Socialización en las Instituciones Educativas

 

 

"El saber transmitido adopto siempre una apariencia positiva. En realidad, funciona según todo un juego de represión y exclusión: exclusión de aquellos que no tienen derecho al saber, o que no tienen derecho más que a un determinado tipo de saber; imposición de una cierta norma, de cierto filtro de saber- que se oculta bajo el aspecto desinteresado, universal y objetivo del conocimiento." FOUCAULT, 1.978 1.

 

La educación, como fenómeno social y cultural por el cual sobrevive y progresa la cultura, es un proceso continuo de iniciación, transmisión, recre­ación y transformación cultural que aspira, o al menos debe aspirar en las sociedades democráti­cas, a desarrollar y reforzar la individualidad y crea­tividad del ser humano; sin olvidar, el desarrollo de su dimensión social y ciudadana. Este fenómeno socio-cultural, que depende de la comunicación e interacción establecida entre l@s diferentes partici­pantes, tiene lugar en las sociedades modernas en las instituciones educativas, sin olvidar que en las actuales sociedades postmodernas los medios de comunicación de masas también desempeñan un importante papel socializador, aunque sin ninguna intención educativa, controlando y conformando de forma directa el pensamiento, los gustos, los hábi­tos, las actitudes,... de las jóvenes generaciones.

La socialización en las instituciones educativas debería caracterizarse por aspirar a perfeccionar los procesos espontáneos socializadores y a compensar las deficiencias que estos procesos espontáneos (Pérez Gómez, 1.997)2 provocan en las capas más desfavo­recidas de la población. Esta función política y educa­tiva de las instituciones educativas, aspectos diferen­ciales de los otros procesos socializadores, no debe impedir reconocer su carencia de neutralidad –los sistemas educativos están al servicio de una socie­dad que ni es neutra ni está exenta de múltiples conflictos ideológicos, políticos y económicos­ como se refleja claramente en la vida de cada insti­tución, regida por un conjunto de normas, procedi­mientos y estrategias de dominación que regulan y definen sutilmente las relaciones de poder en su interior para reconducir y reconstruir la individuali­dad de los participantes.

Las instituciones educativas como universos básicos de socialización de las jóvenes generaciones no poseen uniformidad espacio-temporal ni homo­geneidad ideológica, pues en su interior coexisten diferentes, y a veces contradictorias, unidades espa­cio-temporales e ideológicas que facilitan la pervi­vencia de diferentes conflictos, concepciones, per­cepciones, resistencias, rechazos, sentimientos, ... consecuencia de las múltiples variables que interac­túan sobre/en ellas. Por tanto, la socialización no puede entenderse como una simple y mecánica incorporación de ideas, valores, actitudes y conduc­tas de la colectividad, sino que más bien hay que percibirla como un proceso abierto, singular y experiencia¡ que habilita a los participantes a ir más allá de las normas y pautas establecidas (o impues­tas de manera más o menos sutil) capaces de gene­rar valores, actitudes, expectativas, conductas e ideas no previstos explícitamente por los poderes públicos. Esta dimensión abierta y única de la socia­lización otorga un papel activo, dinámico y crítico al alumnado y al profesorado que acude a estas insti­tuciones con las características propias de su grupo o clase social, etnia o género específico.

Analizar y reflexionar sobre el papel socializador de las instituciones educativas es clave para com­prender y distinguir los rituales específicos de la cultura visible e invisible que rigen la vida en su inte­rior porque en ellas no sólo se enseñan diferentes materias sino que, además, se refuerzan determina­dos valores y actitudes vitales para perpetuar el sta­tus dominante en cada sociedad, o grupo social dominante. La socialización, por tanto, no puede concebirse sólo como una acción del profesorado hacia el alumnado, o de la institución hacia sus parti­cipantes, sino que el alumnado y el profesorado se socializa y resocializa mutuamente, así como a la propia institución; lo cual implica un importante juego de interacciones subyacentes que sólo se pue­den concebir en interacción con los demás. En el interior de las instituciones educativas ocurren múl­tiples interacciones visibles y previsibles y otras menos perceptibles que, sin tener una relación directa con los procesos de enseñanza, la condicio­nan y determinan al estar adheridas e inscritas en las rutinas cotidianas de la vida del aula y de la insti­tución. Éstas rutinas están estrechamente relaciona­das con los roles desempeñados por el docente y el alumnado, con las relaciones profesor o profesora y alumn@ y las que ést@s mantienen entre sí.

En las instituciones educativas el alumnado se socializa a través de prácticas sociales regulares y cotidianas que recortan o aumentan la autonomía, la responsabilidad, el espíritu crítico, el conformis­mo, la creatividad, la reflexión, la solidaridad, la cooperación, el individualismo y la seguridad del alumnado. La actividad en el aula y en el centro, los libros de texto, la distribución del alumnado y del tiempo, las relaciones con l@s compañer@s y el profesorado, la accesibilidad a las diferentes zonas y recintos, la mayor o menor participación y autono­mía en la gestión del centro, del aula y el currículum oficial y oculto propio de cada institución condicio­nan los valores, las actitudes y las ideas generadas por el alumnado a lo largo de su paso por las insti­tuciones educativas. Igualmente será necesario con­siderar que éstas poseen una importante capacidad para construir y reconstruir el género modificando las relaciones de género para alcanzar una mayor semejanza y uniformidad.

El conjunto de artículos que conforman este dossier nos ofrecen una panorámica poco usual de la socialización en las instituciones educativas, casi siempre centrada en la interacción docente-­alumn@ o alumn@-alumn@, en un intento de des­velar aquellos aspectos menos reseñados e investi­gados, pero no por eso menos relevantes para la mejora y democratización de estas instituciones. El objetivo de este dossier es ofrecer un marco de referencia que ayude a comprender como los roles invisibles y olvidados de la actividad docente inciden directamente en la actividad educativa, en el caso del trabajo de Jurjo Torres; a reflexionar sobre los pro­blemas de género en la educación de chicos en los países industrializados, en el caso del trabajo de R.W. Connell; y a desvelar, con gran originalidad y desde una perspectiva foucaldiana, como la universidad disciplina interesadamente al alumnado mediante un conjunto de tecnologías de dominación sutilmente integradas en diferentes estrategias y procedimien­tos, en el caso del trabajo de Barbara Grant. El dossier concluye ofreciendo para el lector o lectora inte­resd@ algunas referencias bibliográficas básicas que permitan iniciarse y profundizar en unos aspectos que consideramos fundamentales para democratizar y mejorar la actividad educativa de las instituciones educativas.