El tratamiento informativo de las drogas

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Dr. Francisco Javier Fdez. Obregón ©

Departamento de prensa de Coalición Canaria (Senado español)

 

Las funciones de los medios de comunicación de masas están claramente definidas y tienen un desarrollo armónico y equilibrado. Su cometido es informar, formar y entretener. Sin embargo, no siempre se logran estos objetivos, ya que la formación muchas veces pasa a un segundo plano.

Es cierto que toda información lleva implícita una dimensión formativa, así como que todo proceso formativo exige la presencia de contenidos informativos. Pero existen notables diferencias entre ambos procesos. Mientras que la formación persigue como meta la transmisión y consolidación de pautas culturales de reconocimiento estable y profundo, la información lo hace con una dimensión más transitoria, puntual y diferenciada. El equilibrio de ambas dimensiones resultará definitivo en el proceso de comunicación asignado socialmente a la prensa.

Las actitudes que sustentan ambos procesos, esto es la curiosidad y la necesidad, responden, también, a un sistema de orden secuencial y lógico. La curiosidad aparece como desencadenante de interés genérico por los conocimientos, mientras la necesidad lo hace para que los mismos posibiliten la resolución efectiva de situaciones y conflictos concretos.

Desde tales supuestos, no resulta descabellado aceptar que el actual modelo periodístico es parcial y reduccionista, respondiendo más al esquema informativo-descriptivo-curioso que al formativo-interpretativo-de necesidad. O mejor, que el actual modelo periodístico controla el interés suscitado por la curiosidad, en relación a lo novedoso e impactante, y poco o muy poco el interés que sustenta las necesidades reales, en relación a individuos o colectivos concretos.

Esta circunstancia es la que está propiciando la pervivencia de un periodismo acorde al modelo preconizado por la información general y su presunción universalista, en detrimento de un periodismo especializado acorde a la cualificación, intereses y necesidades de audiencias concretas.

 

Especialización

Especializarse significa renunciar a lo general para dedicarse a lo particular. Al igual que la cultura de masas ha supuesto un enfrentamiento dialéctico entre «apocalípticos e integrados», la especialización, en su aspecto más amplio, es objeto, igualmente, de posiciones distintas y, en algunos casos, antagónicas. Mientras un sector considera positiva esta parcelación de los conocimientos, como instrumento necesario para una mayor profundización en los mismos, otros ven la especialización como una limitación del saber humano.

Así la cosas, la especialización periodística surge como una exigencia de la propia audiencia cada vez más sectorizada y como una necesidad de los propios medios por alcanzar una mayor calidad informativa y una mayor profundización en los contenidos. Se trata de lograr una prensa en profundidad.

Pero cuando hoy se habla del periodismo especializado, con referencia a los medios impresos, como un fenómeno relativamente reciente, surgido tras el impacto de los audiovisuales y su autoridad en la primacía de la noticia, "se corre el riesgo de olvidar –como indica María Pilar Diezhandino– que la novedad de tal fenómeno radica en los elementos nuevos que la impulsan. Desde luego, ni la masificación informativa ni las nuevas tecnologías de la comunicación la han inventado. La especialización de los contenidos periodísticos nació con el desarrollo de la propia prensa".

Está en ciernes la creación del «periódico a medida»: "Ahí está la posibilidad de la «confección a medida» que permitirá al periódico, teniendo en cuenta la cantidad de información que cada día no encuentra cabida en sus páginas, ofrecer un material adicional personalizado, de acuerdo con los intereses específicos de quien lo solicita", abunda Diezhandino.

Pero surge un nuevo problema, el paso de la comunicación de masas a la comunicación colectiva e individual ocasiona, entre otras cosas, un divorcio entre redactores y lectores, ya que los primeros desconocen las verdaderas preocupaciones de los segundos.

El periodista de finales del siglo XX necesita una formación superior a la de épocas anteriores. No le basta con tener sentido innato de la noticia ni con elaborar sus mejores trabajos en un corto espacio de tiempo. El periodista de nuestro tiempo debe poseer unos conocimientos teóricos y técnicos que le conviertan como especialista en comunicación dentro de una sección específica de la información periodística. Fontcuberta comparte la teoría de que el periodista tiene la obligación de seleccionar y valorar aquella información que, por una circunstancia u otra, interesa a un grupo o al conjunto de la sociedad. "La especificidad de la profesión de periodista pasa asimismo por convertirse en un verdadero especialista con capacidad para seleccionar, valorar y comunicar con rapidez el contingente de informaciones generadas en las diferentes áreas de conocimiento de la realidad social que configuran hoy la información periodística" .

En resumidas cuentas, el futuro de la profesión periodística pasa por la especialización y en ella está su independencia frente a la empresa y también el cumplimiento de su función social. Sólo un análisis de la realidad existente permitirá establecer una relación amplia y ajustada de las especialidades que se deben atender. Pero, los profesionales de la información deben ser quienes marquen la senda de los futuros cambios dentro del mundo de la información: "Y como sucede –dice Consuelo López Vila– con todas las dinámicas sociales, si el grupo implicado no realiza la reflexión y hace los cambios o reajustes oportunos, es arrastrado por la corriente y son otros los que conciben las reformas y las llevan a cabo dejando en el camino a aquellos que pretendieron que todo siguiera igual".

El deseado modelo comunicativo

Los medios de comunicación social representan, tras lo expuesto, un factor decisivo para cualquier proyecto de comunicación en materia de sanidad (una de las múltiples vertientes de la información sobre drogas). Difícilmente podrá pensarse en la generación y consolidación de pautas saludables de conducta, es decir, en la existencia de una verdadera cultura saludable sin la mediación de la comunidad social, tanto en su versión redaccional como en la publicitaria.

Ahora bien, para que esto se cumpla resulta necesario introducir profundas modificaciones en la propia práctica periodística, tanto entre profesionales, como de contenidos y su tratamiento.

En la práctica se constatan profundas lagunas en la dimensión formativa sanitaria de los medios de comunicación social, como consecuencia de una atención, casi exclusiva, a los aspectos informativo-descriptivos. Lo que importa son las novedades, los datos estadísticos, las técnicas, etc., desposeídas de elementos de interés humano y muy alejadas de las verdaderas necesidades y, esto es, de la atención de las audiencias. Estamos hablando de medios destinados a públicos genéricos, no a los monográficos cuyos destinatarios son los propios profesionales sanitarios, y que se rigen por criterios distintos.

Se ha generado una especie de "círculo vicioso": no hay presencia de informaciones tendentes a dar a conocer iniciativas o acciones encaminadas a corregir problemas como el de las drogodependencias, que es el que estamos analizando aquí, porque no interesa o no interesa lo suficiente. Pero el problema radica en que el planteamiento no es el adecuado. Es decir, se ha generado una dinámica de desinterés, frente al interés objetivo y real, por desconexión de los profesionales con las audiencias. De hecho, hace no muchas fechas un diario local ubicaba una información generada por un colectivo de padres de toxicómanos en la parte inferior de la página, a dos columnas y en página par. La petición de los padres era, si no revolucionaria, sí llamativa. Pero carecía de la espectacularidad que demandan los medios, de la espectacularidad a la que se nos ha acostumbrado. No había delitos, muertes o decomisos. No había venta.

Los medios de comunicación sólo buscan la espectacularidad, lo que provoca el comentario de tasca o de venta. No han sabido elevar las cotas de interés. Si se parte del viejo axioma periodístico de que el que un perro muerda a un niño no es noticia, pero sí que un niño haga lo propio con el can, nos daremos cuenta de que el actual tratamiento de las informaciones relativas a las drogodependencias gira en torno a hechos luctuosos, incautaciones, frías estadísticas donde se resalta un dato estremecedor, una egoísta y equivocada búsqueda del denominado "interés humano.

Se acusa a los medios de comunicación de ser los responsables de que la superficialidad ocupe el lugar que debiera atribuirse al rigor y la búsqueda de la verdad.

La prensa moderna, desde sus orígenes, obedece a una lógica mercantil. Al tener que competir para sobrevivir en mercados estrechos y muy disputados, tiende naturalmente a primar lo sensacional y los grandes titulares. Esa lógica comercial y competitiva, reivindicada por los editores, conduce a privilegiar lo emotivo, lo nunca visto, lo llamativo.

Esa dialéctica se torna difícil en una época como la actual en que se cuestiona hasta la línea divisoria de lo que es ético y lo que no lo es, lo que es legítimo y lo que no lo es, a la hora de hablar del derecho a la información y a la libre expresión. En la esfera mediática en la que el valor supremo es decir y mostrar lo que pasa, la determinación de los justos límites de la libertad de expresión es inevitablemente indeterminada. Porque lo que resulta evidente es que el ideal de honestidad y de responsabilidad está bien, pero es poco para contrarrestar las fuerzas del mercado y la dinámica de la información que conducen casi genéticamente a privilegiar lo nuevo y lo extraordinario.

 

El tratamiento de la información sobre drogodependencias

En consecuencia, cuando se habla de drogas en los medios de comunicación se utilizan términos más o menos neutros u objetivos: jóvenes, cánnabis, heroína, arresto, al lado de otros menos asépticos: delito, represión, droga.

No es lo mismo –como ejemplo– utilizar el término ''droga'' que el de ''cánnabis'' en el relato periodístico. La polisemia e indefinición que acompaña al término ''droga'' permite su utilización en discursos a su vez vagos e imprecisos; el nombre de una sustancia concreta exigiría mayor rigor en su tratamiento informativo, algo que la propia falta de especialización de los profesionales evita.

A la información en prensa se le atribuye, frente a la proveniente de otros medios –televisión– una mayor profundización. El medio televisivo inyecta a su público información fragmentada que no favorece el desarrollo de un marco de conocimiento adecuado para el receptor. Pero para nuestra desgracia, estas diferencias iniciales se van suavizando en detrimento del mayor rigor atribuido al medio prensa. La fragmentación es patrimonio de todos los medios de comunicación. En ninguno de ellos se puede hablar de discursos completos, integrados, lineales, coherentes, acerca de la realidad social que circunda al fenómeno drogas. En los medios domina la fragmentación y la descripción parcial; lo que está ausente es lo que mejoraría la comprensión de los hechos. Siempre se rescata lo llamativo, aquello que el profesor De Pablos llama ''manchones amarillos''. La información como un todo pudiera desvirtuar el contenido supuestamente preciso que el redactor pretende conseguir. Es mejor subir a los altares del titular el aspecto truculento o alarmista que la explicación real de los hechos.

Es en el consumo donde el fenómeno drogas adquiere la dimensión de problema social. Sin embargo, su protagonismo queda relegado a un segundo lugar en comparación con el tráfico, que se convierte en el verdadero protagonista desde el punto de vista numérico, de las noticias que tratan el tema drogas.

En la prensa se muestra la preocupación social desde una visión oficializada. Distinguimos dos grandes apartados de noticias:

* En el primero, el relato periodístico se construye muy vinculado al resultado de encuestas, estudios, informes, opiniones de expertos, etc. que proceden de distintos organismos o instituciones.

Este tipo de noticias contribuyen a reforzar una imagen de preocupación social, en un doble sentido paradójico: incrementa la alerta –incremento del consumo– y tranquiliza –imagen de control constitucional– ante el problema.

* Un segundo apartado es el que hace referencia a las noticias que abordan el consumo desde las acciones de control. El relato periodístico en este contexto narra lo que hacen las instituciones y, sobre todo, las autoridades desde distintos ámbitos –sanitarios, políticos, sociales, policiales–. En estos relatos lo que subyace es la idea del control por las distintas autoridades.

Dentro de este contexto de control conviene reseñar el papel de las familias, que en la prensa aparece en una oposición contradictoria: se le atribuye un papel de control, a nivel micro, y se la describe en un espacio de impotencia –no sabe actuar ante el problema–. Aquí podemos encontrar la explicación de la minusvaloración que realizó el periodista al tratar las demandas de los padres de toxicómanos en el ejemplo que pusimos anteriormente.

El tratamiento de la información sobre drogodependencias ha evolucionado en las últimas décadas hasta llegar a la situación actual. La tesis doctoral de J.J. Sánchez Carrión 'La representación de las drogas en la prensa de Madrid.1966-80' marca las características propias de cada época:

* En la década de los años 60, la imagen del consumidor corresponde a colectivos de pobreza y/o marginalidad. La droga no es legal, pero tampoco hay presión hacia su control.

* En la década de los años 70 comienza la identificación del consumidor como persona joven, con una actitud crítica hacia lo social, lo político, las formas de vida convencionales. A los drogodependientes se les ve como alborotadores que requieren del uso de la fuerza para ser controlados.

* A medida que transcurren los años 80, la información social va confirmando una imagen de extensión progresiva del consumo de drogas. La droga no entiende de grupos sociales. Así, la heroína se asocia a grupos marginales que afrontan el futuro con desesperanza. En el otro extremo, los consumidores de cocaína son vistos como personas hiperactivas y con éxito social.

* En los años 90 emerge y se va consolidando un nuevo consumo de nuevas sustancias de síntesis. Los medios confirman la imagen de iniciación en el hábito de este consumo entre colectivos cada vez más amplios de jóvenes provenientes de clases medias e integradas. Se habla del 'problema de la droga' de forma genérica para justificar la actitud de las nuevas generaciones del desencanto, que encuentran cobijo en estas sustancias por no hallar estímulo alguno en una sociedad donde cada vez resulta más difícil abrirse camino. La información sobre las drogas acapara gran parte de los espacios informativos.

¿Cómo se puede cambiar esta dinámica? ¿Cuándo van a asumir los medios de comunicación social que su auténtico papel es mejorar, con la información como referente, la sociedad a la que sirven y representan? Que un perro muerda un niño, como indicábamos anteriormente, nunca será noticia, pero quizá sí lo sea que ese niño sea atendido rápida y convenientemente, que el perro esté vacunado gracias a una acertada campaña informativa y, por último, que seamos capaces de enseñar a ese niño el porqué del mordisco y lo absurdo que resulta ver al arrepentido animal como a un enemigo.

Resulta obligado, pues, hablar de un viraje, si no de 180 grados, sí bastante notorio. Si se ha asumido que el problema de la droga abarca muchos aspectos, no se puede seguir abundando en la idea de la fragmentación. La fragmentación lleva a imágenes equivocadas del problema, a que el drogodependiente simplemente sea visto como un ser marginal que delinque para poder conseguir lo que necesita. Quizá sí se ajuste más a la realidad la imagen que la sociedad tiene de los enfermos de sida. Y recalcamos lo de enfermos porque si en un primer momento el sida era contemplado como un castigo divino hacia viciosos y personas de conducta desviada, ahora ya existe el caldo de cultivo necesario para poder trabajar desde la tolerancia y la comprensión en el colectivo de los afectados por el V.I.H. Es posible que el tratamiento de la información sobre drogodependencias sea más complejo, pero ello no es óbice para seguir estimulando y manteniendo actitudes equívocas.

 

Bibliografía y referencias

* DE PABLOS COELLO, J.M.: 'Manchones de amarillo en prensa', curso de

doctorado del programa 'Rigor informativo en prensa, radio y televisión' (1994-96),

Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna.

* DE PABLOS COELLO, J.M.: 'Amarillo en prensa'. Col. Canarias Universidad. Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 1997.

* DIEZHANDINO, M. P.: "La especialización en los medios impresos", en La Prensa ante el cambio de siglo, Deusto, Bilbao, 1988.

* FERNANDEZ DEL MORAL, J. y ESTEVE, F: Fundamentos de la información

periodística especializada, Síntesis, Madrid, 1993.

* FERNANDEZ OBREGON, F.J. :'El compromiso social de los medios de comunicación de masas', en Jornadas sobre Alcohol y Juventud: Estrategias en Prevención, Influencia de los Medios de Comunicación y Accidentes de Tráfico, Santa Cruz de Tenerife, 18 y 19 de octubre de 1996.

* FONTCUBERTA, M.: La noticia, Paidós, Barcelona, 1993.

* LOPEZ VILA, C.: "La especialización en el periodismo", en Periodistas, nº 27, noviembre 1989, Madrid.

* ORIVE, P (compilador y editor): Comunicación sanitaria, Dossat 2.000, Madrid,

1994.

* Tratamiento periodístico de las drogas y las drogodependencias, Coordinadora de ONGs que intervienen en Drogodependencias, Colección Observatorio, Madrid, 1996.

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre del autor, 1999; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 22, de octubre de 1999, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección electrónica (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999coc/34obre.htm

 

Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) - octubre de 1999 - número 22

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 - 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina