ESCUELA, NUEVAS TECNOLOGÍAS

Y TERCER ENTORNO

Javier Echeverría*

Las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones (NTIT) posibilitan la creación de un nuevo espacio social para las interrelaciones humanas que propongo denominar tercer entorno, para distinguirlo del entorno natural y del entorno urbano (I). Dicha transformación es lo sufi­cientemente importante para las sociedades contemporáneas como para que pueda ser comparada con las grandes revoluciones técnicas habidas a lo largo de la historia (escritura, imprenta...) e incide sobremanera en todo lo que se refiere al conocimiento humano. Por ello suele hablarse de una sociedad del conocimiento, o también de una sociedad de la información. La emergencia de ese nuevo espacio social tiene particular importancia para la educación, porque posibilita nuevos procesos de aprendizaje y de transmisión del conocimiento que se producen en las redes telemáticas y no sólo en las aulas presenciales de los pueblos y las ciudades.

El teléfono, la radio, la televisión, el dinero electrónico, los ordenado­res, la memoria digital, los videojue­gos, las tecnologías multimedia y el hipertexto son algunas de las NTIT que posibilitan la construcción del tercer entorno (E3). Hoy por hoy, las redes telemáticas son la expre­sión más desarrollada de E3, debido sobre todo a su carácter multimedia (muy importante a efectos educati­vos) y al grado de interactividad que están alcanzando progresivamente (2).

El tercer entorno no sólo es un nuevo medio de información y comunicación, sino también de inte­racción, memorización y entreteni­miento. Así como los seres humanos han de adaptarse y capacitarse para el primer y segundo entornos (fami­lia, escuela), cada vez será más preci­so un alto grado de competencia para actuar eficientemente en E3. Por ello es preciso diseñar nuevos escenarios y acciones educativas, es decir, una política educativa específi­ca para el tercer entorno. Este artí­culo pretende esbozar brevemente algunos de los cambios estructurales suscitados por el entorno telemático en los diversos escenarios educati­vos y propone una serie de iniciati­vas para organizar un sistema educa­tivo en el nuevo espacio social.

 

* Instituto de Filosofía, CSIC.

2. Escenarios educativos en el tercer entorno

Al igual que otras muchas activi­dades humanas (la guerra, las finan­zas, la investigación científica, el comercio, la medicina, los espectácu­los, las artes, la cultura, etc.), tam­bién la educación ha iniciado un pro­ceso de adaptación al tercer entorno. Puesto que la estructura espacial de E3 es muy distinta a la de los entornos natural y ciudadano tradi­cionales, me ocuparé ante todo de analizar algunos nuevos escenarios educativos de E3, sin perjuicio de que también los agentes, los conteni­dos y los métodos educativos tam­bién cambien. La modificación de los ámbitos y materiales es tan profunda que centrándonos exclusivamente en los escenarios podemos hacernos una idea bastante precisa de los prin­cipales problemas suscitados por E3 en los sistemas educativos.

Conviene distinguir entre escena­rios para el estudio, la investigación, la docencia, la interrelación y la diversión. Dado el alto nivel de imbricación de la comunidad científi­ca en las redes telemáticas por lo que respecta a la investigación (tele­ciencia), es claro que hay que poten­ciar la existencia de nuevos escena­rios para la investigación en E3 (tele­laboratorios, museos virtuales, bibliotecas y hemerotecas electróni­cas, etc.). Aquí no me ocuparé de la actividad investigadora, centrándome únicamente en los otros cuatro tipos de escenarios.

2.1: Escenarios para el estudio. El pupitre y la mesa de trabajo tienen una nueva expresión en el tercer entorno: son la pantalla del ordena­dor y la consola con los diversos aparatos periféricos. Si llamamos tele-estudio a ese nuevo escenario educativo, lo más novedoso es su ubicación. El telepupitre puede ser portátil y está inserto en una red telemática educativa. Por ello se puede acceder a él desde casa, desde la escuela o desde cualquier otro lugar físico, de manera que siempre está disponible para ser utilizado. La jornada escolar deja de ser un inter­valo temporal rígido, o lo que es lo mismo, la tele-escuela siempre está abierta. Ello implica un cambio muy importante en los hábitos educati­vos. Por otra parte, los materiales educativos cambian por completo. En lugar del lápiz, el cuaderno, los lápices de colores, la mochila, los mapas y los libros de texto, el utillaje educativo de E3 está formado por la pantalla, el ratón, el teclado, el orde­nador multimedia, la paleta electróni­ca, el software y los videojuegos edu­cativos. El niño y la niña han de aprender a manejar estos nuevos ins­trumentos y los creadores de mate­riales educativos han de saber plas­mar el conocimiento en los nuevos soportes. En la tele-escuela se estu­diará ante la pantalla del ordenador y con el CDI de física, matemáticas, ciencias naturales o lenguas. La natu­raleza deviene tele-naturaleza (pro­gramas televisivos sobre animales, plantas, geografía, cosmología, etc.) y el maestro o profesor que controla presencialmente las horas de estudio de sus alumnos habrá de aprender a hacerlo a distancia, a través de una red telemática local. El paisaje para el estudio cambia por completo.

2: Escenarios para la docencia. Son las aulas o campus virtuales, a cuyos escenarios se accede conectándose a una red educativa telemática. Aparte de ser aulas distales, lo más notable es que dejan de ser recintos con interior, frontera y exterior, convir­tiéndose en redes telemáticas en las que se desarrollan las diversas accio­nes educativas. El teletutor, por ejemplo, puede proponer una serie de problemas previamente diseña­dos, controlar a distancia lo que hacen los alumnos en su telepupitre escolar o doméstico, corregirles entrando en su ordenador, sugerirles ideas, motivarles, etc., pero todo ello en un nuevo medio que no es físico, sino electrónico. Incentivar el trabajo en equipo en el nuevo entorno tele­mático es uno de los mayores pro­blemas de la actividad docente.

3: Escenarios para la interrelación. Así como los niños y niñas se juntan en rincones, pasillos o escenarios educativos específicos (teatros, clases­ prácticas, cines, aulas de expre­sión corporal, bibliotecas, etc.), así también las escuelas del tercer entorno habrán de construir los escenarios electrónicos correspon­dientes. Pese a algunas limitaciones importantes, que luego comentare­mos, los procesos de socialización también pueden desarrollarse en el tercer entorno. Enseñarles a diseñar su propia imagen digital, a moverse, a dirigirse a otras personas en las escuelas virtuales, a respetar las nor­mas de la cibercortesía, etc., pasan a ser otros tantos objetivos de la acción educativa. Como en los casos anteriores, estos escenarios son dis­tales, reticulares, no presenciales, multicrónicos, etc. Es decir, poseen algunas o todas las propiedades que definen al tercer entorno como espacio social específico (3).

Lo anterior vale para los diversos niveles educativos. Algunas Universi­dades ya han comenzado a desarro­llar sistemas de tele-enseñanza (cam­pus virtuales) que han de ser consi­derados como complementarios a los ya existentes en E1 y E2. En esos campus virtuales se insiste ante todo en el estudio y en la transmisión de conocimientos. Sin embargo, igual de importantes son los escenarios elec­trónicos en los que pudiera desarro­llarse una vida universitaria (activida­des comunes, tele-reuniones, trabajo en equipo, etc.). Aquellos campus virtuales que sepan ofrecer las múlti­ples facetas de la vida universitaria, y no solo la relación docente, tendrán un éxito mayor.

4: Escenarios para el juego y el entretenimiento. Si pensamos en la enseñanza media, conviene recalcar la enorme importancia que tiene otro tipo de escenario, a los que genéricamente denominaré patio de colegio. Allí se juega a diversas a cosas, unas organizadas, otras impro­visadas. También se charla, se hacen bromas y travesuras, en suma, los niños se divierten. Crear este tipo de escenarios en las instituciones educativas del tercer entorno es indispensable si de verdad se quiere crear un sistema educativo y no sim­plemente una academia a distancia. Por tanto, las enseñanzas medias han de acometer la construcción de colegios e institutos que tengan tele-patios electrónicos, sin perjuicio de que los chavales vayan además a los cibercafés ciudadanos y a los locales de videojuegos. Incluso es probable que la creación de estos nuevos escenarios educativos sea todavía más urgente que la construcción de campus universitarios virtuales. En este caso, la adaptación a E3 de las actividades lúdicas de los colegios y escuelas tiene tanta importancia (o más) que la creación de aulas elec­trónicas. El telepatio de colegio ha de ser diseñado con extremo cuidado, porque buena parte de los procesos de socialización y de adaptación real al nuevo espacio telemático tendrán lugar en esos ámbitos, que han de ser netamente interactivos y deben propiciar la invención y la creativi­dad.

En resumen, se trata de transfe­rir a E3 los diversos escenarios edu­cativos, incluyendo las casas y las relaciones entre padres y enseñan­tes, así como de crear otros nuevos (musicales, cinematográficos, televisi­vos, etc.). Ejemplificaremos el cam­bio a partir de un escenario canóni­co, el aula dista¡, pero las tesis que vamos a mantener valen también para otros tipos de escenarios, inclu­yendo los despachos de dirección y planificación.

3. Propiedades estructurales del tercer entorno.

 

En este apartado profundizaré brevemente en la estructura espa­cial del tercer entorno, en la medi­da en que los diversos escenarios educativos han de adaptarse a su estructura para poder cumplir su función. Tomaré como ejemplo el aula, que en el tercer entorno se convierte en aula distal (o virtual), como ya intenté mostrar en un artí­culo anterior (4). La transformación de los restantes ámbitos educativos podría ser comentada de manera similar, pero aquí me ocuparé única­mente de las teleaulas, o espacios telemáticos en los que la relación docente/discente se puede producir a distancia y en red.

Para ello partiré de una metáfora que se ha hecho habitual, afirmando que la televisión y la pantalla del ordenador son nuevas puertas y ventanas que se superponen a las venta­nas y puertas de las casas y de las escuelas clásicas, generando un nuevo escenario educativo al que denomino aula distal. Esta transfor­mación no sólo se produce en el ámbito educativo. Afecta a las más diversas actividades humanas. Por eso conviene exponer brevemente el cambio de entorno suscitado por las NTIT, antes de ejemplificarlas en el ámbito escolar. Los cambios en los escenarios educativos son similares a los que se producen en otras muchas actividades sociales, y por ello este apartado aborda la cuestión del ter­cer entorno en toda su generalidad.

Frente a los entornos natural y urbano, en los que las personas se ven y se escuchan a corta distancia, el entorno telemático posibilita una visión, una audición y una interlocu­ción a grandes distancias, tanto espa­ciales como temporales. Hablando en términos generales, cabe decir que los dos entornos clásicos son presenciales, están basados en la vecindad o proximidad entre los acto­res o interlocutores y suelen reque­rir la coincidencia espacial y temporal para que la interrelación pueda pro­ducirse. Además, son escenarios físi­cos, analógicos, monolingüísticos, locales, nacionales, etc., mientras que el tercer entorno es electrónico, digital, plurilingüístico, global, trans­nacional, etc. El entorno telemático al que me estoy refiriendo, cuyo actual exponente son las redes tipo Internet, no es presencial, sino repre­sentacional, no es proximal, sino distal, no es sincrónico, sino multicró­nico, y no se basa en recintos espa­ciales con interior, frontera y exte­rior, sino que depende de escenarios reticulares cuyos nodos de interac­ción pueden estar diseminados por todo el planeta, sin perjuicio de que el aula distal adopte la forma ­ de red telemática local. Considerado global­mente, el entorno físico-social clási­co posibilitó la construcción de ciu­dades y edificios en donde pudieran desarrollarse múltiples formas de interacción, pero siempre limitadas por las propiedades estructurales mencionadas. El nuevo entorno tele­mático, en cambio, está posibilitando la construcción de Telépolis, la ciu­dad global a distancia, en cuyas teleplazas, telecalles y telecasas tienen cabida nuevas formas de interrela­ción, basadas en las otras cuatro propiedades alternativas (5). Frente a las aulas locales, situadas en un edifi­cio con muros, puertas, ventanas y sucesivas compartimentaciones con esa misma topología interior-fronte­ra-exterior (despachos, aulas, labora­torios, bibliotecas, patios, etc.), la enseñanza en E3 tiene lugar a través de espacios reticulares que llegan a los profesores y a los alumnos a tra­vés de las telepuertas y televentanas que son la pantalla del ordenador y del televisor, por mencionar única­mente las interfaces principales que conectan los espacios docentes con el tercer entorno. Las aulas no desa­parecen, ni tampoco la escuela. Lo que ocurre es que, además de las puertas y ventanas que conectan con lo próximo, existen también las tele­puertas y las televentanas que permi­ten conectarnos al tercer entorno.

Cabe distinguir muchas diferen­cias estructurales entre el entorno telemático y los entornos natural y urbano (6), pero la que se refiere a la distancia tiene, a mi modo de ver, una relevancia mayor. Por eso distin­go los dos entornos diciendo que el primero es proximal y el segundo dis­ta¡ (7). La escuela que hemos conoci­do ha utilizado libros de texto, piza­rras, láminas, mapas, pupitres, cua­dernos, plumillas, lápiz y tiza. La tele­escuela usa videos, páginas electróni­cas, imágenes multimedia, ordenado­res, CD-Roms, teclados y ratones. La segunda no sustituye a la primera, ni la hace desaparecer; pero sí que inaugura unas nuevas formas de inte­rrelación docente que merece la pena comentar. No es lo mismo aprender matemáticas o geografía en un libro, en un mapa o en una piza­rra que hacerlo en pantalla a través de un software matemático o circu­lando por Internet. No es lo mismo ver la naturaleza a través de la venta­na del aula o subiendo a un monte en una excursión escolar que con­templar un documental a través de la televisión. En el primer caso, el ins­trumento docente está presente ante nosotros: se puede tocar. Y otro tanto ocurre con el maestro o profesor y los alumnos o estudian­tes. En el segundo caso, tanto los agentes docente/docentes como los instrumentos están a distancia, lo cual genera relaciones educativas muy distintas. Adaptarse al nuevo entorno telemático, saberse mover en él, pasa a ser tan importante como saber calcular, hablar, leer, escribir e incluso andar. Saber anali­zar una imagen multimedia y saber componerla o modificarla es la nueva forma de alfabetización, o mejor, de al fanumerización. Saber interrelacio­narse a través de los artefactos tele­máticos se convierte en una nueva forma de socialización.

La principal insuficiencia del nuevo entorno es táctil. Las aulas telemáticas permiten algunas formas de interrelación, pero éstas son exclusivamente audiovisuales. El tele­tacto está en una fase muy primaria de investigación, y por ello el contac­to físico no es posible a través de las redes telemáticas. Esta es la gran ventaja de las aulas clásicas, y en general de los entornos urbano y natural. Podemos ver animales y plantas a través de la televisión, incluso con mayores detalles y preci­sión de lo que resulta factible en el entorno físico, pero no podemos tocarlos, examinarlos, sentir su materialidad. De la misma manera, los niños y las niñas interconectados telemáticamente pueden intercam­biar dibujos, escritos e incluso jugar a videojuegos en red, pero están pri­vados de todas las actividades que implican un contacto físico, tan importantes en esa fase educativa. Este es el motivo principal por el que, hoy por hoy, la escuela proxi­mal es insustituible por la distal. La tele-escuela es una implementación de la escuela presencial, y lo seguirá siendo durante bastante tiempo. Uni­camente si la digitalización y la trans­misión a distancia de sensaciones táctiles llegara a tener la calidad que ya tienen la digitalización, compren­sión y teletransmisión de las imáge­nes visuales y auditivas podría pen­sarse en que la escuela distal fuera una alternativa a la proximal. Esta eventualidad parece bastante lejana.

Por eso conviene pensar en el aula como un recinto que conecta, por una parte, con el entorno próxi­mo, y por otra con el entorno tele­mático. Dado que los pueblos y las ciudades clásicas van a seguir exis­tiendo, una educación adaptada a lo que serán las necesidades del siglo XXI debe desarrollar en los niños y niñas aptitudes para los tres tipos de entorno, pero entendiendo siempre que los dos primeros (presenciales, proximales, sincrónicos y concentra­dos en recintos) siguen siendo los más importantes. Así como unos juegos presenciales tienen mayor valor educativo que otros, otro tanto cabe decir de los telejuegos (o videojuegos) y de los programas televisivos. Desde el punto de vista del tercer entorno, las horas que dedica un niño a ver la televisión, a los videojuegos o a navegar por Internet pueden ser comparadas con el tiempo que empleaban o emplean los niños y niñas que se educan en las calles y plazas de las ciudades y pueblos, en lugar de acudir a la escuela. Los diversos canales de tele­visión pueden ser considerados como las plazas de Telépolis, mien­tras que Internet es su calle mayor, a la cual confluyen otras muchas tele­calles o redes telemáticas.

4. Algunas consecuencias educa­tivas.

 

Implantar la tele-escuela equivale a generar espacios urbanos en Telé­polis cuyas funciones sean básica­mente educativas. Ello implica varias transformaciones, por ejemplo:

1.- Que determinados programas televisivos diseñados por pedagogos y expertos en las diversas disciplinas formen parte del horario escolar, independientemente de que sean vis­tos en la escuela o en casa. Esto ya se hace en cierta medida, pero de manera no programada ni reglada. Sacar a los niños de las plazas y calles de Telépolis y llevarlos a la tele­escuela implica crear en el espacio telemático y televisivo una serie de telelocales cuyos contenidos y activi­dades multimedia sean adecuados a la edad, la lengua y al nivel de cono­cimientos y habilidades de los chava­les. Se trata, en suma, de instituir una tele-escuela que incluya unos debe­res para hacer en casa (ver la televi­sión, pero determinados programas; navegar por Internet, pero visitando determinadas direcciones Web; jugar con videojuegos, pero ante todo con aquellos homologados por su valor educativo, etc.), en lugar de dejar que los niños y niñas pululen libre­mente por Telépolis, y en particular por las plazas y calles donde abunda la violencia, la pornografía, la explo­tación publicitaria, etc., como ahora sucede.

2.- Estos nuevos materiales docentes, telemáticos y multimedia, habrían de ser elaborados por los mejores especialistas en ciencias y humanidades, pero contando con la colaboración de los/as mejores escri­tores/as de Telépolis, es decir: los expertos en diseño gráfico, en sinte­tización multimedia, en análisis de imágenes y sonidos, etc. Así como la revolución francesa llamó a sus mejores intelectuales y científicos para elaborar los nuevos materiales educativos, así también Telépolis ha de poner a trabajar conjuntamente a expertos en cine, música, publicidad, hipertexto, etc. con especialistas en las diversas disciplinas científicas, téc­nicas y humanísticas con el fin de generar los materiales educativos adecuados para el espacio telemáti­co, y no sólo para el aula presencial.

3.- Aparte de alfabetizar a los chavales para el entorno urbano, hay que alfanumerizarlos para el entorno telemático. Ello implica, por ejemplo, que sepan analizar y construir imáge­nes visuales y sonoras transmisibles por vía telemática o televisiva, de modo que puedan leerlas, escribirlas y componerlas, y no sólo verlas y escucharlas, como ahora sucede entre los analfanuméricos, que somos la gran mayoría. También se requiere graduar los contenidos edu­cativos multimedia, adecuándolos a las edades y a las diferencias cultura­les y sociales, en lugar de ofrecer ese maremágnum de oferta audiovisual que actualmente existe en las plazas y calles de Telépolis. Construir las tele-escuelas de E3 conlleva generar sitios (sites) específicos para cada materia y para cada nivel educativo.

4.- Por supuesto, es necesario formar a los profesores que ejerce­rán como teletutores o como tele­enseñantes, introduciendo nuevas materias en las Escuelas de Magiste­rio y llevando a cabo cursos de reci­claje para los actuales enseñantes. Esta es una de las primeras acciones a acometer, como veremos en el último apartado, conjuntamente con la elaboración de los nuevos materia­les docentes para el entorno electró­nico y digital.

5.- Dicho en términos generales, se requiere toda una política tele­educativa, y no sólo una política edu­cativa (8). La tarea es ingente, pero la institución de los actuales sistemas educativos en aquellos países en donde existen y funcionan desde década no lo fue menos.

Notas

(I) Ver ECHEVERRIA, J. (1999): Los seño­res del aire. Telépolis y el tercer entorno. Barcelona: Destino.

(2) Aunque no analizaré este punto, conviene dejar claro que por interactivi­dad entiendo simetría estricta entre emi­sores y receptores, no capacidad de opción entre varias alternativas.

(3) Ver J. ECHEVERRIA 1999, parte I, donde se distinguen veinte notas diferen­ciales del nuevo espacio social.

(4) Ver J. ECHEVERRIA (1998): "La escuela distal", Comunicar 10 (marzo 1998), pp. 27-31, algunas de cuyas reto­mamos en este apartado.

(5) Ver J. ECHEVERRIA (1994): Telépolis. Barcelona: Destino, 1994 y J. ECHEVERRIA ( 1995): Cosmopolitas domésticos. Barcelo­na: Anagrama.

(6) Ver J. ECHEVERRIA 1999, parte I, para un estudio más a fondo de las dife­rencias estructurales entre los tres entornos.

(7) Tomo la distinción proximal/distal de la obra de NORBERT BILBENY (1997): Revolución en la ética. Barcelona: Anagra­ma

(8) Para unas propuestas concretas al respecto, ver el Apéndice a Echeverría 1999.