MAÑANA SERÁ OTRO DÍA

 

Reflexiones de una maestra

 

Dudas, interrogantes, reflexiones nos asaltan a diario. Inundan nuestro trabajo cotidiano. Lo que deberíamos hacer, lo que en realidad hacemos, los modos de hacerlo, se entremezclan en el día a día de un oficio complejo, creativo e fascinante.

Esta puede ser una jornada cualquiera, de cualquier maestra en cualquier colegio. Nuestras circunstancias: la Administración, la sociedad, los estereotipos, los afectos, las ilusiones, las miserias, las impotencias... van moldeando nuestro día de la mañana a la noche.

 

Amanece... ¡qué no es poco!

 

Abro los ojos. Me sobresalto ¿Qué hora es? ¿Habrá sonado ya? No. Sobre la mesilla de noche, agazapado, el despertador parece esperar el momento en que podrá anunciar (gritar) el comienzo del nuevo día.

Saboreo estos últimos momentos en la cama, me acurruco bajo la tapa porque aún hace frío e inevitablemente pienso en la jornada que empieza.

¿Vendrá hoy a verme la madre de jesús? Ayer, en el recreo, intentó ahogar a un compañero. El director, enfadadísimo, me bronqueó: "Tu Jesús se ha peleado en el recreo. Tienes que hacer algo". (¡Qué injusto!) ¿No he hecho nada? Tres años como tutora (casi es de mi propiedad: "tu jesús"). Horas y horas de conversación, de razonar con "mi jesús", pueden terminar con un expediente y a la calle durante una o dos semanas. Quizás la madre no lo entienda.

No sé que ponerme. La falda que llevaba ayer le encantó a Julia: ¡qué guay maestra! Es curioso a veces lo que te acerca a los niños te separa de tus compañeros: ¡Ay, hija! ¿Estuviste el Domingo en el rastrillo? ‑ comentario jocoso de la colega de turno.

Alargo la mano hacia el despertador para desconectarlo antes de que suene, y me decido a levantarme.

Empieza la rutina: levantar a los niños, preparar el zumo, hacer el bocadillo, ducharme, lavarme los dientes, poner la lavadora... De fondo la voz de la ministra me acompaña de habitación en habitación. Gabilondo la entrevista y ella habla de su reforma: la "Reforma de las Humanidades". No puedo evitar un estremecimiento cuando escucho la palabra: "Reforma". ¿Qué van a reformar? ¿A quién han preguntado? Pertenezco a un Grupo de Trabajo de Ciencias Sociales y no nos ha llegado ningún "documento de trabajo". Será que no piensan consultarnos? ¡Caramba! mi hijo se ha ido sin el bocadillo. Lo llamo. Viene. Un besito.

Creo que voy a llegar con el tiempo justo. Elijo los pendientes, un poco de colonia (que siempre anima), cojo el bolso, la carpeta y salto al rellano. Ascensor ocupado. Lo tendrá abierto la chica del quinto esperando a su hermano.

Al pasar por el semáforo de la avenida saludo al hombre del tabaco. Su hijo fue alumno mío hasta hace dos años. Al principio hacía como si no me conociera. Creo que no le hacía gracia que la maestra de su hijo supiera que trabajaba en eso. ¡Claro! es que soy "la maestra".

Después de aparcar miro el reloj. El tiempo justo para colocarme delante de "mi fila" al sonar la sirena (mañana me levantaré un poco más temprano). ¡Sorpresa! Están todos en la calle. Han metido silicona en el candado. No podemos acceder al colegio.

Observo la indignación de mis compañeros y oigo algunos comentarios: ¡qué salvajes! Claro ¡Cómo no tienen nada mejor que hacer! ¡Si sus padres los controlaran! Seguro que no son de nuestro colegio... Comprendo la reacción de mis compañeros, pero no la comparto. ¿Acaso no tendrá la escuela su parcela de responsabilidad en hechos como éste? ¿Por qué el colegio permanece cerrado durante las tardes? ¿Qué se hace para que el barrio sienta la escuela como un espacio propio? ¿Qué emociones despierta el colegio en sus alumnos? ¿Qué espacio tienen para el ocio en sus calles? ¡Cuántos interrogantes! ¡Tan temprano! Sin duda ha sido obra de un grupo reducido pero, aún así, situaciones como ésta no deberían dejarse pasar sin hacer una reflexión sobre estas conductas y sus causas. Obvio expresar mis pensamientos. Les dedico la mejor de mis sonrisas a mis compañeros. No es el momento más apropiado para entrar en un debate sociológico sobre el tema. Bastante difícil resulta compartir y convivir para caldear más el ambiente. Nos espera a todos una dura e intensa jornada.

¡Por fin! El conserje ha cortado el candado. Podemos entrar.

 


La mañana

 

Maestra, mis padres no me dejan ir a la acampada. ¡Qué faena! A María le encanta el campo, las actividades en la naturaleza y saca unas magnificas notas. Sus padres se niegan a complacerla. No acaban de ver la utilidad de esta actividad. ¡Muchas ganas de juerga, eso es lo que tú tienes! ¿No debemos disfrutar cuando aprendemos, cuando enseñamos? Debe ser la escuela un lugar silencioso, cerrado, aislado? Sólo se aprende en el aula?

Empezamos a hacer los grupos para la acampada. Comienzan los problemas. Unos grupos son muy numerosos, en otros chicos y chicas están solos. Yo quiero dormir en la tienda... Nosotros queremos dormir en el refugio... ¿Me puedo llevar el secador?... Me hacen gracia los comentarios. Sugiero un poco de calma. Se inicia un pequeño debate sobre el sentido de la actividad. Ya se ha explicado muchas veces, pero parece que aún no lo han captado. Es su primera vez. Están nerviosos, desconcertados. Sus padres no estarán. Se enfrentan a algo desconocido. Salen del aula donde el espacio y las reglas son conocidos. Van a hacer de comer para sus compañeros. Van a experimentar sensaciones nuevas: estrellas que nunca han visto, maestros que comparten con ellos sus 24 horas, que ríen con ellos, que bailan con ellos, que marchan con ellos. Van a compartir.

Realmente aprenderán algo? ¿Es esto EDUCACIÓN? ¿Perderán muchas clases? Podrán terminar el temario? ¿Se crearán nuevos afectos? ¿Cambiará la imagen de sus maestros? ¿Sentirán la escuela de otra forma? ¿Se traerán algo de allí?

Entra el conserje. ¡Horror! claustro para esta tarde. Hay que preparar la visita del Inspector que viene mañana a vernos para lo de la "Evaluación del Centro" Ya se nos había avisado y lo tenemos todo muy preparadito: las programaciones, los registros acumulativos... No obstante imagino que habrá que concretar detalles de última hora. Tendremos que ensayar: no hablaremos mientras hablen los compañeros, no podremos salir a fumar al pasillo, no a las polémicas, todos sonriendo, foto. Espero que nos den una buena nota. No creo que sirva para nada. No recuerdo haberme entrevistado nunca con este señor para contarle mis inquietudes, vicisitudes, emociones y afectos. ¿Qué estará evaluando?

Firmo en la hoja. Se marcha el conserje. Los niños comienzan a trabajar en una de las fichas sobre poesía. Me asomo a la ventana. Luis se acerca a mí con un brillo delator en los ojos: Mi madre dice que el año que viene no vengo a este colegio, maestra. En el colegio de mi hermana hay comedor, clases por la tarde y no llegamos a casa hasta las ocho. Allí se aprende más. Los niños no van tanto de excursión y a los maestros se les llama de Don. Luis acaba de despertarme de un bofetón.

Me dará pena que se vaya, es un buen chico. Estamos perdiendo "clientes". No tenemos nuevas matrículas. Hemos llenado los buzones de octavillas donde hacemos una relación de todos los servicios que tiene el colegio: comedor, gimnasio cubierto (un aula muy pequeñita de un calor infernal), parque infantil (un tobogán y dos columpios), bailes, gimnasia rítmica (organizada por la APA)... ¿Se interesará mañana el Inspector sobre estos problemas? ¿Estarán dentro de su planificación de trabajo? Nos dará estrategias para solucionarlos?

Cambio de clase. En el pasillo tropiezo con el "práctico". Un muchacho joven con una mirada entre perdida y recelosa. Lo saludo. Un poco agobiado. No le han explicado muy bien qué hacer. ¿Qué clase de escuela le habrán dibujado en la facultad? ¿Responderemos nosotros a los estereotipos que le han vendido? Responde él a las necesidades que tiene actualmente una escuela en continuo proceso de cambio? ¿Le darán la oportunidad de poner en práctica lo que sabe? ¿Creemos en él? ¿Cree él en nosotros?... Entre tantas dudas viene a mi memoria un librito ( I ) en el que se habla de escuelas cooperativas, de maestros principiantes y de maestros consolidados, de la necesidad de ver todo de todos, de valorarnos, de aprovecharnos, de unirnos para construir una escuela cooperativa, una escuela total con maestros totales. ¿Habrá leído este muchacho ese libro? ¿Lo habrá leído Adelaida que se jubila este año?

Es mi hora libre. El director llega. Tengo que sustituir en la clase de I°. La profesora está enferma. ¿Qué hago yo ahora con los enanos?temblandito bajo las escaleras. Nunca había entrado en esta clase. Llevo siete años trabajando en este colegio. Entro en el aula. Todos en silencio coloreando su ficha. En la mesa más fichas para cuando terminen. ¿Podrán aprender estas criaturas a leer y escribir sin hacer tantas fichas? ¿Habrá otros métodos? Conozco a la compañera tutora de esta clase. No pertenecemos al mismo sindicato. Si tenemos la misma ilusión por educar. Alguien me pide ir al servicio. Vuelve. Trae los cordones desabrochados, le ayudo a abrochárselos. Los padres le exigen que sus hijos lean. La administración la sobrecarga de papeleo. No tiene tiempo para coordinarse con sus compañeros. El trabajo de elaboración de fichas le roba tiempo de ocio con su familia. Siempre está autoevaluándose. Tiene la sensación de que no lo hace bien.

Una chavalita se me acerca: ¿Cuándo viene mi maestra? Estamos preparando un teatro para Navidad. Pronto estará buena. Vendrá y continuaréis con los ensayos. Me coge de la mano y me enseña un panel que tienen en clase donde escriben cuando les apetece lo que les apetece: "A Pepi la maestra más guapa y simpática y la que mejor cuenta los cuentos" ¿Se puede enseñar a leer sin acariciar al niño mientras lee? ¿Se pueden contar cuentos sin cariño? ¿Fallan los métodos? ¿Falla nuestro nivel de compromiso? ¿Fallan los afectos? ¿Si se hace con ilusión e interés se puede hacer mal? Me despido. Se acabó la hora. ¿Vas a venir otra vez? Alguno se acerca y me da un beso.

Entro en 8°. Clase de Lenguaje. Un pequeño control. Maestra ¿es muy dificil? ¡Cuánto peso tiene un control! La palabra en sí ya es desagradable. Reparto las hojas. Doy algunas pautas para realizarlo. Los intento relajar. Empiezan la tarea. Mientras la realizan vuelvo a pensar en la palabra "control". Nosotros los controlamos a ellos. A nosotros nos controla la Administración. Ellos no se pueden saltar las normas. Nosotros no podemos saltarnos las normas. Se les dice que son libres para estudiar lo que quieran. ¿Es verdad que podrán estudiar lo que quieran? La sociedad neoliberal en la que estamos inmersos ¿les dará a todos las mismas oportunidades? Por otro lado, los padres piensan que nosotros hacemos lo que nos da la gana: los contenidos los marcamos nosotros, aprobamos o suspendemos a nuestro antojo, elegimos una u otra jornada de trabajo según nuestros propios intereses, tenemos que saber de todo... ¿Quién pone las reglas? ¿Es una cuestión política? ¿Es un dilema pedagógico? ¿Son intereses económicos? Maestra ya he terminado, ¿Dónde lo pongo? ¿Puedo salir ya al recreo? Le digo que no. Realmente no me importa. Faltan pocos minutos para que toquen a recreo. El director se enfadaría. No puede haber niños por los pasillos, no puede haber desorden. Mala imagen.

Toca el timbre. Entregan los controles. Cogen "el bocata". Salimos.

 

El segmento de ocio

 

Los pasillos silenciosos, las escaleras vacías, se llenan de niños que corren, que gritan. Las aulas se han abierto. Se percibe un cierto descentrar. Las caras de mis compañeros que bajan las escaleras están un tanto desencajadas. ¡Pero niño! ¿no puedes bajar las escaleras sin correr? ¡Por poco me tiras! El niño continúa bajando como si no fuera con él.

Avanzo hacia la sala de profesores. Alguien tira una bolita de papel de aluminio al suelo. No maestra, yo no he sido. Por fin la recoge. ¿Hasta qué punto son conscientes de la incorrección de sus actos? ¿Son conductas normalizadas y aceptadas en la calle, en casa, con los amigos? ¿Son producto del proceso de socialización en el que están inmersos? ¿Estamos hablando el mismo idioma? ¿Funcionan nuestros códigos de comunicación?

Hay por ahí un librito escrito por Hargreaves que tiene por subtítulo "Cambian los tiempos, cambia el profesorado." Los tiempos, los modos, los valores, cambian vertiginosamente. ¿El profesorado cambia? ¿Se le proporcionan estrategias para que cambie? Se nos impone un Programa de Diversificación Curricular. ¿Curricu...qué? ‑ decía Adelaida.

Huelo a café. Necesito ir al servicio. Tengo las manos ásperas de la tiza. ¡Vaya! no hay jabón. ¡Hola! no te he visto en toda la mañana ¿dónde te has metido? Sustitución en la clase de primero. Anulada la hora que íbamos a utilizar para programar las actividades de final del trimestre. Nos vemos al salir, tomando una cerveza. Haremos lo que podamos.

Tengo que ir al Pryca. En casa quieren comer. ¿Lo dejamos? No.Tomamos el café en la biblioteca. Allí hablamos.

Voy a la cocina a por el café. Me llaman ¿Me has traído la música que te pedí para la obrita que estoy preparando? Ven, tengo a los niños en el escenario. Échales un vistazo. Ahora voy.

Salgo del servicio. Me sirvo el café. Cojo dos galletas. Tropiezo con el Director. ¿Me has hecho las programaciones? Las necesito para mañana. Vale.

Maestra me he caído, ¡cúrame! Dejo el café en una silla. Voy al botiquín. Un poco de agua oxigenada. Betadine. Un besito.

Recuerdo que he dejado el bolso en Secretaría. Voy a por él. Te han llamado del CEP, tienes una reunión de Coordinación, dicen que los llames. Comunica. Intento de nuevo. Comunica. El café esta frío.

Recuerdo que me esperan los niños en la sala de usos múltiples. Acelero el paso. Llevo dos horas esperándote. Le he dicho a los niños que se vayan. ¡Nunca puedo contar contigo!

Suena la música. Se acabó el segmento de ocio. Voy hacia el patio. Estoy agotada.

En la fila una cierta frustración me invade. Tengo que volver a mi "isla". Las puertas se cerrarán. Mi pequeño tiempo de compartir se acabó. Me he acercado a lecturas (2) que hablan de la utilización del tiempo y de la necesidad del mismo para innovar, para reflexionar, para coordinarse, para formarse... ¿Dónde está mi tiempo, nuestro tiempo? Esta tarde claustro. Inoperante, tedioso, aburrido. Todo, menos pedagógico. Y yo aquí. Con otra organización podríamos. Seguro. ¿Interesa a todos esa organización? ¿Puede ser la solución el "mosaico móvil"? ¿Te organiza la organización que tenemos o te desorganiza? ¡Cuántas veces pienso en la protagonista del libro "Historia de una maestra"! Tenía su isla. Una isla viva. Su tiempo era suyo. Sólo compartido con los alumnos. No tenía que hacer programaciones, ni registros acumulativos. Sólo tenía que hacer escuela. Y la hacía. Ella se quejaba de su soledad. Creativa soledad. Ilusionada soledad. Ocurrente soledad. Reflexiva soledad. Poderosa soledad. Sólo rota por esos poderes fácticos que gobiernan sin gobernar, que existen sin existir.

Maestra, Pedro me ha pegado... Él empezó insultando a mi madre. Ahora hablamos en clase.

Nos toca. Subimos.

Mi tutoría. Preparamos la fiesta de final de trimestre. Sorteo del amigo invisible. Maestra ¿no íbamos a hablar? Se van sentando. La tranquilidad entra en el aula. Escucho el relato de lo ocurrido. Incito al razonamiento, a la búsqueda entre todos de posibles alternativas a esos "intercambios de opiniones". Como de costumbre sólo plantean un glosario de recetas, mal llamadas soluciones: Llévalos al director. Que no participen en la fiesta. Suspéndele la asignatura. Déjalos dos semanas sin recreo... Vuelvo a insistir. Analicemos. Pensemos. Razonemos todos juntos. ¿Analizar? ¿Razonar? ¿Pensar? Existen estos conceptos en las mentes de estos alumnos postmodernos? (Seré yo capaz de asomarlos a ellos?

Un profesor (3) muy entrañable ha expuesto y analizado las características básicas de esta sociedad neoliberal: pensamiento único, individualismo exacerbado, competitividad... ¡Qué difícil tarea la del maestro! ¿Con qué armas contamos en nuestras escuelas para luchar contra toda una ideología envuelta en un hermoso papel de celofán por los potentes medios de comunicación? ¿Podré yo ayudar a mis alumnos a la reconstrucción autónoma de su conocimiento? Maestra, Juan no puede participar en la fiesta, no tiene las doscientas pesetas que vamos a poner todos. Sonrío. Comenzamos el proceso. Nuevo debate. Intervenciones varias. No importa Juan, te invitamos. Se hizo la luz.

Entra el Director. ¿Qué pasa? Abelino se queja del arrastre de mesas y sillas. Estamos reunidos en Asamblea. Tratamos un tema de convivencia. ¡Ah! Recuerda que mañana tienes que entregarme las programaciones. Viene el Inspector. Termina la clase.

Salgo al pasillo. Revuelo. Compañeros reunidos. Comentarios. Ha salido la red de centros. El colegio se queda de Primaria. Sobramos profesores. Percibo miradas compasivas. ¿Seré yo? ¿Será alguno de mis colegas? ¿Podremos continuar con nuestros proyectos? ¿Se romperá el equipo? De nuevo se impone el Aparato. Conocen ellos la labor que venimos haciendo en este colegio desde hace unos años? ¿Valoran los esfuerzos realizados por un grupo de personas para traer un poco de aire fresco (¿innovar?) a esta "santa casa"? Hay lecturas que hablan de escuelas cooperativas, democráticas... donde se aúnan esfuerzos, de innovaciones que deben implicar a todo el profesorado, de no ignorar a nadie, de valorarlo todo. Libros que cuentan experiencias (4) de escuelas (de secundaria, por supuesto) donde se funciona, donde todo un colectivo de padres, profesores y alumnos marcan las reglas y el talante de la escuela que quieren, se comprometen y actúan. ¿Estarán ellos, como nosotros, en el umbral de la puerta sin saber si entran o salen? Sonrío. Tengo que seguir. Mis alumnos me esperan.

Clase de Ética en 7°. Puerta cerrada. Aula vacía. ¿Dónde están? Se han marchado a lo Depuradora. ¡Ah! nadie me ha avisado. Cambio de planes. Tengo una hora libre. Bajando la escalera tropiezo con el jefe de Estudios. ¿Estás libre? Le cuento. Él no sabía nada. Vete a lo clase de 6° que estarán solos. Allí es donde tendría que estar ahora Gustavo. Voy. ¿Lo sabría el compañero de nivel? ¿Se habrán coordinado para realizar la actividad? ¿Quién ha organizado las sustituciones para hoy? Esto funciona. Mañana el Inspector se irá contento.

¡Hola! Tú no tocas aquí ahora. Les explico. ¿Qué queréis que hagamos? Gran alboroto. Decidimos bajar a la sala de usos múltiples. Clase ocasional de Expresión Dramática. Espacio abierto. Otras normas. Imaginación. ¡Qué perita maestra! Mañana te vienes otra vez con nosotros. Disfrute. Magia.

Cierro las luces. Las persianas. Cojo el bolso. Salgo al vestíbulo. Señorita venía a hablar con usted. No es la hora de tutoría de padres. Vengo del "edificio negro" de contar lo que pasa con mi David. Usted tiene que solucionar esto. Los profesores no le hacen caso. Si no lo arreglan vendrán ellos personalmente. Una inmensa alegría me recorre el cuerpo. ¡Van a venir a ayudarnos! ¡Van a darnos estrategias para tratar a David! Muchas gracias señora, por conseguir lo que nosotros llevamos dos años pidiendo. Un besito.

 

El almuerzo

 

El ascensor no llega. Los precocinados se están descongelando.

¡Hola mamá! Tengo hambre. Enciendo el fuego. Coloco la compra en su sitio. Llega el resto de la familia. Ponemos la mesa. ¡Ay, se queman las patatas! Llaman de El Corte Inglés: ya tienen las gafas de la niña. Hay que recogerlas.

Nos sentamos a la mesa. Intercambiamos impresiones. Al niño no le gusta mucho la comida. Nos enfadamos. A mi hija se la ve más relajada: ha terminado los exámenes. Suena el teléfono. Me levanto de la mesa. No se te olvide traerme el libro que te pedí. Nos vemos esta tarde en la facultad. Llegaré más tarde: tengo un claustro.

 

Y sin embargo, te quiero

 

El claustro se ha prolongado. Tengo que darme prisa. No llego. ¡Hola maestra! ¡Cuánto tiempo sin verte! Está monísima, hecha ya toda una mujer. Me alegra enormemente verla. Voy muy bien pero, echo de menos el colegio. El Instituto es diferente. A todo hay que adaptarse. Tú eres capaz. Un besazo.

¡Cuántas vivencias hermosas con los chavales! ¡Cuántos momentos nolvidables! Maestra ¡cuántas estrellas! ¡Si parecen de mentira! Recuerdan el colegio. En el Instituto las relaciones se despersonalizan. Van camino de la "jungla". El valor de los afectos se va perdiendo. ¿Podemos educar sin afectividad? ¿Se puede aprender sin motivación? ¿Motivan los afectos? Me adelantan por la derecha. ¡Menudo susto! Hargreaves invita a los profesores de secundaria a huir de la alcanización. ¿Existen lazos lógicos y razonables que conecten: Escuela, Instituto, Universidad? ¿Intercambios que aglutinen esfuerzos y proporcionen mejores resultados? ¿Vamos todos "a una"?

No hay dónde aparcar. ¡Lo logré! Tengo el tiempo justo de tomar un café y releer "los deberes". ¡Qué trabajito me costó anoche escribir cuatro reflexiones de "ná" que me había pedido Nacho! A veces me pregunto ¿cuánto tiempo resistiré? ¿merece la pena? Es fácil hablar de "formación permanente del profesorado" pero... ¿a qué precio? ¡Cuánto dejas por el camino! ¡Cuántas dudas te asaltan!

Entro en clase. ¿Me has traído el libro? Sí.

 

Camino de casa

 

Me he entretenido demasiado. Ya no recuerdo dónde dejé el coche. Sigo andando. ¡Ahí está! El cansancio asoma. Entro. Me siento. Enciendo un cigarro. Me relajo. Pienso en el claustro de esta tarde. Recuerdo aquel otro "Claustro", obrita cómica, que colectivamente fuimos creando en el grupo de Teatro del CEP (Anexo l). Paralelismos y coincidencias. Guiños cómplices. Todos conocíamos el tema. Actividad lúdica. ¿Catarsis? ¿Psicodrama?

Tengo la cabeza llena de reflexiones sobre: colegialidad artificial, procesos de colaboración, colegialidad real, mosaico móvil, procesos de formación permanente, escuelas cooperativas... ¿Cómo "se tomé” todo eso en mi escuela? ¿Qué estrategias seguir? ¿Querrá mi director ver en "sus profesores" profesores totales? ¿Querrá concebir Adelaida "su escuela" como una escuela total? Y de querer ¿sabrán cómo hacerlo? ¿Sabremos hacerlo? Se consiguen pequeños avances. Se implica a todo el profesorado en actuaciones puntuales. Se alcanzan pequeñas metas. Te emborrachas de alegría cuando algo sale. Pero ¿llegamos a la innovación total que nos proponen los teóricos? ¿Bajan "los expertos" a pie de obra? Comparten nuestra cotidianidad, nuestro agobios, alegrías o frustraciones?

¿Nos preguntan? ¿Aprenden de nosotros, de nuestras prácticas? ¿Les interesamos? ¿Nos "echan un cable"? Frenazo en seco. Hay caravana.

 

Terminando la jornada

 

Comienza la rutina. La cena. Compartimos las vivencias del día. Mamá no he hecho los deberes ‑ mi hijo. Mamá necesito mil pesetas para pagar la excursión del viernes ‑ mi hija. Bajo la basura. Un poco de aire fresco me acaricia. Lo agradezco.

Suena el teléfono. ¡Mamá, para ti! Descuelgo en otra habitación. Mañana sin falta tenemos que reunirnos para organizar las actividades de la Semana de Teatro. Se nos echa el tiempo encima. Hay que formar la Comisión Coordinadora. Hacemos por vernos. ¡Sin falta!, mañana. Trabajamos en el mismo nivel y en el mismo piso.

Preparo la tarea. Corrijo los controles. Me desanimo. Leo algunas poesías de las que han escrito esta mañana. Me animo.

Me siento delante del televisor... ¡Venga mamá a la cama!... Me levanto adormilada. Me lavo los dientes. Voy a por el vaso de agua ...

...mañana será otro día.

 

Referencias bibliográficas:

 

ALDECOA, J. ( I 990): Historia de una maestra. Barcelona, Editorial Anagrama.

APPLE, M.W. Y BEANE, J. A. (1997): Escuelas democráticas. Madrid, Ediciones Morata S.L.

HARGREAVES, A. (1996): Profesorado, cultura y postmodernidad. Cambian los tiempos, cambia el profesorado. Madrid, Ediciones Morata S.L.

FULLAN, M. Y HARGREAVES, A. ( I 997): ¿Hay algo por lo que merezca la pena luchar en las escuelas? Morón (Sevilla), Publicaciones M.C. E. P.

ANGULO RASCO, F.; PÉREZ COMEZ, A.I.; GIMENO SACRISTÁN, J.; LÓPEZ MELERO, M. SANTOS GUERRA, M.A. Y TORRES SANTOME, J. (1997): Escuela Pública y Sociedad Neoliberal IX Jornadas de Formación del Profesorado. Málaga, Aula libre.

 

Notas:

 

(I) FULLAN, M. Y HARGREAVES, A. (1997): ¿Hay algo por lo que merezca la pena luchar en la escuela? Morón (Sevilla), Publicaciones MCEP.

(2) HARGREAVES, A. (1996): Profesorado, cultura y postmodernidad. Madrid, Ediciones Morata.

(3) PÉREZ GÓMEZ , A.I ( I 997): "La sociedad postmoderna y la función educativa de la escuela" en VV.AA ( I 997): Escuela Pública y Sociedad Neoliberal. Málaga, Aula Libre. IX Jornadas de Formación del Profesorado.

(4) APPLE, M .W. Y BEANE, J.A (1997): Escuelas democráticas. Madrid, Ediciones Morata.

 

 

ANEXO I

 

El claustro: Visto por un grupo de amigos del teatro

 

Secretario:                Han justificado su ausencia a este claustro: D. Cristóbal Hernández, D. José Montiel, D. Aurelio Bermúdez y Pepita Moya.

 

La progre:                  ¿Qué pasa, qué Pepita no tiene Doña?

Manolo:                      ¡No empieces otra vez con el rollo feminista!

La progre:                  ¡Eso es ofensivo! (No tolero esa agresividad

                             encubierta por esa mujer)

Manolo:                      Salgo un momento, señor secretario. Ahora vuelvo.

Secretario:                Lectura del acta del claustro anterior.

Lola:                         ¿Dónde va Manolo?

Pepa:                        Al servicio.

Lola:                         ¿Otra vez?

Pepa:                        Ese ya no vuelve. Siempre hace lo mismo.

Lola:                           La que se va ya mismo, soy yo. Yo no me pierdo otra clase de la facultad por un claustro.¡Total, para oír siempre a los mismos decir las mismas tonterias!                                                 

Conserje:                   Señor Director lo llaman por teléfono. ¿Se lo paso?

Director:                    Si. ¡La leche! Siempre llaman en el momento más oportuno. ¿Quién coño será ahora?

Conserje:                   Es el señor inspector.

Director:                    Si, ¿dígame? Sí, Don. Herminio. Si, ya tenemos la ratio del 98 al 2000. ¡No, no! Alumnos no. Cursos. Buenos años.

Patro:                         ¡Esa ventana! ¡Así pilla una los resfriados!

Emilia:                        ¡Hija! ¿Por qué cierras la de tu sitio y abres la mía? ¡Mira qué lista! De modo que tú no puedes resfriarte y yo si.

Patro:                         Pues esa se abre. Si no te viene bien, te cambias de sitio. Porque ventilación tiene que haber. ¿O es qué voy a asfixiarme con la alergia?

Manolo:                      (De vuelta) ¿Cuál es la zona de fumadores?

Patro:                         Ninguna. Esto es un claustro y no un fumadero.

Manolo:                      Yo sólo he preguntado.

Patro:                         Con la intención basta. Además ¡la ley me protege!         (Alboroto)

Fina:                           Es muy atractivo...(Todos la miran)...El proceso de creación dramática...

Todos:                        ¡Ah!

Lola:                           ¡Isabel! Tu niña está aquí.

Isabel:                        ¿Qué querrá ahora? ¡No! ¡Bollicao no! Ya te lo he dicho mil veces.

Bueno, pues si en la máquina hay Bollicaos, que se queden ahí. Tú te comes el bocadillo y no te vayas a tragar el "albal". ¡Qué cada día estás más tonta!

¡Anda!, vete a jugar con Marina y Clara Isabel. Y     déjame ¡qué esto es el trabajo!(Sentándose) ¡Qué "pechá" de niños! ¡No tiene una bastante con el colegio...!

Secretario:                ¿Puedo leer ya el acta de la reunión anterior?

M' Angustias:            Yo, si no habla de mí, la apruebo.

Manolo:                      Si, pero date prisa, que la vamos a aprobar "del   tirón".

Secretario:                Siendo las 14 horas y 10 minutos del día 8

Conserje:                   Señor Director, el de la Editorial Cometa.

Caño Santo:              ¿Qué regala hoy?

Director:                    Dile que ahora le atendemos, cuando salgamos del claustro.

Caño Santo:              Yo ya tengo el reloj y la pulsera.

Pepa:                        ¡Qué fatiga! Yo no me puedo quedar.

Patro:                         Y esa que está ahí durmiéndose ¿quién es? No ha dicho "esta boca es mía".

Angustias:                 La de religión. Es que hoy le ha dado a todos los 2° de ESO y está agotada. ¡La pobre!

Manolo:                      (Con un periódico en la mano) Palabra de ocho letras que significa reunión de profesores. Empieza por C y termina por tro.

Caño Santo:              ¡Ay, no lo sé! (Dirigiéndose a Pepa) ¿Tú sabes una palabra que empieza por C y termina por tro?

Pepa:                     Dile, que si es vertical, que haga las horizontales o viceversa. Que a lo mejor así le sale.

Caño Santo:              (Dirigiéndose o Manolo) Que si es viceversa o así.

Lola:                           Ya ha salido el libro de los cursillos del CEP. ¡Tú vas a hacer alguno?

Angustias:                 Yo ni hablar! Estoy de cursillos hasta el... Además ya tengo todas las horas para el cuarto sexenio.

Emilia:                        Yo tengo "empapelan" el coche con los certificados del CEP. Cada vez que lo limpio, me sale uno de debajo de la alfombrilla.

Patro:                         ¡Me voy! ¡Esto es intolerable! ¡Fumando con el cigarrillo escondido debajo de la mesa! (se marcha) (varios sacan un cigarrillo y se ponen a fumar)

Lola                             ¡Isabel! Tu niña.

Isabel:                        ¿Qué quieres ahora?

¡Pues pégale tú a ella, "chalá perdía"! ¿0 es qué te vas a estar dejando siempre? ¡Desde luego que estás "alelá"!

                            (Dirigiéndose al director)

Mira Pepe! La próxima vez que venga la niña, la    atiendes tú, que para eso eres el padre. (Se sienta)

Na", que ''l´ha pegao" a la Clarita. Siempre   están "enganchá" y después no pueden pasar la una sin la otra.

Manolo:                      ¡Ya lo tengo!

Lola:                           ¿El qué?

Manolo:                      Claustro Ocho letras. ¡Pues claro!

Director:                   ¿Hay ruegos y preguntas?

                             (Se levantan todos y van saliendo)