LAS CHICAS A LETRAS

Manuela Jimena Pérez 

Universidad de Málaga

 

Desde sus comienzos, la Ciencia ha sido patrimonio casi exclusivo de los hombres y se ha apartado a la mujer de todo tipo de enseñanza científica. No obstante, han existido científicas en todas las épocas, pero se han ido poniendo en marcha diferentes mecanismos para desautorizar sus obras y se las ha relegado al olvido. No hace tantos años que el curriculum era diferente para cada sexo. las orientaciones, en cuanto a los estudios, eran distintas para las chicas y los chicos. Opiniones como: "Si la chica quiere estudiar, una carrerita corta y de letras", eran frecuentes. la historia pesa y, aunque las nuevas generaciones no la hayan vivido, el estereotipo de que la Ciencia y las Matemáticas son un dominio masculino permanece.

 

En las últimas décadas el acceso de la mujer a la educación y al mercado laboral ha representado un gran paso en la lucha por la igualdad. Aunque las políticas gubernamentales apoyan la paridad entre los sexos con medidas que favorezcan la incorporación de la mujer al mundo del trabajo y fomentando la igualdad en el ámbito educativo, en realidad, los estereotipos permanecen y la equidad sigue siendo una meta a conseguir.

En el ámbito educativo, se intenta determinar un curriculum que no establezca diferencias de sexo y ayude a cambiar las normas sociales establecidas durante muchos años, intentando romper, aunque mejor sería decir no fomentar, los estereotipos sobre los papeles establecidos para cada sexo. Pero estas intenciones no se cumplen en la práctica. La escuela como institución social colabora en la construcción de género de los individuos y transmite los estereotipos existentes.

Aunque en la carrera de Matemáticas más del 50% del alumnado sean chicas, se sigue hablando de que, en general, la mujer es inferior al hombre en Matemáticas o Ciencias. Desde sus comienzos, la Ciencia ha sido patrimonio exclusivo de los hombres y se ha apartado a la mujer de todo tipo de enseñanza científica. "A pesar de ello, en todas las épocas han existido mujeres científicas, como se ha puesto de manifiesto en los estudios sobre la mujer, pero han sido ignoradas y apartadas. A lo largo de la historia, al tiempo que se consiguió alejar a las mujeres de la Ciencia, se buscaron toda clase de argumentos para menospreciar el trabajo que ellas habían realizado y se pusieron en marcha diferentes mecanismos , que podemos llamar de sanción social, que afectaron a la autoría de sus obras. Los trabajos realizados por las científicas fueron sometidos a un proceso de desautorización femenina." (NORIA SOLSONA, 1997: 10).

En la actualidad, parece que no existen barreras para el acceso de la mujer a las Ciencias y las Matemáticas, pero el número de científicas sigue siendo bastante más pequeño que el de científicos en las Ciencias o actividades científicas con más prestigio. El estereotipo de que las Ciencias y las Matemáticas son dominio masculino, sigue vigente. Es más, la literatura sobre la inferioridad de la mujer para las ciencias o las matemáticas es abundante, existiendo numerosas explicaciones para ello: neurológicas, genéticas, etc. Así nos encontramos con la siguiente frase en la contraportada de la obra de HUGO LIAÑO ( 1998), "Cerebro de Hombre, Cerebro de Mujer".‑ "Las mujeres están mejor dotadas para el lenguaje y el razonamiento verbal, mientras que los hombres tienen mayor capacidad para las matemáticas y la comprensión de las relaciones espaciales". Hay que añadir que el libro establece diferencias en el funcionamiento del cerebro masculino y femenino, pero a lo largo de la obra deja ver que no se trata de mayor o menor inteligencia y que estas diferencias en el funcionamiento del cerebro no tienen por qué ser debidas a cuestiones puramente biológicas, sino más bien a una interacción entre las diferencias biológicas y el aprendizaje social.

Parece mentira que perdure hasta nuestros días el debate, establecido durante muchos siglos, sobre si la mujer está capacitada para la Ciencia. A lo largo de la historia se ha discutido su capacidad y la conveniencia de su educación científica. En el periodo de la revolución científica, del nacimiento de la


Nueva Ciencia, muchas voces se elevaron para defender el derecho de la mujer a la educación y la igualdad con el hombre. En el siglo XVI Louise Labé de Lyon, escribía a su amiga Mademoiselle Clémence de Bourges: "Ha llegado el momento, de que las severas leyes de los hombres dejen de impedirles a las mujeres el estudio de las ciencias y otras disciplinas. Me parece que aquellas de nosotras que puedan valerse de esta libertad, codiciada por tanto tiempo, deben estudiar para demostrar a los hombres lo equivocados que estaban al privarnos de este honor y beneficio. Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos. Estas joyas son nuestras porque las usamos pero el honor de la educación es completamente nuestro." (MARGARET L. KING, 1993:228 ).

En el siglo XVII, Poulain de la Barre, expone que el prejuicio relacionado con la desigualdad de los sexos es el más obstinado y ancestral. Este no se funda más que en el interés y la costumbre, siendo más difícil librar al hombre de los sentimientos en los que están sumidos únicamente por prejuicio que de aquellos que ha abrazado por la razón. En su obra "La Educación de los Damas", reivindica una educación científica para las mujeres, que les de la oportunidad de llegar a ser sabias y desarrollarse íntegramente como seres humanos. La educación que Poulain propone para las mujeres es la búsqueda de la verdad y de la razón para llegar a la fuente del conocimiento y guiar los comportamientos éticos, dejando a un lado todos los prejuicios. Todo debe ser sometido a la razón, incluso las obras u opiniones de los grandes maestros; ni la antigüedad, ni la autoridad son argumentos suficientes para aceptar una idea.

Hoy en día parece que no existen obstáculos, pero como señala CLAUDE MUSNIL ( 1996), los responsables de los sistemas educativos no deberían contentarse con proclamar la igualdad, ya que no pueden menos que comprobar que el peso de las tradiciones y las representaciones sociales mantienen barreras invisibles que limitan el alcance de las medidas jurídicas más favorables para las mujeres.

Los estereotipos están aun presentes en las Facultades, las tradiciones pesan. En el estudio realizado por CARMEN ALEMANY ( 1995) en Filología, Física y Telecomunicaciones, nos encontramos que aunque no sean mayoritarias (al menos expresadas verbalmente), las opiniones sobre la capacidad de las mujeres siguen manteniéndose en la misma línea. Así nos encontramos con comentarios de alumnos de Telecomunicaciones como los siguientes: "Hay chicas que no es que sean muy brillantes, pero son unas machacas totales" (p.47), o, "Tu lo tienes fácil, te pones una minifalda y aprobarás" (p.49). O comentarios de las propias alumnas tales como "Para mis padres hubiera sido más comprensible una carrera de Letras" (p.39), o, " Yo creo que no les gusta que vengan chicas, se piensan que venimos a buscar novio" (p.57). O comentarios de compañeros sobre la feminidad de las compañeras en la Facultad de Física : "Las chicas aquí son menos femeninas, a veces lo hemos hablado, yo creo que ellas también se dan cuenta" (p.92).

El estereotipo de que la Ciencia y las Matemáticas son un dominio masculino contribuye a alejar a las chicas de estas materias e influye en su rendimiento. Se han realizado investigaciones sobre cómo influye el estereotipo de las matemáticas corno un dominio masculino en el rendimiento matemático y la elección de carrera (FENNEMA & SHERMAN, 1977; LEDER, 1986; BOSWELL, 1985). Sus resultados indican que el rendimiento matemático está inversamente relacionado con estas creencias negativas. De hecho el rendimiento matemático de las niñas en los primeros niveles es superior o igual al de los hombres, pero baja considerablemente en el período de la adolescencia. Según algunas investigaciones (LEDER, 1994; BOSWELL, 1985) el pensar que las matemáticas son un dominio masculino, hace que


las chicas consideren que destacar en matemáticas va en contra de su feminidad, llegar a pensar que los chicos tienen conductas negativas con las chicas que obtienen buenos resultados en matemáticas.

Es un hecho que la mayoría de la producción científica ha sido llevada a cabo por hombres y, aún más, hombres blancos y de clase media. Aún hoy, son pocas las mujeres con renombre dentro de la ciencia, y pocas las mujeres que eligen las carreras de ciencias y tecnología con más prestigio.

Las perspectivas feministas en estas cuestiones son diversas. El empirismo feminista parte de la base de que la Ciencia y sus métodos globales están básicamente bien fundados, aunque algunas prácticas están sesgadas en perjuicio de las mujeres, siendo sus objetivos enfocar la investigación y la educación de forma no sexista y analizar los factores que influyen en el rendimiento y la elección de carreras científicas. Las feministas radicales van más allá, discuten la propia construcción de la Ciencia, defienden nuevos puntos de vista sobre ella y plantean preguntas como las siguientes

¿Cuál es el origen de los distintos papeles femeninos y masculinos? Si hubiera más mujeres científicas

¿Podría ser distinta la ciencia? ¿Porqué se suele identificar la ciencia como masculina ? Estos valores, según KELLER ( 199 1), surgen con los inicios de la ciencia moderna. En esta época se produjeron cambios significativos en la ideología del género. A finales del siglo XVII había disminuido gradualmente la función económica de las mujeres, restringiendo su actividad a la de "ama de casa". Pero quizás fueron más importantes los cambios acerca de la naturaleza de la conducta femenina: los papeles apropiados para las mujeres, en su vida pública y privada, la ropa que podían llevar o el grado de autoridad que podían asumir.

Evidentemente la revolución científica ni inició, ni efectúo esta transformación. Pero como sugiere KELLER ( 1991 ), respondió a la vez que proporcionó un apoyo crucial a la polarización de género que el capitalismo industrial necesitaba. Simpatizando con estas tendencias la ciencia moderna optó por una polarización cada vez mayor de mente y naturaleza, razón y sentimiento, objeto y sujeto. Si bien los conceptos de racionalidad y objetividad, y la voluntad de dominar la naturaleza, sustentaron el desarrollo de una visión particular de la ciencia, al mismo tiempo sustentaron la institucionalización de una nueva definición de humanidad definida en oposición a lo femenino.

La supervivencia de creencias míticas en nuestra forma de pensar la ciencia nos debe hacer pensar sobre los orígenes y los motivos de tal supervivencia. No es sólo la cuestión de la escasa presencia de las mujeres en la ciencia, ya que la mayoría de los esfuerzos creativos e intelectuales han sido históricamente del dominio de los hombres, pero pocos de estos esfuerzos llevan de forma tan indiscutible la connotación de masculino. No es sólo que la mujer no haya tenido oportunidad de acceder a una educación científica, pues se sigue discutiendo la capacidad de la mujer para la ciencia y la propia ciencia mantiene un lenguaje, unas reglas y una estructura que puede llegar a apartarlas de ella.

¿Cómo se manifiesta esta creencia? Antes era normal oír afirmar a todos (científicos y científicas, maestros y maestras y padres o madres) que la ciencia no es cosa de mujeres. Hoy, con los movimientos feministas esta opinión no se hace explícita. Sin embargo, se sigue encontrando estas ideas en las expresiones diarias y las metáforas para designar la ciencia. Estas son "duras" (objetivas) en oposición a otras ramas del conocimiento que se denominan "blandas" (subjetivas), una mujer que piensa objetivamente está pensando "como un hombre" y, a la inversa, el hombre que siga un razonamiento no racional, no científico, está argumentando "como una mujer".

Desde muy pronto los niños y las niñas aprenden a identificar la ciencia y las matemáticas como masculino. Esta creencia está tan profundamente arraigada en nuestra cultura que no sólo se espera que los científicos sean hombres sino que se los percibe como más "masculinos". Tras haber dividido el mundo en dos partes, la mente (la que conoce) y la naturaleza (lo cognoscible), la ideología científica prescribe las interacciones entre ambos que pueden llevar al conocimiento. La relación específica entre el que conoce y lo conocido es de distancia y separación. Es la de un sujeto y un objeto radicalmente dividido. La naturaleza es objetificada por mediación de la razón más que del sentimiento, por mediación de la "observación" más que por la experiencia sensible inmediata. De acuerdo con la división del mundo entre sujeto y objeto hay una división de las formas del conocimiento en "objetivo" y "subjetivo" y el conocimiento científico "objetivo" se asocia con lo masculino.

Si rechazamos cualquier diferencia biológica entre el cerebro masculino y femenino, y por tanto la postura que asocia la ciencia con lo masculino, ¿de donde surge nuestra creencia en la existencia de tales asociaciones? Al atribuirle género a un proceso de pensamiento, invocamos inevitablemente el mundo de los afectos. Así la tarea de entender las asociaciones entre masculino y científico, se convierte en la tarea de entender la subestructura emocional que vincula nuestra experiencia de género con nuestra experiencia congnitiva. "La vinculación de científico y objetivo con masculino trae consigo un sinnúmero de consecuencias secundarias que, si bien son evidentes por sí mismas, precisan no obstante ser articuladas. No sólo queda coloreada nuestra caracterización de la ciencia por el sesgo del patriarcado y el sexismo, sino que simultáneamente nuestra evaluación de lo femenino y lo masculino queda afectada por el prestigio de la ciencia. Se establece un proceso circular de refuerzo mutuo por el que lo que es llamado científico recibe una validación extra de la preferencia cultural por lo que es denominado masculino e, inversamente, lo que es denominado femenino ‑sea una rama de conocimiento, una forma de pensar, o la mujer misma‑ resulta devaluado por su exclusión del valor intelectual y social que se le adjudica a la ciencia y al modelo que ésta proporciona para todos los esfuerzos intelectuales." (KELLER, 1991 : 100).

No podemos modificar el pasado, por eso hoy no conocemos más ciencia que la que hay, y ésta condiciona a la que habrá. Pero no podemos conformarnos con mirar los resultados, la acumulación del saber en nuestra cultura. Estos resultados han estado mediatizados por una serie de valores, por unas opciones ideológicas que los han condicionado, ha sido construida socialmente y a la vez, ha ayudado a imponer y mantener una serie de principios, valores y normas para esta misma sociedad.

Por otra parte, la ciencia ha sido elaborada y constituida en su mayoría, por unos individuos que pertenecen a un grupo social (varones occidentales de clase media, en una sociedad patriarcal) y desde el poder, y el poder ha puesto la ciencia a su servicio. Estos grupos sociales mantienen una ideología, unas creencias que a su vez influyen sobre el trabajo científico y las relaciones de poder. La mujer ha sido excluida históricamente de esta construcción científica, y su exclusión no sólo ha conseguido que se encuentre, incluso hoy en día, apartada de los círculos que determinan la política científica y social, sino que ha influido en los valores, las normas y la visión del conocimiento que se transmite.

La visión crítica de algunas feministas, no sólo se ha limitado al análisis de las interrelaciones entre género y ciencia, ni a las causas de la poca presencia de las mujeres en la ciencia, ha ido más allá tratando de definir una nueva epistemología, una nueva forma de construcción del discurso científico. La epistemología del punto de vista feminista (HARAWAY, 1993; HARDING, 1996), rechaza tanto el objetivismo como el relativismo. En lugar de ello aboga por la estrategia de la parcialidad, de conocimientos situados y localizables, y de objetividades encarnadas. Esta es una epistemología que, frente al relativismo, no niega la posibilidad de conocimiento, pero si rechaza transformar la objetividad de un punto de vista, de una voz (por muy autorizada que esté), en una "verdad" válida para todos. Es una epistemología que reconoce la realidad de las experiencias de las personas y su permeabilidad al poder, aunque también admite la especificidad de cada una, incluyendo la suya propia. Para Haraway, como para la mayoría de las feministas, el rechazo a reconocer la parcialidad de nuestro conocimiento es nuestro mayor error.

La idea del punto de vista feminista se debe a Nancy Hartsock y tiene sus raíces en la epistemología marxista, teniendo parte de sus bases conceptuales en las teorías psicoanalistas feministas y el feminismo radical de los años setenta. Sus características principales y componentes tal y cómo las definen las teóricas de este campo son (DAMARIN, 1997):

1. Para la construcción del conocimiento, se prefieren los puntos de vista sometidos, porque parece que presentan unas descripciones del mundo más adecuadas y transformadoras. Como tienen menos que perder si cambia el status quo, dependen menos de él y están en mejor situación para examinarlo.

2. Un punto de vista feminista es un logro, no un patrimonio. Las mujeres no ven ni llegan a conocer el mundo de un modo determinado (femenino) de forma automática o "natural" .

3. La multiplicidad está implícita en la teoría del punto de vista feminista; no existe un punto de vista feminista "correcto", sino múltiples puntos de vista feministas.

4. El "truco divino de verlo todo desde ningún sitio", que ha sido el objetivo de la experimentación controlada de la ciencia, es simplemente imposible.

5. El conocimiento está siempre marcado por el punto de vista de quien conoce.

6. El saber siempre es político y nunca es independiente de los valores.

7. Hay objetos reales que estudiar y comprender y existen fuera del conocedor. Los objetos de conocimiento no son estáticos ni activos, sino actores. El conocimiento se construye dialécticamente mediante las interacciones entre el objeto y el conocedor.

Haraway piensa que la mujer puede aportar enfoques distintos, nuevas formas de contar las historias, nuevas perspectivas. En su análisis de algunos estudios sobre los primates pone de manifiesto como algunas científicas han cambiado la visión de las relaciones de género en los primates y han impuesto sus puntos de vista, aunque siempre dentro de las reglas y normas establecidas en el discurso científico. La visión de feministas como Keller, Haraway o Harding es revolucionaria, si la mayoría de las investigaciones y los proyectos se han dirigido a analizar las diferencias y poner remedio a la situación de desventaja, ellas no se conforman con ello. El problemas es otro, no se trata de cambiar a las niñas, sino de cambiar las pautas de construcción del conocimiento, lo que se considera válido y lo que no, de admitir nuevos puntos de vista. Esta visión implica un cambio en las investigaciones y en la educación.

Con respecto a la educación, el cambio necesario no es sólo, la igualdad en el tratamiento educativo a ambos sexos, ni simplemente hacer aparecer a las mujeres científicas en los libros de texto, o eliminar estereotipos respecto al género. La tarea educativa sería reconstruir los puntos de vista propios de profesores y estudiantes, de lo que es ciencia o matemática y lo que significa ser bueno en ella. En definitiva, queda todavía bastante camino por recorrer para eliminar esas barreras invisibles y todos los estereotipos. Para conseguir que el trabajo y la investigación científica sea tan natural en un sexo como en

otro y no privilegie a determinados grupos.

 

Bibliografía

 

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