Editorial

 

Educación de personas adultas:

Más de lo mismo

 

Los aspectos más novedosos que presentó en los últimos años la Educación de Per­sonas Adultas (EPA) se centraron en el carácter no formal de la misma y en unos educado­res que tenían un perfil apropiado y específico a este nivel educativo. Históricamente la EPA era impartida por el mismo profesorado que atendía a los niños. Los programas y las metodologías eran una copia de un nivel a otro. En definitiva, lo mismo de la mañana pero a personas de mayor edad. El otro aspecto a destacar ha sido la inmersión en el campo de la educación no formal. Ha existido un empuje novedoso e ilusionante -especialmente en Andalucía y Cataluña- que planteaban una nueva forma de entender e interpretar la EPA.

Muchas han sido las investigaciones que han desarrollado aspectos novedosos de la psicología del aprendizaje del mundo adulto, muchas las experiencias -a pesar de las caren­cias de medios- que han demostrado la virtualidad y la necesidad de la formación profesio­nal dentro de la EPA.

Pero, últimamente en la EPA se ha producido una involución curricular y presupues­taria. Los anteriores criterios sociales -fundamentalmente la atención a mujeres- han deve­nido en argumentaciones econométricas, buscando casi exclusivamente una mezquina ren­tabilidad productiva muy ligada a una concepción de la escuela, donde ésta aparece como esclava del sistema productivo. Se pierde una oportunidad histórica de hacer de la EPA un nivel educativo con personalidad propia, un elemento de transición entre la educación for­mal y no formal.

La educación permanente entendida como una necesidad ineludible de las socieda­des modernas, pierde así uno de los elementos que a mediados de los 80 en nuestro país más ha aportado para comprender los nuevos fenómenos educativos que han ido emer­giendo. La incorporación de variados sectores sociales -minorías étnicas, población rural, mujeres, jóvenes,...- han supuesto una nueva visión de la realidad para estos colectivos, que las recientes normativas vuelven, de nuevo, a colocar en un lugar de marginalidad, rompiendo con una inercia social que ha superado con creces las expectativas inicialmente previstas por las propias Administraciones.

No deja de ser una paradoja que mientras la sociedad aumenta y amplia sus ámbitos de formación en empresas, sindicatos, medios de comunicación, telemática,_ nuestros gobernantes frenen lo que ya era un sistema consolidado con amplia demanda social de formación permanente, convirtiendo de nuevo esta modalidad educativa en un sistema compensador casi exclusivamente. Es incomprensible la falta de sensibilidad de la Adminis­tración que ha desoído el amplio rechazo social que las nuevas medidas vienen provocan­do. La historia no los perdonará.