El sector de las telecomunicaciones

Reestructuraciones profundas

 

Ricardo Gaitán

 

Las telecomunicaciones han experimentado en la década analizada cambios notables hacia una situación de mercado y competencia. Las reestructuraciones de la industria y de los agentes básicos no siempre han sido fáciles.

 

Cuando se habla del sector de las telecomunicaciones cada día es más difícil dife­renciar el objeto que se en­cuentra detrás de este con­cepto. La delimitación con­ceptual se hace por mo­mentos difusa debido a que este sector se encuentra inmerso en uno de los campos más dinámicos de la sociedad actual como es todo lo relacionado con las tecnologías para la in­formación, concepto en el que se engloban todas aquellas actividades económicas y so­ciales que tienen que ver con el uso e intercambio de información. Es el llamado hipersector de la información.

Dentro de este hipersector, el sector de las telecomunicaciones tiene sus propias pautas de comportamiento y unas características di­ferenciadoras con el resto de las actividades económicas y sociales. Es, sin lugar a dudas, la herramienta que ha permitido que los avan­ces de la informática hayan adquirido un ca­rácter de ubicuidad y juntos nos planteen un futuro que será multimedia o no será. Sin em­bargo, la confluencia con los otros dos secto­res, informática y audiovisual, y el hecho de que se trata de un sector emergente en proce­so de reconfiguración, no impiden que se pue­da diferenciar un conjunto de agentes que conforman una suerte de modelo general del sector que puede permitir analizar de forma más ordenada las leyes que rigen la dinámica de su evolución (1) .

Se pueden destacar cinco agentes princi­pales, agrupados en dos niveles diferencia­dos entre sí: regulación y operación. Este do­ble nivel es, como veremos más adelante, uno de los principales argumentos de los cam­bios regulatorios operados en el sector. Los cinco agentes son, pues, los siguientes: 1) Operadores de red; 2) Industria de equipos, terminales y soporte lógico; 3) Proveedores de servicios; 4) Usuarios; y 5) Instituciones reguladoras.

Antes, la industria de equipos y terminales se relacionaba casi exclusivamente con los operadores de red, y éstos actuaban como proveedores de servicios que eran los que finalmente se relacionaban con los usuarios. Para ser más claros, en el caso de España, hasta hace poco Telefónica, por su situación de monopolio, era la propietaria de la red y la que comercializaba los servicios, el servicio telefónico fundamentalmente. De igual forma, el Ministerio de Transportes comercializaba y operaba el servicio télex. Los suministros de equipos para las redes provenían en su ma­yoría de una industria con fuertes lazos em­presariales con el operador, Telefónica. Esta situación globalmente definía una estructura en la que la fuerza impulsora era la capacidad de la oferta para extender los servicios frente a las demandas de los mismos. Era, en defini­tiva, un sistema que se caracterizaba ‑y esto es válido a nivel mundial ‑ por monopolios en la explotación de los servicios, mercados cau­tivos en la provisión de equipos, y la conside­ración como un todo de la red, los servicios y los terminales necesarios para el acceso a los mismos.

La situación ha cambiando muy rápidamen­te y el crecimiento de actividades y del núme­ro de participantes establece distintos ámbi­tos de actuación para instituciones de carác­ter público y privado, locales, regionales y nacionales y crea oportunidades industriales con potencialidad para conseguir importan­tes impactos socioeconómicos en cualquier ámbito geográfico. Todos los elementos ante­riores configuran un sector radicalmente dis­tinto de épocas anteriores, en el que los servi­cios de telecomunicación forman un elemen­to indispensable para la información comar­cal, el tejido económico y social, la producti­vidad y competitividad de una economía de­terminada, y en definitiva para la cohesión social y la calidad de vida del hombre de finales del siglo XX.

Ahora prácticamente se dan todas las rela­ciones posibles, incrementándose de manera notable el número de agentes que se relacio­nan con los usuarios. Asimismo, por la misma evolución del sector, seguramente en unos años los papeles de operadores, proveedo­res de servicios e industria de equipos se vean intercambiados o redistribuidos. Lo que está claro es que el gran reto de cara al futuro de las telecomunicaciones consiste en conse­guir la perfecta adaptación entre el proceso de cambio del sector, con todas sus implicaciones, y las demandas de sus agen­tes. En cómo sintonizar estos dos procesos se encuentran la mayor parte de las controver­sias que están afectando al sector en la actua­lidad en todo el mundo.

 

DINÁMICA DE EVOLUCIÓN DEL SECTOR

 

Uno de los fenómenos más característicos de la evolución del sector de las telecomuni­caciones en los últimos años es lo que se denomina frecuentemente "expansión del sector". Detrás de este concepto se encuentra la mayoría de las causas que están motivando los cambios recientes, y originando que en la actualidad el sector constituya uno de los so­portes básicos de la sociedad futura, como veremos más adelante. El concepto de ex­pansión del sector surge por un proceso de convergencia de múltiples factores económi­cos, tecnológicos, institucionales y sociales que, sin embargo, se pueden concretar en tres fundamentales:

 

‑ La internacionalización de la economía.

‑ La evolución tecnológica.

‑ Los procesos de desregulación acometi­dos en los principales mercados.

 

En primer lugar, el creciente uso de la infor­mación en cualquier actividad económica como un factor de producción más y el au­mento de la interconexión entre los agentes y países han hecho que las estrategias en los mercados tengan una consideración de globalidad con límites geográficos de orden internacional. Dentro de este contexto las nue­vas actividades empresariales necesitan es­tar fuertemente apoyadas en los servicios de telecomunicación y éstos a su vez potencian la posibilidad de los agentes económicos para mejorar su competitividad dentro de la socie­dad de la información. Es un proceso que se realimenta y que está produciendo la cons­tante actualización del equilibrio entre de­manda y oferta de los servicios.

Por otro lado, la evolución tecnológica ha jugado un papel fundamental para que tanto la informática como las telecomunicaciones hayan avanzado a ritmos vertiginosos y casi incontrolados. Los servicios y sus medios de transporte se han ido superando en progre­sión geométrica desde la creación de la tele­grafía. Hasta los primeros años 80 se mani­fiesta el predominio de los servicios tradicio­nales, la propia telegrafía, el télex y la telefo­nía básica, con una clara adecuación de las redes al tipo de servicio soportado. Quizás se pueda hablar como paradigma de la separa­ción entre las redes y los servicios la apari­ción del facsímil, que, aunque conocido des­de mucho antes, su verdadero crecimiento se produce en los años 80.

Algunos expertos sitúan en 1979, con la ce­lebración de la tercera edición de la Exposi­ción Mundial de Telecomunicaciones (TELE-COM'79) en Ginebra, el punto de inflexión para el establecimiento de la aplicabilidad de unas tecnologías hasta ese momento lejanas a los usuarios. Entre los principales factores tec­nológicos de este proceso evolutivo cabe se­ñalar:

 

‑ La microelectrónica, que ha permitido la reducción de costes, tamaños y consumo de energía a la vez que la capacidad de almacenamiento y tratamiento de la infor­mación han aumentado exponencialmente.

‑ La digitalización (2) de las señales a trans­mitir ha permitido aprovechar los avan­ces de la microelectrónica y conseguir con ello transmitir y recibir mayor canti­dad de información, mejorar las calidades y reducir los tiempos de respuesta.

‑ La utilización de nuevos medios y sopor­tes de transmisión en los equipos y redes, como la fibra óptica (3), los satélites (4) y las comunicaciones por radio, han supues­to importantes ventajas como la capaci­dad de transmitir más señales a la vez, mejor calidad y mejores condiciones de costes.

‑ Todo lo anterior ha permitido el aumento de la inteligencia de las redes y equipos y, con ello, la capacidad de gestión, opti­mización de los recursos y la posibilidad de ofrecer más y mejores servicios.

 

En tercer lugar, lo que hace no muchos años era un sector muy estable en el que las reglas del juego estaban fijadas prácticamente des­de principios de siglo, y pocas eran las nove­dades, se ha convenido en un efervescente y continuo proceso de adaptación reglamenta­ria. Efectivamente, la organización del sector seguía un esquema rígido, con escasas dife­rencias entre los diferentes países. La existen­cia de monopolios en la prestación del servicio por la consideración de este sector como un monopolio natural es decir, un sector con costes marginales decre­cientes con el aumento del output y con eco­nomías de escala importantes por la necesi­dad de acometer cuantiosas inversiones en inmovilizado material, es decir, en las redes necesarias para prestar el servicio. A estos aspectos habría que añadirles el estar consi­derado como un servicio público básico con lo que ello conlleva a la hora de valorar el cumplimiento de las leyes del mercado.

Sin embargo, la transformación radical pro­ducida por los dos fenómenos anteriores, la internacionalización y los desarrollos tecnoló­gicos, provocó que en los primeros años 80 se plantearan reorganizaciones del sector en los mercados más avanzados, como es el caso de los Estados Unidos, que dieran respuesta al incremento de actividades y, a fin de cuen­tas, a la expansión del sector. A todo este proceso, que habría que llamar de re‑regula­ción, se le dedica más adelante una atención especial por su trascendencia para compren­der mejor la evolución reciente del sector.

La consecuencia del proceso de expansión del sector de las telecomunicaciones es que actualmente su dinámica de evolución va asi­milándose cada vez más a la de cualquier sector de actividad económica. Es decir, exis­tirá un conjunto de fuerzas que definirán la competencia dentro del sector. Para su análi­sis puede ser válido seguir el enfoque de M. Poner con una adaptación a las especiales características del sector de las telecomuni­caciones (5). Como es bien conocido, según Poner, el estado de la competencia en un mercado depende de cinco fuerzas. A estas cinco fuerzas habría que añadir una sexta constituida por la acción de las instituciones reguladoras, fundamental dentro de este sec­tor, y algunas consideraciones sobre la con­cepción del sector como un mercado global, lo que constituiría una séptima fuerza.

Brevemente, las siete fuerzas definidas, y algunas apreciaciones que servirán para la mejor comprensión de los párrafos posterio­res son las siguientes:

 

-         Amenaza de nuevos competidores.

-         Poder negociador de los usuarios.

-         Poder negociador de. la industria de equi­pos y los proveedores de servicios.

-         Amenaza de productos o servicios alter­nativos.

-         Grado de diversidad y competencia in­terna.

-         Presión reguladora.

-         Características globales.

 

EL MARCO REGULATORIO

 

La transformación del sector de las teleco­municaciones ocurrida en los primeros años 80 tuvo su primer hito importante en 1984 cuando el ya famoso juez Greene propició la disgregación de la AT&T (American Tele­phone and Telegraph). Hasta ese momento, como en todos los demás países, en Estados Unidos la prestación de los servicios telefóni­co y telegráfico estaban organizados en es­tructura de monopolio, aunque en este caso el servicio no era prestado por parte del Esta­do. AT&T era una empresa privada sujeta a reglamentación (6) que en este año de 1984 daba servicio a cuatro quintas partes de los abonados de EEUU, siendo la quinta parte restante atendida por empresas independien­tes, por ejemplo GTE (General Telephone and Electronics) (7).

Con estos antecedentes, la Comisión de la UE publicó el 30 de junio de 1987 el Libro Verde sobre el desarrollo del mercado co­mún de los servicios y equipos de telecomu­nicación con la intención de abrir un debate entre todas la partes interesadas.

El proceso desencadenado por el Libro Ver­de supuso un largo periodo de avances, críti­cas y discusiones y posicionamientos encon­trados que han dejado en el camino múltiples directivas, resoluciones, recomendaciones en las que aquí no se va a entrar, únicamente recordar, por ejemplo, las correspondientes a la que abría a la competencia el mercado de los terminales (8), la Directiva del Consejo sobre la oferta de red abierta (ONP) para el acceso a las redes de forma homogénea (9), la Directiva de Servicios (10), etc.

 

Como uno de los últimos hitos en este pro­ceso (11), es necesario hacer referencia a la resolución del Consejo de la UE de julio de 1993 en la que, reconociendo como factor clave la independencia de los organismos de telecomunicación para la determinación de la política comercial y la necesidad de que los organismos de telecomunicación puedan dar respuesta al incremento de la competencia en el mercado global, se consideran una se­rie de objetivos importantes.

El documento termina haciendo un llama­miento y respaldando la intención de la Comi­sión de:

 

Publicar, antes del 1 de enero de 1994, un Libro Verde sobre comunicaciones móvi­les y personales (12);

Publicar, antes del 1 de enero de 1995, un Libro Verde sobre la futura política de infraestructura de las telecomunicaciones y las redes de televisión por cable (13);

Preparar, antes del 1 de enero de 1996, las necesarias modificaciones del marco normativo comunitario a fin de realizar plenamente la liberalización de todos los servicios de telefonía vocal pública antes del 1 de enero de 1998. Para los Estados miembros con redes menos desarrolla­das, España, Irlanda, Grecia y Portugal, se concede un periodo transitorio adicional de cinco años como máximo. Para las re­des muy pequeñas, caso de Luxemburgo, se concedía la posibilidad de un periodo de dos años como máximo.

 

En el caso de España el debate es igual­mente intenso. Aunque hay una plena coinci­dencia en que hay que liberalizar el sector pero la cuestión es cómo, cómo hacer compatible los efectos positivos que sin duda los tiene, con las exi­gencias de preservar servicios públicos de carácter universal. Así, el primer paso se dio en 1985 cuando se creó la Secretaría General de Comunicaciones (SGC) y la Dirección Ge­neral de Telecomunicaciones (DGTel) (14) para llevar a cabo el desarrollo legislativo y reglamentario basado en la Ley de Ordena­ción de las Telecomunicaciones (LOT), y de­sarrollado posteriormente con el Plan Nacio­nal de las Telecomunicaciones (PNT) y el nue­vo Contrato del Estado con Telefónica.

La LOT se publicó por primera vez en 1987 pero se vio rápidamente sobrepasado por la evolución de las normas comunitarias y publi­cada nuevamente por la Ley de Modificación de la LOT en 1992. Esta Ley creó el Consejo Asesor de Telecomunicaciones como máxi­mo órgano asesor del Gobierno sobre esta materia con representación de las Adminis­traciones Central, Autonómica y Local, la in­dustria fabricante, los usuarios, sindicatos, etc. El Consejo Asesor quedó constituido en octu­bre de 1991 en una sesión en que se presen­taron la propuesta de modificación de la LOT y el borrador del PNT. Respecto al PNT hay que señalar que es el instrumento básico por el que se orienta el desarrollo y evolución de los servicios de telecomunicación y de las infraestructuras asociadas a ellos.

Por último, el nuevo Contrato del Estado con Telefónica de España se firmó el 26 de diciembre de 1991 para regular las relacio­nes de este operador de red durante los si­guientes 30 años. En él se fijan unos objetivos de extensión del servicio telefónico básico y el cumplimiento de unos niveles de calidad que deberán ser marcados en lo sucesivo por el PNT, como así ha ocurrido. Este contra­to posiblemente deberá ir revisándose de acuerdo con los acontecimientos a nivel co­munitario, pues en él se concede a Telefónica la prestación de algunos servicios que en el futuro serán liberalizados.

Después de todo el proceso de adaptación del sector, todavía en marcha, en el momento de publicar el informe, la situación se podía resumir brevemente en varios rasgos defini­torios. En primer lugar, el mercado de equipos terminales estaba completamente liberalizado y se había establecido para ello un procedimiento de homologación y aceptación técnica. El monopolio del servicio telefónico básico, como ya se ha comentado, terminará en una fecha anterior al 2003 dependiendo de factores como la reforma de las tarifas, la consecución del servicio universal y su consi­guiente financiación.

Otro elemento importante son los servicios móviles. Existían tres operadores del servicio radiobúsqueda de carácter nacional y cerca de sesenta licencias de carácter local. Había miles de licencias de telefonía móvil de auto­prestación de carácter privado y en el trunking estaba en esos momentos en marcha un con­curso para un máximo de 24 licencias (15).

En los servicios de valor añadido existe una situación de liberalización, con proveedores, por ejemplo, de servicios videotex, o de ser­vicios de valor añadido para la red inteligente (servicios novecientos) y había cinco licen­cias de conmutación de datos concedidas. En el campo de los servicios de comunicación por satélite existe una liberalización parcial, a la espera de que existan directivas comunita­rias más concretas. También hay que señalar, por su importancia en el desarrollo futuro de las telecomunicaciones, la normativa sobre comunicaciones por cable que en la actuali­dad sigue en proceso de discusión.

Este tema será probablemente el motivo de discusión prioritario en el corto plazo por su importancia en el salto cualitativo que supo­nen las comunicaciones de banda ancha y la instalación masiva de fibras ópticas.

 

LA EVOLUCIÓN DE LOS ÚLTIMOS ANOS

 

En el año 1982 hablar de telecomunicacio­nes en España era prácticamente hablar del servicio telefónico y por tanto de Telefónica. Y si se echa una mirada a las Memorias de Tele­fónica de la última década, entendida grosso modo desde 1982, se pueden deducir algu­nos rasgos significativos de estos años pasa­dos. Como decía su presidente, Luis Solana, en 1982, se trataba de un "año‑puente" en el que Telefónica, y por tanto las telecomunica­ciones, se enfrentaban a tres retos principa­les: la marea de nuevas tecnologías, inventos y aplicaciones, y el consiguiente impacto en la Compañía, la demanda de la sociedad para el cumplimiento de los compromisos de servicio público y, por último, la estabilidad financiera de la Compañía.

Asimismo, en la Memoria se especificaba que la Telefónica, siguiendo las directrices del Plan Electrónico Nacional (PEN) asumiría la coordinación de la política tecnológica y que "a través de sus compras e inversiones sirva de impulso y desarrollo del sector elec­trónico". Para ello, se trazaban como objetivos prioritarios la realización de una política sec­torial que atendiera simultáneamente a la ex­tensión y la calidad del servicio, a la genera­ción de tecnología, al mantenimiento de la capacidad productiva y el empleo en el sector electrónico. Es decir, se pretendía convertir a la Compañía en el motor de desarrollo de los servicios, la industria y las tecnologías punta.

Dentro de los datos ofrecidos en la Memo­ria, se concede importancia destacada a la extensión del servicio en el medio rural y a la mejora de la gestión y atención a los abona­dos mediante el acceso centralizado y de for­ma mecanizada a la información que permi­tiera reducir los plazos de atención. En con­creto, en ese año se automatizaron 108 cen­trales que eran manuales, con lo que se alcan­zó el 98,6 por ciento de automatización de las líneas urbanas.

El Mundial de Fútbol supuso un impulso importante por la utilización en el uso de las comunicaciones por satélite de la red INTEL­SAT y sirvió para hacer la primera experien­cia real del servicio videotex (comercializado con el nombre de Ibertex) que en aquellos momentos iniciaba su andadura en España. Con respecto a otros servicios, al margen del servicio telefónico, el servicio mensafónico contaba en 1982 con 9.518 abonados, y la telefonía móvil automática estaba implantada en Madrid y Barcelona con un total de 618 abonados. De forma incipiente se presentaba la red IBERPAC con la incorporación de los protocolos internacionalmente normalizados, contando por aquel entonces con 12.606 co­nexiones. Todas ellas cifras muy modestas para lo que hoy día se ha alcanzado.

La situación de partida en este año 1982 es por tanto de expectación, con algunos ligeros síntomas de los problemas estructurales que se manifestarían más adelante. Si se resumen en unos pocos trazos lo que han supuesto los años que transcurren hasta el año 94, se pue­de señalar brevemente lo siguiente.

La entrada del gobierno socialista a finales de 1982 supuso la aplicación de una política de modernización general del país y de refor­mas estructurales que tuvieron como primer frente la reconversión de algunos sectores industriales obsoletos. Estas y otras priorida­des tuvieron como contrapartida la menor atención al sector de las telecomunicaciones, que por aquella época quizás no manifestara los síntomas de expansión que luego se produ­cirían.

Una de las actuaciones más reseñables fue la política de atracción de empresas multina­cionales, aunque a la postre no se obtuvieron los resultados esperados. Después de la apli­cación por Telefónica de su propia política industrial, actuando como locomotora del sec­tor mediante su poder de compra, a mediados de la década se dio un cambio importante de estrategia con el concepto de holding circu­lante. Por estas fechas se mantiene un nivel de inversiones bajo por cuestiones económicas.

En 1985 se crea la Secretaría General de Comunicaciones y la Dirección General de Telecomunicaciones para llevar a cabo el de­sarrollo legislativo y reglamentario, con tres objetivos prioritarios: La Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (LOT), el Plan Na­cional de las Telecomunicaciones (PNT) y el nuevo contrato del Estado con Telefónica, de lo que ya se han dado datos anteriormente.

En 1986 se inicia un proceso de reactivación económica mundial cuyas repercusiones en España son el crecimiento de la demanda, que coincide además con la entrada de España en la Unión Europea. La apertura de mercados que esto produce se realiza acudiendo a la importación debido a la debilidad de la industria española. No sólo esto, sino que la necesaria modernización de las infraestruc­turas de cara a la creciente competencia del mercado supone la necesidad de incrementar las inversiones acudiendo a suministradores foráneos, como es el caso de AT&T Network Systems, que entra como tercer operador.

En este contexto se produce entre los años 87‑88 el abandono por Telefónica de sus par­ticipaciones en los principales fabricantes, Alcatel e Intelsa y las fusiones de Eria‑Entel, Inisel‑Amper, Inisel‑Ceselsa, etc. Se trataba de las primeras remodelaciones de las es­tructuras empresariales de cara al mercado europeo.

El comienzo de la década de los 90 viene asociado a un período de depresión econó­mica, todavía en vigor, en el que brillan por su ausencia las ayudas al sector, primando las ayudas horizontales, fruto también de las di­rectrices emanadas desde la UE. A finales de 1992 se presenta un panorama de recesión de la demanda y de problemas en las empre­sas del sector que en estos momentos no parecen vislumbrar su foral.

La situación a finales de 1993 (16) y las principales estadísticas de estos años se re­sumen en los párrafos siguientes.

 

1. En el servicio telefónico se produce una reducción muy importante de la lista de espera y un aumento de la calidad de las llamadas.

2. Se aumentó el grado de digitalización de las redes y de las prestaciones ofrecidas por estas redes mediante la instalación masiva de fibras ópticas.

3. Se incrementó la diversidad en los servi­cios ofrecidos por Telefónica y otros ope­radores (Retevisión, Hispasat, etc.). Las grandes novedades son la aparición de las líneas IBERCOM, RDSI, GSM, servi­cios de inteligencia de red, la fibra ópti­ca, líneas multiservicio, redes privadas virtuales, etc.

4. Se ha producido una importante reduc­ción de los desequilibrios territoriales manifestado en la extensión del servicio en las zonas rurales, en las que se ha introducido la telefonía rural de acceso celular, el crecimiento del servicio en tér­minos porcentuales entre estos años ,y en el incremento del servicio en los hogares de los municipios más pequeños.

5. Por parte de Telefónica se instalan casi tantas líneas como las que había (el au­mento de las líneas se ha producido fun­damentalmente en el sector residencial. Además, el 22 por ciento de las líneas del sector empresarial representan el 54 por ciento de la factura telefónica). Se produ­ce un incremento del 77,9 por ciento de líneas en servicio.

6. Se consolida la presencia internacional, tanto en la gestión directa en operadoras de ocho países de Europa y América como en la presencia de organismos in­ternacionales. Empezando por la gestión de Telefónica de Argentina, después ven­drían Startel, Movistar y Páginas Doradas en Argentina, CTC, Publiguías y Entel en Chile, CANTV de Venezuela, Telefónica Larga Distancia de Puerto Rico, Telefónica Romania, Contactel en Portugal, Telefo­nía Móvil de Uruguay y su participación en Infonet para la transmisión internacio­nal de datos. La licencia para móviles en Uruguay y Colombia o el acuerdo con Unisource son las últimas actuaciones.

7. Se produce un acercamiento a los pa­rámetros de los países de la UE aunque todavía persistan diferencias significati­vas: las líneas en servicio por 100 habi­tantes pasan de 21,3 a 36,5 desde 1982 a 1992, y el porcentaje de hogares con te­léfono pasa del 50,7 por ciento al 80,0 por ciento en el mismo periodo.

8. Se está produciendo un incremento nota­ble en los servicios telemáticos y móvi­les, en el que la apertura de los mercados es un factor clave.

 

 

 

NOTAS

 

(1)  Ricardo GAITÁN/Mª Ascensión ESCARIO/Mª del Rosario LOPEZ, Las telecomunicaciones españolas ante el mercado único. Consecuencias en la industria y los servicios. Fundesco, 1992.

(2) La digitalización de las redes, antes analógicas, permite la transmisión de cualquier tipo de información, voz, datos, imágenes, textos, como secuencias de unidades binarias (bit) completamente independientes de la red soporte. Además permite reducir el tamaño de los equipos, el abaratamiento de las comunicaciones y mejorar su calidad.

(3) La fibra óptica permite la transmisión por medios ópti­cos, es decir rayos de luz, cuyo espectro de frecuencias más amplio hace posible el envío de mayores cantidades de infor­mación, a la vez que mejora la calidad de las comunicaciones y la compartición de éstas por múltiples servicios.

(4) Los satélites, al igual que la fibra óptica, permiten la optimización de las redes y su mejora en cuanto a potencia, espectro de frecuencias utilizadas y el aumento de la vida útil constituyen una importante alternativa a las transmisiones a larga distancia.

(5) Para profundizar en este desarrollo ver GAITÁN, ESCARIO y LOPEZ, op. cit.

(6) El mercado de telecomunicaciones en Estados Unidos ha estado regulado desde la Communication Act 1934 por la Federal Communications Commission (FCC) con amplios po­deres que cubren las tarifas, los métodos de financiación, distribución de beneficios, etc.

(7) Sobre este tema se puede profundizar en La crisis de las telecomunicaciones, Diego López Garrido, Fundesco, 1989.

(8) Directiva de la Comisión, 88/301/CEE, de 16 de mayo de 1988, relativa a la competencia en los mercados de terminales de telecomunicaciones.

(9) Directiva del Consejo, 90/387/CEE, de 28 de junio de 1990, relativa al establecimiento del mercado interior de los servicios de telecomunicaciones mediante la realización de la oferta de una red abierta de telecomunicaciones.

(10) Directiva de la Comisión, 90/388/CEE, de 28 de junio de 1990, relativa a la competencia en los mercados de servicios de telecomunicaciones.

(11) Después de la redacción del Informe FOESSA se han producido hitos importantes que es necesario resaltar, como son la publicación del Libro Blanco de Delors sobre Creci­miento, competitividad, empleo, retos y pistas para entrar en el siglo XXI, el Informe Bangemann, la comunicación de la Comisión en respuesta a este informe Europe's way to the information society, an action plan, o la última conferencia del G‑7 sobre la Sociedad global de la información.

 (12) Publicado en abril de 1994.

(13) De este Libro Verde existen ya dos partes publicadas que se encuentran en estos momentos en proceso de análisis.

(14) La Secretaría General de Comunicaciones fue creada con rango de Subsecretaría por Real Decreto 1209/85 y la DGTel fue creada por Real Decreto 1289/85.

(15) Recientemente el Ministerio concedió por concurso dos licencias de servicio móvil paneuropeo GSM, la primera a Tele­fónica y la segunda a Airtel, un consorcio participado entre otros por los bancos BCH y Santander y el socio tecnológico AirTouch(16) Cuando se publicó el Informe FOESSA.