A través del espejo: el mundo después del 11-S en '24'

 

Lic. Concepción Carmen Cascajosa Virino ©

Licenciada en Comunicación Audiovisual y doctoranda en el Departamento de Comunicación, Audiovisual, Publicidad y Literatura de la Universidad de Sevilla

virino3@wanadoo.es

 

En el artículo se analiza cómo diferentes elementos relacionados con los atentados terroristas del 11 de septiembre y sus repercusiones se reflejan en la serie de televisión norteamericana '24'. Temas como la representación de la comunidad islámica, la raíz del rechazo a los Estados Unidos, la eficacia de los servicios de seguridad, las teorías conspirativas y las obligaciones de los mandatarios públicos son tratados en la segunda temporada de '24', que a modo de conclusión también se compara con la serie 'El ala oeste de la Casa Blanca'.

 

I. Introducción: Un día de septiembre.

El 11 de septiembre de 2001 las barreras entre realidad y ficción desaparecieron durante los minutos que siguieron al atentado terrorista más mortífero de la historia. Muchos creyeron estar viendo una película cuando las televisiones de todo el mundo mostraron humeante la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York y a continuación, en riguroso directo, como un avión se estrellaba contra la Torre Sur. Aquello era un desafío a la sociedad norteamericana cuyo único precedente era el ataque japonés sobre Pearl Harbor en diciembre de 1941, que desencadenó que el país entrara en la II Guerra Mundial. Ahora los Estados Unidos se enfrentaban a una nueva guerra declarada por un millonario saudí llamado Osama Bin Laden, veterano de la resistencia a la invasión soviética de Afganistán. Como había ocurrido sesenta años antes, el gobierno norteamericano no había sabido actuar frente a la amenaza que se cernía y había asistido impasible a cómo su debilidad para proteger su propio territorio había quedado expuesta ante el mundo. Sin embargo, ante la ola de patriotismo que iba a invadir el país como vehículo de unión para superar la crisis, muchos temían que la libertad para discrepar y para analizar la realidad críticamente fuera una víctima más de los atentados, y no sólo por el control político, sino por el propio rechazo de los ciudadanos. La industria audiovisual, forjadora de la historia del país a través de falsas mitologías como la del western, estaba de nuevo en una encrucijada ante el reto de ayudar a construir una imagen del nuevo mundo que se avecinaba que fuera realista pero también alentadora.

El mundo creado por la Guerra Fría había acabado, era ahora el turno de la guerra contra el terrorismo. Y en esa situación la serie de televisión '24', que había nacido como una fantasía escapista en una sociedad confiada, se iba a convertir en un reflejo libre de prejuicios ideológicos del mundo nacido del 11-S. Curiosamente ese año se iban a estrenar otras dos series cuyo argumento giraba en torno al espionaje. 'La agencia', sobre las actividades de la CIA, debía dar un giro a su desarrollo para evitar acercarse demasiado a lo que tan sólo unas semanas antes era fantasía y ahora era desgarradora realidad. En poco tiempo se hacía patente que el público no aceptaba ver cómo los protagonistas de la serie salvaban cada semana el mundo cuando sus homólogos en la vida real habían fracasado y 'La agencia' desapareció con más pena que gloria dos años después. Y también se pondría de manifiesto que la aproximación de 'Alias' al mundo del espionaje sería completamente escapista y fantástica. Tampoco durante su primera temporada '24' se vería demasiado afectada por la nueva situación, aparte de la eliminación de un plano de su episodio piloto en el que se veía un avión comercial en llamas. Pero un año después la serie se había asentado lo suficiente gracias al apoyo de un público limitado pero fiel y del reconocimiento de los críticos y la propia industria[i][1].

 

II. '24', día 2: el integrismo islámico como enemigo.

En su segunda temporada los productores de '24' conseguían mantener la innovadora estructura narrativa de la serie, que planteaba que cada episodio cubría una hora en la vida de los personajes y una temporada entera un día, veinticuatro horas. Durante la primera temporada ese había sido el tiempo que había tenido el agente federal Jack Bauer para descubrir quién se escondía detrás de un complot para asesinar tanto a un candidato presidencial, el senador afroamericano David Palmer, como a su propia familia. En la segunda temporada el objetivo era encontrar una bomba nuclear que iba a ser detonada en la ciudad de Los Ángeles, un hecho que debía detener Jack Bauer, ahora un agente retirado, bajo la petición del ya Presidente Palmer. Esta segunda temporada de '24' iba a coincidir en tiempo real con dos acontecimientos relevantes. Primero, con los trabajos de una comisión conjunta del Senado y el Congreso de los Estados Unidos para analizar la actuación de los servicios de inteligencia respecto a los atentados. Y segundo, con la crisis de Iraq, reactivada por la administración del Presidente George W. Bush en 2002 y que culminaría con la invasión del país en marzo de 2003. En este punto la serie se convertiría en un deformado espejo de la realidad: un presidente se dirigía hacia una guerra, mientras que en la ficción otro estaba dispuesto a poner en peligro su cargo para evitarla. Esta situación era más paradójica si cabe si se tiene en cuenta que '24' es emitida en Estados Unidos por la cadena Fox, que pertenece al mismo grupo empresarial que Fox News, el canal por cable de información de más audiencia. Mientras que la división de entretenimiento de News Corporation, bajo el control del magnate Rupert Murdoch, posee gran libertad respecto a sus contenidos, la división de noticias manifiesta una clara ideología conservadora y de apoyo al Presidente George W. Bush. 

La elección del integrismo musulmán como antagonista durante la segunda temporada de la serie no era una cuestión sin importancia, ya que de forma casi sistemática la industria audiovisual norteamericana había intentado que las comunidades árabes e islámicas no aparecieran relacionadas con el terrorismo. Después de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín iba a ser difícil encontrar villanos que pudieran causar un impacto en el espectador comparable al de los comunistas. Ante esa situación se iban a buscar sustitutos como antiguos militares y espías de países soviéticos ('Goldeneye', 'Air force one'), organizaciones ultraderechistas ('Arlington road'), delincuentes de los países del Este ('15 minutos'), y narcotraficantes ('Peligro inminente', 'Daño colateral'). Muchos nuevos villanos iban a ser mercenarios, una forma de simbolizar cómo después del triunfo absoluto del capitalismo sobre el comunismo el mal ya no estaba motivado por creencias ideológicas, sino por el mero lucro económico. A menudo hasta propios soldados y espías norteamericanos, caídos en desgracia o decepcionados por la actitud de su gobierno ('La roca') o simplemente corruptos ('Misión imposible', 'Enemigo público'), iban a ser los villanos. Pero en la realidad ninguno de estos grupos tenía como objetivo directo dañar a norteamericanos o sus intereses en su propio país o en el mundo, con la excepción de algunos grupos ultraderechistas que habían sido responsables de los atentados contra el edificio federal de Oklahoma y los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996.

Pero el integrismo islámico era una amenaza clara e inminente desde antes del 11-S. El 26 de febrero de 1993 islamistas radicales habían colocado una bomba en los sótanos del World Trade Center de Nueva York matando a seis personas. Desde entonces, los ataques contra intereses norteamericanos en el exterior se habían intensificado. En febrero de 1998 el millonario de origen saudí Osama Bin Laden había declarado una fatwa en la que autorizaba el uso de la violencia contra intereses y ciudadanos norteamericanos en todo el mundo. En agosto de ese año dos camiones bombas explotaban junto a las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia provocando doscientos dieciocho y doce muertos respectivamente. Y en octubre de 2000 una lancha Zodiac cargada de explosivos se había estrellado contra el portaaviones USS Cole en Yemen matando a diecisiete tripulantes de la nave. Además, en 1999 se había abortado un posible ataque terrorista al aeropuerto internacional de Los Ángeles con la detención del activista Ahmad Ressam en la frontera norteamericana con Canadá. Sólo en algunas películas de alto presupuesto como 'Decisión crítica', 'Estado de sitio' o 'Mentiras arriesgadas' el islamismo radical había sido colocado como antagonista. En 'Pánico nuclear' los villanos eran una coalición internacional de grupos ultraderechistas, mientras que en la novela de Tom Clancy en la que se basaba eran integristas islámicos, una muestra de lo incómodo que era este tópico argumental por la controversia que solía surgir tras su utilización.

La razón de este rechazo a usar a musulmanes como antagonistas, incluso después del 11-S, se debe a una razón sociológica, y es que tanto árabes (como elemento racial) como musulmanes (como elemento religioso) forman parte de la sociedad norteamericana. Si a través del cine y la televisión la sociedad norteamericana crea un reflejo de la comunidad multicultural relativamente armónica que aspira a ser, el retrato de los árabes musulmanes como potenciales terroristas sólo podría alentar el odio y la confrontación, independientemente de que no se estuviera falseando la realidad. La presencia de árabes y musulmanes, dos comunidades que en ocasiones se superponen, es patente a pesar de la fragmentación demográfica. Se estima que hay alrededor de tres millones de árabes en los Estados Unidos, pero es difícil hacer una evaluación exacta porque como tal la categoría no se incluye en el censo. Y además, dentro de la comunidad árabe conviven musulmanes, católicos y ortodoxos según el origen de individuo[ii][2]. También hay aproximadamente entre seis y ocho millones de musulmanes, de los sólo un 26,2% procede del medio oriente árabe, el 24,7% del sur de Asia, el 23,8% es afroamericano, el 10% al medio oriente no árabe y el resto tiene orígenes diversos. Los musulmanes son una comunidad expansión gracias a su capacidad de hacer proselitismo (sobre todo en la comunidad afroamericana) y se benefician del flujo migratorio, ya que tres cuartos de los musulmanes no son norteamericanos de nacimiento[iii][3].  Y tanto árabes, musulmanes y árabes-musulmanes forman parte activa de la sociedad norteamericana, tienen negocios, pagan impuestos, votan y ejercen cargos públicos.

Para evitar avivar la polémica, durante los quince primeros capítulos de la segunda temporada de '24', los dedicados a la localización de la bomba nuclear, se intenta hacer un tratamiento equilibrado. Es cierto que el cerebro de los atentados, Syed Alí (interpretado por el actor de origen latino Francesco Quinn) es un hombre de negocios árabe-musulmán que antes de que estalle la bomba se dirige a rezar a una mezquita. Pero para contrarrestar esta imagen se muestra como él es una excepción entre los fieles que allí acuden, ya que los presentes son personas normales que morirán junto al resto de los habitantes de la ciudad si el atentado se consuma. Y cuando Alí es detenido, el imán de la misma mezquita se ofrece a convencerlo para que revele dónde está la bomba recordándole que el Corán prohíbe el asesinato de inocentes. Pero la serie es mucho más compleja e interesante con la caracterización de otros dos personajes árabes-musulmanes, el hombre de negocios Reza Nayir y el agente de inteligencia Yusuf Auda. Desde su primera temporada '24' ha jugado con la idea de que cualquier personaje se puede revelar en un momento dado como un topo, como ocurría en el penúltimo capítulo cuando se mostraba que la principal colaboradora de Jack Bauer, Nina Meyers, trabajaba con el bando enemigo y terminaba asesinando a sangre fría a la mujer embarazada de su jefe.

Reza Nayir y Yusuf Auda iban a estar sometidos a la sospecha continúa por parte del resto de los personajes y del propio espectador. Sin embargo, ello provocaba una reacción ambivalente en el espectador como consecuencia del juego de sentido propuesto la serie. La idea principal era poner en cuestión los propios prejuicios y decidir si la verdadera razón de pensar que Reza y Yusuf pueden ser terroristas era su identidad étnica. Ello es especialmente patente en la presentación de Reza en el primer capítulo, '8:00 AM – 9:00 AM'[iv][4]. En la primera imagen en la que aparece está hablando árabe por un teléfono móvil mientras conduce un coche descapotable. En la escena anterior el Presidente Palmer comentaba con uno de sus colaboradores acerca de la necesidad de concentrar todos los esfuerzos en encontrar el terrorista que andaba suelto en Los Ángeles y esa última línea de diálogo se encabalga visualmente a través de una pantalla partida con el plano que mostraba a Reza hablando en árabe, un diálogo que no se subtitula y que por tanto genera desconfianza en el espectador. Lo siguiente que se descubre es que Reza se va a casar con la hija de un rico hombre de negocios y que su futura cuñada Kate sospecha de él. Se trata de un procedimiento demasiado obvio para una serie de la complejidad estructural de '24' y su intencionalidad es precisamente poner en cuestión sí el espectador es capaz de realizar sus propios juicios sin tener en cuenta las imágenes preconcebidas. El misterio sobre Reza se mantiene durante diez capítulos hasta que es asesinado por su prometida Marie, una joven de rostro angelical que había sido captada por el red terrorista de Syed Alí. Este era un hecho tan sorprendente como ciertamente inverosímil, pero que evocaba decididamente el recuerdo del famoso talibán norteamericano John Walker Lindh, arrestado en Afganistán en noviembre de 2001 después de que su identidad fuera descubierta por un agente de la CIA en una cárcel en la que se retenía a prisioneros hechos durante las primeras semanas de la guerra. La caracterización de Marie Warner parece realizada para ajustarse a la de Lindh, ya que ambos son jóvenes de clase acomodada de un estado liberal como California que han sido seducidos por la ideología del integrismo islámico.

Un juego similar al de Reza Nayir se realiza con el agente Yusuf Auda, que pertenece a los servicios de espionaje de un país de Oriente Medio sin identificar del que se sospecha que puede estar colaborando de forma encubierta con el grupo terrorista responsable del atentado, Segunda Ola. Yusuf Auda intenta ayudar a los servicios de inteligencia norteamericanos a encontrar la bomba consciente de que si no puede demostrar el compromiso de su país en la lucha contra el terrorismo éste será bombardeado. No hay que olvidar que Afganistán fue invadido por una coalición internacional porque sus líderes se negaron a entregar a Osama Bin Laden, no porque se demostrara su vinculación con los atentados del 11-S, y la idea de que Sadam Hussein pueda tener vínculos con Al-Qaeda o con otros grupos terroristas es lo que en última instancia justifica la invasión de Iraq ante la opinión pública norteamericana. La amenaza de la guerra también se cierne sobre países como Irán o Corea del Norte, encuadrados en lo que el Presidente George W. Bush definió como el eje del mal, a los que se pueden sumar Siria y Libia[v][5]. Así que el espectador puede entender la desesperación de Auda cuando su ayuda es rechazada y es completamente apartado de la investigación, porque es sinónimo de desconfianza y de que su país puede ser atacado de forma inminente. Pero Yusuf Auda, como después descubre Jack Bauer, es un agente eficaz y leal que le ayuda a encontrar un chip informático de gran importancia para la investigación. En el capítulo diecinueve, '2:00 AM – 3:00 AM', Yusuf es apaleado mortalmente por un grupo de vigilantes que, alertados por el atentado fallido (la bomba había sido detonada en el desierto de Mojave tres horas antes), habían salido a la calle a buscar su particular justicia. El asesinato de Yusuf es una referencia a los crímenes de odio que se cometieron contra árabes y personas de apariencia árabe durante los meses posteriores al 11-S, algo que provocó un pánico en estas comunidades que se pretende mostrar con la situación cercana a la insurrección civil en las que se encuentra el país durante este grupo de capítulos y que llega a hacer necesaria la intervención de la Guardia Nacional. Sin embargo, resulta un detalle significativo que dos de los tres miembros de la banda sean de apariencia hispana, lo que de nuevo sirve para incidir en la idea de que el odio y el fanatismo no es propiedad de un grupo étnico concreto, sino una sinrazón en el que hasta los que han sido objeto de esos sentimientos pueden caer.

En '24' se dan pocas pistas sobre la motivación de los terroristas de Segunda Ola para atentar de una forma tan brutal contra los Estados Unidos, lo que viene a significar que la razón debe ser bastante obvia para el espectador después del 11-S. Tanto en 'Decisión crítica' como en 'Estado de sitio' se dedicaban varios minutos a mostrar la justificación de los terroristas, pero en la actualidad eso no sólo resultaría complicado intelectualmente, sino que también se entendería como una justificación del terrorismo. Un buen indicativo de hasta qué punto ser portavoz, aunque sea neutro, de la ideas de los grupos radicales y ser cómplices de ellos se habían convertido en la misma cosa se muestra en la campaña de acoso por el gobierno norteamericano a la cadena qatarí Al-Jazeera (con bombardeo de sus oficinas en Bagdad incluido) y las fuertes críticas a las que se vio sometido el periodista de la CBS Dan Rather por grabar secretamente una entrevista por Sadam Hussein y emitirla apenas tres semanas antes del comienzo de la invasión de Iraq. Pero que una de las razones del odio que Estados Unidos provoca es su política exterior ha sido reconocido en numerosas ocasiones en muchas películas y hasta por la propia '24' durante la primera temporada, siguiendo la justificación de Bin Laden acerca de la complicidad del país en la situación del pueblo palestino por su apoyo incondicional a Israel. En 'El pacificador' un nacionalista serbio cuya familia había sido asesinada intenta detonar una bomba nuclear en la sede de la ONU en Nueva York como venganza contra las potencias que habían ocupado la zona después de un largo conflicto del que se habían desentendido al principio. Y durante la primera temporada de '24' los enemigos habían sido un criminal de guerra serbio y sus dos hijos, que querían vengarse de la muerte de su esposa/madre e hija/hermana en una acción encubierta de Estados Unidos ejecutada por el agente Jack Bauer y ordenada por el entonces senador Palmer. Pero la realidad es que ningún terrorista serbio ha atentado nunca contra los Estados Unidos ni contra ninguno de los países que ocuparon la zona o tuvieron un papel activo en el bombardeo del país durante la guerra de Kosovo. Y hasta la larga ocupación de la zona por tropas de pacificación ha sido relativamente armónica. Pero a nivel simbólico la invención de un terrorismo serbio es una forma de manifestar implícitamente que son las intervenciones exteriores de los Estados Unidos, independientemente de que sean necesarias o positivas, las que provocan la reacción hostil que sirve de origen y justificación de los ataques terroristas que sufren sus ciudadanos en todo el mundo.

 

III. Los servicios de seguridad ante el terrorismo

Como ya se ha mencionado, la segunda temporada de '24' coincidió en el tiempo con los trabajos de una comisión conjunta del Congreso y el Senado de los Estados Unidos sobre el papel desempeñado por los servicios de inteligencia antes y después de los atentados. La comisión conjunta comenzó sus trabajos poco después de su aprobación por las dos cámaras legislativas en febrero de 2002 y entregó sus conclusiones el 20 de diciembre de ese mismo año en un informe que había sido aprobado por los miembros de la comisión diez días antes[vi][6]. Las conclusiones del estudio fueron ciertamente demoledoras para los servicios de seguridad norteamericanos y fue la justificación para la creación de la figura equivalente a la de un ministro del Interior, el Secretario de Seguridad Nacional, para coordinar todas las agencias que trabajaban de forma independiente hasta entonces. La conclusión final era que los servicios de inteligencia habían fracasado a la hora de sacar conclusiones válidas acerca de la significación de la información recabada durante los meses anteriores del atentado. Ese fracaso, como se explica en la página XV del apartado de conclusiones, se había manifestado en la incapacidad para evitar la entrada en el país de los ejecutores de los atentados, de desenmascarar la trama una vez que ya estaba en marcha a través de sistemas de vigilancia, y de no haber generado un estado de alerta ante la inminencia del ataque que hubiera permitido que los servicios de seguridad y los propios ciudadanos estuvieran preparados ante la amenaza. La visión negativa de los servicios de seguridad tiene su reflejo en la serie a través del trabajo de la UAT (Unidad Anti-Terrorista, CTU en el original), una agencia de inteligencia ficticia que se presupone forma parte de la CIA y en la que trabajan los protagonistas de la serie. Muchos de los problemas señalados en la investigación conjunta son utilizados para caracterizar el funcionamiento de la UAT. El informe señalaba en su página XVII que la falta de personal y de medios técnicos había impedido que la información recabada se pudiera procesar rápidamente, llevando a situaciones en las que, por ejemplo, sólo un tercio de los documentos y comunicaciones en árabe fuera analizado ante el número insuficiente de traductores disponibles. Los agentes trabajaban en unas condiciones difíciles en las que se le exigía una carga de trabajo mayor de la que podían asumir, lo que llevaba a un alto número de renuncias. En la serie se hace patente que los recursos con los que cuenta la UAT son limitados, tanto a nivel técnico como humano y  eso se manifiesta cuando en el primer capítulo, '8:00 AM – 9:00 AM', una experta en informática le pide a Tony Almeida, en ese momento el director en funciones, que la deje renunciar a su puesto y busquen a otra persona, a lo que éste le responde que no hay nadie más. Muchas de las conversaciones entre los personajes giran en torno a la discusión sobre qué área de trabajo cubrir teniendo en cuenta el número escaso de agentes, sus recursos limitados y la situación general de precariedad en la que se encuentran. Y no hay que olvidar que la UAT, cuyas oficinas están casi siempre en penumbra, debe seguir siendo operativa después de que un atentando con bomba dañara gravemente el edificio y acabara con la vida de dos decenas de agentes. De esta forma la UAT se presenta como un lugar hostil que funciona dentro de la narrativa de la serie como un espacio orgánico que simboliza la situación de precariedad y cierta desesperación en la que se encuentran los personajes ante la imposibilidad de realizar su trabajo con libertad y comodidad.

El informe también planteaba otro elemento decisivo: la falta de comunicación entre las agencias, particularmente la CIA y el FBI. Muy a menudo las dos agencias trabajaban siguiendo intereses opuestos y mostraban una clara falta de cooperación entre sus agentes, lo que hacía que una amenaza exterior que pretendiera atacar en el interior del país fuera difícilmente detectable, tal y como se demostró el 11-S. En '24' esa idea se pone de manifiesto en la soledad de la UAT a la hora de investigar el origen de la amenaza. Incluso ante un ataque nuclear como el que se cierne sobre Los Ángeles, las distintas agencias trabajan a duras penas en equipos coordinados y no comparten sus bases de datos en tiempo real. Precisamente el interés de un alto oficial de la ASN (Agencia de Seguridad nacional, NSA en el original) cuando descubre la inminencia del atentado sobre la UAT es que ésta les envíe una copia de seguridad de sus archivos, no alertarles del ataque, lo que muestra la grave vulnerabilidad del sistema de inteligencia que trabaja en encontrar la bomba. Cuando el atentado se produce se debe evitar que una agente gravemente herida reciba tratamiento médico para que pueda facilitar los códigos de encriptación y salve a los archivos. Más tarde se descubre que Roger Stanton, el director de la ASN, había tenido conocimiento del atentado desde hacía varias semanas y había permitido que la bomba entrara en el país para que su agencia se atribuyera el mérito de haber abortado un ataque inminente.

Los trabajos de la comisión conjunta pusieron de manifiesto otro hecho fundamental para entender por qué no se pudieron impedir los atentados: cómo la cadena mando, fundamental en organizaciones tan jerarquizadas, entorpecía el trabajo de los agentes en vez de facilitarlo. Especialmente revelador fue el testimonio de la analista del FBI Coleen Rowley, destinada a la oficina de Minneápolis, que denunció como antes de los atentados desde su oficina se habían recopilado datos sobre Zaccarias Moussaoui, al que desde los servicios de inteligencia franceses ligaban con la red terrorista de Bin Laden. Moussaoui estaba aprendiendo a pilotar aviones en una escuela de la zona y fue detenido unas semanas antes de los atentados, lo que impidió su participación en los hechos. Sin embargo, los agentes de Minneápolis no contaron con el apoyo de la oficina central en Washington y no pudieron solicitar al juez una orden para revisar el ordenador del detenido y otra serie de acciones especiales permitidas por la legislación cuando se investiga a un sospechoso de terrorismo. Es posible que en otras divisiones se produjeran hechos similares, pero los agentes se negaron a revelarlos como hizo la agente Rowley, que antes de ser llamada a declarar escribió todas sus alegaciones en un memorando dirigido al director del FBI Robert Mueller, un documento que circuló rápidamente entre medios políticos y que después saltó a prensa[vii][7].

El memorando de Rowley evidenciaba como los agentes debían trabajar en franca hostilidad con sus superiores y que en muchas ocasiones hacían dejación de sus funciones para evitar tener conflictos con éstos. La idea de que a menudo las estructuras de poder son más peligrosas que la propia amenaza se encuentra formulada en '24' en muchos episodios y aparece claramente encarnada en la figura de Jack Bauer. Ya desde el episodio piloto de la serie se había expuesto como Bauer era un agente incómodo que se había puesto a buena parte de la agencia en su contra tras delatar a un grupo de subordinados que recibían sobornos. A pesar de tener formación militar, Bauer se negaba a respetar la cadena de mano y en el mismo episodio piloto ataca y chantajea a su superior George Mason para que éste le revele la fuente que ha denunciado la amenaza contra el candidato Palmer. Las sospechas de Bauer de que la agencia no tenía un interés real en impedir el asesinato se confirman cuando Mason afirma que Palmer tiene muchos enemigos en la agencia y que lo que debe hacer es intentar apartarse del caso. En la segunda temporada, cuando la amenaza terrorista es mucho más brutal, la actitud de hostilidad de Bauer hacia las estructuras de la UAT es mayor. Después de encontrar la bomba desoye las órdenes de abandonar el caso y se dedica a trabajar en identificar el verdadero origen de la grabación de Chipre, la prueba que involucra a tres países de Oriente Medio en los atentados. Sin embargo, debe hacerlo contando sólo con el apoyo de la agente Michelle Dressler, a quien se suma después Tony Almeida, el director en funciones de la unidad. Los agentes de la UAT están sujetos a todo tipo de interferencias políticas y después de que la bomba estalle son obligados por sus superiores a cancelar la investigación para centrarse en recoger datos que apoyen la inminente respuesta militar al atentado. A través de la cadena de mando intentan convencer a sus superiores de que les permitan continuar con la investigación y ante la negativa injustificada de éstos, los tres agentes se ven obligados a actuar por su cuenta. En el capítulo veintidós, '5:00 AM – 6:00 AM', Almeida y Dressler llegan a drogar a su jefe Ryan Chapelle para tomar el control y dar a Jack Bauer el soporte que éste necesita para completar su misión. Sin duda, en '24' esta actitud de hostilidad y la necesidad de romper con la cadena de mando están magnificadas por necesidades dramáticas y justificadas por la situación límite en la que los personajes se encuentran. Pero es un reflejo de la situación real de decenas de agentes gubernamentales que se vieron incapacitados para realizar su trabajo por la presión de sus superiores y la amenaza de ser castigados si ponían en cuestión las decisiones tomadas por estos.

 

IV. ¿Quién es el enemigo?: Las sombras de sospecha sobre el poder

El informe de la comisión conjunta ponía de manifiesto que los servicios de inteligencia hicieron dejación de sus funciones y, sin entrar en el terreno de la especulación sobre si se podría o no haber prevenido el atentado, sus carencias a la hora de realizar la investigación fueron notables. Sin embargo, desde diversos sectores se planteó la hipótesis de que los atentados hubieran sido permitidos desde la misma administración gubernamental por motivos económicos y políticos, aduciendo los vínculos comerciales entre las familias del Presidente George W. Bush y Osama Bin Laden, o favorecidos de alguna forma por el interés de diversos sectores económicos en impulsar la industria armamentística[viii][8]. Esas ideas, formuladas fundamentalmente desde grupos intelectuales de izquierda tanto en Estados Unidos como en Europa, son un claro reflejo de la falta de confianza que los ciudadanos tienen en las autoridades políticas y la idea de que detrás de muchos de sus actos y decisiones se puedan encontrar intereses ocultos. Esa doble desconfianza ante la administración gubernamental y determinados grupos económicos también es explorada en la segunda temporada de '24'. Durante los primeros capítulos el Presidente Palmer comienza a sospechar que existen elementos dentro de su administración que trabajan en su contra, una idea que se personaliza en Roger Stanton, director de la NSA, y por tanto el oficial de inteligencia de más alto rango del país. Esas sospechas resultan ser ciertas y Stanton, después de ser torturado, reconoce que los servicios de inteligencia militar habían detectado la amenaza y permitido que la bomba entrara en el país. Stanton pertenecía a un grupo de altos miembros de la administración que pensaban que se necesitaba un giro en la política de Palmer y que, con la amenaza de un brutal atentado terrorista, ese cambio se realizaría, tal y como confiesa al Presidente en el capítulo trece, '8:00 PM – 9:00 PM'.

Esta línea argumental plantea dos peligros fundamentales que afectan a los gobiernos democráticos. Primero, que como ocurre en '24', los intereses políticos y las aspiraciones personales primen sobre la responsabilidad de los organismos públicos y que, en realidad, estos estén dispuestos a sacrificar el bien general por sus propios objetivos[ix][9]. Y el reflejo de esta idea es la caracterización negativa y en ocasiones siniestra de los oficiales gubernamentales que se realiza en la serie, de la que sólo el Presidente Palmer y Jack Bauer salen completamente indemnes[x][10]. El segundo peligro que aparece perfilado es la posible presión que el populismo tiene sobre los gobernantes. Ante un ataque de esa envergadura los Estados Unidos se ven obligados a responder a través de una acción militar, una opción que Palmer rechaza pero que se le es ofrecida desde el primer momento que la amenaza terrorista se comprueba como real. Precisamente ese es el problema del Presidente Palmer después de la neutralización de la bomba, la presión directa que recibe en su administración para actuar militarmente contra los países que se sospecha han apoyado a Segunda Ola. Sin embargo, Palmer se niega a actuar precipitadamente y cancela la operación militar, aun a riesgo de comprometer la vida de miles de soldados si la operación debe realizarse más tarde. En este sentido, las constricciones temporales llevan al argumento a superar los límites de los plausible, un peligro que '24', por su propia estructura, no puede evitar. Sin embargo, no anula la idea principal: que los líderes políticos deben actuar con responsabilidad y no dejarse llevar por el populismo ni las peticiones de venganza por sus ciudadanos, por mucho que ello pueda afectar a la imagen que proyecta al exterior y que, en el caso del Presidente Palmer, lo hacen parecer débil ante su administración. Y en un contexto como el actual, con Estados Unidos liderando una coalición internacional que hasta el momento ha intervenido en Afganistán e Iraq, las dudas del Presidente Palmer contrastan con las decisiones que la administración Bush ha tomado en la vida real.

Pero más que una crítica a esas decisiones concretas (ya que la temporada se proyectó meses antes de que la crisis entrara en su punto crítico), la serie plantea que la lucha contra el terrorismo no es un tipo de guerra convencional y que por tanto contra ella no debían usarse sólo las armas convencionales, un punto de vista cercano al expresado por el Secretario de Estado norteamericano Colin Powell después del 11-S cuando reconoció que la guerra contra el terrorismo sería una campaña a largo plazo en la que no sólo intervendría la fuerza militar, sino también elementos políticos, financieros y legales[xi][11]. Pero cuando el Presidente Palmer es apartado de su cargo bajo el pretexto de la Vigésimo Quinta Enmienda de la Constitución en el capítulo veintiuno, '4:00 AM – 5:00 AM', su sustituto, el hasta entonces Vicepresidente Prescott, deja claro que las futuras investigaciones en torno al atentado deben subordinarse al esfuerzo bélico. Este un claro reflejo de la actuación de la administración Bush después del 11-S, que se ha volcado más en las grandes operaciones como la de Afganistán e Iraq que en la completa aclaración de las circunstancias de los atentados y su vinculación directa que pudieron tener con estados aliados de Oriente Medio.

El tema de la posible vinculación de grupos económicos sobre la política exterior y las cuestiones de seguridad se planteaban durante la segunda parte de la temporada, en donde se mostraba cómo un grupo de empresarios petrolíferos había conspirado para permitir el atentado terrorista, acabando primero con el comando de las fuerzas especiales que vigilaba la bomba y después falsificando una grabación para justificar la guerra. La emisión de buena parte de la temporada había coincidido con el desarrollo de la crisis internacional de Iraq, que desde finales de 2002 a marzo de 2003 se había centrando en una ofensiva diplomática que intentaba evitar una acción unilateral por parte de los Estados Unidos y la petición al dictador Sadam Hussein para que colaborara activamente con los inspectores de armas de Naciones Unidas. Los opositores a la guerra creían que detrás del conflicto existían condicionamientos económicos, tanto relacionados con el desarrollo de la industria armamentística que una guerra propiciaría como por el control de las ricas reservas de petróleo de Iraq. El 20 de marzo comenzaron los bombardeos sobre Bagdad y cinco días después se emitía el capítulo dieciséis de la segunda temporada de '24', en donde se empezaba a fantasear sobre la posibilidad de que el país se embarcara en una guerra presionada por intereses económicos, en este caso de los empresarios que deseaban la guerra para que las reservas de petróleo que controlaban aumentaran su valor. Mientras la invasión se completaba en la vida real, se iba haciendo más y más patente en la serie que ese grupo económico había participado en el desarrollo del atentado y que estaba dispuesto a todo para que el ataque militar se completara. La concepción y producción de esos episodios había coincidido con el desarrollo final de la crisis diplomática, cuando ya era patente que la invasión de Iraq se iba a producir de forma inminente, con lo que se ponían de manifiesto como los productores de la serie no sólo no habían evitado las referencias a la realidad, sino que las estaban buscando premeditadamente. En una entrevista para la revista 'Written By' en mayo de 2003, el productor de '24' Joel Surnow afirmaba que el programa se había visto afectado por el 11-S y que se había convertido en un espejo de la realidad. A veces la serie se anticipaba a la realidad, como cuando en el capítulo seis, '1:00 PM – 2:00 PM', el agente Tony Almeida mencionaba como la mezquita de Finsbury Park en Londres estaba vinculada con actividades terroristas, apenas dos meses antes de que en la realidad la mezquita fuera registrada por la policía bajo esa acusación. Y otras se iban a limitar a referencias fácilmente identificadas por el espectador, como la mención a Guantánamo, la base militar norteamericana de la isla de Cuba en la que los prisioneros hechos por el ejército durante la invasión de Afganistán bajo la acusación de pertenecer a Al-Qaeda se encuentran retenidos. En el capítulo dieciséis, '11:00 PM – 12:00 AM', Syed Alí es interrogado por la agente Dressler, que le recuerda que si no le dice a ella la verdad ya lo hará cuando llegue a Guantánamo, una referencia implícita a que es más que probable que allí sea torturado. Desde la guerra de Afganistán Guatánamo ha estado en el centro de la polémica por la situación de irregularidad jurídica en la que se encuentran los prisioneros detenidos allí, algunos de los cuales llevan dos años sin haber sido acusados de ningún cargo concreto y en unas condiciones de vida que han sido denunciadas por diversas organizaciones de derechos humanos[xii][12].

 

V. Conclusión: '24' y 'El ala oeste de la Casa Blanca'

La combinación de referencias directas con otras más enmascaradas es un elemento que permite que la serie tenga un complejo subtexto acorde a los frecuentes giros de su argumento y la riqueza de su estilo narrativo y estético. '24' ha contando desde el principio con la ventaja de ser una ficción escapista, lo que paradójicamente le ha permitido hacer referencia al clima político posterior al 11-S con mucha más libertad y compromiso que cualquier otra serie de televisión realizada en Estados Unidos. Y eso contrasta con la actitud adoptada por la serie que teóricamente mejor podría haber reflejado el nuevo clima nacido de los atentados, 'El ala oeste de la Casa Blanca'. La serie, ganadora durante cuatro años consecutivos del Emmy como mejor drama, refleja la vida de un ficticio presidente demócrata y liberal-católico, Jed Barlett, y de su equipo de ayudantes. Sin embargo, en los dos últimos años ha tratado el tema del terrorismo sólo de una forma muy parcial a través de la historia de un diplomático y terrorista de un ficticio país de Oriente Medio cuyo asesinato es ordenado por el Presidente Barlett. Esa muerte perseguirá al personal de la Casa Blanca durante casi un año hasta que la hija del presidente sea secuestrada como forma de represalia. 'El ala oeste de la Casa Blanca' dedicó un capítulo especial dedicado al terrorismo apenas tres semanas después de los atentados titulado 'Isaac & Ismael', sin conexión directa con la línea narrativa de la serie, en la que los personajes hablaban ante un grupo de estudiantes sobre diversos aspectos del terrorismo durante las horas en la que la Casa Blanca quedaba cerrada por una alerta. Pero a pesar de sus buenos propósitos, 'Isaac & Ishmael' era tan interesante intelectualmente como prescindible narrativamente y sirve de ejemplo de la propia incapacidad de la serie de acercase adecuadamente a una sociedad trastornada por el ataque terrorista. Irónicamente la cercanía de 'El ala oeste de la Casa Blanca' a la realidad, su búsqueda de la verosimilitud, se han convertido en una dificultad a la hora de reflejar las preocupaciones de la sociedad, una barrera que una serie con escaso interés en la credibilidad como '24' ha podido hacer sin ser especialmente discutida o criticada por ello. Y aun a pesar de que el productor Robert Cochran, en una entrevista para el documental '24: Exposed' (incluido en la edición en DVD de la serie), afirmara que esos paralelismos les han sido perjudiciales en el caso de la guerra de Iraq porque que el país estuviera inmerso en un conflicto bélico hacía que resultara menos emocionante que se intentara detener uno en la ficción.

Y es que el contraste entre 'El ala oeste de la Casa Blanca' y '24' también se fundamenta en sus propios condicionantes ideológicos. Aaron Sorkin, el creador y guionista principal de la serie durante sus cuatro primeras temporadas, es un reconocido demócrata cuyas ideas liberales ya habían sido expuestas con bastante claridad en sus guiones para 'Algunos hombres buenos' y la película que sirvió de precedente para la serie, 'El presidente y Miss Wade'. En 'El ala oeste de la Casa Blanca' se ofrece una visión positiva de los demócratas y se suele caracterizar la política del partido republicano como egoísta e insensible ante los problemas reales de la gente. Este maniqueísmo no ha pasado desapercibido y ha provocado que a menudo la serie sea catalogada como una fantasía liberal, sobre todo teniendo en cuenta que desde 2000 un presidente republicano ocupa la Casa Blanca. Sin embargo, que el presidente de '24' sea demócrata no tiene ninguna importancia dentro del argumento. Este hecho no es mencionado en ningún momento durante la segunda temporada y sólo en una ocasión en la primera. La ideología de los personajes nunca es un factor, sino sólo su capacidad para distinguir el bien y el mal y actuar conforme a sus conciencias. La mayoría de las referencias a hechos relacionados con el 11-S y los acontecimientos que han seguido a ese día pueden ser formulados desde una ética personal sin relación con la ideología política. Y como resultado de ello '24' puede ofrecer una visión del mundo crítica sin tener que alinearse políticamente ni provocar una fractura entre su público, como bien se muestra en lugares de expresión como foros de Internet. Precisamente el productor Robert Cochran recordaba en la entrevista con 'Written by' que era imposible ver 'El ala oeste de la Casa Blanca' sin saber de donde venía Aaron Sorkin ideológicamente, mientras que para ellos su única preocupación era contar una buena historia. Y para confirmar esta idea está el hecho de que una personalidad de la administración republicana como la máxima autoridad en materia de comunicación, Michael Powell (hijo del Secretario de Estado Colin Powell), afirme sin problemas que '24' es su serie favorita en una entrevista en 'The New York Times' publicada el 21 de septiembre de 2003. Partiendo de una premisa argumental directamente sacada del terreno de la fantasía, '24' acaba funcionando como un texto complejo lleno de referencias al mundo actual y, al contrario de muchas otras obras que parten de condicionamientos ideológicos prefijados, su apuesta por el entretenimiento permite que su contenido crítico sea aceptado e interpretado libremente por el espectador.

 

Fuentes utilizadas:

'24': Season 2 DVD Collection. Editado por 20th Century Fox.

'Joint inquiry into intelligence community activities before and after the terrorist Attacks of september 11, 2001 – by the House permanent select committee on intelligence and the Senate select committee on intelligence'.  U.S. Government Printing Office, Diciembre de 2002. Disponible en: http://www.gpoaccess.gov/serialset/creports/pdf/fullreport_errata.pdf

Carter, Bill: “The west wing come to terms with the G.O.P.”. 'The New York Times', 24 se septiembre de 2003.

Gallagher, Trace: “Fact and fiction mix on '24'”. 'Fox News', 11 de mayo de 2003: http://www.foxnews.com/story/0,2933,86552,00.html.

Lacayo, Richard y Ripley, Amanda: “Persons of the year 2002: Cynthia Cooper, Coleen Rowley and Sherron Watkins”. 'TIME', 22 de diciembre de 2002.

Murphy, Mary: “The west wing meet the real thing”. 'TvGuide', 22 de julio de 2000.

Powell, Colin: “La solidaridad hemisférica en la guerra contra el terrorismo”. 'Diario Las Américas', 6 de enero de 2002.

Ratnesar, Romesh y Weisskopf, Michael: “How the FBI blew the case”. 'TIME', 3 de junio de 2002.

Red Voltaire: “Los lazos financieros ocultos entre las familias Bush y Ben Laden”. Disponible en: http://www.redvoltaire.net/article8.html

Vidal, Gore: “The meaning of Timothy McVeigh”. 'Vanity Fair', septiembre de 2001.

Young, Steve: “The time machinists of CTU”. 'Written By', mayo de 2003. Disponible en: http://www.wga.org/writtenby/0503/24.pdf

Cnn.com: http://www.cnn.com

Fox News: http://www.foxnews.com

Human Rights Watch: http://www.hrw.org

The Futon Critic: http://www.thefutoncritic.com 

 

 



[i][1] '24' ha ganado cuatro premios Emmy, un Globo de Oro y un premio de la Asociación de Productores. A pesar de no contar con un público masivo, la serie tiene un espectador medio de alto poder adquisitivo, que permite que la publicidad en la serie sea la novena más cara entre todos los programas regulares para la temporada 2003-2004, aun a pesar de que en la segunda temporada 24 acabó como el trigésimo cuarto programa más visto. Fuente: www.thefutoncritic.com (20-9-2003).

[ii][2] Datos tomados de '100 questions and answers about Arab Americans: a journalist's guide', una guía para periodistas de la ciudad de Detroit. Fuente:  http://www.freep.com/jobspage/arabs/index.htm (20-09-2003).

[iii][3] Datos del Departamento de Estado norteamericano citando un estudio de agosto de 2000 de Zogby International solicitado por el Consejo Árabe Americano. Fuente: http://usinfo.state.gov/usa/islam/fact2.htm (20-09-2003).

[iv][4] En '24' el título de los capítulos corresponde con la hora que muestran en la vida de los personajes. Durante la segunda temporada se cubrió el tiempo entre ocho de la mañana de un día hasta las ocho de la mañana del día siguiente en la ciudad de Los Ángeles.

[v][5] El Presidente Bush definió como pertenecientes a un eje del mal (axis of evil) a Iraq, Irán y Corea del Norte en su primer discurso sobre el Estado de la Unión en enero de 2002.

[vi][6] Una versión del informe, titulado 'Joint inquiry into intelligence community activities before and after the terrorist attacks of september 11, 2001', sin las informaciones que puedan afectar a la seguridad nacional, está disponible en la página oficial del servicio de documentación del gobierno de los Estados Unidos:  http://www.gpoaccess.gov/serialset/creports/pdf/fullreport_errata.pdf.

[vii][7] El llamado memorando Rowley causó una gran polémica que se acrecentó después de su publicación  por la revista 'TIME' en su número de 3 junio de 2002. Colleen Rowley fue elegida persona del año 2002 por 'TIME' junto a Cynthia Cooper y Sherron Watkins, que habían ayudado a destapar los dos escándalos financieros más importantes del año, los casos WorldCom y Enron respectivamente.

[viii][8] Esa es la tesis defendida por el escritor francés Thierry Meyssan en su libro 'La gran impostura. Ningún avión se estrelló en el Pentágono' (La Esfera de los Libros, Madrid, 2002). Meyssan es el presidente de la organización intelectual de izquierda Réseau Voltaire (Red Voltaire), vinculada al Partido Comunista francés y al Partido Radical de Izquierdas (PRG). En la página oficial en español de Réseau Voltaire se publicó el artículo 'Los lazos financieros ocultos entre las familias Bush y Ben Laden', disponible en http://www.redvoltaire.net/article8.html (17-10-2003).

[ix][9] Las teorías conspirativas que vinculan el terrorismo con el propio gobierno de los Estados Unidos no son ni mucho menos nuevas. En un artículo publicado precisamente en el número de septiembre de 2001 de la revista 'Vanity Fair' con el título de 'The meaning of Timothy McVeigh', el escritor Gore Vidal expuso sus teorías acerca de cómo el atentado contra el edificio federal de Oklahoma en abril de 1995 había sido instigado por elementos gubernamentales para justificar una ampliación de sus poderes.

[x][10] Uno de los productores de '24' es Howard Gordon, también productor de la serie 'Expediente X', en donde un grupo de altos funcionarios gubernamentales conspiraban para permitir una invasión extraterrestre de la Tierra.

[xi][11] Powell se expresaba de esa forma en un artículo publicado por el diario 'Las Américas' el 6 de enero de 2002 con el título de 'La solidaridad hemisférica en la guerra contra el terrorismo'. Sin embargo, Powell ha visto sus teorías arrinconadas por los llamados halcones de la administración Bush como el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

[xii][12] La organización Human Right Watch ha elaborado numerosos informes sobre las condiciones de vida de los presos retenidos en Guantánamo y el incumplimiento de sus derechos civiles. Estas quejas pueden consultarse en: http://www.hrw.org/us/usdom.php?theme=Guantanamo%20Detainees (10-10-2003).

 

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre de la autora, 2003; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 56, de julio-diciembre de 2003, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección telemática (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035632cascajosa.htm


 Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) – julio-diciembre de 2003 - año 6º - número 56

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 – 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035632cascajosa.htm