EDITORIAL

 

UNA EDUCACIÓN EN VALORES

 

La escuela, como institución, tiene un cometido primordial y remoto al mismo tiempo, de ser transmisora de la cultura a las generaciones jóvenes y de establecer ciertos valores y estereotipos más o menos asumidos en la práctica cotidiana.

 

Hasta ahora muchos profesores pensaban que el explicar matemáticas, ciencias y sociales... según los programas del ministerio y adaptados por la editorial de turno era ser “profesional" y a ser posible neutro, y aséptico. Pero se palpa y ya ha salido a la luz, hasta en los DCB, el llamado "currículum oculto", es decir, lo que se transmite a los alumnos a través de las actitudes, los modos de enseñanza/aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales que se mantienen en la clase, la metodología de las materias o de la enseñanza, la concepción de escuela que el maestro tenga y un largo etc.

 

Muchos maestros, desde su propio ámbito, (aula, cole, barrio), a nivel individual, o bien trabajando en colectivos de renovación pedagógica, han ido fomentando y desarrollando con su práctica escolar toda una transformación de la vida que se desarrolla en las aulas, introduciendo técnicas de lenguaje creativas, metodologías investigadoras..., potenciando más los aspectos comprensivos y cualitativos que los puramente mecánicos.

 

Pero, como decíamos al comienzo no solo se trata de introducir todos estos elementos que dinamizan los procesos de enseñanza/aprendizaje sino también de ser consciente de los valores que subyacen cuando fomentamos:

- la cooperación entre los alumnos o los miembros que componen la comunidad educativa, para llevar a cabo proyectos de trabajo.

- el encuentro entre personas para resolver cuestiones.

- la solidaridad y el respeto por la diversidad de las distintas personalidades que conviven en los grupos.

 

Los alumnos viven y perciben este ambiente de participación, cooperación e intercambio de sus materiales, de sus saberes, de su afectividad, de..., la reflexión y la valoración de sus actitudes y del entorno con espíritu crítico, dando soluciones a los problemas planteados,... y así encaminarse a mayores cotas de autonomía y desarrollo personal.

 

Así una educación en valores se construye hablando, haciendo y actuando; y exige una constante intercomunicación entre los miembros de la clase (alumno y docente) que se orientará, no sin ciertas dificultades hacia actividades juntas y consensuadas, hacia metas alcanzables cooperativamente entre personas diferentes que se respetan.

 

Lo importante no es lo que se aprende sino el cómo se aprende por cuanto el clima socio-afectivo e intelectual de una clase influye permanentemente en la manera que tienen nuestros alumnos y alumnas de aprender un hábito, una actitud o un conocimiento.