DE LA CONQUISTA DEL ESPACIO EXTERIOR A LA CONQUISTA DEL AIRE

 

Cristóbal Gómez Mayorga*

 

Dos salidas al exterior se pueden convertir en auténticos proyectos de aula a trabajar con chavales/as. Esto es lo que hace un maestro, asiduo cola­borador de nuestra publicación, con sus de Ed. Infantil. El aprendizaje con significado y la actividad "con sentido" adquieren aquí especial relevancia.

 

La mejor estrategia metodológica para una educación eficaz no es la que organiza el tiempo y el espacio del aula de determinada manera, sino la que rompe las coordenadas espacio­temporales. Cuando el aula deja de ser el único lugar de aprendizaje y los procesos de elaboración cognitivas se producen a cualquier hora del día y de la noche se está produciendo aprendizaje significativo de forma natural. El conocimiento que se limita al aula y no trasciende sus muros, no pasa a ser parte del individuo, se queda contextualizado, enquistado, no se transforma en parte de la cultu­ra asimilada. Como efecto secundario, se aprende que el espacio de conoci­miento no es la vida.

En el Colegio Público de Educa­ción Infantil "Arco Iris" de Alora (Mála­ga) se ha llevado a cabo un proyecto de conocimiento del pueblo en un aula de 3° de Educación Infantil, durante el curso 1997 98. Partimos de lo cercano y afectivo, de la casa y la calle de cada niño y niña y, median­te diversas salidas, fuimos ampliando los conociendo sobre el pueblo, visi­tando los edificios y organismos más representativos. En este artículo se describen dos salidas de las llevadas a cabo en este proyecto, como ejem­plos de actividades globales. Se pre­tende resaltar los ricos e imprevisibles procesos educativos que se gene­ran con actividades de gran carga afectiva como estas.

 

Salida a la biblioteca del pueblo. La conquista del espacio exterior

 

Una de las salidas la realizamos a la Biblioteca del pueblo. Queríamos que en cada visita se planteara una serie de actividades que fuesen significativas para el alumnado.

La salida a la biblioteca se presen­ta mediante una carta que los perso­najes de los cuentos nos escribe al colegio. Sólo ellos serían capaces de entusiasmar a los niños y niñas de estas edades.

(Ver cuento "La biblioteca triste")

El proceso

 

La llegada de la carta ya creó expecta­ción por su tamaño y su misterio. La directora del centro nos trae un

 

gran sobre blanco que han dejado en cole­gio para nuestra clase. Con parsimo­nia, (sin ritual no se estimula el deseo) comienzo a abrir el sobre del que sale una carta. Comienzo a leer el cuento y cuarenta ojos se clavan en mí. A mitad del cuento grita una niña entu­siasmada:  ¡Nos han escrito los persona­jes de los cuentos!  A medida que en el cuento iba saliendo un nuevo perso­naje quejándose de lo solos que esta­ban en la biblioteca, los niños y niñas de la clase se iban identificando con sus quejas.

La lectura acaba invitándonos a leer una carta que los protagonistas de los cuentos de hadas han mandado a todos los colegios del pueblo para que los niños y niñas les ayuden a solucionar el problema de la gente que cada vez va menos a la biblioteca a leer. Esta carta la descifran, algo nerviosos, un niño y una niña que ya saben leer y que, a menudo, nos ayu­dan en estos menesteres. El entusias­mo fue mayúsculo cuando averiguan que va firmada por Blancanieves, Ala­dino, Caperucita y El Lobo, Los Tres Cerditos, etc.

Comenzaron a salir a borbotones soluciones para no dejar solo a sus amigos de los cuentos y hubo que poner un poco de orden y realizar turnos de palabras para dar solucio­nes al problema de que la gente no van a leer a la biblioteca. Mientras aprendíamos a respetar los turnos de palabra y a oír a los demás anotamos las soluciones que fueron saliendo:

Decirle a la gente que vayan a la biblioteca porque los personajes están solos.

Que los abuelos que están abajo suban arriba a la biblioteca (En la planta baja de la Casa de la Cultura, donde está la biblioteca, se encuen­tra el Hogar de los jubilados)

Que vaya y que le den una sorpresa.

Que vayan que es muy divertido.

Que vayan los abuelos y las abuelas.

Mi abuela no puede ir porque está mala y no puede andar.

Que vayan los nietos y las nietas.

Decir a la gente que nos acompañen y que vengan con nosotros.

Vamos por las casa diciéndolo.

Coger micrófonos y decirlo fuerte:

"Que vayan a la biblioteca" "Ir a la biblioteca que es muy divertido"

Que puede ir los tíos y las tías.

Podemos ir con coches. Tu condu­ces tu coche y un niño va diciendo que vayan todos a la biblioteca.

Si alguna gente está lejos que cojan el coche o la furgoneta o el camión o la moto.

El día de la excursión se lo decimos a toda la gente.

Hacemos carteles y ponemos que vayan a la biblioteca.

Si, hacemos carteles y los ponemos por todo el pueblo.

Tengo una idea. Ya que la biblioteca nos va hacer un regalito pues noso­tros también podemos hacerle otro regalito.

Le podemos regalar un libro hecho por nosotros.

¡Vale!

Las dos últimas propuestas fueron aceptadas y nos pusimos a escribir carteles y a realizar un libro entre todos para regalarlo a la biblioteca del pueblo.

 

La preparación

 

Se pusieron a trabajar en el encargo que les encomendaron los personajes de sus cuentos favoritos. Como están acostumbrados a trabajar libremente por rincones, se organizan pronto. Unos hicieron dibujos para el libro, otros realizaron un libro de cuentos ellos solos, otros hicieron carteles. Pepe y Miguel a quienes les cuesta sentarse en la silla me pidieron un papel grande y realizaron dos pancar­tas para el día de la excursión (hacía pocos días fue el día de la paz y parti­ciparon en una marcha encabezada por una gran pancarta).

Hablamos de la necesidad de escribir las calles por donde pasára­mos en la salida. Para ello prepara­mos unas tablillas para sostener el folio donde apuntaríamos todo. Sería nuestro cuaderno de campo. Arriba escribimos: "SALIDA A LA BIBLIOTECA", y cada cual estampó su nombre.

Después del recreo cogimos el mapa del pueblo que tenemos cada uno, y en él coloreamos la biblioteca y nuestro colegio y jugamos a ir por distintos caminos. Descubrimos que pasaríamos por las calles de Jose, Toñi, María y Antonio, y que la Biblioteca estaba junto al parque y frente al quiosco, como puntualizó Sebastián.

 

La salida frustrada

 

Y llegó el día de la salida y estaba llo­viendo. Todos nos enfadamos mucho y estuvimos hablando sobre la lluvia en la asamblea de la mañana. Soledad no hacía más que insultar al hombre del tiempo. José le dijo que él no tenía culpa. Alguien dijo que la culpa de que lloviera la tenía Dios, a quien Ana rápidamente disculpó porque Dios no hace cosas malas. José volvió a intervenir para argumentar que llo­vía porque querían las nubes. Explicó cómo las nubes comían mucho y cuando estaban muy gordas echaban agua. Yo recordé el día que fabrica­mos nubes y Toñi explicó el proceso de hervir agua y formar vapor con bastante precisión. No se si todos se quedaron conforme pero la seguridad con que lo contó y mi asentimiento hizo que no hubiera más cuestiones sobre la lluvia y pasamos a otro tema.

 

La salida definitiva

 

El deseo se había acrecentado. Había pasado dos semanas y cada mañana contábamos los días que faltaban en nuestro almanaque. La lluvia del día anterior puso al límite la espera, y por fin pudo ser.

Más atentos que nunca, algo ner­viosos, y con la mochila llena de ilu­sión nos dirigimos a la conquista del espacio exterior. Nos acom­pañaron algunas madres.

Fuimos anotando las calles por las que pasábamos para luego verlas en el mapa. Y después de un rodeo para pasar por las calles de algu­nos niños y niñas, llegamos a la biblioteca.

Entregamos los regalos a la bibliotecaria y ella nos enseño todos los libros. Los había gigantes, gordos, pequeños, sin dibujos, viejos, nuevos..., ¡era fantástico!. Las manos de los niños no podían quedarse quietas. Por fin llegamos a la parte donde estaban los libros infantiles y pudimos acariciar sus lomos. Algunos, algo alterados y nerviosos, encontraron libros de animales; otros, de oficios; otros, de dibujos, y ... ¡los cuentos!. Allí encontraron a los protagonistas de esta historia: La Cenicienta, Blancanieves, Aladino, etc.

Ya de vuelta a clase, hablamos de lo que más nos había gustado.

Una vez más mis alumnos y alum­nas me solucionaron el problema de la programación. Si los objetivos de desarrollo de la autonomía, de subida de autoestima y de seguridad en sí mismo, de socialización y aprendizaje de diversos medios de expresión, se estaba consiguiendo no debería de dudar del potencial educativo de este tipo de actividades. Mi misión era alentarlos, ayudar ala organización, oír sus propuestas, tener confianza y bastante paciencia. No debería preo­cuparme de intentar descifrar absolu­tamente todos los recovecos que posee el proceso de aprendizaje del alumnado.

Si se había creado algún deseo por los libros fuera del espacio del aula, el objetivo de la experiencia se había cumplido. Ya estabamos dispuestos al último objetivo: la conquista del aire.

 

El día que fuimos a la radio con­quistando el aire

 

La visita a la radio fue una de las acti­vidades con la que más rompimos la rigidez del tiempo y la limitación del espacio, ya que el aprendizaje se extendió al aire y lo perdimos de vista.

 

Preparación

 

Dentro del programa de conocimien­to de nuestro pueblo no podía faltar la visita a la radio local.

El micrófono fue el protagonista de nuestra clase en la semana ante­rior ala salida a la radio. En tiempo de trabajo libre por rincones, se reali­zaron múltiples juegos de radio y televisión, en donde los presentado­res y presentadoras, y artistas en general, proliferaron por doquier. Los niños y niñas con más dificultades de lenguajes fueron, significativamente los que más jugaron en el rincón de la radio.

En esta preparación decidimos entre todos qué podíamos hacer en la radio. Y salieron múltiples ideas que después llevamos a cabo: cuentos de miedo, canciones, poesías, saludar a la familia, etc.

 

La visita

 

Para la salida nos preparamos con nuestro mapa y con nuestro cuader­no de campo para apuntar las calles por donde pasábamos. Llegamos a la radio, hablando bajito, algo excitado y con mucha expectación. Nos situa­mos alrededor de una gran mesa abarrotada de micrófo­no y brotó de todos unas risi­tas nerviosas.

Después de narrar nues­tras historias, cantar cancio­nes, y recitar las poesías que habíamos preparado, se creó un ambiente de comunicación más distendido en el que el locutor supo extraer de los niños y las niñas lo que suelen llevar más en secreto. Todos hablaron, la timidez fue cediendo, la visita a la radio fue un hito importante en la construcción de la seguridad de estos niños y niñas.

La llamada por teléfono de familiares a la radio, en directo, fue algo emocionan­te. Se produjo un contexto de comunicación familia­escuela sociedad con una potencialidad excepcional. Lo emocional se apoderó del locutorio y se expandió por las ondas. Me consta que algunas lágrimas brota­ron en algunos familiares a causa de este momento mágico en el que la radio une corazones.

 

 

 

Después de la visita

 

La cinta en la que se grabó el progra­ma de radio fue pasando por todos los hogares y trascendiendo el limita­do espacio y tiempo del aula para el aprendizaje.

Y dibujamos radios, locutorios, micrófonos, etc. Y jugamos a hacer radio y televisión. Y aprendimos que detrás de la caja de la música había personas como nosotros, discos, micrófonos, trabajo y mucha ilusión. Además, desarrollamos la autoestima, la seguridad en nosotros mismos, luchamos contra nuestra timidez y nos sentimos más unidos que nunca.

 

Evaluación

 

La descripción pormenorizada de múltiples actividades cotidianas alum­bra la riqueza de procesos educativos que se generan en actividades vitales de este tipo. La cantidad de aprendi­zajes asociados al hecho concreto de visitar una biblioteca o una radio es tan rico que convierte la salida en un mero pretexto. Podemos observar cómo en contextos educativos globa­les se van desarrollando los objetivos propios de estas edades y se van tra­bajando contenidos de todos los ámbitos educativos:

En las distintas asambleas se ha aprendido a ser tolerante, a oír a los demás, a aceptar propuestas diferen­tes a las nuestras, etc.

Han surgido múltiples actividades en donde se van dominando técnicas diversas de expresión como dibujos, pinturas, escrituras, etc.

Se ha ido ampliando el conoci­miento sobre el medio en el que vivi­mos, se han potenciado las relaciones familiares.

Aprendemos a comportarnos en situaciones diferentes a la escuela. Buscamos soluciones a situaciones adversas.

 

Nos adentramos en el mundo de la fantasía, en el que emerge nuestro mundo interior.

Nos educamos en la lectura y escritura como un medio maravilloso de expresión y comunicación; de forma natural y cada uno a su ritmo.

Aprendemos, en definitiva, a orga­nizarnos, a tener iniciativas, a ser autónomo, a ser. Y, sobre todo, a que hay que aprender de la vida y que hay que vivir mientras se aprende.