TELEVISIÓN: CUESTIÓN DE MANDO

 

Luis M. Millón Carmen Pérez

 

Desde la aparición de la televi­sión en España (allá por los 60) muchos y grandes han sido los cam­bios que se han producido en este medio de comunicación. Estos cam­bios, realmente espectaculares, han supuesto en unos casos un avance (casi siempre dentro del campo de lo tecnológico) y en otros un retroceso en cuanto a determinadas actitudes del telespectador de la denominada "caja tonta".

Así, en sus comienzos, la oferta televisiva en nuestro país no pasaba de una serie de programas variados que se concentraban a lo largo de una programación de tarde‑noche en un solo canal que por entonces se dio en denominar VHF (identificándolo con la frecuencia con la que se emitía desde Madrid). Más tarde,la oferta se amplía a un nuevo canal, UHF, que luego adquiere diversas denominacio­nes (2' Cadena, TV2, y actualmente La 2).

Apostaba esta 2' cadena de la TV estatal por una oferta más cultural y especializada que daba la posibilidad al espectador "más culto" de cambiar el menú, que hasta entonces le resultaba muy pobre.

Evidentemente, y con el paso de los años, la oferta de la TV estatal, incluyendo las dos cadenas, ha ido resultando corta igualmente. Esto ha ido acompañado de un mayor ‑que no mejor‑ consumo de televisión por parte de todos los sectores, especial­mente de aquellos a quienes les sobra más tiempo o se pasan horas y horas realizando en casa tareas rutinarias (amas de casa, por ej.). Así surge una nueva ampliación de la oferta televisi­va, que afecta tanto a contenido como a tiempo: la programación comienza entonces a primeras horas de la mañana y continúa hasta media­noche. Más tarde se amplía igualmen­te este espacio de la noche hasta altas horas de la madrugada.

Pero el monopolio de la televi­sión estatal no podía ser muy durade­ro y grandes empresas, sustentadas por grandes capitales igualmente, se lanzan ala aventura de crear sus pro­pios canales de emisión y al Gobierno no le queda más remedio que admitir­lo y convertirlo en Ley, aunque con una serie de condiciones que en poco o en nada ha hecho variar el espíritu que a nuestro país han traído las cadenas privadas.

Se implantan, casi simultáneamen­te a la aparición de estas cadenas pri­vadas, los canales autonómicos que cubren una programación, digamos, más regionalista y que permite, por lo tanto, concentrar más horas de emi­són en espectáculos más relacionados con la identidad cultural de aquella parte del mapa que recoge su señal.

Pero todo esta amalgama y varie­dad de programas que generan tanto las cadenas estatales como las priva­das, han traído consecuencias, unas que se refieren al plano tecnológico y otras, como decíamos al principio, actitudinales.

Si hay varios canales, habrá varios programas al mismo tiempo. Como todos no se pueden ver a la vez habrá que inventarse un aparato que los grabe y reproduzca a placer más tarde (el vídeo). De esta misma mane­ra, lo que antes no resultaba incómo­do ‑enchufar la tele y ver lo que había en el único canal que se podía sintoni­zar‑, ahora sí resulta engorroso cuan­do al telespectador (teleadicto más bien) se le ocurre que puede cambiar de programa por diveros motivos, al ser la oferta mucho mayor. Así, y con la entrada en el mercado de nuevos y sofosticados receptores de televisión, surge en el "paquete" el mando a distancia, de implantación muy ante­rior en otros países europeos y por supuesto en los americanos. Y son éstos precisamente los que se encar­gan de acuñar determinados términos que son exportados al resto del mundo y se incorporan al vocabulario habitual y cotidiano de quienes consu­mimos televisión. Uno de estos tér­minos, consecuencia inmediata del mando a distancia, es el denominado ZAPPING, que solamente es una de las cuatro modalidades o formas de usar el mismo, según los propios americanos.

ZAPPING

Este es el término más conocido de los cuatro y que aplicamos por generalización a otras tantas actitudes frente al Televisor y la utilización del mando a distancia, pero que es preci­so definir. Como veremos más ade­lante, los distintos usos que demos al mando a distancia, tendran un térmi­no que los defina; Y éste de "zapping" queda restringido al hecho de cambiar de cadena para eliminar la publicidad. La reiteración de los mensajes publicitarios, y la cada vez menos discrimi­nación a la hora de interrumpir un programa para emitir publicidad, nos llevan a un hastío ante ella que provo­ca el inmediato cambio de cadena. Claro que a veces, vas cambiando de una a otra y casualmente en todas encuentras anuncios al mismo tiempo. De cualquier forma, el espectador que hace "zapping" está interesado en el programa que está viendo, pero no soporta los anuncios y cambia de cadena para evitarlos, calculando el tiempo de emisión que puedan durar, y mientras tanto ve cualquier otro programa en cualquier otra cadena.

 

ZIPPING

Podemos definirlo como el hecho de acelerar con el mando a distancia del video o magnetoscopio aquellas partes del programa que hemos gra­bado y que no nos resultan interesan­tes, ya se trate de anuncios, o de algu­nas partes del programa en sí que no tienen para nosotros mucho interés. Si lo que hacemos es acelerar para quitar los anuncios, lo que realmente estamos haciendo es "zapping" pero eliminando o acelerando el tiempo que éstos ocupan, cosa que no pode­mos hacer cuando estamos viendo un programa en directo (no grabado). También podemos acelerar , por ejemplo en un programa deportivo, para ver aquellas jugadas o partes más interesantes saltándonos todo lo demás; Si nuestro ejemplo fuese un partido de fútbol, nos detendríamos en las jugadas de gol y en algunas fal­tas, pasando rápido el resto del parti­do. El prototipo de persona que hace "zipping" es aquélla que no quiere perder el tiempo, y que graba los pro­gramas viendo posteriormente sólo aquellas partes más interesantes, con el ahorro de tiempo que ello implica. Abundando en el ejemplo del partido de fútbol que habitualmente puede durar en torno a las dos horas, se podría resumir con el mando y el "zipping" a media hora.

FLIPPING

Por Flipping entendemos el hecho de cambiar de cadena por el simple placer del cambio sin ningún orden o intencionalidad preestablecidos. Es

aquella persona que siente la necesi­dad de ver la televisión, no puede pasar sin ella, pero a su vez no se identifica con ninguno de los mensajes emitidos en las distintas cadenas, y va pasando alternativamente de una a otra sin más criterio que el que el dedo acierte a dar en el canal 22 o en el 16.

Podemos considerar a estas per­sonas saturadas de imagen televisiva, pero a la vez incapaces de prescindir de ella. No les interesa nada o casi nada de lo que ven. Son seres solita­rios, ya que ¿quién soportaría un "flip­ping" continuo de una cadena a otra sin posibiliad de "coger onda" de nin­guno de los programas, si no somos los que tenemos el mando en la mano?

GRAZZING

Este término nos remite al hecho de pasar de una cadena a otra por­que se quieren seguir dos o más pro­gramas a la vez. Es el caso de la per­sona muy interesada en uno o varios temas y que va extractando algunas partes de los programas que se están emitiendo para no perdérselos. Por ej.: seguir dos o tres espectáculos deportivos emitidos a la vez en distin­tas cadenas, o las noticias para com­parar cómo las dan las diferentes cadenas; su tipología es la de aquella persona muy interesada en el mensaje televisivo hasta el punto de querer seguir dos ó más programas al mismo tiempo, y el mano le permite ir cam­biando para extractar de cada uno de ellos una parte.

Después de este breve análisis de las posibilidades que da el mando a distancia, solamente nos queda hacer una serie de reflexiones finales. La primera se refiere al hecho de haber pasado de sentarnos cómodamente frente al televisor pudiendo ver solo I programa o a lo sumo 2, a poder manipular el tiempo de lo emitido, a seleccionar los temas, a grabar en vídeo aquellos programas que no podemos ver en directo, a conectar incluso con otros países y ver sus propios programas (a través de las parabólicas) ...etc. En un mundo, no obstante, de grandes e innumerables soledades, necesitamos siempre de un interlocutor con quien relacionarnos e interactuar. Con la "tele" esto no era posible hasta ahora (solamente el mando nos proporcionaba la ilusión de poder sobre la máquina y de hacernos sentir sujetos activos frente a la pantalla del televisor) pero la téc­nica de nuevo nos sorprende e inven­ta un artilugio que evite nuestra sole­dad y nos proporcione vías de comu­nicación con el aparato más domésti­co que existe (después de la lavado­ra). Nos referimos al tele‑pick, que permite interactuar con algunos de los programas que se emiten cual si de un teléfono se tratara.

¿Hacia dónde nos lleva todo esto? ¿Invadirá mañana (ya hoy) el mando a distancia nuestras vidas hasta el punto de no poder prescindir de él? Se habla de la casa del futuro como totalmente robotizada. Se hará todo desde un SUPER‑MANDO sin cables que haga funcionar a distancia tanto nuestra lavadora como el frigo­rífico o cualquier otro electrodomés­tico de nuestro hogar. Digo yo que los "michelines" que nos saldrán des­pués de tantísimo esfuerzo físico se podrán eliminar fácilmente con algún artilugio que evidentemente funciona­rá accionado con uno de esos tele­mandos.