[Abril de 1999]

1898, el fin del imperio español / La prensa gallega antes y después del "desastre"

(6.005 palabras - 14 páginas)

Lic. Xurxo Salgado Tejido ©

Universidad de Santiago de Compostela. Galicia.

 

Situémonos en una Habana aún en manos de los españoles y tomada ya por el ejército yanqui. En las calles se respira un aire amargo. El futuro es incierto para la isla... Pero ustedes no se preocupen, ni los yanquis han conquistado Cuba, ni los españoles son dueños y amos del gobierno antillano. Retrocedamos un siglo.

Hace ahora cerca de cien años que el conflicto que enfrentaba al estado español, Cuba y Estados Unidos llegaba a su fin. El 10 de diciembre se cumplirá exactamente un siglo desde que el diputado gallego Montero Ríos estampaba su firma en el Tratado de París.

España abandonaba Cuba después de cuatro cientos años de colonización y tras dos largas y agónicas guerras libradas contra los revolucionarios de la isla. La independencia de la "perla antillana", como era considerada la colonia por la prensa y los políticos españoles, constituyó el mayor desastre político, económico y, sobre todo, militar de todo el siglo XIX. No es de extrañar, que desde entonces, el "Desastre del 98" simbolice el fin de una etapa y el comienzo de otra.

Cuba se consideraba una herencia sagrada que España no podía perder sin menoscabo de su identidad nacional. El presidente del Consejo, Antonio Cánovas, decía en vísperas de la guerra con EE UU que "Cuba es la Alsacia-Lorena de España; el honor de España está en juego". Otro insigne político, Emilio Castelar, ex presidente de la primera república española, iba más lejos y declaraba que "España hizo América, como Dios hizo el mundo... América será española eternamente".

Con la derrota en la isla, España perdía no sólo la propia Cuba, sino Puerto Rico y Filipinas. Pero el 98 significó mucho más que la independencia de estas colonias. Supuso el fin del agónico poderío español en ultramar; la muerte de España como imperio y como antigua potencia europea. España era víctima del darwinismo político de la época por el cual "el pez más grande se come al pez más pequeño".

El 98 marcó a toda la sociedad española. Las consecuencias del "Desastre" se dejaron notar durante años, décadas, incluso. Y estos sufrimientos no pasaron inadvertidos para el pueblo gallego, quizás, el más afectado por estas guerras.

 

1.     GALICIA Y CUBA EN 1898

Cuba fue el destino de cientos de miles de emigrantes gallegos durante todo el siglo XIX. En las estadísticas oficiales correspondientes al período finisecular (1885-95), se registran 167.575 salidas de gallegos con destino a América, lo que representa casi el 40% de toda la emigración peninsular durante esa etapa. De esos emigrantes, el 51% eligió Cuba como lugar de destino. Un refrán de la época decía que "sin gallego no hay mulato", lo que ya indica la importancia y el número de gallegos en la isla. Allí desempeñaron oficios urbanos en el artesanado y la construcción y, sobre todo, actividades de servicios en el pequeño comercio; pero muchos de ellos se integraron también en la zafra, en las labores tabaqueras o en los ingenios de azúcar.

Durante la segunda guerra cubana, unos 240.000 jóvenes peninsulares y 50.000 voluntarios cubanos formarían parte del mayor ejército colonial organizado por una metrópoli europea en las últimas décadas del siglo XIX. Galicia aportó miles de hombres a esta dura e incomprensible contienda. La participación de los gallegos (más del 10% del total), considerada por algunos como la mayor del estado en términos relativos, supuso que cada pueblo proporcionara un promedio de una decena de hombres nacidos entre 1870 y 1875. González López en su "Historia de Galicia" afirma que esto supuso una auténtica hemorragia para nuestro país:

"Ninguna otra región aportó tantos hombres como Galicia a las armas españolas, sobre todo a la Marina, que trataban de dominar la insurrección cubana y que luego tuvieron que enfrentarse con la armada y el ejército norteamericanos".

Pero los jóvenes gallegos también mostrarían su descontento con esta guerra a través de la emigración, y por consiguiente, la deserción. Pretendían con ello librarse de ser llamados a filas y combatir en una guerra, a todas luces, injusta. El informe de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago en 1881 cifra la emigración en "unos 20.000 gallegos van anualmente a América y al Brasil", cuyas cuatro quintas partes serían emigración clandestina de mozos sujetos por edad a quintas. En plena guerra, en 1897, una real orden mandaba perseguir a los armadores y agentes intermediarios que facilitaban a los mozos de quintas documentación falsa para embarcar.

Muchos soldados desertaban en el propio frente por las pésimas condiciones que debían soportar en campaña. La mayoría se acababa uniendo al ejército rebelde. Xosé Neira Vilas recoge el relato de Caetano Vázquez, un mambí (guerrillero) gallego:

"En mi unidad de combate éramos unos diez paisanos de diferentes provincias. unos desertaran del ejército español y otros, como yo, eran emigrantes que se presentaron sin más. En una ocasión pude hablar y con unos soldados coloniales y me dijeron que estaban hartos de sus jefes y que de buena gana se unirían a nosotros si pudiesen hacerlo".

Esta cita denota que también fueron numerosos los peninsulares que luchaban contra sus propios compatriotas enrolados, éstos, en la guerrilla mambí. Los gallegos tampoco estuvieron ausentes en esta lucha por la independencia de Cuba. Neria Vilas consiguió reunir documentación a cerca de ciento nueve gallegos mambises, aunque la cifra real era muy superior. Los hay solteros y casados, de oficios diversos, de variada procedencia, y de edades que van desde los 14 a los 58 años. Algunos de ellos cayeron en combate y dieron la vida por un pueblo del que ya formaban parte. Algunos llegaron a generales como Francisco Villamil y otros como José Martínez o Pablo Insua fueron amigos personales del propio Martí, que escribía sobre la muerte del último en el diario Patria:

"Sería injusticia suma, y suma ingratitud, al hablar de los gallegos en Cuba, no poner una flor de las que no se secan sobre la sepultura cubierta de nieve de Pablo Insua. Él fue el héroe modesto y eficaz de la tentativa de los cubanos por la independencia, después del Zanjón: el héroe en New York. Quien no conozca la larga lucha de Galicia por sus derechos ofendidos, la emigración voluntaria de sus mejores hijos en busca de justicia y dignidad, la levadura sorda y creciente de emancipación del terruño arruinado en torno al pazo feudal, el partido formal de independencia creado en Galicia con lo mejor del país, hubiera extrañado aquella pasión de hijo, aquella abundancia de la bolsa, aquella república viva y ardiente, con que defendía Pablo Insua la libertad cubana".

Galicia lloraría finalizada la guerra los muertos en la contienda. Unos hablan de 3.000 y otros de 8.000 perecidos de un total de 50.000 que se llevó la guerra en más de tres años de lucha. La mayoría víctimas de las terribles enfermedades a las que no estaban acostumbrados y para las que no tenían defensas, como la disentería, paludismo, fiebre tifoidea o tuberculosis pulmonar. Otros, como los marineros del "Vizcaya", todos gallegos, morirían en la batalla de Santiago. Pero lo más duro para gallegos y españoles fue recibir a esa gran cantidad de repatriados, muchos de ellos enfermos y moribundos. La prensa se haría profundo eco de esta situación, que analizaremos más adelante.

 

2.     LA PRENSA GALLEGA EN 1898

En esta época Galicia sacaba al mercado 130 periódicos, una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que en todo el estado español se publicaban por aquel entonces 1.347 periódicos (de los que 309 eran diarios, 557 semanarios y el resto de distintas periodizaciones). Sin embargo, hay que tener en cuenta que la estadística no es nada fiable "por el carácter efímero de mucha prensa que, apenas nacida, ya desaparecía a los pocos números".

Entre los periódicos más importantes de Galicia resaltan, El Faro de Vigo (3.500 ejemplares de tirada), La Voz de Galicia (3.000), El Diario de Galicia (A Coruña, 1.500), El Eco de Galicia (Lugo, 1.000), El Lucense (Lugo, 900), Idea Moderna (Lugo, 850), El Eco de Orense, El Telegrama (A Coruña, 1.000), El Correo Gallego (Ferrol), El Ancora (Pontevedra), El Diario de Pontevedra, La Integridad (Tui, 1.500), El Eco de Santiago...

La tirada de estos periódicos es minúscula si la comparamos con la tirada de los periódicos madrileños que llegaban a alcanzar los 100.000 ejemplares, como era el caso de El Imparcial. Otros de los periódicos españoles más leídos eran El Liberal, El Heraldo, La Correspondencia de España o Abc. Muchos de ellos servían de fuente de información para la españoles más leídos eran El Liberal, El Heraldo, La Correspondencia de España o ABC. Muchos de ellos servían de fuente de información para la publicación o contraste de noticias publicadas en los diarios gallegos.

Sin embargo, serán precisamente las guerra coloniales en Cuba y en Filipinas las que hagan aumentar de forma significativa la tirada de todos los diarios peninsulares. El Imparcial llega a superar los 150.000 ejemplares en 1897. En Galicia los grandes diarios mantienen el estilo folletinesco pero añaden grabados e incluso alguna fotografía que rompen la anterior monotonía. Es el caso de Eco de Santiago, El Correo Gallego o La Voz de Galicia, que se ve obligada a aumentar las páginas y por consiguiente la información en otros campos. Esto hace que aumente de tirada. Capta a un público que busca lo popular y variado antes que lo intelectual y culto.

La prensa se hace altavoz del entusiasmo bélico que reina en todo el estado. Los editoriales se llenan de crónicas que hablan de honor, de patria, de raza, de victoria... Se crea un ambiente de tal euforia colectiva que todo el pueblo, sin distinción de clases sociales, se une en un grito común.

Ante tal dominio del oportunismo y del sensacionalismo, la Unión Republicana llega a recomendar a la prensa de Madrid que tenga cuidado en evitar todas aquellas afirmaciones patrioteras que hace para vender, porque los periódicos españoles se venden en las capitales europeas y esas afirmaciones pueden molestar. Se refería este diario a un artículo aparecido en El Imparcial en el que presentaba a España como "la última nación caballeresca".

Al otro lado del Atlántico, también los autores americanos estudiosos de la prensa han subrayado el rápido incremento del número de ejemplares al compás de las guerras hispano-cubanas e hispano-yanquis. En lo tocante a los principales diarios, el World de Pulitzer tenía a principios de 1895 una tirada diaria de 400.000 ejemplares; en abril de 1896, sumando las ediciones de mañana y tarde, la cifra superaba los 742.000 ejemplares, para a principios de 1898 totalizar 822.000. Con relación al Journal de Hearst, en marzo de 1897, contando con ediciones de mañana y noche, se llegaba a los 750.000. Ambos diarios superarían el millón durante la crisis suscitada por el hundimiento del acorazado Maine.

En los años inmediatamente posteriores al "desastre", los periódicos entran en un periodo de desorientación, de pérdida de credibilidad y de lectores. La prensa gallega sufre las consecuencias de sus propios actos. Del patriotismo inicial se pasa al pesimismo. La sociedad le da la espalda a la prensa y la considera culpable de lo ocurrido. Además, el estado español vivirá años agitados con continuas huelgas y manifestaciones que acaban perjudicando seriamente a los periódicos porque se instaura la censura gubernamental.

El intelectual Ramiro de Maeztu intentaba encontrar una respuesta a la crisis de la prensa madrileña en un artículo publicado en Nuevo Mundo, en 1905:

"No es un secreto, pues, el que descubrimos diciendo que las tiradas de los rotativos bajan, desde hace algún tiempo, lentamente e incesantemente (...) es como si a los lectores de los periódicos de Madrid les fuese acometiendo, uno a uno, un cansancio, una fatiga de prosa periodística, y uno a uno fueran dejando el diario que antes les apasionaba".

A pesar de los años de crisis, nuestra prensa logra recuperarse ya que muchos de los diarios dan un nuevo giro en su visión del mundo y del mercado. Ahora miran más que nunca para Galicia, ahí es donde está la noticia. La prensa gallega comienza a hacerse más eco entre la propia sociedad galaica que demanda a su prensa mayor información de los asuntos de su país.

En este contexto, la prensa madrileña tiene que enfrentarse a dos problemas; por un lado a un reflujo de lectores, lógico tras el interés despertado por el conflicto cubano y la guerra con los EE UU que habían disparado la tirada, y por el otro tiene que competir más duramente en el mercado provincial con la prensa local. Al comienzo del siglo XX, ningún diario madrileño puede competir en Cataluña con La Vanguardia, que inicia su espectacular despegue.

 

3. EL PAPEL DE LA PRENSA GALLEGA DURANTE EL CONFLICTO

CON CUBA Y LA GUERRA CON LOS EE UU

La mayoría de los periódicos gallegos, al igual que en el resto del estado, contribuyeron a crear un ambiente de euforia exacerbada. El pueblo debía defender su honor, su honra herida, primero por los independentistas cubanos y más tarde por los yanquis. Son numerosos los artículos periodísticos a este respecto. El Telegrama se dirigía de este modo al escuadrón expedicionario regimiento de cazadores de Galicia que debían partir para combatir en Cuba:

"Cazadores: Las crudezas y tradiciones de los hijos rebeldes de nuestra desgraciada España os imponen el glorioso deber de dejar siquiera sea por poco tiempo las ricas tierras en que nacisteis, surcar los profundos mares y sentar las plantas en la enemiga tierra cubana (...) Viva España y viva Galicia será siempre vuestro lema guerrero, y por España y por Galicia debéis luchar hasta morir, que muriendo en la defensa de la Patria, vuestro nombre será imperecedero y las generaciones del porvenir rendirán debido culto a vuestra valentía".

De igual manera se manifiesta El Eco de Santiago con la publicación de esta canción:

"Ve de prisa marinero

que estoy ansiando llegar,

aunque tenga que dejar

en tierra lo que yo quiero,

mi madre con dolor fiero

ve que me voy alejando,

dejo una madre llorando

pero en Cuba otra hallaré

que me grita: ampárame

porque me están insultando".

Al principio de la contienda, la prensa, con consenso, unas veces implícito y otras tácito, del gobierno, también preparó la actitud mental ante la guerra de los pocos españoles que en aquellas fechas sabían leer. Trató de mostrarle un clima desaforado de patriotismo y hasta de despreocupación. Se confiaba en la victoria, en la gran superioridad que la Historia le concedía a España.

En el país no se modificaron las costumbres habituales. En algún caso, y como método de desviar la atención éstas fueron, incluso, incrementadas y revestidas de patriotismo. Las corridas de toros, por ejemplo, con el trasfondo político y patriótico que tenían, se siguieron celebrando incluso después de consumado el Desastre. El periódico pontevedrés "El Áncora" se hacía eco de una hecho bochornoso que acontecía durante la llegada de los repatriados:

"Mientras una multitud se entregaba al júbilo frenético del sangriento espectáculo (de los toros), eran conducidos a la última morada los cadáveres de dos repatriados. Pasó el cortejo fúnebre al lado de la plaza de toros y una mujer del pueblo empezó a increpar durísimamente a los que se divertían mientras los soldados de la patria están muriendo".

Poco a poco, la euforia inicial se fue convirtiendo en desasosiego y angustia por una guerra que se alargaba más de la cuenta. A finales de 1897, cuando el nuevo gobierno de Sagasta proyecta un nuevo plan de autonomía para la isla, algunos periódicos comienzan a pedir la paz:

"Esperemos, veamos en los futuros acontecimientos que frutos alcanza la obra del Gobierno. Quiera Dios que las bienandanzas ahuyenten pronto los pesimismos de hoy y que la paz que a un subido precio queremos comprar venga pronto y con sólidas garantías de duración".

Siguiendo esta misma línea, muchos de los diarios esperan un nuevo cambio político que produzca variaciones significativas en el estatus de la isla:

"Mientras continúe en el poder el actual Gabinete, no es posible variación alguna en la política que se viene siguiendo en las guerras coloniales. Y la razón es bien sencilla, porque ni el gobierno puede exigir del país un nuevo sacrificio, ni mucho menos el país habría de acceder tan fácilmente a sus pretensiones".

Otros periódicos inician campañas a favor del fin de la guerra. Este es el caso de El Corsario, un diario anarquista coruñés que inicia una campaña de artículos que llevan por título "Abajo la guerra". Algunos de esto editoriales critican a los ricos por pagar para no ir a la guerra y ensalzan la actitud del obrero, en otros se insta a la revolución para acabar con la contienda y en otros hace un llamamiento a madres e hijos para que se revelen contra la actitud beligerante del gobierno.

Es curioso el caso de este diario que es uno de los pocos que desde el inicio del conflicto cubano adopta una postura "antipatriótica", radicalmente opuesta a la guerra y apoya la reivindicación de los independentistas cubanos. Otros periódicos seguirán en menor medida esta estela como son los diarios socialistas El proletario y El Socialista o el republicano La Unión Republicana.

En cuanto al inicio de hostilidades con los americanos, que ya se mantenían en la prensa desde el mismo inicio de la guerra contra los independentistas cubanos, la mayor parte de la prensa gallega se armó otra vez de honor, de gloria y de rabia y combatió al enemigo yanqui con artículos en los que se calificaban a éstos de cerdos, salchichones o piratas. España, por el contrario, es representada con la figura de un león, símbolo de poder y victoria:

"Con tales elementos triunfaremos: ¿no triunfaremos? Loco sería quien pensara otra cosa. El león hispano a los cerdos ha de vencer en toda línea".

"Nada de esto media entre el noble pueblo español y el abigarrado conjunto que forma el sedimento asqueroso, llamado por antonomasia pueblo norteamericano".

Sin embargo, esta cantidad de insultos no hizo otra cosa más que empeorar la situación. Provocó que el pueblo forjara nuevas ilusiones, ilusiones que pronto se troncarían tras la victoria yanqui. Fueron muchos los que no encajaron la derrota y algunos diarios bordean incluso la locura, prefieren arrasar Cuba antes de dársela a los americanos:

"Sí, arrasarla es lo único que podemos hacer ya con la isla de Cuba, que nos la roba el extranjero. Arrasarla, pasar a cuchillo a toda la población filibustera (...) Presidiarios (...) cuanto más robéis mejor (...) Exterminad a las mujeres enemigas de la patria y no perdonéis a ninguna que donde hay yeguas potros nacen".

Tras el final de la contienda llega aún lo más duro, el regreso de los repatriados. Al puerto de A Coruña llegaron un total de 30.000 repatriados heridos, enfermos, mutilados, convalecientes, muchos de ellos harapientos y medio desnudos, desembarcados a lo largo de 1896 a 1899. Es durante el final del año 98 cuando mayor número de ex combatientes regresan a casa y cuando la gente, el pueblo, se da realmente cuenta de lo inútil de una guerra echa desde el poder y para el poder. La prensa gallega en su totalidad asume un papel de absoluto pesimismo y se vuelca al igual que toda la población en la ayuda y la defensa de estos repatriados. Son sobrecogedores muchos de los artículos que por aquel entonces describían al soldado repatriado. Los diarios se referían a ellos como las "expediciones de la muerte":

"Hemos presencia en día de ayer, el espectáculo más triste y la escena más dolorosa de cuantas ofrecieron a la vista humana los revueltos azares de la guerra (...) Fue una carga de moribundos la que ayer arrojó a nuestro muelles el lazareto: hombres de color de tierra amarilla, de torso esqueletado, de mirada de cueva, atados a la vida por el hilo de araña de lo incurable".

"Así fueron partiendo de España legiones de españoles que Cuba nos devuelve diezmados y absorbidos por la anemia y la clorosis, por la tisis y el paludismo. Esqueletos humanos vivificados por el hálito de la patria y la idea del hogar (...) ¡Qué tristeza para España!".

 

4. LA PRENSA GALLEGA EN LOS PUNTOS DE CONFLICTO

Con este apartado se pretende estudiar la prensa que Galicia y los gallegos publicaron en los países que por aquel entonces mantenían conflicto con el estado español, Cuba y EE UU.

El número de publicaciones en Cuba hacia 1894 se sitúa en torno a los 150, de ellos 70 en La Habana. En el periodo 1895-1898, el número de periódicos se estanca como consecuencia de la guerra de independencia; con todo, en 1898, el años de la guerra entre España y EE UU, el número de títulos en publicación supera los 120, y a ellos hay que añadir la media docena de publicaciones que editan los independentistas cubanos.

Como ya se ha dicho, de Galicia salieron innumerables emigrantes rumbo a Cuba. Muchos de ellos, pasados los años, llegarían a fundar sus propios periódicos, periódicos realizados casi exclusivamente por gallegos y de capital gallego. Victoriano García Martí escribía en su libro "Una punta de Europa. Ritmo y matices de la vida gallega":

"Galicia, con sus fuertes corrientes migratorias, mantiene viva la llama de nuestra cordialidad con las Américas".

Nuestra prensa en la isla comienza a despegar en la década de los setenta del pasado siglo. En 1878 nacía El Eco de Galicia, de Waldo Rodríguez Insua, una revista de muy larga duración, pues superará las dos décadas.

Durante la segunda guerra por la independencia de Cuba, surgen otros diarios como Follas Novas, semanario bilingüe, "científico, literario y defensor de la colonia gallega", que nacía el 6 de junio de 1897. En su número inicial se dice:

"Creemos cumplir con el más elemental de los deberes al aparecer por primera vez en las lides periodísticas. Enviamos un cariñoso y fraternal saludo a la prensa de esta Antilla y en particular a El Eco de Galicia (...) nacemos para defender, hasta donde nuestras fuerzas lo permitan, los intereses generales de Galicia en Cuba".

Este semanario comienza a salir unos meses después de que desapareciera "La tierra gallega". Esta publicación nacía en abril de 1894 y dejaba de salir en noviembre de 1896. Fue fundada y dirigida por el poeta Manuel Curros Enríquez.

La mayor parte de esta prensa se mostraría en contra de la insurrección cubana y a medida que avanza el conflicto y se alarga la guerra muchos de los diarios irán mudando de parecer. Cuando estalló la guerra de la independencia, "La tierra gallega" se manifestó abiertamente opuesto a la lucha de los independentistas cubanos. Muchos de sus editoriales atacaban a Máximo Gómez, Antonio Maceo y a otros líderes sublevados. Caso significativo es el de Juan G. Montenegro que fundara en marzo de 1892 "La Voz de Galicia" y que en 1895 se alista en el ejército español. Sin embargo, otros como "Follas Novas" no escribirán ni una sola línea en defensa del poder colonial español.

El periódico de Waldo Rodríguez Insua atacaría duramente la intervención yanqui. En uno de los editoriales de El Eco de Galicia se mofan del presidente americano MacKinley:

"Quería parir un monte y daba tales gritos que ensordecía al mundo. La expectación era inmensa. Al final parió un ratoncito (...) No se diga, mi señor MacKinley, que en su choza se grita mucho para luego salir diciendo: Estaba catando pulgas".

Después de la derrota, fue tal la indignación de muchos de los gallego-cubanos por las falsedades y mentiras del gobierno que W. Rodríguez Insua escribía:

"La patria, la gran nación española está muerta (...) Y en vano es negarlo. El hecho es tan evidente, tan positivo, tan escandaloso y claro que no necesita ser probado (...) La lucha legal, pues; es la lucha sin temores ni dudas, con el corazón decidido y entero y los ojos puestos en Dios y en la pequeña patria (Galicia), que sin grandes esfuerzos alcanzará el triunfo definitivo y total".

Otro de los grandes diarios de La Habana estaba dirigido por gallegos, nos referimos a El Diario de la Marina, firme defensor de los intereses españoles en la isla. Esta publicación estuvo durante muchos años en manos de militares procedentes de O Ferrol (importante puerto militar gallego), de ahí su conservadurismo.

Pero no solo los gallegos estarían representados en la prensa habanera. Otras minorías regionales y nacionales de origen hispánico tenían sus propios diarios como El Heraldo de Asturias o la revista vasca Laurat Bat. Ya en 1869 había aparecido en La Habana un semanario titulado El catalán.

Por lo que respecta a la prensa gallega en EE UU, es significativo la publicación en Nueva York de la revista La Crónica. Es esta ciudad un polo importante de la emigración gallega a los EE UU, de ahí que ya desde 1842, el militar coruñés Antonio Javier San Martín fundara esta publicación. Este primer director se trasladó a La Habana para hacerse cargo de la dirección de El Diario de la Marina al morir su fundador, Araujo de Lira.

Sucedió a San Martín en La Crónica el ferrolano Manuel Peña y Cajigal, a quien sustituyó, por motivos de salud, el también ferrolano José Ferrer de Couto. Éste, a la vista de las dificultades por las que pasaba La Crónica, la reemplazó por El Cronista. Al morir Ferrer, se hace cargo de la dirección un periodista de A Estrada, Ramón Verea. Verea, al hacerse cada vez más tirante la situación entre España y los Estados Unidos, sale de Nueva York hacia Guatemala y de aquí para Buenos Aires.

 

5. LA CENSURA Y LA DESINFORMACIÓN

Durante todo el conflicto cubano ejercer la verdadera profesión periodística se convirtió en todo un reto profesional que sólo algunas publicaciones y sus periodistas intentaban alcanzar a duras penas. La censura y el secuestro de publicaciones era normal en esta época y el gobierno argumentaba razones de estado para intervenir y censurar los diarios. Follas Novas publicaba en su primer número: "...desde hoy venimos a compartir los sinsabores que amargan de continuo la vida de los que nos dedicamos a la profesión periodística, haciendo extensivo el saludo a la prensa que ve la luz en nuestra Galicia".

Uno de los semanarios gallegos más perseguidos fue El Corsario. Editado en A Coruña se hizo muy popular en Cuba porque se manifestaba drásticamente contrario al colonialismo (español o yanqui) y contra la guerra. Las autoridades coloniales de la isla prohibieron en diversas ocasiones la difusión de esta publicación, procediendo al registro de la oficina de El Corsario en La Habana. En un artículo este diario se quejaba de la censura impuesta por las autoridades gubernamentales de A Coruña:

"Y nada menos que dos nos han caído en el último número. Los artículos primero y segundo han sido señalados con el lápiz rojo del fiscal. Claro; se conoce que al tachar el primero, se corrió un poco el lápiz, y adelante, que vaya el segundo también. ¡Qué más tiene! Donde cabe una caben dos, y los escribanos que escriban".

A pesar de los continuos acosos, estas publicaciones raramente cedían en su empeño y se mantenían fieles a sus idearios hasta el final. El Corsario afirmaba en el mismo número:

"Aún con mordazas protestaremos contra los déspotas; si no con la lengua, con la mirada, en nuestro fuero interno habrá siempre un grito de repulsivo desprecio para los malandrines farisaicos a quienes tiene que echar otro nuevo Mesías a latigazos del Templo".

Incluso algunos llegaron a desaparecer por la acción del gobierno. En la edición del 18-10-1896, La Tierra Gallega criticaba la varadura del crucero Princesa de Asturias, en un artículo titulado "Responsabilidad ministerial". El gobierno colonial multó al director. La multa fue protestada y se le impuso otra más grande. Curros Enríquez recurriría inútilmente al capitán general. Al final, el semanario dejaría de salir.

Después de la derrota española en Cavite (Filipinas) y Santiago la situación se hace insostenible. Se impone la censura total y se suspenden los derechos constitucionales. Sólo se admite información gubernamental. El Eco de Santiago titulaba "¡Silencio!" el editorial correspondiente a ese día:

"Se han suspendido las garantías constitucionales en todo el territorio de la Monarquía. Hay que callar, bueno (...) Nosotros no tenemos ganas de ir a la cárcel; por eso, callamos y ... callaremos (...) Ojalá que no haya; que no se hubiere presentado ya la causa que produzca el tremendo despertar que alguien temía".

Durante esta etapa de la guerra las informaciones sobre el frente de batalla son sesgadas. El "parte de guerra" publicado por el gobierno no satisface a muchos de las publicaciones gallegas que intentan elaborar sus informaciones desde diversas perspectivas y utilizando fuentes propias (corresponsales), fuentes oficiales (Ministerio de la Guerra u oficiales en el frente) o fuentes procedentes de otros periódicos tanto españoles (El Imparcial, El Heraldo, La Correspondencia de España) o extranjeros incluyendo los diarios enemigos (Journal, World, Journal des Debats, Le Figaro).

Se contrasta también cierto desfase temporal en la lectura de algunas noticias, aunque esto es fruto de los medios técnicos de la época ya que el correo tardaba muchísimo tiempo en llegar y el telegrama era demasiado caro. El Eco de Santiago refleja muy bien esta situación de monopolio informativo por parte del gobierno español:

"No hay manera de evitar esta Babel telegráfica. Si no publicamos otros despachos que los confirmados oficialmente nos exponemos a enterarnos de lo que sucede cuando ya no tenga interés el acontecimiento. Mejor es que el buen sentido del lector depare la información y aplique a ella el indispensable espíritu crítico, único modo de saber algo en estos días de doble censura telegráfica, que nos tienen entregados, salvo contados casos, a lo que dignen decirnos nuestros enemigos".

Otros periodistas, como el corresponsal de El Corsario, en La Habana, optan por sincerarse con el lector como muestra de la objetividad de sus palabras. En uno de sus artículos afirma que la muerte de Maceo no supone el fin de la guerra como lo pintaba la prensa gubernamental y detiene su crónica para decir:

"No inspiro mis palabras ni mis acciones en cálculos ni egoísmos; no las fundo tampoco en apasionamientos estúpidos ni en inventivas denigrantes; no me mueven tampoco los cálculos interesados y de conveniencia a mis intereses -los anarquistas no los tenemos ni los queremos- rindo culto absoluto a la verdad y a ella solo nos atenemos todos los que convencidos procesamos el ideal anárquico. Hecho este paréntesis, continuo mi crónica".

 

6. EL NUEVO PERIODISMO. ENTRE EL AMARILLISMO Y LA REALIDAD

"Usted facilite las ilustraciones y yo le proporcionaré la guerra". Esta frase pronunciada por W.R. Hearst, director del Journal a su fotógrafo Remington simboliza el inicio de una nueva concepción del periodismo, el llamado periodismo amarillo.

El sensacionalismo invadió la prensa durante esta época. Los cambios formales y de tirada son considerables. En EE UU, el Journal, de Hearst, es el primero en utilizar grandes titulares para llamar la atención y aludir al público como afectado en su primera plana. Las caricaturas, la sátira desaforada o la interpretación de los hechos según el beneficio comercial marcan el carácter de la primera prensa amarilla.

Ese "nuevo periodismo" aprovechaba al máximo los nuevos procedimientos que la técnica ponía a su alcance en impresión -grandes titulares a toda plana- utilización del color, a la vez que las primeras fotografías hacían su aparición en la prensa.

A pesar de todo, hay que tener en cuenta que la prensa en esta época, pasaba por una etapa de propagandismo fundamental en sus planteamiento. No se buscaba la objetividad ni contar los hechos de forma aséptica. Se trataba de influir de manera importante en las conciencias y en las convicciones de los lectores. Sin embargo, hay grandes diferencias entre la prensa yanqui de entonces y la gallega.

6.1. La prensa gallega y la prensa norteamericana

Si bien es característico de ambos estilos de periodismo la exageración desmesurada representada en la difusión de consignas patrióticas y el ataque furibundo contra el enemigo, la prensa gallega se diferencia principalmente de la yanqui en sus fuertes convicciones políticas.

Nuestra prensa nacía siempre aliada con una u otra fuerza política. Muchos de estos periódicos adoptarían una cabecera totalmente identificativa con el partido al que representaban, es el caso de La Unión Republicana o El Socialista. Las publicaciones se convertían muchas veces en meros instrumento del poder llegando, incluso, a difundir mentiras o noticias maliciosas. En otras ocasiones servían como arma arrojadiza contra otro partido político rival. A este respecto publicaba El Eco de Galicia:

"Algunos periódicos de la oposición, a pesar de la tregua que en la lucha política exigen el patriotismo y las circunstancias por que atravesamos, culpan injustamente de estos males al Gobierno y encuentran armas de combate contra el Partido Liberal".

El inicio de hostilidades entre yanquis y españoles supondrá el comienzo de una prensa sensacionalista y tremendamente soez. El honor, la dignidad y el amor a la patria se mezclan con los insultos y las aberraciones contra el pueblo norteamericano. En ambos países la prensa intenta ridiculizar al contrario.

Para los americanos, los españoles eran incultos -representantes de un país atrasado y corrupto bajo una monarquía que era una antigualla-, sanguinarios, sin ningún respeto por las normas civilizadoras de conducta; además, su propia historia estaba plagada de crímenes y atrocidades, y ahora pretendían mantenerse en Cuba mediante el terror y la violencia.

Para los gallegos, los americanos eran un pueblo de piratas y canallas, guarida de escoria arrojada del viejo continente y se los describía como cerdos y salchichas. Este periodismo adulterado de consignas, patriotismo e insultos desorientaba a la opinión pública y los condenaba a un clima de falsa euforia. Muchas de las crónicas que hablaban sobre la guerra engrandecían el poderío del ejército español. La recomendación de no fiarse de esta prensa nos llega de un testigo directo, un soldado gallego destinado en el batallón de ferrocarriles en Cuba y que les escribe a sus familiares:

"Que no crean nada de lo que dicen los periódicos porque muchas cosas que nosotros mismos presenciamos, al verlas en los periódicos nos hacemos cruces, porque nadie conoce el hecho. Me figuro que con otras muchas noticias ocurrirá lo mismo, por lo que es mejor que no crean nada o, por lo menos muy poco".

Desde El Corsario se arremetía contra las mentiras de la prensa oficialista porque "todo el afán de la prensa ha sido y sigue siendo provocar las estúpidas pasiones patrióticas en contra de los Estados Unidos, aunque en forma hipócrita, para que el pueblo enfurecido, y en un momento de lucidez no los barra a ellos por ser verdaderos culpables de todas las desgracias que al pueblo obrero desesperan". En otro artículo vaticinaba el final de esta campaña "quien siembra vientos recoge tempestades".

En el bando americano los periódicos crearon tal ambiente de euforia que los alistamientos se produjeron por lo que habían leído y visto en la prensa. Muchos de los jóvenes americanos no pudieron soportar más la tiranía y la crueldad con que actuaban los españoles en Cuba. Lo veían diariamente en las ilustraciones y las fotografías y lo afirmaban los periódicos. Muchos de ellos decidieron enrolarse en el ejército que partía para la isla a fin de castigar a los desalmados españoles. Era, sin duda, todo un éxito para Hearst y Pulitzer.

La prensa gallega también se hizo eco de las informaciones de los grandes diarios americanos y publicaban de ellos:

"La campaña jingoísta está principalmente sostenida por dos periódicos completamente desacreditados: el Journal y el World, cuyo lenguaje constituye una auténtica vergüenza para los Estados Unidos, vergüenza que más de una vez se ha echado en cara a los gobiernos que lo toleran".

El término "amarillismo" se extendió muy rápido para denominar a un tipo de periodismo demasiado sensacionalista. En EE UU para hacerle frente a los periódicos amarillos estaban los "negros" (black journalism). A Galicia también llegó esta extraña y colorida división de la prensa:

"Teníamos los periódicos amarillos, los rabiosos jingoes, según los cuales los norteamericanos iban a merendarnos crudos en quince días... Pero si en Yankilandia existe la prensa puffista, aquí comienzan a enseñar la oreja los periódicos que podemos llamar blancos. No solamente dan aire a los lamentos de cocodrilo de la prensa extranjera; por su cuenta piden que vayamos a la paz por cualquier camino...".

Esta prensa, tanto gallega como norteamericana, comenzó a desinflarse finalizada la contienda. Sin embargo, desde entonces el término "amarillismo" ha perdurado para referirse a la prensa sensacionalista.

 

6.2. "La guerra de los periódicos"

La guerra de independencia de Cuba y la posterior guerra hispano-americana sirvieron de lanzadera del "nuevo periodismo". Se trata de unos periodistas y unos periódicos que no se detenían ante nada y ante nadie. No existía la menor sujeción aun código de moralidad profesional. Se ocultaban unos hechos y se ensalzaban otros, y todo ello, con distintos fines; comerciales en el caso de la prensa americana y político-patrióticos en el de la prensa gallega. Esto ha inducido a hablar del conflicto cubano-hispano-americano como "la guerra de los periódicos" ( the Newspaper war).

Entre los autores hay diversidad de opiniones. Algunos historiadores como Fernández Almagro afirman que la participación popular estuvo manejada por la prensa, que llevó a cabo "una función desorientadora de la opinión pública". Sin embargo, Julián Companys reconoce la importancia de la prensa a la hora de adelantar juicios y de crear pareceres debido a su enorme poder de captación "pero igualmente hay que admitir que la Administración republicana de Mckinley mantuvo el timón del Estado en la dirección que se trazara, resistiendo a las presiones del Congreso y de la calle -la prensa- y actuó de forma decisoria cuando le pareció oportuno".

Alguna publicación gallega de la época también emitió su juicio con respecto al papel que la prensa estaba jugando en ese momento. Para El Corsario, la prensa americana había recogido los vientos sembrados por la española e hizo estallar la tempestad en forma de beligerancia, "ahora, la prensa española burguesa ha cogido el negocio de la beligerancia por su cuenta, y ha echado a volar cincuenta mil infundios patrioteros...".

Los estudiosos de la prensa norteamericana también tienen la opinión dividida. John Baker habla directamente de "la guerra de los periódicos" por ser la prensa sensacionalista y amarilla (Yellow Journalism) la más importante en EE UU, "la prensa amarilla compró opiniones. La prensa quiso aumentar la histeria colectiva, creciendo, con ello, más y más. Hearst, Pulitzer y otros fueron ciertamente provocativos en sus periódicos. El Congreso, arrinconado por la presión pública simbolizada en los medio, no tenía otra salida que declarar la guerra (...) La prensa fue responsable del conflicto. Por eso debemos referirnos a la guerra hispano-americana como "la guerra de los periódicos".

Sin embargo, para Jess Giessel los periódicos no presionaron a la gente, al Congreso o al presidente de los Estados Unidos para conseguir lo que querían. Los periódicos ayudaron a crear una opinión pública y tuvieron una gran influencia en la nación, pero no dictaron la política. Para Giessel, "esta guerra con España fue la guerra de los corresponsales de guerra".

En fin, una conflicto que dio mucho que hablar, y, cómo no, que sufrir. Aún retumban en las cabezas de muchos de nuestros abuelos, emocionantes historias de familiares a los que la prensa nunca les dedicó ni una sola palabra, porque en aquel momento lo más importante era hablar de gloria, honor, patria y victoria.

Para esos soldados desconocidos gallegos, españoles, cubanos o yankees que combatieron en una guerra injusta hecha por gobernantes dedico hoy mi trabajo. Un recuerdo para ellos.

 

Este texto se presentó en el congreso ICOM'98, celebrado en diciembre de 1998 en la

Universidad de La Habana (Cuba), convocado por su Facultad de Comunicación.

 

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre del autor, 1999; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 18, de junio de 1999, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección electrónica (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999gjn/80haba2.htm

 

Revista Latina de Comunicación Social

ICOM'98

(La Habana)

La Laguna (Tenerife) - junio de 1999 - número 18

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 - 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina