de grupo de presión. Es también de destacar que el convenio central entre empresarios y trabajadores en el campo periodístico se compone de algo más que las estrictas cuestiones sindicales. Una cláusula de interés primordial, por ejemplo, concede al periodista el derecho a rechazar trabajos que vayan en contra de las convicciones del periodista o resulten humillantes para él.

 

EL DEBATE SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 

La lucha por el poder y la influencia entre el Estado, las sociedades de medios de co­municación, los partidos políticos y las or­ganizaciones, todo ello en diferentes combi­naciones, determina gran parte de los pro­blemas y de los resultados del debate sobre los medios de comunicación en Sue­cia. Este debate adquiere periódicamente altas cotas de interés debido a las estrechas relaciones existentes entre las fuerzas políti­cas y la prensa.

En el debate la atención oscila entre cuestiones de carácter primordial y prácti­co. En los últimos tiempos se han producido dos debates en Suecia. Uno de ellos es un compañero constante; las prácticas, valores y responsabilidades del periodismo, deba­te centrado en los principales problemas morales y políticos. Otro debate, éste en torno al cambio básico de la radio sueca, oscila entre argumentos primordiales y prácticos. Una de las razones que induce a centrarse en problemas prácticos, esto es, en debates acerca de cómo se deben llevar a cabo las regulaciones y cómo se deben administrar las sociedades de radiodifusión, es el alto grado de regulación de los me­dios de comunicación en Suecia. Otra razón es el alto nivel de consenso sobre la política y las prácticas periodísticas de los medios de comunicación. Este consenso se mani­festó cuando el Parlamento decidió estable­cer un sistema de subvenciones estatales para la prensa.

El principal problema suscitado en el de­bate público sobre los medios de hoy se re­fiere a la cuestión de introducir anuncios pagados en la televisión sueca, que hasta ahora no ha sido comercial. La cuestión se suscitó en Suecia, como en otros países, gracias a una larga campaña lanzada con el propósito de arrebatar la televisión de las manos del Estado. El ataque al monopolio del Estado, como es natural, propició un de­bate basado en argumentos de base políti­ca. El debate se ha transformado drástica­mente debido, en parte, al hecho de que no existe una oposición real a la televisión co­mercial. El giro fue la decisión del Partido Socialdemócrata de aceptar la televisión comercial. El debate de hoy y de mañana se convierte en una discusión acerca de cómo se realizará, proyectará y administra­rá esa publicidad, y quién va a encargarse de ello.

No es tarea fácil entresacar todos los mo­tivos del cambio. Una de las razones inne­gables es el éxito de la televisión por cable. El lanzamiento del ScanSat escandinavo y la transmisión de TV3, canal de clara identi­dad escandinava, vinieron a probar el po­tencial relativo de la televisión comercial de manera más eficaz que el Sky Sat u otros. La actitud positiva o menos interesada que mantuvieron los espectadores fue, proba­blemente, un factor decisivo para el cambio de clima en el Partido Socialdemócrata, que por su implantación histórica y buenos con­tactos con las ramas locales de los sindica­tos y enlaces sindicales puede penetrar fá­cilmente en el pensamiento del público.

 

CONSUMO DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 

Los medios de comunicación ocupan una gran parte del tiempo del público, y ello a un coste bastante reducido. Por menos de una libra esterlina, una familia sueca tiene pagadas sus licencias de radiodifusión: la suscripción a un periódico matinal, a otro de pequeño formato de tarde y a una revis­ta de vez en cuando. Muchas familias gastan casi el doble de esta cantidad en medios de comunicación; tarifas de cable, suscripcio­nes a tres o cuatro periódicos y revistas, periódicos de formato reducido tres o cua­tro veces por semana, etcétera. Se calcula que el sueco medio pasa seis horas al día consumiendo medios de comunicación.

La investigación acerca de las costumbres y preferencias relativas a los medios de comunicación revelan un aspecto muy significativo: a los suecos les interesan mu­cho las noticias sobre su comunidad, es de­cir, los artículos nuevos y los programas de noticias regionales y locales. Hoy en día no existen en Suecia periódicos nacionales generales. Antes podía decirse que los grandes diarios de Estocolmo eran periódi­cos nacionales, pero ya no lo son: se han convertido en periódicos regionales de una extensa zona urbana y semiurbana. Los me­dios nacionales de hoy son la televisión y, en menor grado, los periódicos nocturnos de formato reducido.

Dentro de este contexto, merece la pena destacar dos aspectos acerca de los me­dios de comunicación suecos. Los periódi­cos regionales suecos contienen una buena cantidad de noticias de alcance nacional e internacional. La prensa sueca no se halla tan claramente dividida entre prensa elitista de las clases altas y prensa burda para las clases bajas, como ocurre en otros lugares de Europa.

Todo esto significa que el lector medio de Suecia, podría decirse, encaja bien con una fuerte identidad regional, del mismo modo que la identidad sueca. Sin duda, el futuro acarreará una diversidad de canales de te­levisión que supondrán el declive de los ac­tuales canales que se emiten desde su posi­ción como medios de comunicación nacio­nales por preferencia, algo que proba­blemente reforzará la identidad regional a costa de la nacional.

 

EL ESTADO Y LA PRENSA: LIBERTAD REGULADA

 

La ley de libertad de prensa se elaboró en 1949. Se dice de ella que es la protec­ción más amplia de la prensa que existe en el mundo, y forma parte de la Constitución. Garantiza la protección de las fuentes, ase­gura la completa libertad para abrir nuevos periódicos, prohibe la censura y establece las normas para los juicios en los que se to­que la libertad de prensa. Durante algún tiempo una comisión ha estado trabajando en una nueva ley, que de momento se en­cuentra paralizada.

En cuanto a la libertad de los medios de comunicación, ha habido indicios de una vi­sión menos liberal de las autoridades.

La ley de libertad de prensa es inusual porque garantiza a los ciudadanos, y por ende también a los medios de comunica­ción, el acceso a todos los documentos de las agencias públicas, excepto aquellos de carácter secreto (existe una legislación que limita las posibilidades de clasificación de dicho material). Esta unión de libertad de prensa y de acceso público a los documen­tos oficiales se remonta muy atrás en la his­toria de Suecia, hasta la primera ley de li­bertad de prensa, presentada al Parlamento sueco en 1766, y constituye un ejemplo de la ambigua relación existente entre el po­der autoritario del Estado y la libertad pú­blica de la vida pública sueca.

Existen dos instituciones que desempe­ñan un papel vital en la autorregulación de la prensa sueca: el Consejo de Prensa y el Ombudsman de Prensa. En 1916, la prensa estableció un consejo de prensa como res­puesta a las crudas críticas que circulaban entre el público y lo que quizás era todavía más importante, entre los miembros del Parlamento.

El Consejo de Prensa volvió a constituirse en la década de los 60. Sus miembros son representantes de empresarios y emplea­dos de los medios de comunicación, el Es­tado y la asociación de abogados. Funciona como un tribunal interno. Los periódicos que sean hallados culpables o responsables de mala conducta deben publicar las críti­cas y en algunos casos pagar multas de ca­rácter simbólico. El Consejo de Prensa cuenta con la ayuda del Ombudsman de Prensa. El concepto sueco de Ombudsman de Prensa no es el que últimamente se ha introducido en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Las quejas dirigidas al Conse­jo de Prensa pasan antes por el Ombuds­man de Prensa, que decide si presentarlas al Consejo, publicar él mismo la declara­ción o archivarla en actas.

 

LAS SUBVENCIONES ESTATALES LA PRENSA

 

Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo una epidemia mortal entre los periódicos suecos. Casi el 40 por ciento de los periódicos habían cerrado cuando se in­trodujeron los subsidios a principios de la década de los 70.

En los años 60 la situación era crítica, so­bre todo para la prensa socialdemócrata, y entonces se creó un sistema de subvencio­nes estatales para la prensa. La motivación política fue la salvaguarda del pluralismo de la prensa. Los subsidios se conceden para ayudar a los periódicos a que racionalicen su distribución, etc., pero la parte más sus­tanciosa de los subsidios del Estado se con­cede a periódicos que tienden a quedarse a la zaga en una zona en cuyo mercado haya dos periódicos. En tales casos, el periódico más grande se convierte normalmente en el medio publicitario dominante, y el competi­dor se enfrenta al riesgo de eliminación. El beneficiario del subsidio estatal es el se­gundo periódico más grande de la zona. Los que reciben el subsidio cubren con él más del 15 por ciento de los ingresos. Estos periódicos cubren alrededor de una quinta parte de los hogares de la zona, mientras que los periódicos grandes tienen un alcan­ce medio del 70 por ciento.

Al principio, muchos liberales y conser­vadores se oponían firmemente al sistema y expresaban su temor de que las autorida­des interfirieran en las explotaciones edito­riales y comerciales de los periódicos. Ac­tualmente, el sistema goza más o menos de una aceptación generalizada, y los periódi­cos de todos los partidos políticos reciben subvenciones. No hay indicios de que se produzcan interferencias del gobierno, y desde el punto de vista comercial los subsi­dios a los segundos periódicos en impor­tancia no han dañado todavía al primero: la venta de anuncios ha sido verdaderamente un buen negocio.

Estrictamente hablando, no estamos refi­riéndonos propiamente a subvenciones, sino a redistribución. Los subsidios a la prensa se financian mediante un impuesto sobre los ingresos de la publicidad. Duran­te los primeros años de aplicación del siste­ma de subsidios, es decir, entre 1971 y 1977, los gastos estaban al mismo nivel que las ganancias. Después de un período en el que los desembolsos fueron más elevados, la situación varió drásticamente. En 1989 los ingresos fueron de 929 millones de coronas suecas, de los cuales 474 millones se distribuyeron a los segundos periódicos más grandes, lo que significa un beneficio para el Estado de 455 millones de coronas. En el caso de que la televisión sueca empiece a emitir un canal comercial, sin duda alguna los ingresos serán mucho mayores.

Cuando se introdujo el sistema, su fin era el de controlar o desarmar una de las ten­dencias de la economía capitalista: la ten­dencia a la supervivencia del más fuerte a costa del más débil. Indudablemente, el sis­tema ha logrado su objetivo: la mortandad de la prensa dejó de ser epidémica, y hoy en día no pasa de una simple gripe. Pero ha habido que pagar un precio por este logro, y al parecer, al desarmar una tendencia de la economía capitalista se han desarmado también otras tan importantes como la crea­tividad y la capacidad de reconstrucción y renovación. Una de las consecuencias del sistema es la ausencia casi total de periódi­cos nuevos en sueco. De los periódicos de hoy, solamente cuatro se establecieron des­pués de la Segunda Guerra Mundial. En la década de los 80 se establecieron tres nue­vos periódicos en las ciudades más gran­des de Suecia. Uno de ellos era un ganador típico, la variante sueca del Financial Times, y los otros dos fracasaron.

De manera que el sistema de subsidios a la prensa fomenta una empresa desigual, sin embargo, vital. El sistema tiene probabi­lidades de subsistir en un futuro próximo, principalmente por dos razones. En primer lugar, existe espacio más que suficiente para la creación de empresas dinámicas en otros sectores del campo de los medios de comunicación de hoy, sobre todo en la tele­visión comercial, pero también en el merca­do de las revistas y en los periódicos espe­cializados. En segundo lugar, los partidarios del sistema ocupan los puestos más impor­tantes del poder de la Suecia actual: los pe­riodistas, el sindicato de periodistas, una buena parte de editores y la mayoría de los políticos.

 

LA PRENSA

 

Enumerar la cantidad exacta de periódi­cos de Suecia es en cierto modo una cues­tión de definición. En 1989 existen 166 pe­riódicos en Suecia. Casi la mitad circulan durante seis o siete días a la semana, y la ti­rada de estos 82 periódicos es de 505 por cada 1.000 habitantes. Muchos de los perió­dicos regionales se publican y se distribu­yen en diferentes ediciones locales. Se compone, por lo tanto, de un periódico cen­tral con un encabezamiento diferente y alre­dedor de cuatro páginas distintas para cada edición local. Si se toma este dato en cuen­ta, el número de periódicos suecos girará en torno al centenar.

Existen en Suecia alrededor de 75 pro­pietarios de periódicos. Algunos de ellos son magnates de la prensa local, proceden­tes de familias que fundaron uno o dos pe­riódicos en el siglo XIX, mientras que los magnates de hoy en día poseen una cadena de periódicos. Son los grandes propietarios los que dirigen el sector, y se calcula que los 12 propietarios mayores controlan las tres cuartas partes de los periódicos en cir­culación. Los propietarios son empresas privadas y organizaciones que cuentan con el mismo número de acciones, aproximada­mente, que algunos consorcios. Las organi­zaciones más importantes son las máquinas políticas del Partido Socialdemócrata y del Partido de Centro (anteriormente Partido de los Agricultores). Antes, la prensa del parti­do estaba en manos de las ramas locales, pero hoy en día existen aparatos bastante centralizados que administran la prensa.

Ningún magnate de la prensa internacio­nal ha tenido la oportunidad de establecer­se en Suecia. Por otra parte, un conjunto de empresas de Suecia, llamado el grupo Bon­nier, ofrece el perfil típico de una empresa transnacional multimedia modernizada, con intereses diversificados en otras ramas de la economía, además de controlar las dos revistas más importantes de Suecia. Sus in­tereses suben, pero ninguna sienta sus ba­ses en la prensa diaria.

 

RADIODIFUSIÓN

 

La Corporación Sueca de Radiodifusión tenía el monopolio de la radiodifusión, pero, desde 1978, la situación ha empezado a cambiar rápidamente. Existen emisoras in­dependientes de barrios, y hay compañías privadas por satélite y cable que llegan a muchos televisores suecos. El satélite escandinavo ScanSat TV3 se transmite me­diante cable a 614.000 hogares, e incluye publicidad pagada (un cuarto canal de pro­piedad privada está en vías de formación), y el debate, antes tan acalorado, sobre la conveniencia de introducir publicidad en la televisión sueca se ha evitado a efectos prácticos. La sensación generalizada es de que habrá como mínimo un canal difundi­do de televisión comercial en un futuro pró­ximo.

La Corporación de Radiodifusión sueca se estableció según el modelo proporciona­do por la BBC. Se financia mediante los im­puestos de las familias, y cuenta con dos ca­denas de televisión nacionales y cuatro re­des de radio. La sociedad, o mejor, el grupo de sociedades, son propiedad, sin fi­nes lucrativos, de organizaciones popula­res, como el TUC de los trabajadores ma­nuales y administrativos, la organización central de movimientos cooperativos, las iglesias, etc., la prensa y el sector comer­cial. Los propietarios nombran a cinco miembros del Consejo, y el Parlamento nombra a siete. Un par de leyes y de direc­tivas y un convenio con el Gobierno esta­blecen las líneas maestras de funcionamien­to de la sociedad.

El control indirecto del Estado y del Parla­mento se ha organizado de una manera ele­gante. El convenio de propiedad demuestra de qué manera el Estado, mediante el reco­nocimiento oficial de la legitimidad de inte­reses de las principales organizaciones y empresas, las mantiene sujetas al monopo­lio estatal. Y además, los ciudadanos parti­culares tienen la oportunidad de influir en la radiodifusión a través del Consejo de Ra­diodifusión, creado a imagen y semejanza del Consejo de Prensa. El Consejo de Ra­diodifusión es, al mismo tiempo, un instru­mento del Gobierno central para controlar los medios de comunicación difundidos y una vía que se le concede al público para señalar los programas. Todos los progra­mas emitidos pueden ser revisados des­pués de ser transmitidos por el Consejo.

Cualquier persona puede presentar que­jas al Consejo con relación a un programa, pero el Consejo tiene derecho a actuar so­lamente por iniciativa propia. El acceso de los ciudadanos particulares a un canal para controlar a las autoridades es un rasgo esencial de la política sueca (el sistema de Ombudsman de Prensa), pero en este caso está muy restringido, puesto que la revisión llevada a cabo por el Consejo se limita a determinar si el programa o la serie ha cumplido los requisitos establecidos por el Estado.

El Gobierno nombra a los miembros del Consejo. Sin ser un tribunal actúa como si lo fuera, puesto que juzga los programas, pero no tiene poder para imponer multas o penalizaciones semejantes. La mayoría de los programas condenados por el Consejo por serias violaciones son criticados por es­tar polarizados hacia una tendencia u otra. Podrían valorarse las actividades del Con­sejo diciendo que ha evitado la intervención del Estado mediante la autorregulación.

 

LA TELEVISIÓN COMO OBJETIVO

 

La victoriosa campaña a favor de una te­levisión comercial se encuentra paralizada en el momento de realizar este escrito. Todo el mundo está esperando propuestas concretas acerca de cómo se va a formar la televisión comercial: ¿Se tomará al Channel 4 como modelo, o no? ¿Existirá un canal de televisión independiente? ¿Quién tendrá derecho a quedarse con los enormes bene­ficios de los anuncios televisados?

Actualmente existen dos canales de tele­visión. Trabajan independientemente, con la excepción del departamento de depor­tes. El primer canal es de producción nacio­nal y el segundo, de producción regional. Ambos se distribuyen nacionalmente, con la excepción de cinco minutos dedicados a noticias regionales. La regionalización de uno de los canales acaba de empezar, y aunque actualmente esto sea una mera cuestión de estilo, en el futuro será muy di­ferente. Paralelamente a esa tendencia a la regionalización existe la tendencia a la co­mercialización. La comercialización de hoy se manifiesta en la regionalización como cuestión de estilo: noticiarios más frecuen­tes, estrenos de películas, mejora del canal, anuncios para televisión y cosas semejan­tes. Estas características normalmente desa­gradan al espectador, y se hacen con una sola intención, el agradable olor del dinero del anunciante. Por lo tanto, esos desvelos deben considerarse ensayos de la televi­sión comercial del futuro.

 

DÍAS DE RADIO

 

La campaña a favor de la televisión co­mercial será, y es hasta cierto punto ya, se­guida por la de comercialización de la ra­dio. La radio sueca tiene una alta frecuencia de oyentes, y recientemente ha sido mo­dernizada de una manera que la hará adap­table a la comercialización. Las transmisio­nes se han extendido espectacularmente; desde inicios de los 80 se han multiplicado por cuatro. Particularmente, han sido las transmisiones regionales las que han expe­rimentado un aumento más pronunciado.

La sociedad de radiodifusión transmite por tres emisoras nacionales. El perfil de la primera es el más tradicional: noticias, asuntos de actualidad, espacios dramáticos, etc. La segunda emisora está repartida en­tre música intelectual y programas para in­migrantes, y la tercera es la emisora de en­tretenimiento: pinchadiscos, entrevistas, no­ticias y música popular. El objetivo de la modernización fue la primera emisora, la emisora de radio tradicional, que abandona paso a paso el viejo modelo con una pro­gramación original que se inclina hacia es­pacios de sonido sin estructurar. Lo impor­tante es que los oyentes no apaguen la ra­dio, y que encuentren de vez en cuan­do algo que merezca la pena escuchar, en una palabra, que se comporten como los oyentes que escuchan una emisora de en­tretenimiento.

Las emisoras de radio regionales (que en Suecia se llaman radios locales) son veinti­cinco y tienen una audiencia bastante im­portante. El vasto crecimiento de sus horas de transmisión ha alterado su programa­ción. Hace diez años las dos terceras partes consistían en noticias, actualidad y depor­tes; hoy en día esa parcela se reduce a un tercio, y el entretenimiento y la música ocu­pan la mitad del horario de transmisión.

La tercera revolución en la radio sueca ha sido la introducción de la radio de barrios. La idea surgió del Partido Liberal, y se es­tableció en el paréntesis burgués del rei­nado de 60 años del Partido Socialdemócra­ta. Se inició en 1978 como experimento, pero ahora funciona de forma permanente. No se conceden permisos de transmisión a individuos, sino a organizaciones, lo cual no constituye una sorpresa para el conoce­dor de los asuntos suecos. Las organizacio­nes (cualquier partido de carácter local, un grupo de scouts, un club de emigrantes o lo que sea) costean los gastos, aunque a veces cuentan con ayudas de las autoridades lo­cales. Deben cumplir la ley de la radio de barrios y no aceptar anuncios pagados, pero no tienen la obligación de ser impar­ciales ni objetivos. Alrededor de 2.400 or­ganizaciones tienen acceso a las radios de barrio, y los más diligentes son los que por­tan un mensaje. Una tercera parte de las transmisiones las cubren confesiones reli­giosas, seguidas por organizaciones polí­ticas.

 

CONCLUSIONES

 

Con todo, en Suecia la intervención del Estado en los medios de comunicación es elevada, más alta, podría decirse, que la mayoría de los países de Europa Occiden­tal actual, y probablemente más alta que la de la Europa del Este de mañana. Esto no significa que el Estado sueco controle los medios de comunicación. Las fuerzas del mercado son muy poderosas y la tendencia más marcada es la de la comercialización de los medios de comunicación. ¿Significa esto que el clima de debate y de expresión de la opinión está dejando de ser ideológi­co para convertirse en comercial?, ¿que está pasando del paternalismo benevolente de los primeros tiempos y de la lealtad de los partidos en los medios impresos a la di­versión, el espectáculo, y las noticias instan­táneas del mundo moderno? Sólo en parte. El alejamiento de la ideología de servicio público de los medios de comunicación di­fundidos coincide extrañamente con la cre­ciente popularidad de esa misma fórmula en los medios impresos, comercialmente estabilizados por el sistema de subvencio­nes estatales. La mayoría de los nuevos pe­riodistas de Suecia no se consideran parte integrante de la industria del espectáculo. Piensan que tienen el deber de informar al público sobre las autoridades centrales y regionales (y en menor grado acerca de las empresas y de las sociedades). Por eso unen el poder al mercado: «esto es lo que tienen pensado las autoridades, y usted, es­timado lector, debe conocer esos planes porque afectan a su vida». Esta unión del poder y el mercado es el paradigma del nuevo periodismo sueco de información.

En Suecia la dualidad entre lo nacional y lo regional tiene dos caras. Las fuerzas su­pranacionales son ciertamente poderosas: la internacionalización de la información; la americanización de la vida cultural, etc. Pero también existe un regionalismo trans­nacional en dos niveles. Uno de ellos es bien sabido que lucha por la europeización de Europa, y el otro por la tradicional cola­boración nórdica. Este último ha perdido, debido a la CEE, gran parte del vigor que le quedaba, después del fracaso del intento de creación de una Federación Nórdica después de la Segunda Guerra Mundial, pero puede verse renovado en un emplaza­miento bastante distinto: la región de los Es­tados bálticos. La otra cara, en la que se ha hecho gran hincapié en este artículo, es la identidad regional interna de Suecia. Un vis­tazo rápido y simplificado a la historia de la prensa sueca en este aspecto nos indicaría lo siguiente: hasta los años 50 hubo una am­plia diversidad de periódicos en Suecia, tanto nacionales y regionales como locales. Todos los partidos contaban con periódicos nacionales y regionales, que a su vez conta­ban con lectores de procedencia social e ideológica fácilmente adivinable. Los perió­dicos de tendencia más difusa y comercial­mente más satisfactorios también tenían lec­tores de procedencia social fácilmente de­ducible, y a ésta hacían referencia los textos periodísticos y los anuncios de manera ex­plícita e implícita. Después de la Segunda Guerra Mundial las marcas y las referencias sociales y políticas desaparecieron o se desvanecieron. Es decir, la identidad del lector que se daba por sentada en los textos periodísticos había pasado de ser la de una persona perteneciente a un cierto estrato social (y en algunos casos perteneciente a una cierta política cultural) a la de una per­sona fuertemente arraigada en una de las regiones de Suecia. Los periódicos y las re­vistas nacionales disminuyeron a favor de publicaciones para grupos reducidos, como, por ejemplo, hombres de negocios, hombres ricos, viajeros de ferrocarril, etc. La televisión es nacional, pero alberga, como ya se ha visto, elementos regionales, que tienen una presencia todavía más im­portante en la radio.

La descentralización de los medios de co­municación públicos se ha encontrado pa­radójicamente con una centralización y ho­mogeneización del periodismo. Aunque los periodistas no constituyen un organismo profesional en el mismo sentido que los abogados y los médicos, con sus insignias y sus autorizaciones para ejercer, tienen en muchos aspectos las características propias de una corporación profesional, aunque no estén definidos los límites entre periodismo, información y relaciones públicas. Los fac­tores que contribuyen a la profesionaliza­ción de los periodistas son las vigorosas ac­tividades políticas del sindicato de periodis­tas; los códigos éticos elaborados por el Consejo de Prensa y el Ombudsman de Prensa; la adhesión al rasgo distintivo de la información imparcial y objetiva sostenida por el Consejo de la Radio, pero también significativa para la prensa escrita; el con­senso acerca de las tareas de los periodis­tas, formulado cuando se iniciaron los subsi­dios a la prensa; la estabilización y, por lo tanto, la competencia menos dura en el pe­riodismo impreso como consecuencia de las subvenciones a la prensa, y finalmente, la introducción de sistemas educativos ofi­ciales privados o estatales para los perio­distas.

El caso de la radio es un ejemplo del es­tado contradictorio de las cosas. Por una parte, la programación de radio ha sido descentralizada, y por otra, la fórmula de programación sigue siendo la misma: noti­cias, entretenimiento por doquier y música. Actualmente, los aparatos de radio sin cable ya vienen con funciones preseleccionadas, lo cual contribuye a aumentar la competen­cia entre emisoras. La respuesta de la radio a esto ha sido la emisión de una programa­ción más homogénea y la tendencia entre los oyentes es elegir un canal que tenga sa­bor regional. Los sentimientos nacionales no han muerto; eso queda demostrado por la vacilación demostrada a la hora de unirse a la CEE, pero la política nacional y los polí­ticos están perdiendo sus seguidores tradi­cionales, y la subordinación al Estado bene­volente y paternalista está disminuyendo.

El sistema corporativo de medios de co­municación sueco probablemente sobrevivi­rá al asalto de las fuerzas de mercado, o lo que es lo mismo, a la desconfianza del públi­co, a la campaña de los conservadores y los liberales, y a la diligencia de algunas empre­sas privadas, pero no quedará inmune.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Una visión general en inglés de la prensa de los países nórdi­cos puede encontrarse en: Robert G. Pricard: The Ravens of Odin. The Press in the Nordic Nations. Iowa Sate University Press, 1988.

Si leen en la lengua escandinava, encontrarán información bá­sica (y no sólo sobre Suecia) en un libro de texto puesto al día cada año: Stig Hadenisus & Jórgen Weibulls: «Massmedier», en En bok om press, radio och tv, Bonniers.

El anuario nórdico Pressens Arborg es otra fuente de informa­ción, así como el nuevo número cuatrimestral MedieNotiser, publi­cado por Nordicom, organización que merece la pena consultar.

El experto sueco en economía de los medios de comunicación es Karl Erik Gustafsson, que ha publicado gran número de artícu­los, ensayos y libros dentro y fuera de Suecia.

Mis puntos de vista están en parte inspirados por jan Ekecrant & Tom Olsson, Mellan makt och markand, Maturedningen, 1990.

El número de obras en las que se habla de la cuestión de la identidad nacional va en aumento.

Dos pueden bastar como introducción al tema: Peter Alter, Na­tionalismus, Suhrkamp, 1985. Erik Hobsbawm, Nations and Natio­nalism since 1870. Programme, myth, reality, Cambridge, 1990.