LA REDUCCIÓN DEL TIEMPO DE TRABAJO: LA ESCUELA ANTE EL TIEMPO LIBRE

Rosario López Martín

Juan Pedro Galiono

 

La modernización tecnológica, de un lado, y las dificultades estructurales para acceder a un puesto de trabajo así como para mantenerlo indefinida­mente, de otro, están generando un aumento considerable y creciente del tiempo de inactividad en la población, situación que los indicadores socia­les apuntan que tenderá a incrementarse en el futuro. Dicha inactividad desvalorizadora y por tanto en parte autodestructiva puede estar en la base, a través de una transformación psicosocial compensadora, en las cre­cientemente observables patologías sociales de agresividad colectiva tales como grupos ultras de hinchas, vandalismo urbano, xenofobia, etc. Corres­ponde en buena parte a la educación hacer frente a dicho desajuste con el fin de transformarlo en ocio creador y revalorizador, que permita el desa­rrollo de las múltiples inquietudes y aficiones que cada persona pueda albergar.

 

 

En un estudio que el CIRES (Cen­tro de Investigaciones sobre la Reali­dad Social) realizó en Mayo de 1993, aparece que el 70% de las personas mayores de 18 años entrevistadas considera que por lo que la gente joven' de hoy muestra más interés es por lo que se considera “pasárselo bien”, esto es, dedicarse a actividades de ocio y esparcimiento, a divertirse y juntarse con amigos/as, a aficiones y deportes entre los que destacan las motos, los coches, salir ...., mientras que se opina que sólo el 21 % de los jóvenes tiene un verdadero interés en el estudio y/o en el trabajo, con el fin de prepararse seriamente para el futuro. Y ello es justo lo contrario de lo que se piensa que se debería hacer: se debería tener un interés primordial en la preparación adecuada para el futuro laboral mientras que las actividades de ocio deberían ocupar un lugar claramente secundario.

Se considera, por lo tanto, que los jóvenes no utilizan de una manera “adecuada” su tiempo. En lo que aquí nos interesa, esta opinión suele ser bastante compartida por los docen­tes. La consideración de que los alum­nos “pierden el tiempo” y no se cen­tran en lo que debería ser algo funda­mental para ellos: la preparación para un futuro laboral, provoca importan­tes conflictos en la dinámica escolar.

Sin embargo, tal vez estos jóvenes no anden tan descaminados en lo que respecta a una interés primordial en el ocio frente a los períodos que se deberían dedicar a preparar para el futuro laboral. Y con ello, el sistema educativo tal vez debería poner más énfasis en formar a esos jóvenes para ese tiempo libre en lugar de enfren­tarse a éstos por una consideración de mala utilización del tiempo de cada uno.

Y no andan tan descaminados porque los cambios económicos, polí­ticos y sociales han provocado sucesi­vamente grandes y significativo recor­tes de la vida laboral, por lo que la mayor parte del tiempo nuestros jóvenes ya no lo van a pasar tra­bajando, sino en otros espacios no laborales y cuanto antes se aprenda a llenar ese tiempo y cuanto antes desaparezca la idea de que el tiempo no dedicado a trabajar/estu­diar es una “perdida de tiempo” tanto más habremos hecho por una “ade­cuada” socialización.

 

LA DURACIÓN DE LA VIDA LABORAL

 

El tiempo de nuestra vida que dedicamos a trabajar se ha ido redu­ciendo paulatinamente. Esta reduc­ción ha sido consecuencia de la con­junción de una serie de elementos, algunos de los cuales han sido expre­samente demandados y reivindicados, mientras que otros son el resultado de efectos no deseados. Entre los pri­meros aparecen la reducción de la jornada, el descenso en la edad de jubilación y el aplazamiento del ingre­so en la vida laboral al extenderse la enseñanza reglada a las capas popula­res de la población. Respecto a los segundos, nos encontramos con nue­vas modalidades de contratación (trabajo a tiempo parcial, discontí­nuo...) y, sobretodo, con el desem­pleo.

Pero todos estos elementos, obviamente, no son independientes. Así, la incapacidad del sistema productivo para crear empleo suficiente y estable ha provocado una bolsa de desempleo estructural en implacable incremento que ha impulsado a los jóvenes a seguir estudiando (y a las familias a presionar a los hijos en este sentido), en un intento por aplazar el problema del desempleo o de enfren­tarse a él con mayor cualificación o más credenciales; y alentado por ello, el credencialismo se ha hecho un hueco importante en los valores sociales, de tal forma que hoy apenas se cuestiona la utilidad de los títulos académicos para incrementar las posi­bilidades de encontrar un buen empleo (respecto a aquellos que no lo tienen). También el paro ha retra­sado directamente la incorporación al trabajo (más adelante veremos los datos al respecto), ya que los jóvenes que sí dejan la escuela tienen más difi­cultades para encontrar un empleo.

Asimismo, tanto la ampliación de la escolaridad como el adelantamiento de la jubilación ha sido consideradas como medidas que permiten even­tualmente aliviar el problema del desempleo.

 

RETRASO EN LA INCORPORA­CIÓN AL EMPLEO

 

La tasa de escolarización ha aumentado espectacularmente entre los años 1979 y 1994, especialmente en el colectivo mas joven (CUADRO l). El mayor crecimiento se ha produ­cido en la tasa de escolarización de las mujeres, creándose una diferencia a favor de éstas respecto a la perma­nencia en el sistema educativo. Este mayor crecimiento puede interpretar­se a partir del vínculo, ya señalado, entre la dificultad para encontrar tra­bajo y la continuidad de los estudios, ya que son precisamente las mujeres jóvenes el colectivo que mayor tasa de paro soporta, aunque también puede explicarse por la pujante ruptu­ra del tradicional reparto de papeles en el seno de la familia, de forma que ahora hay más mujeres jóvenes que consideran que la institución escolar es un recurso útil para su futuro pro­fesional.

El retraso en el acceso al mundo laboral (a lo considerado como “población activa”) se observa tam­bién en las tasas de actividad de los jóvenes. En el CUADRO 2 se observa que la tendencia a un retraso en la edad de incorporación al mundo labo­ral (se trabaje o no) es muy clara para el grupo de jóvenes con edades com­prendidas entre los 16‑19 años, es decir, el grupo de edad más afectado por el incremento de la oferta educa­tiva pasando de un 42,3% en 1979 a un 27% en el presente año 1994. Con ello, se constata el retraso generaliza­do en el inicio de la vida laboral, en la incorporación de hecho a un puesto de trabajo.

El fuerte crecimiento del desem­pleo (CUADROS 3 Y 4) ha provoca­do que el retraso en la incorporación al trabajo sea mayor que el que se derivaría sólo de la prolongación de la escolaridad. No se trata únicamente de que hoy se abandone más tarde la escuela, sino que cuando se abandona hay más dificultades para encontrar empleo.

En cualquier caso, lo que se está produciendo es un cambio importan­te en las pautas de inserción social de los jóvenes, aunque las consecuen­cias en la vida de éstos sean muy dis­tintas según las causas y la situación en la que se produzca el aplazamiento en la incorporación al trabajo. No es lo mismo que el retraso se deba a la dificultad para encontrar trabajo una vez fuera de la escuela que a la pro­longación de la escolaridad, como tampoco es lo mismo que dicha pro­longación sea por voluntad propia y al amparo de una familia con recursos económicos a que se produzca en el contexto de una situación familiar económicamente desfavorable. Esto es: la variable clase social tiene, una importancia fundamental en la seg­mentación del retraso en la incorpo­ración al trabajo. En primer lugar por­que la prolongación de la escolaridad no ha impedido que se siga dando una desigualdad en el abandono temprano de la escuela según la clase social de pertenencia (Zárraga, 1989; Caraba­ña, 1988; Tobío, 1988; Torres Mora, 1991), lo que se traduce en que los jóvenes de familias obreras sean los más afectados por el problema del desempleo (y de la precariedad labo­ral) y, en consecuencia, por cierto tipo de retraso en la incorporación al trabajo (aquel relacionado con las difi­cultades para encontrar un primer empleo). En segundo lugar porque aunque la prolongación de la situación de dependencia de los padres y el retraso en la plena inserción social como consecuencia de la extensión de la escolaridad ha afectado a todos los grupos sociales, es distinta la vivencia de dicha situación según las posibilidades de la familia para dar cobertura a las necesidades económi­cas de los jóvenes.

 

LAS INTERRUPCIONES DE LA VIDA LABORAL

 

Un joven de hoy tiene bastantes más probabilidades de encontrarse en algún momento de su vida en situa­ciones de parado que otro asalariado 15 años mayor que él. La tasa de eventualidad en las contrataciones se ha disparado en los últimos años (en 1994 cerca del 34% de los asalaria­dos tenía un contrato temporal frente al 23% de seis años antes), lo que repercute en una mayor alternancia empleo‑paro‑empleo. Ello proyecta una serie de consecuencias en las expectativas de futuro y en la vivencia del presente de las personas afectadas. En el caso de los jóvenes entre 16‑19 años, la tasa de eventuali­dad alcanza al 87,5% de los contratos, lo más habitual es que estos contra­tos tengan una duración inferior a 6 meses y se desempeñen en el sector privado. Y, dentro del grupo juvenil, son las mujeres y los de nivel socioe­conómico más humilde los grupos sociales más afectados.

Si, además de lo señalado, consi­deramos que los parados de larga duración (más de un año buscando empleo) son alrededor de la mitad de los parados vemos que la cantidad de tiempo que se dedica de forma efecti­va al trabajo no es demasiado alta.

Pero lo importante es que esto no son sólo números y datos sino que son situaciones reales que provocan graves consecuencias sociales y per­sonales: problemas en las relaciones familiares, conflictos relacionados con la identidad social, reforzamiento pro­gresivo de la situación como desem­pleado (por la estructura circular del proceso), desarraigo y riesgo de entrar en círculos marginales,... efec­tos todos ellos constatados que ponen de manifiesto la gravedad del problema que es un problema que no se resuelve aludiendo a la picaresca, a la tabla de salvación de la economía sumergida, etc.

Por último, sólo apuntaremos que el modelo/ideal de trabajo actual: jor­nada a tiempo completo y con conti­nuidad parece cada vez más lejano. Los nuevos modos de contratación, con el trabajo a tiempo parcial y/o discontinuo parece que tendrán una alta incidencia en el futuro. Y ello viene respaldado tanto por las necesi­dades de las empresas (en el marco de su demanda de flexibilidad) como por las demandas del algunos secto­res de trabajadores (por las nuevas formas de organización familiar, prio­ritariamente vinculadas a la incorpo­ración de la mujer al mercado de tra­bajo). No obstante, hoy en día este tipo de contrataciones sólo afecta, en general, a los colectivos de trabajadores con menos capacidad de autode­fensa por su situación personal y colectiva: mujeres, jóvenes, inmigran­tes, trabajadores poco cualificados, contratados eventuales,... y represen­ta un porcentaje de empleo total bajo en relación al que supone en la mayo­ría de los países de la C.E.E., por lo que es fácil que se vaya ampliando sucesivamente a sectores de trabaja­dores cada vez más numerosos.

 

ADELANTO EN LA FINALIZA­CIÓN DE LA VIDA LABORAL

 

Tanto el adelanto en la edad de la jubilación, que parece haber alcanza­do un límite difícilmente superable dados los problemas financieros del Estado, como el crecimiento de las empresas que recurren a programas de jubilación anticipada han provoca­do que la vida laboral de los trabaja­dores sea cada vez más corta. Al tiempo, el aumento del desempleo hace que los trabajadores que pierden su puesto de trabajo antes de los 65 años, tengan que esperar como para­dos a alcanzar la edad de la jubilación.

Las consecuencias del recorte en la duración de la vida laboral por el adelanto de la jubilación alcanzan dife­rentes parcelas de la vida de los tra­bajadores afectados y aunque estas consecuencias desde una perspectiva psico‑social apenas han sido estudia­das, cabe suponer que se extienden a las relaciones interpersonales (ámbi­to familiar, amistades, etc.), a su iden­tidad social, a los hábitos de ocio y consumo,... todo ello debido a la desorientación respecto a cómo ocu­par un tiempo que se dedicaba al mundo laboral, tanto en sus aspectos productivos como de sociabilidad en general, sobretodo cuando este salto se produce de forma brusca y prema­tura.

Para finalizar, es importante seña­lar que no aparece ningún indicador que permita prever un aumento de la tasa de actividad de los mayores de 55 años en el futuro y sólo un perío­do de crecimiento económico intenso y sostenido haría posible que se atra­sara la edad de jubilación, de acuerdo con los intereses de la administración. Mientras tanto, la significativa reduc­ción del gasto estatal correspondiente a la atención de los segmentos de población no productivos apuntan a que la situación de los futuros jubila­dos hará que se produzca un deterio­ro de su calidad de vida y, en concre­to, respecto a los jóvenes que se incorporan tardíamente a la actividad, existe la posibilidad no sólo de que se encuentren con la jubilación antes de los 65 años sino que esta retirada de la vida productiva plantea la incerti­dumbre en el terreno de la asistencia estatal correspondiente.

 

A MODO DE CONCLUSION

 

La situación previsible con la que se van a encontrar los actuales niños y jóvenes va a ser la de tener que dedicar mucho menos tiempo de su vida que generaciones anteriores al trabajo. Las razones son: se empieza a trabajar más tarde, se abandonará antes el sistema productivo y una vez establecidos entre la “población acti­va” va a ser difícil una continuidad laboral, tanto por el desempleo como por la aparición de formas de contra­tación y de trabajo alternativos a los que estamos habituados.

Pero mientras el tiempo libre cada vez es y será más amplio, las activida­des de ocio siguen siendo las propias de una concepción de “rellena hue­cos” en un tiempo generalmente ocu­pado (sea en estudiar o en trabajar): hoy las actividades de ocio más reali­zadas son ver la televisión, escuchar la

radio, escuchar música, visitar y salir con los amigos y con estas formas de ocupar su tiempo se muestran, en general, satisfechos (un 70% en el mencionado estudio). Y cuando uno se sitúa en el terreno de los deseos, las aficiones que más gustaría realizar ‑como viajar‑ van relacionadas con una disponibilidad de recursos econó­micos, mientras que este tiempo libre pocas veces va a venir acompañado del suficiente patrimonio que permita disfrutar de esas aficiones más desea­das, aficiones todas ellas propias de nuestra sociedad de consumo.

Por todo ello, el sistema educati­vo debería plantearse como algo fun­damental formar a los jóvenes hacia el no‑trabajo, hacia la ocupación del amplísimo tiempo de ocio (deseado y no deseado) que les espera, puesto que las aficiones, los hobbies, se construyen socialmente y debería conside­rar dicha formación no como un aspecto complementario, marginal o secundario dentro del programa edu­cativo “formal”, como accesorio a lo importante, sino como algo funda­mental, algo de lo que va a depender en buena parte que los alumnos pue­dan llegar a construirse una personali­dad equilibrada.

 

CUADRO 1: EVOLUCIÓN DE LA TASA DE ESCOLARIZACIÓN DE LOS JÓVENES

 

16-19 años

20-24 años

 

TOTAL

HOMBRE

MUJER

TOTAL

HOMBRE

MUJER

1 Trim.

1979

46,3

46,4

46,3

13,7

12,7

15,1

Trim.

1989

59,6

56,2

63,4

29,0

25,6

32,6

Trim.

1994

64,3

58,8

70

28,9

26

32,1

 

 

 

CUADRO 2: EVOLUCIÓN DE LA TASA DE ACTIVIDAD DE LOS JÓVENES (% de activos ‑empleados+ parados‑ respecto a la población de cada grupo de edad y sexo)

 

16-19 años

20-24 años

 

 

TOTAL

HOMBRE

MUJER

TOTAL

HOMBRE

MUJER

Trim.

1979

42,3

47,4

37,0

58,5

61,7

55,0

 

Trim.

1989

33,5

34,2

32,8

66,2

70,4

61,7

 

Trim.

1994

27,2

29,8

24,4

62,7

66,6

58,5

 

 

 

CUADRO 3: EVOLUCIÓN DE LA TASA DE PARO (% de parados respecto a la población activa de cada grupo de edad y sexo)

 

16-19 años

20-24 años

 

TOTAL

HOMBRE

MUJER

TOTAL

HOMBRE

MUJER

Trim.

1979

25,8

25,3

26,5

17,0

17,3

16,5

Trim.

1994

52,3

47,7

58,1

42,6

39,1

46,8

 

 

CUADRO 4: EVOLUCIÓN DE LA TASA DE EMPLEO (% de ocupados sobre total población de cada grupo de edad y sexo)

 

16-19 años

20-24 años

 

TOTAL

HOMBRE

MUJER

TOTAL

HOMBRE

MUJER

2' Trim.

1979

31,4

35,4

27,2

48,5

51,0

45,9

2' Trim.

1994

13

15,6

10,3

36

40,6