Revista Candidus Año 1 - No.10 - Junio / Julio 2000

EL FORASTERO
Prof. Enrique Mujica
La Soga que se revienta corriendo mismo se empata

Damaso Figueredo

(de los cantares del llano)

Yo estaba serruchando unas totumas cuando llegó el forastero. Como a mediodía llegó. Tenía puesta una franela rota y sucia, tan rota que se le veía casi to’ el pecho pelao. También tenía rotos los pantalones y las alpargatas. Ya estaba en el patio cuando mi papá empezó a examinarlo. -«... y de dónde viene usté, amigo»-, le dijo, cuando yo me acerqué. -«De San Francisco e Tiznao»-, le dijo el hombre. Me acuerdo que era un tipo flaco, de bigotes, que hablaba bajitico y viendo el suelo. Andaba buscando trabajo y ya tenía tres días en Los Bancos. En esas tres noches había dormío en el suelo y había comío porque la gente le había regalao la comía. -«Usté ha bregao con una jacha, ¿verdá?-. Le dijo mi papá. -«Sí, yo le jacho por los dos laos. Yo he tumbao palo y he cortao bastante leña. También he tumbao roza»-. Ai fue que mi papá le dijo: «Bueno, yo tengo un trabajo pa’ usté aquí, pa’ que empecemos mañana por la mañanita. Vamos a tumbá un masaguaro grande que está por aquí cerca, que tiene como treinta estantes. Con esos estantes vamos a reforzá aquella cerca, que fue que este año la acabó la candela». El hombre menió la cabeza diciendo que sí y siguió viendo pal’ suelo. Mi papá llamó a mi mamá y le dijo: -«Mercedes, búscame una franela limpia y un pantalón de los muchachos»-. Entonces mi mamá trajo la ropa, mi papá la agarró y se la dio al hombre junto con un pan de jabón de la tierra. Aí le dijo: «Tome, váyase pande está aquella bomba, saque agua en la canoa y allá, atrás aquella troja, se baña y se viste. Después viene pa’ que coma». Así lo hizo el hombre. Después que comió y bebió guarapo, mi papá le dijo: «Póngase, entonces, amolá la jacha. Cójala ai en ese rincón».

Esa tarde tuvo el hombre amolando la jacha en un mollejón. Mi papá tenía siempre unas buenas piedras de amolá allá en la casa. Se las traían de Ortiz, que era donde se conseguían. «Esta es una piedra buena, de grano», decía él cuando se le dejaban allá los carreteros. Esa tarde dejó el hombre la jacha como pa’ afeitarse. Después que la amoló, mi papá lo llamó y le dijo: -«Yo le voy a da un chinchorro ’e hilo que tengo ai, pa’ que duerma. Esta noche lo cuelga en aquella culata. Lo deja pa usté. Después me lo va pagando con el trabajo». -Aí le dio el chinchorro al hombre junto con una cobija. Un chinchorro ’e hilo nuevecito que mi papá colgaba en veces, pa’ fresquiá, en el corredor.

            Esa noche temprano el hombre se acostó. Ese otro día, tempranito, casi oscuro nos levantamos, porque nosotros también íbamos ayudá tumbá el masaguaro. Ya estábamos en el corredor cuando buscamos al hombre en el chinchorro. Ni los colgaderos dejó. Se había ido. Mi papá se quedó callao, viendo pa’ la sabana que toavía estaba oscura. Entonces dijo: -«Bueno, se llevó la ropa y la cobija y el chinchorro, pero nos amoló la jacha y nos amoló a nosotros»-.

Tomado de:

NOVELA ACENTO DE CABALGADURA – Universidad de Carabobo - 1990

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