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Telos / Número 27
 Dinamarca: una desregulación estrictamente controlada
Kim Minke 
 Al repasar el debate público acerca de los medios de comunicación de Dinamar­ca, vuelve a ponerse de manifiesto la posición do­minante de la televisión. El IL debate popular, como el de las elites o los políticos, gira en torno a la televisión. Durante varios decenios la aten­ción se centró en la necesidad, convenien­cia, etc., de un segundo canal de televisión danesa. El argumento que finalmente pare­ció inclinar la balanza a favor del segundo canal fue el de que la nación necesitaba más televisión danesa para contrarrestar la influencia de la televisión transnacional y por satélite. La reacción del público ha sido un aumento de su consumo televisivo de una manera solamente marginal, pasando de 11 a 13 horas por semana. Se ha producido un aumento del consu­mo de programas de entretenimiento, ya sea de origen extranjero o producidos se­gún los formatos que se comercializan in­ternacionalmente, como por ejemplo los programas de la ruleta de la fortuna. Se di­ría que los horarios de programación están orientados a la obtención de buenas cifras de audiencia, incluso en el antiguo canal monopolista y todavía subvencionado al 100 por ciento. Los programas dedicados a la cultura y a las bellas artes están siendo relegados a las últimas horas de la noche, y los respetables caballeros que antes aboga­ban por la competencia y la libre empresa empiezan a preguntarse si verdaderamente lo que ellos defendían era ese batiburrillo de concursos, bingos, besuqueos y tiros.
 
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