CANALEJA 99: Una experiencia de cooperación y participación entre los miembros de la comunidad educativa

Cándido Medina

 

 

Esta experiencia hay que ubicarla en el desierto humano de Castilla‑león, concretamente en Béjar un pueblo industrial donde el paro se ha ensañado despiadadamente y la natalidad ha descendido y sigue esa tendencia de manera alar­mante y, para colmo de dificultades, la enseñanza pública pierde matrícula para nutrir el negocio de la privada.

 

 

Cuatro colegios públicos y dos privados (concretamente religiosos, donde las aulas superan ampliamente la ratio estipulada por la LOGSE) es la oferta educativa con que cuenta Béjar (aproximadamente de 16.000 habitantes).

En este entono el C.P.C. “María Díaz” es el único colegio público con comedor escolar y que, por ser comarcal, recibe a niños y niñas de Béjar y su comarca. La matrícula de Infantil y Primer Ciclo de Primaria es baja, contando con 19 niños y niñas en el aula de 3 y 4 años (que están juntos), 19 en 5 años y 13 y 11 en 1º y 2º de Primaria. Éstos son los pro­tagonistas de ésta experiencia. Cua­tro tutores atendemos a este grupo de alumnos y alumnas.

La dinámica de participación en Infantil es muy interesante en casi todas las actividades, por no decir todas, pedimos y contamos con la colaboración de madres y algún que otro padre. Propuestas como la pis­cina (una sesión semanal), talleres (6 talleres simultáneos las tardes de los

viernes), actividades señaladas como: Otoño, Navidad, Carnaval, Primave­ra,... son acogidas con entusiasmo por ese grupo de madres y padres con los que contamos. Esta dinámica de colaboración nos animó a plante­ar una acampada en un albergue de la Caja de Ahorros, donde se puede contar con una infraestructura sin servicios de limpieza ni de comedor (1).

Hicieron falta 4 asambleas de padres, padres y tutores para con­cretar qué comprar para comer y cómo asear las instalaciones y deter­minar los turnos de cada adulto (un@s al desayuno, otr@s a la comida o la merienda o la cena y otr@s para dormir). De las activida­des, coordinación y permanencia constante nos encargaríamos los y las tutores y tutoras.

Por el hecho de estar ubicado el albergue donde se realizaría la activi­dad en una zona de alta montaña, desconfiábamos de la meteorología y temíamos tener que estar encerra­dos en el albergue pese a que la experiencia se desarrollaría a finales de Mayo. Por este motivo diseñamos dos tipos de actividades para con­templar cualquier eventualidad cli­mática.

Durante todo el proceso de pre­paración, alrededor de dos meses, las ideas se cambiaban, matizaban, enriquecían,... Algunas mañanas algu­na madre o padre nos proponía algu­na modificación o una propuesta nueva. En definitiva, fue un proceso de comunicación, participación e implicación muy vivo y rico, que per­mitió que docentes, padres, madres y alumnado concretáramos y perfiláramos conjuntamente el proyecto. Algunas madres no veían a sus hijos e hijas, que tenían entre 3 y 7 años, durmiendo o estando fuera de su entorno familiar, otras pensaban que era muy difícil hacer tanta comida sin experiencia .... Pero todavía tenía que hacerse más compleja toda la propuesta.

Por una vía externa al colegio nos llegó la idea de hablar con el Hogar de la Tercer Edad para que nos enseñasen juegos populares de su infancia, nos contasen historias que ya no se escuchaban o/y nos cantaran canciones ya olvidadas entre las jóvenes generaciones. La idea nos pareció interesante y nos movimos para contar con la colabo­ración de 5 personaS mayores que cautivaron la atención de todos los niños y niñas. Nos contaron histo­rias, nos cantaron canciones, juga­mos a la “rana” y nos hicieron jue­gos de magia.

Pero no era suficiente, sobre todo cuando muchas ilusiones y voluntades confluyen en la misma dirección la fecundidad está asegura­da. Un buen día nos surgió la idea de que los jóvenes más comprometidos de la comarca, agrupados en una ONG pacifista (MPDL “Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad”), nos enseñasen cosas que saben de ocio y tiempo libre. Así nos conta­ron cuentos dramatizados a la luz de la vela cuando estábamos en la cama, nos hicieron una “yincana” muy ima­ginativa y nos representaron un cuento con la técnica de Sombras Chinescas.

Por último, se involucró a un maestro amigo para que nos contara un cuento abierto (a la manera de Rodari) que nos hipnotizó a todos, pequeños y mayores.

La experiencia estaba redondea­da con dos salidas al entorno (un campamento “indio” y Candelario) y con la realización de actividades de recogida, selección y elaboración de murales con hojas, flores y plantas del entorno para los pequeños (Edu­cación Infantil) con objeto de estu­diar el entorno inmediato y elaborar un cuaderno de campo para los de 1º y 2º de Primaria.

Tres días plenos de actividad, con juegos y trabajo, con fantasía y cooperación. Tres días que ninguno de los que los vivimos olvidaremos fácilmente ya que no es frecuente conseguir tanta colaboración y parti­cipación.

El germen estaba sembrado desde el curso pasado cuando empe­zamos a montar conjuntamente con la participación de las madres y padres los talleres de los viernes pero todavía no sabíamos cómo se desarrollaría la experiencia. La expe­riencia ha sido tan positiva que por el momento todos y todas las parti­cipantes queremos repetir, en espe­cial los padres y madres que al eva­luar la experiencia han manifestado su deseo de que éstas experiencias se repitan por lo que han vivido per­sonalmente y por lo que han vivido sus hijos e hijas. Y, es que cuando un padre o madre ve a su hija e hijo con la ilusión en los ojos y la emoción en la cara, aunque no sepa de pedago­gía, sabe que es bueno para ellos. Porque las madres y padres no saben de objetivos conceptuales ni procedimentales pero conocen lo suficientemente bien y sintonizan emocionalmente con sus hijos/as como para saber de sentimientos, para comprender los valores de construir y cooperar con otros padres en beneficio de sus hijos.

Personalmente recibimos una impresión muy fuerte la última noche cuando, después de que cena­ran los niños y niñas, el comedor se llenó de nuevo porque había tantas madres y padres colaborando en la limpieza, comidas y cocina como niños y niñas. El ambiente festivo y las ganas de expresarse convirtieron el comedor en un lugar de fiesta y alegría lleno de entusiasmo y algara­bía. Y terminaron los 3 días con la última comida en el colegio, después que el resto, el comedor quedó para nosotr@s sol@s.

Con el distanciamiento que pro­porciona el tiempo transcurrido desde entonces podemos afirmar que los objetivos que nos proponía­mos fueron superados ya que apare­cieron las personas mayores y los jóvenes con quienes no contábamos cuando hicimos la propuesta. La satisfacción general quedó reflejada en los comentarios efectuados den­tro y fuera de las reuniones, comen­tarios hechos por madres que no participaron por diversas causa o que no dejaron ir a sus hijos por miedos o dificultades personales. Aunque no sea un instrumento de evaluación “diseñado” nos da una buena medida de su éxito el que los niños y niñas comenten diariamente, y de manera espontánea, detalles como dónde durmieron o al lado de quién, anécdotas del comedor, can­turreen canciones aprendidas en la acampada, recuerden situaciones vividas,... También valoramos espe­cialmente el que los niños y niñas hayan sido más autónomos que lo son habitualmente en sus casas, ya que incluso los más pequeñines han tenido un mayor grado de autono­mía del que disponen normalmente en sus casas. Hecho valorado muy positivamente por sus propios padres y madres.

Quisiéramos terminar este relato extrayendo alguna conclusión o enseñanza que nos permita avanzar como educadores. Nos reafirmamos en la idea de cooperar y de abrir vías de participación a toda la Comuni­dad Educativa. La escuela no puede permanecer cerrada a la realidad del alumnado, y en esta realidad están los padres y madres y el entorno que les rodea. También queremos

resaltar que trabajando en equipo, colaborando todos juntos (docentes, padres, madres y alumnado) las experiencias salen mejor, nos enri­quecemos y nos educamos unos a otros. Además de existir un mayor grado de transparencia. Y el condi­cionante de siempre, no medimos bien el tiempo y se nos quedan muchas actividades en el “tintero”.

Como conclusión, una reflexión que hemos hecho en la memoria de ese curso: Es necesario fomentar la colaboración de padres y madres en el Primer Ciclo de Primaria porque aunque hay mucha participación en Educación Infantil cuando el alumna­do llega al Primer Ciclo de Primaria ésta se pierde. No sabemos los moti­vos de esta pérdida pero los tutores y tutoras de este Ciclo hemos de cultivar este tipo de relación y comu­nicación que es tan importante durante toda la vida educativa.