TEATRALIZANDO

"En la escuela, la magia de la sombra"


Domenico Canciani

Miembro el M.C.E.

Extraído de Cooperazione Educativa n° 9/10 - 1.989

Traducción: Alfonso García de la Vega. MCEP - Madrid.



El negro en nues­tra cultura es el color del luto, de la muerte. El gris viene a significar la uni­formidad, está para indi­car cualquier cosa morte­cina, monótona.

El opuesto reclama el conflicto, la inconcilia­bilidad.

Era como partir de bajo cero, tener un handi­cap para superar todavía antes de comenzar.

Quizás por esto los niños abandonan con rapi­dez el juego de sombras: terminados los descubri­mientos que sobre ellas se producen, los posibles lu­gares de procedencia de luces y sombras; mueven también los juegos hacia investigaciones relacionadas, como el sobreponer recíprocamente la sombra, el reproducir, con la sombra de las simples manos, animales más o menos deformes. Queda una sustancial indife­rencia para nuestra fiel compañía.

Proponer usar la sombra como medio de expresión y de comunica­ción no era pues fácil, tampoco lo es para los adultos. Para enseñar, se en­frentan a los ejercicios con la esperan­za de aprender cualquier cosa útil.

Pero Florian Soll y Gerd Haeh­nel (del movimiento Freinet alemán) se presentan en San Lorenzo de Vene­cia. En la Semana Santa de 1985, nos habían devuelto una antigua atracción que habíamos perdido.

Proponiéndonos una pizarra lu­minosa como medio técnico junto al proyector de diapositivas, nos resti­tuían sombras magníficamente colo­readas de rojos y amarillos intensos, negros más negros que el negro, suti­les matices de grises, arco iris produ­cido al traspasar una sola pompa de jabón por un haz luminoso.

Otros, que en el grupo MCE de Mestre ya habían empezado a jugar con las sombras, y yo mismo ya las había trabajado en la nueva escuela Media a tiempo prolongado en el cual había acabado después de tantos años de tiempo pleno en Torre di Fine. Pero para mí aquello fue un importante incentivo, el despertar de una pasión.

Las sombras colo­readas sugestionan, ciegan con su belleza, te reconci­lian con la oscuridad, con un espacio/tiempo que no es solo negación y miedo, te acercan a aquello que puede ser para nuestra ima­ginación un sueño noctur­no.

Durante el carnaval de aquel año llevé a los niños al teatro; fue una nueva explosión el descu­brimiento de las líneas co­loreadas: en plexiglás, en vidrio-resina, de vidrio o de plástico, los contactos sorprende con sus infini­tas trasparencias y lumi­nosidades, con la posibili­dad de ser manipuladas a placer, verlas llegar a ser grandes o pequeñas según

su distancia a la tela. Pa­recía que finalmente la necesidad de concretar de los niños se pudiese con­jugar con la indefinición de los signi­ficados, con la ligereza de los símbolos.

Después, pasada la "confusión", Giovanni Santi me ha enseñado el sim­ple temblor en la claridad de la vela (y aquel juego se lo he robado y después se lo he devuelto), en el cual el negro nunca es negro, y el claro es frío, des­bordante amarillo cálido.

Quizá después de haber aprecia­do los gustos fuertes, se pueden apre­ciar los refinados, los delicados mati­ces.

En la escuela, el teatro de som­bras lo usaban para contar una historia de antiguas leyendas, lo encontraba un lenguaje potente, hecho a posta para evocar sensaciones, sugerir significa­dos, jugar el filo de lo dicho y de lo no dicho, de lo lógico y de lo ilógico. La técnica que usábamos aquella de las siluetas de cartón perforado, recupera­das de Bali (donde usan cuero perfo­rado). Los niños estaban entusiasma­dos con ello, yo y el maestro de plás­tica también. Aquellas figuras nos acercaban a toda la tradición del teatro de sombras china, turca, griega y eran como los rudimentarios signos de un alfabeto que se descubría mientras se usaba. Con aquellos signos escribía­mos pensamientos (vulgares aunque propios de la edad preadolescente) en una gran página blanca (la sábana), y ellos, en virtud de la simpática tinta utilizada, penetra­ban en el universo simbólico personal donde se producían significados capa­ces de dosificar mensajes, pero no imprimían indele­blemente nada co­mo hacen otras es­crituras.

La propuesta de usar directamen­te el cuerpo antes que las siluetas, de dejarse llevar por un motivo musical, seguir el ritmo in­terno, jugar con la expresión y con las imágenes profun­das suscitadas, tie­ne un efecto de cor­tocircuito.

Todas las mediaciones usadas sucesivamente (texto, escenografía, fi­gura) sufren una aceleración intensa y el lenguaje, en sus felices contingen­cias, llega a ser poesía. Era como mo­ver los polos: al contrario que usar el teatro de sombras para narrar un texto, para contar una historia, de­jar que la sombra, arrastrada a la fascinación de la música reencontra­se su historia, diese sus propias imáge­nes.

El MCE es un socializador de la investigación, en cualquier caso mi competencia y la de los demás es ha­cerla girar, para comunicar a los gru­pos aquella propuesta. En Taranto, en Bolonia, en Treviso, en Vicenza...

He trabajado con Giancarlo Ca­vinato para buscar los significados simbólicos, la sombra en sus aspectos histórico-antropológicos; con Tiziano Battaggia para ver sus usos didácticos; con Ana Galetti para perfeccionar los aspectos instantáneos sobre el cuerpo y el movimiento; con Sante Paolo por las complicaciones técnicas.

En tres años hemos hecho mu­chos cursillos por los grupos MCE, la propuesta va adelante, va circulando, ¿pero la investigación?.

Se ha encontrado y confrontado con las necesidades de otros, se han visto vías que llevan en sí toda la ri­queza de la problemática que el Movi­miento está afrontando. En particular, la investigación sobre el "escenario integrador" llevada por Andrea Cane­varo: en la pantalla se funden los pla­nos de la realidad y de lo imaginario, las imágenes suscitadas en cada uno, y adquieren significación en el contexto creado por muchos, los opuestos bus­can la integración, la convivencia.

Este año he tenido fortuna: un taller con el Ayuntamiento de Venecia para dos tardes semanales, por un tiempo limitado. La libre inscripción, aunque gratuita, me sirvió para sólo cinco entre niñas y niños. Entre ellas han desesperado: mi propuesta se basa en una división por grupos ... cómo ha­go?.

Hay un equipo de psicólogos que nos sigue, me dicen que mi grupo es aquello. El objetivo del proyecto es la prevención del malestar, la metodolo­gía es aquella de la observación en pequeño grupo, por esto junto a mí hay una figura de asistente-aprendiz: la "técnica" de la animación de las som­bras es sólo el recurso para entrar en contacto, para crear el grupo, para ha­cer observaciones sobre las relaciones. Me resigno, empiezo a verlo, empiezo a verme junto a ellos.

Es extraño: cuando he hecho la pregunta pensaba en mis ganas de es­tar con los niños (en el momento que estoy "desinteresado", y veo sólo adul­tos...), para mi había pasado rápido: la extraescuela es difícil si no más que la escuela. Esta está estructurada, es una institución que te protege mucho y en cambio te deteriora; allá estás sin red, no tienes aparentemente ningún obje­tivo que alcanzar sino aquello que "mantener", "satisfacer" el cliente, pe­ro para hacer ésto no puedes producir deberes, adultismo, moralidad, etc.

Pero el teatro de la sombra ha impresionado todavía.

Esta situación ha revelado mu­chas de sus potencialidades para el trabajo en grupo, para educar en la cooperación, para hacer expresar la individualidad en proyectos colecti­vos, para estar en un lugar en el cual se ejercitan dinámicas que hacen crecer.

Cuando a un taller abierto llegan los esquimales y las jamaicanas, ya entiendes el nombre que hay en cual­quier cosa para su buena observación, que va dejando hacer y tener bajo con­trol mucho de todo aquello que acon­tece.

Y trabajar con un equipo de psicólogos es necesario:


* En el teatro de sombras se trabaja en la oscuridad, ¿verdad?. Quizá es por esto que Arianna aquel día se ha ocultado debajo de una silla y no quería oír, a causa de los niños.


* En el teatro de sombras se trabaja de­trás de la tela, ¿verdad? Quizá es por esto que Marco se rebela bajo la volun­tad de la música de jazz, él que delante se muestra más bien tímido.


* En el teatro de las sombra se trabaja en el plano de lo imaginario, de lo simbólico, entonces no te sorprende demasiado si Ricardo no entiende bien qué intentas decir cuando quieres que baile con un "tubo de goma, de aquel que se usa para regar las plantas". (Fragmentos de coloquios con Paola Scalari que se ocupa de psicología y análisis social: la intención es la apli­cación del modelo psicoanalítico en las situaciones grupales).


La temática que surge, fuerte, es otra vez aquella de la identidad, de cómo aquella se forma, del límite y de las potencialidades que aquella en­cuentra en el colectivo, de cómo aque­lla sea un recorrido de conocimiento y autoconocimiento; de cómo la motiva­ción para aprender pasa siempre por este nudo y por la relación con la cultura, con la historia nueva impres­cindible en la biografía personal... tanto con los niños como con los adultos.

La investigación ahora tiende a recomponerse; los mil ríos en los que se ha disuelto han dado otros tantos afluentes. No sé si de un vacío princi­pal, quizá dentro de cada uno se tiende a buscar una posible unidad. Los reco­rridos de la investigación exige con­fianza y adhesión, pasión. Aquello que he tenido como un hobby durante años, solo y únicamente como "lugar de placer", distinto del lugar de la profesión y del deber (enseñaba le­tras), no he sabido dejarlo a distan­cia: y es sorprendente descubrir de nuevo que los mejores frutos nacen en el conflicto inicial, en la separa­ción; como decir, el aliciente ha sido el deseo... después un poco de "sal" y el "tiempo" han hecho el resto.

En este momento estamos bus­cando recoger material para hacer una buena publicación razonable. En estos años la reflexión sobre el teatro de sombras parece estar avanzando. No es una técnica a la que le viene una propuesta; o mejor, no es sólo una técnica, es un recorrido al conocimien­to, es un método de trabajo, es un lenguaje a disposición nuestra. Y toda­vía queda mucho más.