Revista Candidus Año 1 - No.10 - Junio / Julio 2000

RESISTENCIA ABORIGEN

Rubén D. Nunez B.

El aborigen nuestro sufrió implacablemente el bárbaro trazo de la conquista española. Aunado a la irracional fuerza de sus rústicos navegantes, la ideología cristiana, también hurgó en nuestra cultura para desarraigarla, para sentenciar el desencuentro del indígena con su particular modo de ver el mundo. Su mundo. La «brutalidad civilizatoria» de aquel encuentro con los europeos marcó el continente con el aberrante y ambiguo hierro de la espada y la cruz.

            El mazo y la oración, dueños de una cotidianidad colectiva los indígenas americanos fueron creando una cultura de resistencia, ante la bestial diezma, el inhumano desplazamiento y el ominoso olvido. La neo-cultura globalizadora - ni siquiera ella - ha logrado borrar la pervivencia de sus leyendas, el grabado de sus creencias y la constante presencia de sus huellas artísticas. Nuestra cultura vive, en los agónicos gritos de nuestros hombres, a pesar de los sepultureros de cultura de ayer y de siempre.

I

De instrumentos los carrizos, el botuto, la guarura, del indio tradición para sus creencias y sus hechizos los utensilios que hizo Mara, Hamaca, Sebucán, a la cultura le dan a ritmo de mare-mare un rico olor a casabe y a flores de Motatán.

II

Cafunga, cambur, batata, alimentos africanos y el negro de nobles manos le da ritmo a la bachata, a una fulía se ata el luengo negro, al sangueo y un sonoro regodeo le hace parir al bongó, canto negro que templó resistencia al europeo.

III

En nombre de Dios diezmaban al indio y su población y el español su oración a sangre y fuego le daba, el indio se revelaba buscando en su cultura luz, pero pronto el alcabuz con su grito lapidario quiebra el grito libertario junto a la espada y la cruz.

IV

De esta tierra eres raíz y antes fuiste la semilla, sangre de tu propia trilla todo un hombre de maíz, en alto indio tu cerviz bien alto tu pensamiento, esparce tu voz al viento y clava al español tus penas, que la historia lo condena a un crudo remordimiento.

 
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