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Telos / Número 27
 Países Bajos: Revisión de la política de adaptación
George Muskens 
 Sigue siendo un rasgo común en las descripciones de las ins­tituciones de medios de comu­nicación holandesas el hecho de resaltar la importancia de su imposible comprensión para los observadores no ho­landeses, o en otro caso, el hecho de hacer hincapié en su originalidad, por lo que no es tarea fácil compararlas con las mismas instituciones de otras sociedades. En cierta medida, la sociedad holandesa es (o era) única dentro de una perspectiva global. La gente es (o mejor era) leal a diferentes blo­ques de partidos e instituciones cristianos o socialdemócratas en el campo de la educa­ción, las comunicaciones de masas, las acti­vidades de ocio, las organizaciones de vo­luntarios, etc. Aunque esta lealtad ha dismi­nuido sensiblemente desde la década de los 60 y los 70, los bloques siguen estando en posesión del poder en la política, la edu­cación y los medios de comunicación (1). La terminología sobre las complicadas rela­ciones entre la lealtad y la vida institucional, así como sobre su disminución, resulta muy difícil de traducir del holandés. Los térmi­nos empleados son verzuiling, traducido en algunas contribuciones acerca de los Países Bajos para lectores internacionales como pi­larización; y ontzuiling, o despilarización, para referirse a su disminución. En muchas otras sociedades modernas y en vías de modernización, pueden encon­trarse procesos análogos de diferenciación social y segregación, pero, no obstante, es necesario explicar por qué en este caso se emplea una terminología especial. Puede indicar por una parte que las instituciones holandesas no son comparables con las ins­tituciones de otras sociedades, o bien que a los holandeses no les gusta verse compara­dos y que, por lo tanto, la terminología cum­ple para ellos una función icónica. Cumple dicha función estableciendo límites y tra­zando diques como los que se hacían alre­dedor de los pólderes para proteger la vida de la comunidad contra las olas de globali­zación que llegan del exterior. En mi opi­nión, hay varios argumentos de peso que sustentan el último razonamiento, y el de la función icónica de la terminología intraduci­ble. En principio, tal y como se verá en este artículo, las instituciones holandesas resul­tan ciertamente comparables con las institu­ciones de otras sociedades que cumplen las mismas funciones
 
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