Análisis de las nuevas estrategias de las solidaridades oficiales al “desarrollo” desde las ciencias sociales y de la comunicación

Dra. Guillermina Franco ©

Dra. Carmina Gaona ©

UCAM Universidad Católica San Antonio de Murcia

Gfranco@pdi.ucam.edu

Cgaona@pdi.ucam.edu

 

Desde un análisis de la perspectiva del concepto de países en subdesarrollo y países en vías de desarrollo se ha logrado gracias a una cooperación de programas de crecimiento económico y social, poner en marcha programas de ayuda que favorezcan la AOD (Asistencia Oficial al Desarrollo) y recientemente desde la COD (Cooperación Oficial Descentralizada).

La transformación y la creciente complejidad de estas “solidaridades” han generado que el sistema internacional adquiera una papel global a raíz de la caída del muro de Berlín.

Se plantea pues en este artículo, el análisis a partir de cuatro aspectos: el primero entorno al marco del nuevo sistema internacional y el futuro del desarrollo; el segundo, centrado en la cooperación para el desarrollo desde una perspectiva cultural; el tercero, incluye los nuevos caminos de la cooperación para el desarrollo; y el cuarto, aborda la visión que los mass-media dedican y proyectan a los programas de ayuda al desarrollo.

Asimismo, mediante estos factores lo que se intentará es llegar a una justificación detallada, de los cuatro puntos señalados.

Desde el ámbito del sistema internacional y el futuro del desarrollo; cuestionando que la ayuda al desarrollo se adjudica más en función de las necesidades de los países donantes que de las necesidades de los países receptores; tomamos como ejemplo que la crisis de deuda que ha golpeado a muchos países latinoamericanos y africanos desde finales de las década de los 70 ha cuestionado al mismo tiempo la vía correcta de ayuda para los programas de AOD (Asistencia Oficial al Desarrollo).

Desde la perspectiva económica y desde la visión global de la influencia de los mass-media, se intentará llegar a un análisis de los feed-back de positivos y negativos de la repercusión de estas ayudas y de las simbolizaciones que suscitan.

 

INTRODUCCIÓN

Hablar de cualquier tema de la naturaleza humana desarrollada de manera universal o frecuente, es hablar de una realidad. Esta realidad no se somete fácilmente a una observación, pese al empleo de métodos precisos y pruebas fiables. Pero el primer criterio a tener claro es cuál es el verdadero contexto de esa realidad. R. Redfield en su estudio de una aldea de Chan Kom, en Yucatán, donde intenta corroborar lo que el denominó continuum tradicional-urbano, insistió en la homogeneidad, como rasgo distintivo de este tipo de comunidades: “Las actividades y los modos de pensar son muy semejantes para todas las personas de igual sexo y grupo etario, y el curso de una generación repite el de la precedente. Así entendido, homogéneo equivale a “de cambio lento” (1941: 4). Redfield, cree fielmente en esa “homogeneidad” como también aboga por una investigación basada en contextos sociales que se correspondan con aldeas o pequeñas comunidades. Pero no nos interesa tanto establecer la definición teórica de “comunidad”, sino advertir, que el concepto de una comunidad pequeña no es tanto una abstracción como una distracción, y ha conducido, en la inmensa mayoría de los casos, a un diálogo de poca relevancia. Reconsiderando sus argumenttos Obeyeseker intenta demostrar, en el contexto cingalés, que “las culturas son integradas” y que “las culturas campesinas son totalidades“ (no mitades). Este autor intenta constatar esta manifestación en su búsqueda del origen del budismo como producto de factores meramente locales: “existen buenas razones ideológicas para darle a Buda un estatus presidencial en el panteón”, que él analiza como una “unidad estructural”. No es este el momento de analizar si es pertinente o no hablar de “cultura integrada”, de “estructura unificada”, sino la validez metodológica o no de centrar el análisis en “comunidades” consideradas como  un todo integrado. Tomamos la respuesta de un antropólogo Skinner, que paradójicamente pese a haber centrado su trabajo de campo en pequeñas comunidades reconoce los límites de esta dinámica: “El trabajo antropológico sobre la sociedad china, al centrar la atención casi exclusivamente en la aldea, ha distorsionado, con pocas excepciones, la realidad de la estructura social rural”. Pero incluso para Skinner, el enfoque basado en “las comunidades” o “tradiciones” que mantienen fronteras presenta un problema analítico: “la unidad cultural importante es en realidad una “estructura social intermedia”, la comunidad mercantil estándar, el equivalente en el caso chino a la pequeña tradición de que hablaba Redfield... En la medida en que se puede decir que el campesino chino vive en un mundo autosuficiente, ese mundo no es la aldea sino la comunidad estándar de mercado” (Skinner 1964: 32).

Pero las personas no vivimos en universos autocontenidos, ni el espacio inmediato es el gran universo en el que acontece la interacción sociocultural. Bies este espacio inmediato sea la aldea, o actualmente el barrio, como sustituto de la comunidad física en el que acontece la vida cotidiana, no son los escenarios de la interacción sociocultural, más aún si bien constituyen una parte de esos escenarios, desempeñan un papel secundario si pensamos en el verdadero protagonista: la comunicación.  Esta última consigue romper las fronteras y los límites físicos en los que acontece la acción social, configurando una estructura social difusa en cuanto a su radio de acción que trasciende incluso las relatividades culturales.

Ni que decir que asistimos en los últimos años a una valoración creciente de los procesos comunicativos, considerándose como elementos esenciales de la vida en la sociedad. Llegados a un extremo y cayendo en un reduccionismo, se ha llegado a decir que “la sociedad es comunicación”. Son manifestaciones abiertas como decir que “todo es cultura”. Decantarnos por cualquiera de las dos manifestaciones anteriores, ambas amplias e imprecisas, nos conduce a no comprender nada. No se puede negar que los nuevos y extensos modos de comunicación, están colaborando en modelar una nueva sociedad, pero eso no anula el protagonismo de otros elementos más, como podrían ser: el papel de las instituciones, el cambio de valores, la influencia de los medios de comunicación, y las innovaciones tecnológicas. Pese a poder localizar y adherirnos a diversas teorías socioantropológicas profesionales, es decir basadas en una información técnico-instrumental, que posibiliten pasar de la descripción a al explicación defendiendo el protagonismo de cada uno de estos elementos; la comunicación está tan presente en todos los procesos sociales, que se corre el peligro de considerar que todo acto humano, o al menos todo acto social, es comunicación.

No estamos negando en ningún momento la importancia que tiene la comunicación, es suficiente con imaginarnos una sociedad en la que desapareciesen toda forma de comunicación: ¿Cómo podríamos entender el mundo en el que vivimos si no existiera ninguno de los medios de masas?. En cantidad de ocasiones, ocupan la pantalla películas que versan sobre el pánico nuclear, pero acaso no supondría también, un gran atentado contra la humanidad, una “no comunicación” junto con la desaparición de los medios de comunicación. Estas reflexiones cobran mayor protagonismo si compartimos la tesis de varios autores, para quienes estamos ante o hacia una sociedad de la información.

Pasemos a continuación a la exposición de cómo se ha insertado y adaptado, los procesos de desarrollo en estas nuevas sociedades de la información.


1.1.- EL NUEVO SISTEMA INTERNACIONAL Y LAS ETAPAS DEL DESARROLLO.[1][1]

Antes de abordar de lleno la temática principal del desarrollo, repasemos brevemente un poco de historia de los orígenes de ese proceso que arrancaría a partir de la Segunda Guerra Mundial. Es justo después de esa fecha que cambia la relación entre países ricos y países pobres. Hasta entonces la mayor parte de los países pobres eran colonias de los países ricos; después de la independencia de las antiguas colonias, al comienzo, con cierta condescendencia colonialista, se les llamó “países subdesarrollados”. A partir de 1950, los países ricos pusieron en marcha programas de ayuda al desarrollo destinados a los países pobres. La jerga colonialista se suavizó: los países receptores fueron rebautizados como “países en vías de desarrollo” (aunque no se desarrollaran) o “Tercer Mundo”, y la ayuda al desarrollo pasó a ser “asistencia” AOD ( Asistencia Oficial al Desarrollo ) y después “Cooperación para el desarrollo”. Incluso se ha dado un paso más y se habla de países desarrollados y ya países en desarrollo, sólo ilusoriamente las vías ya se han alcanzado.

Si bien un análisis detallado nos conduciría a una multiplicidad y variabilidad de causas, como valoración final, se puede manifestar que en la mayoría de los casos, la ayuda al desarrollo ha demostrado ser muy ineficaz. Con algunas excepciones destacadas en Extremo Oriente, a pesar de la ayuda, los países ricos se han hecho más ricos y los países pobres más pobres. La ayuda al desarrollo no ha podido impedir las crisis de deuda que han golpeado a muchos países latinoamericanos y africanos desde finales de la década de 1970.

El conjunto de actividades de ayuda de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo que engloba la expresión “cooperación internacional para el desarrollo” – y en particular las transferencias de recursos concesionales para mejorar sus condiciones de vida y facilitar su desarrollo socio-económico- tiene un origen muy reciente, el sistema internacional, surgido tras la segunda posguerra mundial.

Su primera manifestación institucionalizada se da en el plano multilateral: las alusiones contenidas en el Preámbulo y en el capítulo IX de la carta de las UN. Dicha Carta establece el compromiso de los miembros de la organización y de esta misma en la mejora económica y el desarrollo económico-social de todos los pueblos y naciones. Uno de los prerequisitos para lograrlo serán las transferencias de recursos, y más concretamente, la “ayuda externa”, y los mecanismo bilaterales o multilaterales de “asistencia social al desarrollo” (AOD).

Desde entonces nunca se ha renunciado, explícitamente, al menos, ni a la idea ni al compromiso con ella de los países desarrollados. La idea ha inspirado diversas propuestas de concreción con objetivos específicos expresados en porcentajes del PNB para la ayuda al desarrollo, el diálogo Norte-Sur, o el establecimiento de un nuevo orden económico internacional (NOEI).

No obstante, más allá de los textos e intenciones explícitos, los primeros flujos significativos de ayuda externa y de AOD fueron bilaterales. Respondían no a intereses humanitarios o de reparto de bienestar, sino a motivaciones de naturaleza mucho más inmediata y política, ligadas al inicio del proceso de descolonización, y sobre todo, a la confrontación ideológica y la guerra fría. Aunque no puede menospreciarse el interés por crear una economía capitalista global fuerte y expansiva en el contexto de fines de los años cuarenta, la primacía de los factores políticos en la ayuda externa parece innegable.

A través del plan Marshall, la ayuda externa se convirtió en una pieza de la política de contención global de la Unión Soviética, elaborada por los EE.UU y asumida luego por el bloque occidental.

La ayuda externa es un producto de la guerra fría, de la división del planeta en un primer, segundo y tercer mundos y de la hostilidad de ambas supervivencias. De no ser por la guerra fría no hubiera habido programas de ayuda externa dignos de tal nombre, puesto que hubiera resultado imposible generar el apoyo político interno en los países donantes necesario para sostener la asistencia externa durante más de cuatro décadas.[2][2]

El hecho de que la “responsabilidad colonial” y la seguridad occidental constituyan las dos motivaciones principales de la parición y del crecimiento de la AOD occidental permite explicar, junto al éxito del Plan Marshall y el predicamento de las tesis que propugnaban una concepción evolutiva e imitadora del desarrollo, algunas de sus características iniciales.

En primer lugar, el escaso número de contribuyentes iniciales. De 1950 a 1955, los tres principales y casi únicos donantes fueron EE.UU, Francia y el Reino Unido, con un incuestionable liderazgo estadounidense, rasgo que se mantuvo de 1955 a1960, periodo en el que se dobló el monto total y EE.UU otorgó el 64 por 10 del total de los flujos oficiales de ayuda a largo plazo.

En segundo lugar, la selección de los países destinatarios en virtud de razones geopolíticas, militares o históricas y no en función de su pobreza relativa o las respectivas necesidades de crecimiento. Así pues, desde el principio la evolución de la ayuda externa y de la AOD corrió pareja a la evolución del sistema internacional.

Los primeros cambios, en ambos casos, se produjeron a lo largo de los años sesenta. Por un lado, se incrementó la cantidad de recursos transferidos. Por otro, se amplió el número de países contribuyentes y la coordinación entre ellos, aparecieron los bancos multilaterales de desarrollo o la ventanilla de préstamos blandos en el Banco Mundial, y, en un nivel más general, aumentó el número de Estados, y, por ende, el de miembros de las OIGs.

Todo ello reforzó las motivaciones comerciales de la ayuda, y en menor medida las político-diplomáticas, frente a las de seguridad. O sea, que a través de ella se perseguían también beneficios tangibles como acceder a los mercados (o asegurárselos), promover exportaciones,  o lograr el apoyo de los países receptores en las Naciones Unidas.

Ello alentó el creciente paso de la ayuda bilateral frente a la multilateral y la diversificación de los flujos de AOD, nuevos tipos de ayuda, progresivamente vinculados a los créditos de exportaciones. El giro de la política económica internacional de Estados Unidos en 1971, la quiebra del sistema de Bretton-Woods y la crisis del petróleo conllevarán la aparición de nuevos contribuyentes.

Poco a poco, EE.UU, empezó a perder el liderazgo, en términos relativos, registrándose un fuerte ascenso de Japón, que se convertirá en 1987 en el segundo donante en cifras absolutas. Paralelamente disminuirá la participación de estos países (en términos relativos) en el total de AOD proporcionada por los países del CAD, frente al notorio incremento de los países nórdicos.

Siguiendo nuestro correlato histórico, en los años ochenta, o “década perdida” el peso del endeudamiento externo resultó decisivo, hasta el punto de que, en ciertos casos, los pagos de los intereses de la deuda y de los dividendos sobre las inversiones superaron los ingresos del exterior. Las consecuencias han sido devastadoras. En 1990, de acuerdo con los datos del Banco Mundial, el nivel de vida de América Latina y el Caribe había retrocedido a parámetros como los de 1970; en el caso de África Subsahariana el retroceso fue aún mayor.

No resulta, por tanto, extraño, que el finanzamiento externo de los países en vías de desarrollo haya sufrido un serio descenso con una importante mengua del flujo neto de recursos y una alteración de su composición.

Altamente negativa sería la evaluación y valoración de la década de los ochenta desde el punto de vista de la inserción en el sistema mundial de los países del Sur y el fin de la Guerra Fría, no olvidemos que ésta última se puede considerar como el principal motor de la AOD durante muchos años, abren numerosos interrogantes sobre las expectativas de la ayuda externa a dichos países.

A continuación señalamos algunas de las motivaciones implicadas en el nuevo rumbo que tomó la AOD a comienzos de los noventa:

En primer lugar, la posible reducción del margen de maniobra en la elección de las estrategias de desarrollo de los países del Sur que puede suponer la desaparición y el descrédito de los regímenes de socialismo realmente existente.

En segundo lugar, la posibilidad de que muchos de los antiguos países del bloque del Este concurran con los del Tercer Mundo en la captura de flujos de recursos para el desarrollo, en especial los procedentes de los países europeo-occidentales y de Japón.

En tercer lugar, el incremento de los motivos comerciales y la competencia podrían deteriorar globalmente la calidad de la ayuda en un triple sentido:

Primero.- Reducción del porcentaje de la AOD que suele considerarse donación (en cuanto a los términos financieros en que se concede)

Segundo.- Incremento de su condicionamiento o “atadura”.

Tercero.- Aumento de la ya considerable renuncia a proporcionar fondos para sufragar los costos de explotación “ordinarios” de los programas financiados, un requisito básico para actuar en sectores como salud o educación, idóneos para mitigar la pobreza.

No obstante, la gran pregunta respecto al futuro de la cooperación al desarrollo (en su sentido genuino) en la posguerra fría es otra: ¿hasta qué punto perjudicarían las expectativas de desarrollo de los países pobres una reducción importante de la ayuda externa que reciben?


1.2.- LA COOPERACIÓN PARA EL DESARROLLO DESDE UNA PERSPECTIVA CULTURAL:

 

PAÍSES DONANTES

            ASPECTO INSTITUCIONAL                                          ASPECTO INSTITUCIONAL

 

 

ASPECTO

INTERPERSONAL

                                                                                  ASPECTO

            INTERPERSONAL

                                                                       PAÍSES RECEPTORES

 

Los contactos interculturales en el contexto de la cooperación para el desarrollo se insertan en una doble dimensionalidad:  por una lado un aspecto institucional y por otro interpersonal. Ambos aspectos deben ser considerados en cualquier análisis de la AOD, para una mayor comprensión de los tan proclamados fracasos de la misma. Pero no sólo debe ser incluida esta reflexión para una reflexión de la historia pasada, sino para tenerla presente en las planificaciones futuras.

A nivel institucional muchos países, tanto receptores como donantes, carecen de la estructura organizativa indispensable para el éxito de la cooperación. A menudo se culpa a las estructuras institucionales de los países receptores; sin embargo, por lo que se refiere al donante la situación no siempre es mucho mejor. Nos encontramos con que muchos organismos oficiales de ayuda al desarrollo tienen su origen en los ministerios de asuntos exteriores, cuyo objetivo principal es la promoción en el extranjero de los intereses del país donante. Los diplomáticos carecen de las habilidades y la cultura organizativas necesarias para llevar a buen fin empresas relacionadas con las actividades de consultoría en desarrollo. Los fondos destinados a la ayuda suelen estar sometidos a limitaciones políticas: la forma de invertirlos debe satisfacer los valores de los ciudadanos y políticos del país donante, sin tener en cuenta si esos valores son compartidos por los ciudadanos y políticos del país receptor. Los proyectos financiados por organismos internacionales como el Banco Mundial no tienen esa limitación, pero deben satisfacer los objetivos de la institución, que a menudo también están en conflicto con los de los receptores.

El problema institucional para los receptores es más grave en los países, cuyas estructuras institucionales tradicionales fueron destruidas durante los periodos de colonización y descolonización, especialmente en el Africa subsahariana. Pues donde ya no existen tradiciones institucionales tal vez prevalezcan sin freno los intereses personales. Los políticos tienen más vía libre para enriquecerse, sin el control de las normas tradicionales. Las instituciones no pueden surgir de la nada: son organizaciones vivas, con fuertes raíces en la historia y los valores, que tienen que crecer.(Evidentemente, no podemos olvidar que esto es una hipótesis a contrastar).

No para incidir en los estereotipos africanos, sino para analizarlos, es interesante la lectura del artículo de Dr. Charles Fombak “Refrenar la corrupción en Africa. Algunas enseñanzas de Botswana”, quien aborda la problemática de la corrupción en países africanos, más aún su reflexión la extiende a la preocupación mundial si bien como el mismo autor manifiesta, la corrupción como tal no es un fenómeno ni nuevo, ni privativo de África. No obstante, en la medida en que se comprueba a diario que dicha corrupción, socava el desarrollo, se puede afirmar que sus consecuencias son más nocivas para las economías frágiles y en crisis de los Estados de ese continente. La gravedad de este problema sólo se puede comparar en la actualidad con los estragos del SIDA, según palabras de Charles Fombak.

Una indicación de la escala y el nivel de corrupción en los países africanos es el Índice de Apreciación de la Corrupción (IAC) de 1996 y 1997 de Transparency International, el índice más actualizado y fiable sobre la corrupción hasta el presente. En 1996, de los 54 países estudiados Nigeria, con un IAC de 0,69 sobre 10, fue clasificado como Estado más corrupto y ocupó el primer lugar. Kenya fue clasificado tercero, con un índice de 2,21 y Camerún sexto con 2,46. En 1997, Nigeria se mantuvo en el primer puesto con un mejor IAC que se había elevado a 1,761, es decir, van en aumento.

Las presiones ejercidas sobre los gobiernos africanos para que lucharan contra la corrupción provinieron principalmente de dos fuentes:  1º.- en el plano interno, de la aparición de fuerzas  prodemocráticas que desde 1990 han atraído a multitudes al debate político y ahora claman por una mayor apertura, transparencia y responsabilidad por parte del Gobierno. 2º.- En el exterior, los donantes extranjeros y las instituciones internacionales ya no están dispuestos a tolerar prácticas corruptas, y supeditan la continuación del apoyo financiero a la demostración del ejercicio de la democracia, el buen gobierno y la responsabilidad. Muchos Estados africanos, a lo largo de los años, respondieron a estas presiones de distintos modos.

Siguiendo con nuestro objetivo de intercalar una perspectiva cultural a la cooperación al desarrollo, recordemos como durante décadas el desarrollo de un país se ha considerado fundamentalmente un problema económico y técnico, y se ha confiado a tecnócratas tanto en el país donante como en el país receptor. Algunos ciudadanos de los países receptores obtenían títulos técnicos o empresariales en universidades de los países donantes, pero no necesariamente conseguían aplicar sus conocimientos de regreso a su país. Poco a poco se ha hecho evidente que la calidad de la cooperación para el desarrollo depende de:

1.      1.      De la eficacia del contacto intercultural entre miembros de dos sociedades muy diferentes.

2.      2.      Nadie que no sean los propios habitantes puede desarrollar un país; los expertos extranjeros solamente son eficaces en la medida en que puedan transferir sus conocimientos al contexto local y en la medida en que la ayuda propuesta se corresponda con las necesidades y prioridades percibidas en el país receptor. Esto exige habilidades de comprensión, comunicación y formación intercultural.

 

Como ya se ha mencionado, los contactos interculturales en el contexto de la cooperación para el desarrollo tienen un aspecto institucional y otro interpersonal.

Un aspirante nigeriano al título de Master of Public Administration llevó a cabo un proyecto de investigación en la empresa nacional de correos y telecomunicaciones de Kenia en el que mostró cómo los directivos eficaces utilizaban modelos tradicionales de autoridad en una organización moderna: una estructura vertical inspirada en la familia extendida y una estructura horizontal derivada del consejo de jefes de familia en las aldeas tradicionales.

Muchos de los países donantes, suelen establecer prioridades equivocadas a partir de su percepción de las necesidades de los receptores, que difiere de las necesidades reales. En 1988 las instituciones de cooperación para el desarrollo de los cuatro países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) encargaron una “evaluación de la eficacia del personal de asistencia técnica en el campo de acción africano. En el informe se criticaban las prioridades fijadas por los organismos de los países donantes. En 1987 los tres países receptores acogieron a cerca de 900 asistentes técnicos nórdicos, con un coste anual de un millón de coronas suecas cada uno (coste total anual de aproximadamente 150 millones de dólares). El 65% de los asistentes se dedicaban a la implementación (puesta en marcha de los proyectos), el 17% tenían misiones de control por parte de los organismos de ayuda al desarrollo, el 11% estaban encargados de la formación de personal local y el 7% ayudaban a la creación de instituciones locales. Según los investigadores, estos porcentajes no coinciden en absoluto con las necesidades reales y demostradas de los países receptores. La mano de obra en los países africanos se ha desarrollado rápidamente desde la independencia, por lo que en muchas áreas hay una oferta suficiente de mano de obra local cualificada. El trabajo de implementación realizado por los extranjeros lo podía haber hecho en muchos casos personal del país, con los extranjeros encargándose de la formación y la consultoría; esto habría tenido además un efecto multiplicador sobre los conocimientos en el país receptor. Se habría podido reducir considerablemente el número de asistentes técnicos y modificar el perfil de habilidades requeridas.

En 1979 se publicó un estudio decisivo sobre las cualidades de comunicación interpersonal que son necesarias en los expertos en cooperación para el desarrollo, patrocinado por la International Development Agency de Canadá. Los investigadores interrogaron a 250 canadienses que trabajaban en seis países diferentes y a 90 homólogos en esos países (Hawes y Kealey, 1979). Este estudio permitió identificar los tres factores que componen la eficacia en el extranjero:

Interacción y formación intercultural, asociada con el interés por a gente y la cultura local, y con la transferencia de habilidades.

Eficacia profesional, asociada con el cumplimiento de las tareas cotidianas, los deberes y las responsabilidades del trabajo.

Adaptación y satisfacción personal y/o familiar, asociada con la capacidad para sentirse satisfecho viviendo en el extranjero, como individuo y como unidad familiar.

De estos tres componentes, los expatriados resultaron en general competentes en el segundo y el tercero, e incompetentes en el primero. Sus homólogos locales recalcaron la transferencia de habilidades laborales a través de la interacción y la formación intercultural como la dimensión decisiva para el éxito de los expertos en cooperación.

En resumen, los contactos  interculturales en el marco de la cooperación para el desarrollo serán productivos si existe un flujo bidireccional de conocimientos. Cuando hablamos de conocimientos en términos generales, distinguimos entre ellos conocimientos técnicos y conocimientos culturales. En especial de conocimientos técnicos desde el donante al receptor y de conocimientos culturales sobre el contexto en el que se van a aplicar los anteriores, desde el receptor al donante. El encuentro de un experto técnico y un experto cultural y la experiencia de cada uno de ellos son la base del respeto mutuo.

En materia de cooperación para el desarrollo, ambas partes deben reconocer y aceptar que cada una aporta sus valores culturales, y es en parte éste, un discurso que se propaga y defiende desde la Antropología de la Cooperación y el Desarrollo.

Esto, por ejemplo, tendrá repercusiones sobre las prioridades y los calendarios. Los países donantes se encuentran a menudo en el país receptor con políticos excesivamente interesados en proyectos que den prestigio, pero el prestigio es, en muchos casos, un valor cultural más importante en el país receptor que en el país donante. Los países receptores, por su parte, se beneficiarán del conocimiento de las diferencias de valores entre los diversos países donantes, lo que les permitirá involucrar a determinado país donante en proyectos con los que pueda sentirse comprometido. Ambas partes deben comprometerse, pero nunca hasta el punto de poner en marcha proyectos que estén abocados al fracaso.

Todavía queda mucho camino por recorrer en cuanto a mejora de la calidad de las interacciones culturales en cooperación para el desarrollo. Si que es cierto que se han empezado a tomar medidas como asignar fondos destinados a recursos técnicos, que son ahora aplicados a valores culturales y sociales de la interacción; pero estamos en el inicio de una nueva direccionalidad en el proceso, en el que todavía no se pueden hacer análisis estructurales pero si valorativos, como por ejemplo empezar a vislumbrar los caminos que adquiere esa nueva direccionalidad. Uno de esos caminos es la entrada en escena de la COD (Cooperación Oficial Descentralizada), en el que los movimientos locales de los países donantes, junto con las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil) adquieren una papel activo.


1.3.- LOS NUEVOS CAMINOS DE LA COOPERACIÓN PARA EL DESARROLLO.

Como ya hemos mencionado, recientemente ha aparecido un actor más en el escenario mundial de los procesos de desarrollo: las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil). Su adhesión al proceso de desarrollo todavía tiene que ser clarificado, así como analizadas sus distintas actuaciones y tipificaciones, no podemos olvidar que la presencia pública de las mismas es un fenómeno reciente, estamos hablando de la década de los noventa. Por otro lado calibrar su existencia, su perdurabilidad así como su crecimiento son motivos de controversia y crítica. Pero no es nuestro objetivo abordar las dialécticas que suscitan, sino establecer las tendencias evolutivas de estos movimientos, centrándonos en dos de sus principales propuestas: la necesidad de un diálogo horizontal birregional, junto con un mayor protagonismo europeo compaginado con micropolíticas:

 

Diálogo horizontal birregional:

La Primera Cumbre de Río de Janeiro (junio de 1999) que duda cabe es significativa, pero desde entonces apenas se ha avanzado en las propuestas dadas a los países en vías de desarrollo y se percibe -si bien ésta es una idea a constatar y deducida de las noticias aparecidas en prensa-, un creciente desinterés de la UE, junto con la intención de la UE en diseñar una política exterior rigurosa, cohesionada y efectiva. Desde este marco europeo, se promueve no obstante la adopción de una genda birregional que sea específica en sus acciones pero ampliada a la participación de gobiernos, parlamentos y de la sociedad civil.

Por otro lado ese diálogo horizontal, tiene que estar mejor estructurado, con actividades bien planificadas y distribuidas, con una comisión de seguimiento de su implementación, así como con una constructiva evaluación.

 

Mayor protagonismo europeo compaginado con micropolíticas:

Es evidente, que las grandes líneas trazadas en la Cumbre de Río apuntan a grandes objetivos; ahora, el gran reto es pasar a una agenda de relaciones en la que las declaraciones y compromisos queden respaldados por planes y acciones concretos. Los expertos en temas de desarrollo, señalan que el problema no es que haya pocas respuestas europeas, sino que las intenciones son muy amplias y variadas, pero dotadas de recursos insuficientes, por lo que las acciones se diluyen y se debilitan. La acción contraria, sería una alternativa a tener en cuenta: la necesidad de priorizar y focalizar temas, y concentrar esfuerzos en un número limitado de instituciones. La antropóloga Karina Pacheco (2002) apunta a que gran parte de las limitaciones de la política europea respecto a ALC (América Latina y Caribe) es resultado de insuficiencias internas de la UE (como por ejemplo su entramado institucional), lo que acentúa la sensación de que falta un liderazgo europeo en la política internacional. Superar este handicap no solo es estratégico para la UE, sino también para ALC , así como para demás países africanos en vías de desarrollo. Un mayor protagonismo europeo en el escenario internacional implicaría la posibilidad de alcanzar un contexto mundial más equilibrado y más propicio para las relaciones Norte-Sur.

Otro cambio significativo en el campo de la cooperación para el desarrollo, hasta el punto de que podríamos asistir a un nuevo escenario, viene marcado a partir de la primera Cumbre Mundial de Desarrollo Social, celebrada en Copenhague, Dinamarca en el 1995, en donde se sientan las bases de las nuevas alternativas en las políticas de desarrollo, aunque a partir de ahora impera hablar de desarrollo social junto con el término de BS (bienestar sostenible)[3][3]. Tal vez surja la reflexión de la necesidad de empezar a hablar y proyectar un BS, ante el fracaso en el objetivo de haber erradicado la pobreza y todo tipo de desigualdades, tras la implementación de múltiples y variados proyectos de desarrollo. Ante la necesidad de una nueva orientación, la Comisión de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, en su trigesimoquinta sesión, abordó el empleo productivo y el BS como sus temas prioritarios. El punto central del trabajo de la Comisión se encuentra en el “Compromiso 3 de la Declaración de Copenhague”, que promueve el objetivo del pleno empleo como una prioridad básica de nuestras políticas económicas y sociales, y que permita a todos los hombres y mujeres gozar de un bienestar sostenible y seguro mediante el empleo y el trabajo productivo libremente escogido.

Tras todo lo expuesto pareciera que es este un escenario en el que se representan varias obras a la vez, puesto que sería caer en simplismos analíticos no categorizar ese protagonismo europeo, dado que en modo alguno surge desde estados europeos fuertes , sino que las acciones de éstos con mayor o menor fuerza, se compaginan con diversas micropolíticas. Appadurai (Gledhill,1999: 256) afirma que la transnacionalizacion de los medios de comunicación de masas y las diásporas de población del mundo moderno refuerzan las tendencias fisíparas y la proliferación de una micropolítica de la identidad que impugna los proyectos estatales. Los movimientos separatistas son grupos con su propia idea del concepto de nación, que aspiran a crear sus propios estados o a hacer pedazos los estados existentes, en contra de los proyectos mayoritarios de las élites nacionales. Las dos caras del proceso se halla vinculada en una dialéctica explosiva basada en las contradirecciones de un capitalismo mundial que mantiene los países abiertos al flujo de mercancías, personas e imágenes mediáticas que constituyen las bases materiales para la subversión del control sobre las ideas de “nación” y de “pueblo”.

Por un lado, las políticas de desarrollo trabajan con los imaginarios sobre lo semejante y lo diferente en Europa, Estados Unidos, América Latina, Africa. La globalización acerca a naciones diferentes, en donde cinco modelos entran en juego e interelación: el sistema republicano europeo de derechos universales; el separatismo multicultural de Estados Unidos; las integraciones multiétnicas bajo el Estado-nación en los países latinoamericanos; los estados africanos; la integración multicultural auspiciada por los medios de comunicación. Combinar estas múltiples y diferentes realidades parece imposible, pero los negocios y los intercambios mediáticos crecen. Pese a ser una intencionalidad optimista, la verdadera utopía mediática sería que a través de los Mass-Media, se elaborase una esfera pública transnacional donde las concepciones culturales, y las políticas consiguientes, no fueran inconmensurables.

Tras una presentación del proceso de desarrollo, nos adentraremos a continuación en un ejercicio en el que debemos de tener presente que nuestro enfoque no se sitúa en leer la confrontración entre identidades sino en el análisis de los procesos culturales que nos vinculan o nos alejan a raíz de los mensajes mediáticos. No negamos un desfase entre ideologías y prácticas, pero nos interesa más enfocarnos en la relación entre mass-media y políticas de desarrollo, protagonizado por la “sociedad de la información”.


 

1.4.- ANÁLISIS DE LA VISIÓN QUE LOS MASS-MEDIA DEDICAN Y PROYECTAN A LOS PROGRAMAS DE AYUDA AL DESARROLLO

Después de observar los puntos anteriores en donde se aborda la ayuda a la cooperación al desarrollo; el nuevo sistema internacional y los nuevos caminos de la cooperación desde una perspectiva cultural, en este apartado detallaremos cuáles son los aspectos de influencia, desde la perspectiva de influjo de los mass-media, los que en definitiva marcan la pauta para que la ayuda oficial de cooperación para el desarrollo no se desplome.

Partimos del supuesto de que la globalización es una colección de cambios y realidades en la economía y en otras áreas, pero que ninguna de tales transformaciones sería posible sin el concurso de los modernos medios de comunicación. Hay quienes para acortar ese papel de transmisión de datos, prefiere hablar de la “sociedad de la información”, que también, más que un proyecto definido, podría ser entendida como una aspiración: la de un nuevo entorno humano en donde los conocimientos, su creación y propagación son el elemento definitorio de las relaciones entre los individuos y las naciones. El término “sociedad de la información” ha ganado presencia en Europa, en donde es muy empleado como parte de la construcción del contexto para la Unión Europea. Un estudio elaborado con el propósito de documentar los avances europeos al respecto, ha señalado que:

 

"Las sociedades de la información se caracterizan por basarse en el conocimiento y en los esfuerzos por convertir la información en conocimiento. Cuanto mayor es la cantidad de información generada por una sociedad, mayor es la necesidad de convertirla en conocimiento. Otra dimensión de tales sociedades es la velocidad con que tal información se genera, se transmite y se procesa. En la actualidad, la información puede obtenerse de manera prácticamente instantánea y, muchas veces, a partir de la misma fuente que la produce, sin distinción de lugar. Por otro lado, las actividades ligadas a la información no son tan dependientes del transporte y de la existencia de concentraciones humanas como las actividades industriales. Esto permite un reacondicionamiento espacial caracterizado por la descentralización y la dispersión de las poblaciones y servicios" [4][4]

 

Así pues la globalización no consiste en la creación de una sola identidad para todo el mundo , ni se agota en la igualación de costumbres que, por lo demás, es preciso mirar con matices y señalar que bajo el concepto de idea de la uniformidad de la globalización, nos parece que ha ido ganando fuerza aquel análisis en los que se asume la globalización como un proceso de homogeneización de condiciones de funcionamiento.

Este concepto parte que bajo la idea de una futura "aldea global", que en algunos sentidos se asemeja a las posturas de comienzo de siglo respecto al `superimperialismo´, se asume la globalización como el medio a través del cual se uniformará el funcionamiento del sistema en todos los sentidos posibles.

Pero el marco de concepto de uniformidad de autopistas de la información se desvirtúa desde el momento en que a estas interpretaciones tenemos que subrayar el hecho diferenciado de concepto de desarrollo social, económico y político del total de la superficie del planeta.

Dentro del marco de la perspectiva de ayuda al desarrollo; los canales de propagación de los donantes de la ayuda se amplían en su difusión; gracias al abanico de recursos tecnológicos con los que cuentan estos emisores; frente a la situación de desigualdad de los países receptores que con o sin globalización, empeoran el contexto de esa internacionalización, y establecen un hecho realmente diferencial a causa de la falta de recursos tecnológicos y propagandísticos que les informe de la aportaciones y servicios concedidos por los países desarrollados.

Con lo que lejos de convertir este apartado en un caos unidireccional de propagación informativa donde los recursos de los países en desarrollo amplían su marco de acción frente a los países del Tercer Mundo.

Esto supone que, La Sociedad de la Información, denominada también la "Economía del Conocimiento" requiere, además de incrementar el acceso y el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), resolver las estrategias de los países, como respuestas nacionales a los profundos y radicales cambios que estas tecnologías están produciendo en la economía, el comercio, la cultura, el trabajo, la salud, la educación y, en general el desarrollo socioeconómico.

De esta forma y ante la situación actual caracterizada por rápidos y profundos cambios estructurales, la globalización, las urgencias sociales y de reducción de la pobreza, y la necesidad de creación de empleo, requiere además de incrementar el acceso y el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), resolver las estrategias de los países, como respuestas nacionales a los profundos cambios que estas tecnologías están produciendo en la economía, el comercio, la cultura, el trabajo, la salud, la educación y, en general, el desarrollo socioeconómico.

Por otro lado, ante esta avalancha de cambios estructurales se requiere que la globalización se plantee como prioritario resolver las urgencias sociales y de reducción de la pobreza, junto con la necesidad de crear empleo; para que de este modo el acceso a la sociedad de la información sea efectivo y se convierta en un instrumento de contribución al desarrollo eficiente, equitativo y sustentable.

Sin duda, y como comentábamos en párrafos anteriores la naturaleza del uso de las (TIC) determina el alcance de los beneficios a la sociedad y a la economía en su conjunto. Por lo tanto la introducción de las (TIC), junto a políticas que aseguren un desarrollo de la Sociedad de la Información , en cada país debe necesariamente traducirse en, entre otros, una mayor participación, mayores beneficios para todos los habitantes, mejores niveles de educación, mayor eficiencia y transparencia en la administración pública, en nuevas estrategias de desarrollo empresarial, y nuevos horizontes y oportunidades de desarrollo social, que creen una sociedad que sea capaz de aprovechar las oportunidades que se generan a raíz de una Sociedad de la Información.

Propuestas como el programa ENSI (proceso de formulación de Estrategias Nacionales para la Sociedad de la Información)a través de las divisiones Tecnológicas de la Información hacia el desarrollo con entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo son conscientes que una estrategia nacional hacia la Sociedad de la Información no se concreta únicamente a través de consideraciones `tecnológicas´ , sino también incorporando aspectos relacionados con el capital humano, la investigación y la educación, la formación, la gestión, las finanzas, la producción de contenido y otros. Es por ello que se requiere de una estrecha y adecuada coordinación entre políticas y el marco institucional que permita llevar adelante estos cambios. El objetivo de este programa es apoyar a los países miembros prestatarios del Banco de América Latina y el Caribe, en la definición de un modelo y metodología de desarrollo hacia la Sociedad de la Información, para la exploración de esas nuevas áreas de desarrollo.

Este alto en el proceso de formación y desarrollo que amplíe el marco de información de la llamada 'aldea global' nos lleva a detenernos que para que se uniformice este concepto en todo el planeta los medios de actuación desde las Instituciones Marco y desde los países donantes debieran a proceder a través de programas de desarrollo tecnológicos como el anteriormente mencionado a poner en marcha toda una telaraña de tejido tecnológico que ayude a crear por un lado difusión del mensaje y por otro lado objetividad en el canal de actuación de aquel medio que lo difunde.

Finalmente, incidir que el alcance de programas y actividades necesarias para crear difusión a través de los mass-media de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) tiene que ir íntimamente ligada a un marco de creación tecnológico donde el sistema de actuación y propaganda de la ayuda no este condicionada a agentes solo emisores del medio institucional que al fin y al cabo solo mostrarán aquel dato que posee interés al agente editorial, sino que por otro lado permita al programa de ayuda a crecer informativamente, tanto desde donde se emite como desde se recibe.

 

Los mass-media como promotores al desarrollo

Si tomamos como elemento de partido una visión histórica que desde antes del siglo XX y especialmente en este siglo los conglomerados de comunicaciones han expandido sus actividades en regiones distintas a las de su origen; algunas de las industrias y grupos financieros han adquirido sustanciosos intereses en el sector de la información y la comunicación, como parte de políticas explícitas de expansión global y diversificación. A través de fusiones, adquisiciones y otras formas de crecimiento corporativo, han asumido una presencia cada vez mayor en la arena global del comercio de la información y la comunicación.

Los nombres pues de algunos conglomerados son bien conocidos: Time Warner, fundada por la fusión de Time, Inc. y Warner Communications en 1989 , actualmente la mayor empresa mediática en el mundo, con subsidiarias en Australia, Asia, Europa y América Latina; el Grupo Bertelsmann, con sede en Alemania; la News Corporation de Rupert Murdoch, que tiene sustanciosos intereses en publicaciones, televisión y cine; probablemente la mayor en extensión son subsidiarias en Europa, Estados Unidos, Australia y Asia. Estos y otros grandes conglomerados de comunicación operan en un mercado mundial donde las sedes quedan distribuidas por Norteamérica, Europa Occidental, Australia y Japón; muy pocos tiene su sede en países del Tercer Mundo, aunque estos últimos ofrecen importantes mercados para sus bienes y servicios [5][5] De ahí que el desarrollo de conglomerados de comunicación haya llevado a la formación de grandes concentraciones de poder económico y simbólico controlado de manera privada y desigualmente distribuido.

Por ello, este marco de financiación privada que normalmente posee un amplio presupuesto de inversión utiliza al medio de comunicación como un agente de promoción de esa ayuda de cooperación al desarrollo; que en este ámbito no oficial, (especialmente en medios de prensa escrita) determina la información de la ayuda y la convierte en agente de promoción de la propiedad entidad dirigida a un público que forma parte de esta llamada Sociedad del Desarrollo.

Este modus operandi entre lo público y lo privado ; donde el dominio de lo público incluye un conjunto de organizaciones económicas propiedad del Estado (por ejemplo, industrias nacionalizadas públicas y empresas de propiedad estatal). Organizaciones estatales y casi- estatales (incluyendo las organizaciones de beneficencia).

Y el dominio de lo privado incluye organizaciones económicas de propiedad privada que operan en la economía de mercado y están orientadas a la obtención del beneficio. Y en medio de este dominio se encuentran aquellas organizaciones, las Organizaciones intermediarias (por ejemplo, caridad, partidos políticos y grupos de presión, empresas de propiedad cooperativa, etc.) [6][6]

Desde este epígrafe queremos establecer una distinción como lo definen los teóricos del marco de la Comunicación Social; la dicotomía entre lo público y lo privado, tal y como ha surgido en el discurso social y político de occidente[7][7]. En el paisaje de esta dicotomía se encuentran las diferencias esenciales entre las ayudas de cooperación al desarrollo concedidas por instituciones oficiales y las otorgadas por instituciones privadas. Pero este carácter de dualidad no sólo se establece en el marco físico de concesión de la ayuda; sino que este hecho diferencial, se perfila en el marco del entorno de difusión de la prensa desde diferentes parcelas del medio. De un modo, se establece que la difusión y la importancia del medio es siempre un ingrediente eficaz y efectivo que determina su grado de expansión a la hora de divulgar la gestión realizada por la institución privada, que en su mayoría pertenece al sector de las (multinacionales). De otro modo, el grado de aceptación y seriedad del medio donde se emplea está información determina también el alcance informativo de la difusión y del público receptor que lo recibe.

Pero no sólo la función mediática que ejercen los medios para difundir la ayuda se queda en parcelas tales como, la importancia del medio y la seriedad del mismo. Aquí, también desde el marco de la reflexión no desde el análisis detallado, percibimos que el factor estructural del medio, tomamos como ejemplo el soporte (prensa escrita), supone un hecho determinante en la labor de coherencia informativa dada en la difusión informativa de la ayuda. Otro factor a tener en cuenta en esta divulgación informativa es la ubicación de la información siempre dentro de una determinada sección; económica, política, etc.

Esta dicotomía entre la difusión informativa de la ayuda al desarrollo desde la perspectiva de lo público o de lo privado, se propaga de forma muy distinta. Para ello tomamos en cuenta estos tres factores, la importancia, la seriedad y la ubicación del medio. Asimismo, este factor de difusión de la ayuda desde la perspectiva de los mass-media y desde la reflexión posee un añadido: el de crear un rasgo de zona fronteriza; término acuñado por Néstor García Canglini [8][8] . Entendemos por dinámica de rasgo fronterizo, aquel que intenta controlar la ayuda social al desarrollo desde el resultado de una mayor globalización y una mayor imposición de las nuevas normas. Sin embargo, el control de la ayuda se debe gestionar a través de canales institucionales específicos y asumir formas distintas en cada país. Con lo que el marco de influencia y resultado de la informativa varía.

 

BIBLIOGRAFÍA:

BAZIN, G& ROUX B.(1993), "Le développement local contre la marginalisation des territoires dans le sud de l'europe", en Le courrier de l'environnement de l'INRA, Nº 19, pp. 25-44.

 

BRAIDOTTI R. I altres (1994),. Women , the Environment and sustainable development.Towaards a theoretical synthesis. London, Zed Book.

 

CHEKKI D. A.(1989),. Dimensions of communities. A resarch. New York & London. Handbook. Garland publishing Inc.

 

DOMMEN, E.(1993),. Four principles for sustainable development. Essays on environmental policy and developping countries. Cambridge (England). University Press.

 

ENTRENA DURÁN, Francisco (1998),. Cambios en la construcción social de lo rural: De la autarquía a la globalización. Ed. Tecnos, Madrid, 1998.

 

GAONA PISONERO, C. & RICO BOTELLA, S.(2000). Apuntes sobre una breve historia de las principales teorías sobre los cambios políticos, económicos y socioculturales. UCAM. Murcia.

 

GARCÍA CANCLINI, Néstor (1999),. La Globalización imaginada. Editorial Paidós Mexicana.

(1990),. Culturas Híbridas, Estrategias para Entrar y Salir de la Modernidad. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Grijalbo, México, 1990.

 

GLEDHILL, John, (1999). El poder y sus disfraces. Ediciones Bellaterra. Barcelona.

 

LINARES, Julio & ORTIZ CHAPARRO, Francisco. (1995). Autopistas inteligentes. Fundesco, Madrid.

 

MATHIEU, N.(1982)"Questions sur les types d'espaces ruraux en France", en L'Espace géographique, nº 2.

1985. "Une nouveau-modéle d'analyse des transformations en cours: la diversification spécialisation de l'espace rural français" en  Économie rurale, nº 166, mars-avril.

 

MENDRAS, H. & MIHALLESCU, I. (1982),. Theories and methos in rural community studies. Pergamon Press.

 

PACHECO, Karina (2002), De Río a Madrid: reflexiones y propuestas para la Asociación Unión Europea-América Latina y e Caribe.  Documento de trabajo de RECAL (Red de Cooperación Euro-latinoamericana) 04/2002, Madrid, mayo de 2002.

 

REDFIELD, R. (1941), The Folk Culture of Yucatán, Chicago, University of Chicago Press.

THOMPSON, John (1996),B. Los media y la modernidad. Paidós, Barcelona.

 

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre de las autoras, 2003; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 56, de julio-diciembre de 2003, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección telemática (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035634franco.htm


 Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) – julio-diciembre de 2003 - año 6º - número 56

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 – 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina/20035634franco.htm


 

 



[1][1] Grasa,R. “El nuevo sistema internacional y el futuro del desarrollo”, Deusto Business Review, Febrero 1992 nº 702.

[2][2] Griffin,K. “Foreign Aid after the cold war”, en Development and change, volúmen XXII, 1991, pp.645-685.

[3][3] El Bienestar sostenible (BS) denota la interrelación entre los siguientes conceptos y realidades , algunas veces a la vez: sostenibilidad, empleo, integración social, género y erradicación de pobreza.

1.      [4][4] Francisco Ortiz Chaparro, "La sociedad de la información", de Julio Linares y Francisco Ortiz Chaparro, Autopistas inteligentes. Fundesco, Madrid, 1995, pag.114.

 

[5][5] Un informe reciente de UNESCO sobre las comunicaciones mundiales demostró que, de los 78 mayores conglomerados de comunicación según el ranking total del volumen de venta de los media, 39 de ellos tienen sede en Estados Unidos, 25 en Europa Occidental, 8 en Japón, 5 en Canadá y 1 en Australia; ninguno pertenece a un país del Tercer Mundo (Veáse World Communication Report, París, UNESCO, 1989, págs. 104-105).

[6][6] Véase John B. Thompson. "Los media y la modernidad", cap. 4; Paidós, Barcelona, 1998.

[7][7] Véase Bobbio, "Democracy and Dictatorship", págs 17 y sigs. Véase también Norberto Bobbio, "The Future of Democracy: A Defense of the rules of the Game", edición a cargo de Richard Bellamy, Cambridge, Polity Press, 1987, págs. 79 y sigs.

[8][8] Néstor García Canclini, "Culturas Híbridas, Estrategias para Entrar y Salir de la Modernidad". Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Grijalbo, México, 1990, 366pp.